EL CONCEPTO DE RACIONALIDAD

Cuando la psicología se plantea estudiar experimentalmente el razonamiento consideró que la lógica era el marco de referencia para explicarlo. Sin embargo, los resultados de las investigaciones manifestaron que los sujetos no siempre se ajustaban al criterio del razonamiento lógico, conduciendo ello a un resultado incómodo para la psicología: si los sujetos no razonan con lógica, entonces son irracionales.

COMPETENCIA SINTÁCTICA RESTRINGIDA

Cuando se defiende la racionalidad se suele aludir a la propuesta de Chomsky (1965) entre competencia y actuación lingüística. Se parte, por analogía con los órganos físicos como el corazón, de que existe en el ser humano una dotación genética especialmente dispuesta para el desarrollo y maduración de unos órganos mentales. Chomsky defiende que uno de estos órganos era la facultad para el lenguaje y esta se traduce en un conjunto de reglas que es universal y específico de la especie humana. Este conjunto de reglas abstractas (gramática universal) es la competencia lingüística y cuando ésta se manifiesta externamente es actuación lingüística.

La actuación lingüística explica que el sujeto tenga la facultad para el lenguaje que se actualizará en algo concreto como el español, inglés, alemán, …  o que algunas veces se equivoque en sus locuciones sin que ello obligue a cuestionar su competencia lingüística. Así algunos defienden que existe una competencia o capacidad racional que puede sufrir distorsiones cuando esta capacidad se traducía a una actuación concreta.

Desde la perspectiva de los modelos computacionales, la psicología del pensamiento se entendería como el estudio de las estructuras simbólicas (susceptibles éstas de interpretación en función de conceptos de uso común) y de los procedimientos para su manipulación sirviendo la lógica como modelo normativo.

Los resultados experimentales descubren ilusiones cognitivas o comprueban la formación en lógica de los sujetos, asignando falacias dónde no las hay (Cohen, 1981). Otros enfoques sostienen que en la explicación de los sesgos se haya subestimado el papel de la lógica (Henle, 1986). El problema principal radica en que las distintas posturas teóricas se han adoptado en la explicación de los errores. Desde un enfoque sintáctico se entiende que los errores como la existencia de determinadas condiciones que conducen a error.

Según el enfoque sintáctico, los errores de razonamiento ocurren en la comprensión de las premisas y las respuestas sesgadas pueden explicarse en función de la interpretación que hacen los sujetos. Henle (1962) sostiene que cuando los sujetos aceptan realizar una tarea lógica se pueden cometer errores en la interpretación del argumento (las premisas y la conclusión) u omitir o añadir una premisa al argumento. Por ejemplo, los sujetos pueden cometer errores en la interpretación de los cuantificadores de un silogismo categórico, tales como, interpretar «algunos X son Y» como «algunos X no son Y» y «algunos X no son Y» como «algunos X son Y». También se ha sugerido que algunos sujetos pueden hacer conversiones de las premisas, tales como, convertir «algunos X no son Y» en «algunos Y no son X» o «todos los X son Y» en «todos los Y son X».

Revlin y Leirer (1978), basándose en el modelo de conversión, sostiene que el contenido familiar bloquea la conversión ilícita en la codificación de las premisas. El sesgo del sistema de creencias puede explicarse considerando que las premisas de los argumentos válidos son más susceptibles para la conversión que las premisas de argumentos inválidos.   No obstante, este sesgo fue explicado por Henle como el fracaso en la aceptación de la tarea lógica, donde los sujetos no entienden las instrucciones o no saben lo que tienen que hacer y, por ello, hacen algo distinto de lo pretendido a analizar, que es el razonamiento.

En líneas generales, la perspectiva sintáctica asume que existen dos componentes fundamentales en el razonamiento:

  • Un componente deductivo que comprende reglas sintácticas libres de contenido.
  • Un componente de interpretación que establece la correspondencia entre los enunciados del lenguaje y el conjunto de reglas sintácticas.

Este conjunto de reglas sintácticas no tiene que ser equivalentes a las reglas lógicas, sino que comprendería el repertorio de reglas de inferencia que utilicen los sujetos de forma natural. Así si el contenido y contexto influyen al interpretar, la actuación de los sujetos se explicaría por su adherencia a las reglas sintácticas aplicadas a dicha interpretación. El contenido determinaría la interpretación y el control del conocimiento que ha de recuperarse de la MLP, sin que ello implique la alteración del conjunto de reglas sintácticas del sistema. Si el tipo de contenido cambia las respuestas, es debido a la utilización de un conjunto distinto de proposiciones, no de reglas.

La tarea de Wason ha sido base de numerosos trabajos. Sólo el 4% de los sujetos fueron capaces de responder correctamente a la tarea, en estudios posteriores el porcentaje ha variado entre el 6 y el 33%.  El contenido del material presentado incide sobre el rendimiento, facilitándolo cuando es contenido concreto. No obstante, no todos los contenidos concretos producen facilitación y algunos autores indican que si existe experiencia previa se da mayormente esta facilitación.

Otra perspectiva alternativa enfatiza el papel de la experiencia y el contexto lingüístico en la determinación del rendimiento y cuestiona a los marcos teóricos de las reglas desvinculadas del contenido.  Se cree por tanto que los contenidos abstractos serían los adecuados para estudiar el sistema deductivo, pero la alta tasa de errores encontrada oscurece la viabilidad de una competencia lógica.

La teoría de los esquemas de razonamiento pragmático (Cheng y Holyoak, 1985) propone que los sujetos cuentan con reglas de razonamiento que son específicas del dominio. Estos tienen un nivel medio de abstracción de forma que los esquemas se aplicarían a un conjunto de acontecimientos, tales como las situaciones de regulación (permiso, contratos sociales, advertencias, etc).

En el caso que se comentó anteriormente de “Si recoges las cacas de perro cuando lo sacas a pasear, entonces irás al fútbol”,” el sujeto entenderá el contexto de este problema y lo vinculará con metas u objetivos anteriores que permitirán poner en marcha un conjunto de inferencias correctas y organizadas en un esquema. Estos esquemas de razonamiento estrechamente vinculados con el contenido y el contexto darían lugar a inferencias que coinciden con las estipuladas por la lógica. La racionalidad bajo esta perspectiva no vendría explicada por la posesión de un conjunto de reglas lógicas propiamente dicho, sino por unas reglas de razonamiento apropiadas para alcanzar los objetivos que se propone el sujeto y para los que hace falta considerar el contenido y el contexto. Sin embargo, no es una teoría que pueda generalizar el razonamiento más que a unas pocas situaciones concretas. Se requieren más estudios.

La polémica suscitada sobre la racionalidad es un tema difícil de abordar, pues supone que hay que distinguir entre estructura lógica y contenido (no lógico) y entre comprensión y reglas sintácticas. Smedslund, 1970, 1990, nos indica que las explicaciones del modelo son circulares pues sólo se puede deducir la naturaleza de la interpretación de una regla si se asume que se razona de forma lógica y sólo se puede descubrir que se razona lógicamente si sabemos que ha interpretado la premisa.  La teoría de la competencia lógica supone un sistema lógico hipotético, pero al igual que en las teorías de la competencia lingüística, el modelo de competencia no constituye el que sea una teoría que pueda verificarse de forma empírica. La tarea experimental no garantiza que los sujetos comprendan los requisitos de la validez deductiva, ni que la comprensión de las premisas enunciadas coincida con la del experimentador.

COMPETENCIA SEMÁNTICA RESTRINGIDA

Estas perspectivas defienden la representación semántica de las premisas y el procedimiento de comprobación semántica del argumento. Según Erickson (1974), los sujetos representan cada premisa como una combinación de diagramas de Euler y para evaluar o producir una conclusión se han de combinar dichas representaciones de premisas en una sola representación del silogismo.

Una  teoría más actual al respecto es la de los Modelos Mentales de Johnson-Laird  (1983; 2006; Johnson-Laird y Byrne, 1991 ). Esta se enmarca en el enfoque que explica el razonamiento por el conocimiento tácito que tienen los sujetos sobre los principios semánticos fundamentales que subyacen en los procesos de inferencia. La validez se entiende como posibles interpretaciones del argumento. Los sujetos construyen modelos mentales que constituyen la representación de las situaciones descritas por las premisas generado combinaciones de éstas en búsqueda de contraejemplos para las posibles conclusiones. El procedimiento básico viene explicado por esta búsqueda de contraejemplos alternativos que puedan falsar el modelo mental en cuestión.  Si estos no se encuentran entonces es válido. La dificultad de los problemas se explica en función de la cantidad de procesamiento y los errores se explican por las limitaciones de la memoria de trabajo al no poder considerar todas las combinaciones posibles de las representaciones relevantes. Parece entonces que se razona por un procedimiento semántico adecuado, pero limitado por la capacidad de la memoria de trabajo. Según estos autores, la racionalidad viene reflejada en el metaprincipio semántico de validez: “Una inferencia es válida sólo si su conclusión no puede ser falsada por un modelo de las premisas”.

Sin embargo también se ha señalado que el  enfoque semántico es un procedimiento tan formal como el sintáctico (Lowe, 1993) y que la teoría de los modelos mentales se puede entender  como un modelo mental lógico en el que se describe el procedimiento formal para la búsqueda semántica e contraejemplos (Oaksford y Chater, 1993). El procedimiento semántico (método de la Tª de los modelos) analiza el significado de los operadores lógicos y el sintáctico (método de la Tª de la demostración) utiliza las reglas de inferencia para delimitar este significado, pero ninguno de los dos considera el contenido del argumento.

COMPETENCIAS EN LA SATISFACCIÓN DE RESTRICCIONES

Los modelos conexionistas ofrecen perspectiva alternativa, donde la representación del conocimiento se encuentra distribuida y ponderada diferencialmente en patrones de activación que forman parte del sistema dinámico con procesamiento en paralelo. Sigue la idea del cómputo mental inherente a los modelos computacionales, pero sin apelar a la hipótesis de que el sistema sea un manipulador de símbolos. Según éstos, el sistema está compuesto por redes de activación, cada una de las cuales comprende un conjunto amplio de unidades de procesamiento, similares a las neuronas, unidas a su vez por conexiones con pesos diferenciados. Este enfoque propone axiomatizar el sistema físico, para luego investigar analíticamente su comportamiento en contraposición a la axiomatización del comportamiento para luego diseñar un sistema físico por las técnicas de la síntesis lógica (Rosenblatt, 1962).

Desde esta perspectiva, el pensamiento se concibe como comportamiento que emerge del patrón de regularidades observadas de nuestra experiencia. El sistema en sí mismo no tiene reglas que dirijan el funcionamiento, pero el enfoque simbólico asume que los estados mentales sí se forman por representaciones y reglas, a lo que esta perspectiva conexionista responde con la explicación de que solo hay activación y fuerza de conexión para explicar el comportamiento.

Bajo el enfoque conexionista se diluye la diferenciación entre contenido y reglas.  En el modelo conexionista el conocimiento del sujeto viene representado por los patrones de activación en los que el conocimiento está distribuido y ponderado con pesos diferentes y al razonar el sistema busca el emparejamiento que viole el menos número de restricciones o limitaciones. Al entrar información, se activará el conocimiento relevante para la red y se generará la mejor interpretación posible que alcance el sistema. Se busca el ajuste óptimo entre ambos patrones, y las restricciones cognitivas se determinarán por la base de conocimientos que se encuentre representada y activada.

Oaksford y Chater (1993) apuntan una interpretación alternativa a la Teoría de los Modelos Mentales basada en los procesos de recuperación de memoria en el marco de los modelos conexionistas.  Aquí se explicaría la búsqueda de contraejemplos, por la bondad de ajuste entre el patrón de activación generado por el argumento y el conocimiento representado por el sistema.

Algunas propuestas consideran la coexistencia de los dos sistemas de razonamiento. La consideración de la coexistencia de los procesos duales no es nueva en la psicología cognitiva y su ámbito de estudio comprende varios procesos, tales como, el aprendizaje, la atención, el razonamiento, la toma de decisiones y la cognición social. En la Tabla 2.10 se presentan algunas de estas propuestas y las denominaciones que se han dado a ambos procesos según los autores y el campo estudiado.

En línea generales, en estas propuestas se contrastan los procesos rápidos, inconscientes y automáticos frente a los procesos que son lentos, conscientes y controlados. Stanovich (2004) distingue entre un Sistema1 (rápido e implícito – más antiguo y computacionalmente más rápido y potente) y otro Sistema2 (procesamiento explícito con respuestas que pueden satisfacer criterios normativos – moderno, lento y con mayores demandas).

Sloman (1996) propone que hay un razonamiento reflectante (sistema conexionista) cuyo cómputo refleja estructuras de semejanza y relaciones de contigüidad y un razonamiento deliberado (sistema de representación simbólica basado en reglas). El sistema conexionista permite que los procesos de razonamiento sean rápidos y económicos y no hace falta un proceso de análisis puesto que su resultado ya forma parte de la propia representación. La desventaja de este tipo de razonamiento es que depende de la experiencia anterior y del contexto. El sistema basado en reglas requiere procesos más lentos y costosos, aunque su aplicación es más general y no depende del contexto. Ambos sistemas de razonamiento servirían para funciones distintas. El sistema conexionista aprovecha los recursos de procesamiento al obtener sus inferencias aprovechando el conocimiento que se encuentra representado y que puede generalizarse a contextos semejantes. El sistema basado en reglas utilizará sus recursos de procesamiento para aquellas situaciones novedosas y en las que sea necesaria la precisión de las inferencias.

Evans y Over (1996; 1997; Evans, 2003), proponen distinguir entre dos nociones de racionalidad:

  • La racionalidad1 o personal (comportamiento eficaz y fiable para la obtención de metas).
  • La racionalidad2 o impersonal (comportamiento basado en una razón que se encuentra fundamentada en teoría normativa).

Se trata de una propuesta descriptiva de razonamiento, pero no una propuesta psicológica. La distinción psicológica la hacen entre el tipo de procesamiento: implícito (conexionista en el que se representa el conocimiento tácito dependiente de la experiencia) y explícito (limitado por la capacidad de memoria de trabajo, por un procesamiento secuencial y costoso y por depender también del sistema implícito).  

Cabe señalar que ya Evans en 1984 propone una distinción entre procesos heurísticos y analíticos. Con esta distinción intentaba delimitar dos tipos de funciones en el razonamiento:

  • Los procesos heurísticos tendrían como función la selección de la información relevante.
  • Los procesos analíticos operarían sobre la información que ha sido seleccionada.

Esta distinción puede considerarse como un intento de preservar la noción de competencia lógica en los procesos analíticos. De acuerdo con su nueva formulación, el componente heurístico se caracteriza por el procesamiento implícito y el componente analítico por el explícito. La racionalidad2 sigue garantizando que los sujetos tengan competencia tanto deductiva como inductiva, pero limitada. La polémica entonces se centra en determinar si esta competencia se ajusta a un modelo de reglas de inferencia, que podría coexistir con restricciones de tipo pragmático (Braine y O’Brien, 1991; Cheng y Holyoak, 1985; Rips, 1994), o con la teoría de los modelos mentales (Johnson-Laird, 1983; Johnson-Laird y Byrne, 1991). Reconociendo que no resulta fácil discernir entre ambos enfoques, puesto que ambos parten de supuestos demasiado imprecisos como para permitir una contrastación experimental que claramente apoye o refute los aspectos teóricos esenciales que defienden, Evans se inclina por la teoría de los modelos mentales. Sostiene Evans que esta teoría puede constituir una teoría del razonamiento en general, tanto deductivo como inductivo, y que el metaprincipio semántico de validez tiene mayor realidad psicológica.

Ahora bien, cabe señalar que estas dos propuestas de compromiso no son una panacea, sino que conllevan varios problemas. A continuación, algunas de las críticas de las que ha sido objeto y algunos de los problemas que plantea en su formulación la propuesta de Evans. Considérese que la mayoría de estas críticas y los problemas que vienen señalados se aplicarían igualmente a la propuesta de Sloman, que comparte con Evans un sistema de procesamiento conexionista y otro sistema analítico, pero basado en reglas.

Por una parte, se sostiene que la teoría de los modelos mentales no está exenta de problemas como para que claramente se pueda optar por ella y que tanto esta teoría como la basada en reglas podrían ser valiosas para explicar el razonamiento de distintos sujetos o del mismo sujeto en distintas situaciones (George, 1997). Por otro lado, también se critica la distinción entre los dos tipos de racionalidades considerando que la racionalidad2 no aporta, ni ha aportado buenos modelos de razonamiento (Gigerenzer, 1996). Esta última postura se encuentra más cercana al concepto de racionalidad1 y propone seguir investigando los procesos de razonamiento en su interacción con el mundo real, puesto que los resultados experimentales subrayan que el razonamiento no ocurre aisladamente, sino que depende del contenido, el contexto y las metas del sujeto. También se defiende que no hay dos tipos de racionalidad, sino un solo sistema de razonamiento que puede ajustarse al modelo normativo si las circunstancias pragmáticas son adecuadas (Noveck, 1997; Sperber, Cara y Girotto, 1995).

Un problema general de importancia es la falta de especificación de ambos sistemas:

  • Como ya se ha señalado anteriormente, sigue existiendo polémica con respecto al modelo normativo del sistema explícito (racionalidad2).
  • Tampoco hay una especificación del procesamiento implícito, ni un criterio para establecer el grado de eficacia que se espera del sistema implícito (racionalidad1; por ejemplo, si el sistema no alcance las metas, ¿se podría decir que es irracional?).
  • La limitación entre ambos sistemas es difusa: puede haber metas que el sistema explícito se proponga alcanzar y puede haber inferencias conforme a un modelo normativo que sean implícitas.
  • No se concreta la interacción entre ambos sistemas, ni se determinan las circunstancias que ponen en marcha un sistema frente a otro.
  • Considerando lo dicho anteriormente, seguimos con una concepción circular del razonamiento: si los sujetos resuelven correctamente la tarea de acuerdo con el modelo normativo elegido, entonces es razonamiento explícito o es razonamiento implícito si consideremos que el sujeto tiene experiencia con el problema como para que se haya automatizado lo que en su día fue razonamiento explícito. Si se equivoca, pero hay metas personales que pueden dar cuenta de sus respuestas, entonces es razonamiento implícito o tal vez, es razonamiento explícito, pero con problemas en la memoria de trabajo. En definitiva, seguimos con los mismos problemas encontrados por Henle al proponer una teoría de razonamiento en la que se integran los procesos de inferencia y los de interpretación y para la que hace falta una especificación más concreta de los dos procesos y sobre todo de la interacción entre ambos. Ahora bien, cabe señalar que la tesis de la coexistencia de ambos procesos reconoce e integra la naturaleza convincente y el atractivo intuitivo de los principios de la racionalidad a la vez que admite su violación sistemática (Osherson, 1990).

REFERENCIAS

  • Resumen M. Goretti González
  • González Labra, M., Sánchez Balmaseda, P., & Orenes Casanova, I. (2019). Psicología del pensamiento. Madrid: Sanz y Torres.
  • YouTube

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