EMOCIONES POSITIVAS

En la vida se producen situaciones que implican amenaza u oportunidad de mejora que requieren una respuesta rápida o situaciones sociales en las que interesa producir respuesta de naturaleza interpersonal. 

En este contexto, se desarrolla lo que se denomina la “Visión Positiva de las Emociones” que supone el reconocimiento de la importancia de las emociones, especialmente por su incidencia en el proceso de toma de decisiones, en la medida que lo hace más rápido y eficiente, facilitando una adecuada adaptación al ambiente. Hay más emociones negativas que positivas y se han estudiado con mayor intensidad, ¿por qué?: 

  • Las Emociones Negativas (ej. tristeza, miedo…) están relacionadas con las conductas de evitación y la percepción de amenaza que son esenciales para las situaciones en las que puede estar en peligro la propia supervivencia. 
  • Las Emociones Positivas (ej. alegría, interés…) están asociadas a conductas de aproximación y a la percepción de oportunidades que las hacen menos automáticas y más susceptibles de ir configurándose mediante el aprendizaje y las experiencias adquiridas a lo largo del desarrollo vital. 

Ambos tipos de emociones tienen una función adaptativa, aunque bajo determinadas circunstancias, como por ej. experiencias estresantes, las emociones negativas pueden convertirse en desadaptativas o aparecer asociadas a interacciones sociales disfuncionales que perpetúen la reactividad psicofisiológica, provocando conductas perjudiciales para los demás y para la propia persona. Por el contrario, las emociones positivas pueden actuar como un muro para defenderse del estrés diario, de modo que si potenciamos la experiencia de estas emociones podremos reparar el deterioro producido por la adaptación al estrés y reducir su impacto en el futuro. Investigaciones prospectivas aportan evidencia de que las emociones positivas, originadas de forma natural o inducidas experimentalmente, predicen consecuencias más positivas a corto y largo plazo. 

Para explicar los efectos beneficiosos de las emociones positivas se han propuesto diferentes aproximaciones teóricas entre las que cabe destacar la teoría de la ampliación-construcción de las emociones positivas de Fredrickson (1998) que, desde una perspectiva evolutiva, enlaza la experiencia de emociones agradables con el esfuerzo por lograr un apropiado desarrollo del potencial personal. 

La Teoría de la Ampliación – Construcción de las Emociones Positivas 

Frente al carácter defensivo de las emociones negativas (estrechamiento de la atención y rigidez de la actividad cognitiva), que suponen una reducción temporal del repertorio de pensamientos y conductas de la persona con el fin de generar respuestas rápidas y específicas de autoprotección ante cualquier amenaza; la teoría de la ampliación-construcción de las emociones positivas elaborada por Fredrickson (1998, 2001) plantea un enfoque complementario para las emociones positivas. Esta teoría defiende que las emociones positivas también están implicadas en el proceso de adaptación psicológica que favorece la supervivencia humana en la medida en que incrementan el repertorio de pensamientos/acciones de la persona e introduce flexibilidad en los procesos cognitivos. 

Fredrickson (2001) defiende que las emociones positivas amplían el foco atencional y promueven la flexibilidad cognitiva favoreciendo el desarrollo de recursos personales (plenitud mental, dominio del medio ambiente, relaciones positivas con los demás, reducción de los síntomas de enfermedad, etc.). Estos aspectos hacen que el individuo se sienta más seguro y con mayor nivel de conocimiento de las situaciones que, a su vez, le lleva a experimentar nuevas emociones positivas produciéndose, de este modo, una espiral ascendente de funcionamiento óptimo. 

Aunque las emociones positivas suelen ser de naturaleza transitoria, Fredrickson (2001) defiende que los recursos personales que generan las experiencias positivas son duraderos y, en la medida en que se van acumulando, con el paso del tiempo transforman a la persona haciéndola mejor (más sociable, más saludable, más resistente, más efectiva, etc.). Diferentes estudios correlacionales han examinado estas predicciones. Así por ejemplo, sobre la base de que las personas son capaces de aprender métodos para autogenerar emociones positivas, Fredrickson, Cohn, Coffey, Pek y Finkel (2008) evaluaron en qué medida se producían cambios en la puntuación en diez emociones positivas (entretenimiento, alegría, gratitud, esperanza, interés, amor, orgullo, etc.), en un grupo de personas adultas que fueron asignadas aleatoriamente a un taller de siete semanas de meditación para evocar e intensificar sentimientos internos de amor. Los datos obtenidos indicaron: 

  • Significativo incremento en la puntuación de las 10 emociones positivas en los miembros experimentales a lo largo de las 7 semanas del taller de meditación. La puntuación en este grupo era el triple que la del grupo control, el cual estaba en lista de espera para el taller. 
  • El incremento de las emociones positivas se mantenía en los días en los que las personas ya no participaban en el taller. 
  • Los cambios producidos por el incremento de la experiencia de emociones positivas se mantenían 15 meses después de hacer finalizado el entrenamiento en meditación. 

Fredrickson y Losada representan la textura afectiva mediante un ratio de “POSITIVIDAD”: cociente entre las emociones positivas y negativas (EP/EN) experimentadas a lo largo del tiempo. Dado que lo “malo” tiene más impacto que lo “bueno” y que las personas sólo se sienten ligeramente felices (“Sesgo de negatividad”), los autores postulan que las emociones positivas deberían superar a las negativas en una proporción 3:1, tasa a partir de la cual se produce un funcionamiento óptimo. En la medida en que se asume que las emociones positivas contrarrestan los efectos nocivos de las emociones negativas, esta tasa de positividad es lo que explicaría, en algunas personas, su capacidad de resistencia ante la adversidad. Desde este planteamiento, se asume, que las emociones pueden ser conceptualizadas como un sistema auto-organizado que funciona para maximizar y mantener su propia organización. 

Garland y cols. (2010) señalan que ambos tipos de espirales emocionales (ascendentes y descendentes) no sólo se diferencian en cuanto a su contenido emocional (positivo o negativo), sino que también presentan diferencias a nivel estructural. 

  • Contenido emocional (positivo vs. negativo). Las emociones positivas amplían la mente, los repertorios de conducta y la apertura social, y pueden producir de manera recíproca un aumento de las emociones positivas que, a su vez, favorece que la persona participe en acontecimientos agradables. Lo contrario ocurre con las emociones negativas. 
  • Nivel estructural. Mientras las espirales descendentes producen estrechamiento de la mente y promueven conductas rígidas y desadaptativas, las ascendentes incrementan la apertura hacia los demás y promueven actividades exploratorias espontáneas y novedosas. En definitiva, son más abiertas, permeables, flexibles y sociales. Estos autores especulan con la idea de que la espiral emocional ascendente positiva puede sustentarse sobre modificaciones en la estructura cerebral producidas por las emociones positivas. 

Garland y cols. especulan con la idea de que la espiral emocional ascendente positiva puede sustentarse sobre modificaciones en la estructura cerebral producidas por las emociones positivas. 

REFERENCIAS

  • Resumen Jovana RN (2017-18)
  • Resumen NESS Uned (2015-16)
  • Bermúdez Moreno, J., & e-libro, C. (2011). Psicología de la personalidad (1® ed.). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.
  • UNED aLF

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