EL DIBUJO INFANTIL

Las relaciones del dibujo con otras formas de representación son muy estrechas y, en un principio, no puede separarse de ellas. En sus comienzos el dibujo surge de la actividad motora, como una prolongación de ella, y los primeros dibujos se limitan a reproducir movimientos de la mano que dejan una huella: movimientos de zig-zag, movimientos circulares u ondulaciones. Con ello el niño imita movimientos y pronto imitará también los objetos o personas que le rodean, tratando de recoger las características que le resultan más llamativas. El dibujo es una forma de imitación de la realidad y por ello guarda un gran parentesco con la imitación diferida. Sus relaciones con las imágenes mentales son igualmente muy estrechas, mientras que las imágenes mentales son imitaciones interiorizadas, podríamos decir que el dibujo es una imitación exteriorizada.

Las vinculaciones con el lenguaje son quizá menos evidentes, pero sí que guarda una estrecha conexión con la lengua escrita. El niño más pequeño prefiere describir la realidad mediante el dibujo que mediante la expresión escrita, que todavía no domina, pero ambas actividades exigen un dominio motor muy parecido y las letras son para el niño pequeño en una gran medida dibujos. El dibujo debe verse en conexión con las restantes manifestaciones de la función semiótica y su desarrollo sigue en muchos aspectos un curso paralelo.

Sully (1896). Basándose en los dibujos de personas y animales, establece un sistema de tres estadios: el de los garabatos sin forma, lo que llama el esquema lunar de la cara humana, y el del tratamiento más sofisticado de las figuras humanas y animales; señalando, además, que la evolución de los dibujos tiene analogías sorprendentes con la evolución orgánica.
En los primeros años del siglo XX aparecieron importantes estudios sobre el dibujo infantil, como los de Luquet (1913 y 1927). Posteriormente el dibujo desapareció prácticamente de los manuales. Para volver a aparecer con un interés renovado en la década de 1980, con estudios entre los que destacan los de Goodnow (1977).
Ferreiro (1992). Defiende que en los comienzos del descubrimiento del sistema de escritura los niños no distinguen el dibujo de la escritura, realizando el mismo tipo de trazo cuando se les solicita que escriban o que dibujen y señalando que en ese dibujo «hay» o «dice» indistintamente lo que se les ha pedido que escriban o dibujen.

El dibujo tiene un componente motor importantísimo; para reproducir la realidad que trata de plasmar en el dibujo el niño necesita ser capaz de controlar sus movimientos, impidiendo que se le escape el trazo y se malogre el dibujo, mediante la inhibición de los movimientos no deseados. Por ello, mediante el dibujo se puede mejorar notablemente la motricidad fina. El dibujo es la única producción material del niño.

La capacidad del niño de actuar sobre el mundo es reducida y frecuentemente necesita la ayuda de los demás. Ya en la etapa sensorio-motora descubre cómo puede actuar sobre el mundo produciendo ciertos fenómenos: encendiendo o apagando una luz, desplazando un objeto, lanzándolo, etc. Con el dibujo descubre además que puede dejar marcas de una relativa permanencia y descubre maravillado su poder. Y pronto va a descubrir además que puede intentar copiar la realidad, que puede hacerla suya.

Las etapas del dibujo

Luquet (1927). Postula que el dibujo infantil es fundamentalmente realista y que esa es su característica más esencial. Señala que es realista, en primer lugar, por la naturaleza de sus temas, pero lo es también por sus resultados: los niños se interesan sobre todo por las «formas de vida», más que por las «formas bellas».

Aunque el dibujo infantil sea realista en su conjunto, va pasando por una serie de fases y el realismo debe adjetivarse, pues en cada fase hay un tipo especial de realismo. Las fases que distingue Luquet son: el realismo fortuito, el realismo frustrado, el realismo intelectual y el realismo visual.

El realismo fortuito

El dibujo comienza siendo una prolongación de la actividad motora que queda plasmada sobre un soporte. Los primeros dibujos de los niños se conocen como garabatos. Podemos considerar los garabatos como los ladrillos con los que el niño va a construir luego sus dibujos figurativos.

garabato EL DIBUJO INFANTIL
Garabatos. Niñ@ anó[email protected], edad estimada 2 años.

Al principio, cuando se le pregunta al niño qué es lo que han hecho, puede contestar que nada o que es un dibujo. Pero en cuanto nota una analogía entre su dibujo y un objeto real pasan a considerarlo como una representación de él, diciendo: es un «perro», es una «tablet», es un «coche». El parecido fortuito con la realidad trata de consolidarse a posteriori y el niño que ha hecho una línea curva dice que es un arco y unos días más tarde intenta realizar el mismo dibujo, pero teniendo ya en la mente que quiere dibujar un arco. Se ha pasado de una situación no intencionada a una situación intencionada.

El realismo frustrado

El niño comienza intentando dibujar algo preciso pero su intención se estrella con obstáculos que le impiden lograr el resultado que pretende. El niño sólo reproduce algunos detalles del objeto que representa, no porque ignore los otros sino porque no se fija en ellos en ese momento y puede añadirlos si se le señala que faltan. Muchas veces sólo incluye aquellos elementos que le parecen más importantes, y hasta puede representarlos mucho más grandes, sin guardar las proporciones con otros elementos del dibujo.

Luquet (1927). El rasgo más importante de la etapa del realismo frustrado es la incapacidad sintética que se pone de manifiesto en lo referente a las proporciones, a la disposición de los elementos o la orientación de éstos.

Especial atención merecen dentro de esta etapa los cefalópodos o cabezudos, primera representación de la figura humana que consiste básicamente en una forma circular de la que salen directamente brazos y piernas, sin que el tronco tenga importancia. En los dibujos de la figura humana los brazos pueden estar separados del cuerpo, o el sombrero flotando sobre la cabeza. A veces las relaciones se alteran, y la boca figura encima de la nariz.

cabhezud EL DIBUJO INFANTIL
Dibujos de cabezudos y cabezudas. Niñ@ anó[email protected], edad estimada 3 años.
El realismo intelectual
transparencia 2 EL DIBUJO INFANTIL

Una vez superada la incapacidad sintética nada impide ya al dibujo infantil ser completamente realista, pero ocurre que el realismo del dibujo infantil no es el del adulto. El realismo del niño no es de tipo visual, sino de tipo intelectual. Esto quiere decir que el niño no dibuja lo que ve, dibuja lo que sabe del modelo. Son muchas las maneras como el niño consigue realizar esa representación de lo que sabe, aunque solo vamos a citar dos:

La transparencia. Consiste en dibujar aquellas cosas que están ocultas haciendo que lo que las tapa sea transparente, por ejemplo, dibujos de casas en las que se ve el interior, los dedos del pie en el interior del zapato o, como se muestra en la figura, el bebé dentro de la tripa de una mujer embarazada.

El abatimiento. El cambio de punto de vista aparece muy frecuentemente en la representación de los seres vivos. Los pies suelen estar de perfil mientras que el cuerpo se ve de frente, pero con la nariz de costado; incluso, los sujetos pueden tener dos narices, una de frente y la otra de perfil. En cierto modo podría decirse que, en este estadio, más que una falta de síntesis, lo que hay es un exceso, ya que el niño quiere mantener todos los puntos de vista posibles.

abatimiento EL DIBUJO INFANTIL
El realismo visual
realismo visual EL DIBUJO INFANTIL
Rocio V. L., 9 años

A partir de los ocho o nueve años, el niño empieza a tratar de representar la realidad tal y como la ve. Para ello, intenta utilizar las reglas de la perspectiva y de atenerse al modelo. Va eliminando los procedimientos que utilizaba en la etapa del realismo intelectual, suprimiendo las partes no visibles de los objetos, proponiéndose adoptar enfoques únicos, manteniendo las dimensiones de los objetos; en suma, tratando de aproximarse más a la percepción visual. La evolución del dibujo no es lineal sino que se producen avances y retrocesos, debidos en muchos casos a la dificultad de la propia tarea.

Realismo fortuitoEl dibujo es una prolongación de la actividad motora, consistente en la realización de barridos del papel o de garabatos. El niño descubre el significado del dibujo durante su realización.
Realismo frustradoTodavía no es capaz de organizar en una unidad los elementos del modelo, pero los coloca como puede. En la representación de la figura humana aparecen los «cabezudos», constituidos por una cabeza de la que salen directamente líneas que representan las extremidades.
Realismo intelectualRepresenta los rasgos esenciales del objeto sin tener en cuenta la perspectiva, con superposición de varios puntos de vista. Se representan igualmente partes ocultas del modelo.
Realismo visualHacia los 8 o 9 años el niño empieza a representar el modelo tal y como se ve, tratando de ser auténticamente realista.
Las etapas del dibujo, según Luquet (1927)

Referencias

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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