El mundo emocional del bebé

INTRODUCCIÓN

La inmadurez del neonato se traduce en una infancia prolongada en la que su supervivencia depende de las atenciones y cuidados de los progenitores. Los bebés responden pronto a las emociones de los adultos y exhiben otras tantas expresiones reconocibles por éstos. Desde el nacimiento, el bebé es un ser socialmente competente. Esta afinidad emocional, unida a otros dispositivos de interacción tempranos y a la propia sensibilidad de los cuidadores, permite que rápidamente se establezca entre ambos una estrecha comunicación y se instaure un vínculo afectivo conocido como «apego».

La posibilidad de manipular la realidad internamente permitirá al niño generar una representación mental de la relación vinculante que se conoce como «Modelo Interno de Trabajo» (MIT). Estos modelos, además de ordenar las experiencias vividas, permiten desarrollar expectativas sobre la disponibilidad y seguridad que ofrecen las figuras de apego y podrían afectar al modo en que se afrontan otras relaciones. En este sentido, este primer vínculo es considerado un logro fundamental en nuestro desarrollo psicológico (Moreno, 2006).

EL MUNDO EMOCIONAL DEL BEBÉ

El recién nacido socialmente competente

Inmediatamente tras el parto, el bebé da muestras evidentes de malestar o bienestar. Ello supone competencias para procesar información del entorno y para comunicar sus necesidades y emociones. Desde los primeros días, los neonatos son sensibles a la cualidad de la mirada, en concreto, a la dirección de la misma, un elemento clave en el desarrollo socioemocional. Estas capacidades se consideran una demostración de que el bebé, por una parte, posee una marcada orientación social de carácter innato y, por otra, una sensibilidad hacia el entorno interpersonal.

Batki, Baron- Cohen, Wheelwright, Connellan y Ahluwalia, (2000).La orientación social del recién nacido también se observa en el hecho de que exploren durante más tiempo fotos en las que se muestran caras humanas con los ojos abiertos, frente a otras en las que los párpados aparecen cerrados.
Farroni, Massaccesi, Pividori y Johnson (2004) observaron que, a las 24 horas tras el nacimiento, los recién nacidos mantenían más tiempo la mirada cuando las imágenes representaban una tarjeta con el dibujo de una cara con una mirada directa, que cuando esta mirada se dirigía en otras direcciones.
Nagy, (2006). Los bebés pueden imitar movimientos como abrir la boca, sacar la lengua o parpadear y después de algunas horas, son capaces de imitar la sonrisa, una expresión de sorpresa y movimiento de manos y dedos.

Si esta tendencia inicial del bebé se ve recompensada con un entorno estimulante y afectivo, potenciará que el bebé aprenda de manera sorprendentemente rápida acerca del comportamiento de las personas y la conexión entre acontecimientos sociales y emocionales. Sólo mediante la interacción bidireccional entre predisposiciones biológicas y entorno, a través de reorganizaciones constantes, surgirán nuevas y más sofisticadas competencias. Estas experiencias tienen uno de sus fundamentos en las capacidades del bebé para expresar sus estados emocionales y para reconocer los de las personas con quienes interactúa.

Apuntes sobre las expresiones emocionales tempranas

Charles Darwin (1872). En «La expresión de las emociones en los animales y en el hombre» postula que la expresión de sentimientos básicos como la ira, la alegría, el miedo, el enfado o la sorpresa, mantiene un vínculo biológico con dichos estados emocionales. Esta unión se habría forjado a lo largo de la evolución y explicaría por qué culturas muy diferentes producen dichas expresiones de forma similar.
Ekman y Friesen (1971). En su estudio la tarea consistía en que los fore escuchasen diversas historias que tenían una importante carga emocional. Tras ello, se les solicitó que seleccionasen de entre varias fotografías la expresión que más se adecuase a la historia oída. Pese a que las fotografías correspondían a adultos europeos, con los que no habían tenido contacto previo, los fore realizaron la tarea de emparejamiento con un alto nivel de éxito.
(Ekman, 1973). Replica el estudio de 1971 con europeos y obtiene idénticos resultados. Únicamente la discriminación entre la expresión de miedo y sorpresa fue algo más costosa en ambas poblaciones.
Eibl-Eibesfeldt (1973,1979). Comprobó que los niños afectados de ceguera congénita mostraban el mismo repertorio de expresiones básicas que los niños videntes, lo que rechazaba la necesidad de un aprendizaje visual.

Para Darwin, los bebés nacen con capacidad para comunicar sus estados internos mediante las expresiones faciales pertinentes. Esta capacidad sería la base para el reconocimiento de las expresiones emocionales en otras personas. Las ideas universalistas de Darwin también concuerdan con lo que hoy sabemos acerca de las competencias tempranas de expresión de las emociones.

Las emociones básicas

Se se denominan emociones básicas a un conjunto de expresiones emocionales (desde las que inferimos estados internos positivos o negativos), de carácter universal, que se encuentran presentes desde el nacimiento o que aparecen durante los primeros meses de vida. Algunas de las emociones básicas mejor estudiadas son la alegría, el enfado, la tristeza y el miedo. Podemos concluir que la alegría se corresponde con un estado interno de bienestar, mientras el enfado, la tristeza y el miedo con una sensación general de malestar.

Lewis (2000). El mundo emocional del bebé puede caracterizarse de manera general por dos sensaciones: bienestar y malestar.
Sensación de bienestar: La alegría

Las primeras sonrisas del bebé no se consideran una manifestación de un estado de bienestar. De hecho, desde el nacimiento y hasta el tercer mes, la sonrisa del bebé se debe a descargas neurales que se producen fundamentalmente durante el sueño y, por tanto, son independientes de estímulos externos. Estas muecas se denominan sonrisas endógenas o reflejas.

Sroufe, (1995). Hacia el final del segundo o tercer mes es evidente que el bebé responde con una sonrisa de manera rápida y amplia a las interacciones sociales (de nuevo, preferentemente, las que se producen con sus cuidadores principales). Es lo que se conoce como sonrisa social.
Enesco y Guerrero (2003). Indican que la expresión de sorpresa que aparece entre los 6 y 12 meses no es comparable a la expresión de interés o «sorpresa» que se registra en muchos estudios basados en el paradigma de la habituación y que se limitan, por lo general, a medir la sorpresa por el tiempo de fijación visual. Por tanto, conviene saber que hay diferentes formas de entender y medir la emoción de sorpresa.
sensa El mundo emocional del bebé
  • Primeras semanas de vida. El bebé afianza la sonrisa y la risa cuando está despierto y, cada vez más, como respuesta a la sensación de bienestar como consecuencia de un estímulo agradable.
  • Hacia la tercera semana, la mayoría de los bebés sonríen ante la voz y la cara en movimiento de su cuidador principal.
  • Cerca del primer mes de vida, el bebé sonríe preferentemente ante caras familiares, aunque será la de su cuidador principal la que provoca más rápida y consistentemente la sonrisa y la risa.
  • Hacia el final del segundo o tercer mes, sonrisa social.
  • Hacia la mitad del primer año, el bebé se ríe abiertamente ante juegos, como cuando tapa o destapa la cara o le sopla.
  • Hacia los 12 meses, ante estos mismos juegos el niño reacciona con carcajada abierta.

Considerada una emoción básica, la sorpresa aparece claramente hacia el sexto mes y se va consolidando hasta reconocerse plenamente hacia el primer año. La sonrisa y la risa, es una competencia social esencial, capaz de provocar la atención y promover el mantenimiento de la interacción social y emocional, elemento básico del desarrollo afectivo temprano.

Sensación de malestar: Tristeza, enfado y miedo

El niño también muestra desde el comienzo de su vida emociones relacionadas con sensaciones de malestar o disconfort. Uno de los correlatos fisiológicos y comportamentales de emociones no placenteras más importantes es el llanto.

  • Desde el nacimiento, el llanto es un buen informante de que el niño siente malestar.
  • Hacia los 4 meses parece haber un cambio significativo tanto en la intensidad como en la frecuencia del llanto respecto a los acontecimientos que lo provocan. Síntomas de enfado.
  • Hacia el cuarto o sexto mes, es cuando se sitúa la aparición de la emoción de enfado que se manifestará de manera más nítida hacia el séptimo u octavo mes.
  • Hacia el séptimo u octavo mes, el enfado se muestra de forma más compleja, lo que indica una mayor maduración cerebral pero también un mayor desarrollo social y cognitivo ya que incluye estrategias como girar la cabeza de manera ostensible, patalear o cerrar la boca para no seguir comiendo algo que le desagrada.
SIzard (1991). Las emociones básicas nos indican un sentimiento subjetivo del bebé (la experiencia de placer, confort o malestar); una modificación del estado psicológico que se relaciona con una activación fisiológica determinada (por ejemplo, el llanto cuando está sobreestimulado) y un comportamiento congruente que caracteriza cada una de las sensaciones del bebé (si el niño está sintiendo malestar, lo expresará de una manera característica y diferente a cuando se siente seguro o calmado).
malestar El mundo emocional del bebé

El llanto también puede aparecer como consecuencia de otra emoción displacentera, el miedo. El miedo es una emoción básica que puede apreciarse alrededor del séptimo mes de vida. En lo que respecta al llanto, cuando se trata de miedo a los extraños, el niño pone en juego toda una cohorte de comportamientos de evitación, rechazo y huida.

Reconocimiento temprano de las emociones

Los bebés son capaces de mostrar sus emociones, son sensibles a aspectos clave de los intercambios sociales como la mirada o gestos faciales (como abrir la boca o sacar la lengua). Un paso más es saber si los bebés son capaces de reconocer emociones. La percepción e interpretación de las expresiones emocionales es un elemento fundamental del desarrollo social, ya que tienen un marcado carácter de intención comunicativa.

Haviland y Lelwica (1987). Encontraron que los bebés de diez semanas responden de forma diferente según sea la expresión emocional de la madre. Por ejemplo, cuando las expresiones emocionales de las madres participantes en sus estudios eran de alegría, los bebés manifestaban expresiones faciales, vocalizaciones y comportamientos de alegría, parecían contentos; cuando la madre ponía cara de enfado, los bebés se quedaban quietos o ponían expresiones de enfado y cuando la madre expresaba tristeza, los pequeños succionaban o movían los labios.
Montague y Walker-Andrews (2001). En el contexto del juego del «cucú-tras» entre bebés de 4 meses y sus madres encontraron que a esta edad los bebés diferencian entre expresiones emocionales, las reconocen, detectan cambios en ellas y responden de una manera afectivamente congruente. Para los bebés de estas edades el mundo emocional es relevante, demuestran una sensibilidad temprana a la emoción y son capaces de expresar y modificar su estado emocional en función de lo que interpretan en el otro.
Witherington, Campos, Harriger, Bryan y Margett (2010). Revisión de los estudios sobre discriminación temprana de expresiones emocionales.
-. Hacia los 4 meses los bebés son capaces de distinguir entre caras que muestran emociones de alegría, tristeza y miedo.
-. Entre el cuarto y sexto mes, discriminan expresiones de alegría, enfado y expresiones faciales neutras, además, muestran una marcada preferencia por caras que transmiten alegría.
-. Entre los 5 y los 7 meses, los bebés incluyen el reconocimiento de la expresión facial de sorpresa, pero, además, pueden discriminar entre expresiones que indican la intensidad de estas emociones.

A pesar del gran número de investigaciones que se llevaron a cabo desde finales de la década de los noventa, éstas se desarrollaron en el entorno de laboratorio y con caras estáticas (dibujos o fotografías) lo que puede suponer un problema a la hora de generalizar sus resultados. Para salvar el escollo de la validez ecológica, otro gran número de investigaciones se han llevado a cabo siendo la madre la que modifica su expresión facial y en las que se introduce otro elemento clave de la comunicación emocional, el tono de voz.

Pero el mundo emocional se fundamenta también en la capacidad para expresar emociones. Desde el nacimiento el bebé es socialmente competente ya que nos informa de sus estados internos y reacciona de manera diferencial a los estímulos sociales externos.

REFERENCIAS

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.
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