El enfoque funcionalista y la comunicación preverbal

Austin y Searle. En realción con la función pragmatica del lenguaje, enfatizaban la distinción entre aquello que se dice (el acto locucionario) y el objetivo con que se dice (el acto ilocucionario) y cuya adecuada transmisión sería la verdadera meta comunicativa.
Bates, Camaioni y Volterra (1976). Dividieron los primeros gestos comunicativos de los niños en dos grupos según su objetivo pragmático. Un primer grupo estaría formado por los llamados gestos protodeclarativos, entendidos como los destinados a compartir el interés por un asunto. Un segundo grupo lo formarían los denominados gestos protoimperativos orientados a expresar el deseo del niño de que el interlocutor ejecute una acción en el medio. (Estadio 4 etapa comunicación preverbal)
Kaye (1982). Mediante unas minuciosas observaciones, advirtío que los bebés humanos realizan pausas en la succión que no suceden en otros mamíferos y que no responden a ninguna función fisiológica.
Bruner (1983). Uno de los primeros autores en proponer que la adquisición del lenguaje debía apoyarse sobre dispositivos de interacción previos en los que el bebé pudiese aprender, al menos, las reglas más básicas de la conversación (por ejemplo, la alternancia de turnos).
Ochs y Schieffelin (1995). Sostienen que la competencia gramatical que muestran los niños no puede considerarse como el resultado de su «participación en intercambios comunicativos simplificados, diseñados para facilitar el uso y comprensión del lenguaje».

Después del tsunami Chomskyano y de cierto desánimo entre algunos investigadores al ser incapaces de resolver el problema del lenguaje desde una perspectiva centrada principalmente en la sintaxis, algunos autores replantean el problema lingüístico desde la semántica y la pragmática. La aproximación semántica investigó la conexión entre la estructura del lenguaje y el conocimiento sensoriomotor del entorno. Los intentos de desentrañar las complejidades de la gramática a partir del conocimiento sensoriomotor devolvieron el problema a una vía muerta.

Otros investigadores comenzaban a decantarse por la dimensión funcional o pragmática del
lenguaje. Para esta corriente, el lenguaje no podía entenderse, únicamente, como un código abstracto y arbitrario, se asumía que el código se supedita a su objetivo comunicativo y a las convenciones y necesidades comunicativas de cada comunidad. Actualmente existen distintas corrientes funcionales y todas parten de la premisa de que el lenguaje es un instrumento diseñado para cooperar y actuar en el mundo a través de los otros. El enfoque funcional subraya la dimensión pragmática como la variable indispensable en el estudio del lenguaje.

Es evidente que la comunicación precede al lenguaje, pero, ¿cómo y cuándo surge la intención de comunicarse con un otro? Bruner fue de los primeros autores en proponer que la adquisición del lenguaje debía apoyarse sobre dispositivos de interacción previos en los que el bebé pudiese aprender, al menos, las reglas más básicas de la conversación. Los llamados formatos de interacción, que aluden a los primeros intercambios regulados entre bebé y adulto, serían, a juicio de Bruner, el escenario ideal para muchos de estos aprendizajes.

  • Observaciones de Kaye (1982):
    • Los bebés humanos realizan pausas en la succión que no suceden en otros mamíferos y que no responden a ninguna función fisiológica.
    • También observó que estas interrupciones eran sistemáticamente contestadas por las madres, quienes reaccionaban hablando y/o tocando al bebé hasta que se iniciaba de nuevo la succión.
    • Panteó que la única función de dichas pausas era facilitar la interacción por turnos, es decir, contribuir, ya desde la biología, a implantar en el bebé los ritmos propios de un diálogo.
Etapas de la comunicación preverbal. Basado en Schaffer (1984)
Estadio 1. Preadaptaciones para interactuar con las personas (0-2 meses).
Desde el nacimiento el bebé manifiesta una inclinación social innata que le facilita el trato con
los adultos. Por ejemplo, el bebé atiende de forma preferente a los rostros y voces humanas, y tiende a imitar de manera refleja las expresiones faciales que le brindan los demás. Estas y otras capacidades innatas, la mayoría de índole expresiva, permiten al bebé mantener una primitiva forma de interacción con los demás.
Estadio 2. Interés activo por las personas (2-5 meses).
En los meses siguientes al nacimiento las conductas y expresiones reflejas van dando paso a las primeras conductas propositivas. Por ejemplo, la mueca refleja de bienestar que presentan los neonatos muda hacia una sonrisa abierta capaz de surgir en respuesta a la estimulación positiva de los adultos. Además, la interacción bebé-adulto comienza a organizarse en el contexto de juegos marcados por el despliegue de afecto positivo y la necesidad de que ambos participantes alternen sus intervenciones, son los llamados juegos «cara a cara», en los que se ubican los primeros formatos de interacción.
Estadio 3. Interés por los objetos (5-8 meses).
Hacia el segundo semestre el bebé ya puede adelantarse a las acciones adultas, apareciendo las primeras conductas anticipatorias. Por ejemplo, una leve inclinación del adulto ante la cuna del niño puede provocar que éste alce sus brazos como adelanto a la conducta de ser cogido. Estos comportamientos anticipatorios aumentarán significativamente la sensación de complicidad entre los interlocutores. Por otro lado, las mejoras en el ámbito motor promueven el interés del bebé por la manipulación de objetos. Esta incipiente curiosidad motiva la inclusión formal de los objetos en los formatos de interacción, todo ello con un importante despliegue de explicaciones y gestos por parte de los adultos. No obstante, con relación al desarrollo comunicativo, es notable la desconexión que existe entre la interacción social y la exploración del entorno. Pese a los esfuerzos de sus progenitores, el bebé no consigue integrar dos objetivos en un mismo marco. Como se ha señalado en otras ocasiones, el bebé o juega con el adulto o juega con la pelota, pero no es capaz de jugar a la pelota con el adulto.
Estadio 4. Coordinación de personas y objetos (8-18 meses).
Hacia su primer cumpleaños el bebé accede a la llamada comunicación triádica, que se produce
cuando los interlocutores se comunican acerca de un asunto ajeno a sí mismos. Este tipo de comunicación viene marcada por la necesidad de redirigir la atención del interlocutor, lo que comporta la aparición de los primeros gestos comunicativos como señalar con el dedo, mostrar un objeto o pedir un bien con la mano abierta. Punto de anclaje entre la comunicación preverbal y la verbal.
Estadio 5. Incorporación del lenguaje a la comunicación (de 18 meses en adelante).
La última etapa coincide con el momento en que las palabras comienzan a insertarse en el seno
de las rutinas comunicativas ya establecidas. Precisamente, la idea básica que subyace al enfoque que nos ocupa es que el aprendizaje de las palabras sólo es posible cuando bebé y adulto son capaces de tener una referencia conjunta, es decir, cuando ambos son conscientes de que están atendiendo a un mismo asunto.


El entusiasmo inicial que despertó la corriente funcionalista no ha conseguido descubrir todos los secretos relativos a la ontogénesis del lenguaje. Numerosos datos indican que el lenguaje incluye
aspectos y desarrollos propios que no son reducibles a los factores socio-cognitivos que analiza la perspectiva funcional. Existe una amplia variedad transcultural en lo que se refiere a las prácticas
sociales relativas a los intercambios comunicativos con los niños. En culturas tan diferentes entre sí como ciertas comunidades afroamericanas de los Estados Unidos, algunas comunidades indígenas Mayas, y poblaciones rurales y urbanas de Java, los niños no son considerados como interlocutores hacia los que se dirige la conversación hasta que no han comenzado, aunque sea mínimamente, a hablar. De esta manera, estos niños no participan en intercambios comunicativos en los que reciben un lenguaje especialmente diseñado y dirigido hacia ellos, sino que más bien su participación es únicamente como oyentes de conversaciones no simplificadas entre los adultos y los niños mayores.

REFERENCIAS

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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