Estudios y concepciones teóricas recientes respecto a la inteligencia sensoriomotriz

Estudios de replicación sobre la inteligencia sensoriomotriz

Los hallazgos empíricos y la concepción piagetiana del período sensomotor han sido objeto de atención por parte de los investigadores, especialmente a partir de los años 60, quienes han tratado de comprobarlos, realizando estudios de replicación. Estos estudios eran especialmente necesarios debido a la utilización de un pequeño número de sujetos por Piaget quien desarrolló su teoría sobre la inteligencia sensomotora a partir de las observaciones de la conducta de sus tres hijos.

Destaca el trabajo realizado por Uzgiris y Hunt (1974) quienes diseñaron y comprobaron estadísticamente una prueba muy completa sobre el desarrollo sensoriomotor. Este test, compuesto de 63 ítems, abarcan los seis estadios e incluyen los diferentes tipos de conductas analizadas por Piaget, esta considerado como la prueba más completa, mostrando una gran validez y fiabilidad y siendo, por tanto, utilizada por numerosos investigadores.

Los resultados encontrados por Uzgiris y Hunt es claramente favorable para la teoría piagetiana. Sin embargo, no debe llevarnos a pensar que todo son acuerdos con la teoría de Piaget. Investigaciones recientes parecen mostrar que Piaget subestimó las capacidades del bebé y que éste es capaz de mostrar una competencia superior a lo que predice la teoría piagetiana.

El desarrollo del concepto de objeto en los estudios recientes

Analizaremos los principales resultados de los trabajos que han tratado de demostrar que los bebés poseen un conocimiento de los objetos a edades más tempranas de las postuladas por Piaget.

Estudios sobre adquisición temprana de la permanencia del objeto

Para Piaget la incapacidad de buscar un objeto que ha sido escondido detrás de una pantalla o debajo de otro objeto, propia del estadio 3 (entre los 4 y los 8 meses), muestra que el objeto no tiene todavía una existencia independiente de la acción del sujeto y, por tanto, deja de existir en la medida que está fuera de su visión. Bower y Wishart (1972) cambiaron un poco la experiencia típica piagetiana y, en vez de ocultar el objeto mediante una pantalla o debajo de otro objeto, simplemente apagaron la luz. Evidentemente, el bebé ya no podía ver el objeto y, sin embargo, era capaz de alcanzarlo y asirlo. Bower encontró esta conducta en bebés de algo menos de 4 meses, es decir, en el límite entre los estadios 2 y 3, mucho antes de lo previsto por Piaget. Estos resultados ponían de manifiesto que los problemas del niño en la búsqueda del objeto oculto, no eran conceptuales, sino motores; que el que el objeto esté «fuera la vista no quiere decir que esté fuera de la mente», sino que simplemente no es capaz de coger un objeto que está detrás o debajo de otro (Bower,1979).

Baillargeon y cols. (1987, 1993) comprobaron los tiempos que dedicaban los bebés de diferentes edades a mirar acontecimientos que implicaban objetos ocultos en situaciones «posibles» e «imposibles», mostrando así un conocimiento y sensibilidad ante las restricciones físicas de los objetos. La lógica de estos estudios consiste en situar a los bebés ante acontecimientos o situaciones que incluyen objetos en movimiento, utilizando para ello dos fases: una de habituación y otra de prueba. Durante la fase de habituación los bebés se familiarizan con los movimientos de los objetos, mientras que en la de prueba los objetos realizan movimientos «posibles» o «imposibles». Por ejemplo, los bebés miraban un coche que rodaba hacia abajo por una rampa en dos situaciones: en la situación imposible el coche tenía que atravesar un bloque escondido que impedía su paso, en la posible el coche rodaba por la rampa cuando el paso estaba libre. Baillargeon comprobó que los bebés de 31/2 meses dedicaban más tiempo a mirar los acontecimientos «imposibles». De esta manera, los bebés mostraban ya algún conocimiento de la existencia de los objetos ocultos ya que, como el incremento del tiempo de mirada mostraba, su expectativa era que el bloque oculto impidiera el paso del coche. Los resultados de los trabajos de Bower y Baillargeon demuestran que existen adquisiciones perceptivas anteriores, relacionadas con las «conductas de transición» típicas del estadio 3 (entre los 4 y los 8 meses), como la de buscar activamente un objeto que está parcialmente oculto.

Estudios sobre la explicación del error A, no-B

El error típico del estadio 4 (entre los 8 y los 12 meses) por el que los bebés buscan el objeto escondido en A cuando han sido testigos de que ha sido escondido en B, ha sido replicado en numerosas ocasiones.

Munakata et al. (1997) han comprobado que algunas veces los bebés, aunque cometan el error típico e incorrectamente busquen el objeto en A, miran sin embargo al lugar correcto B; en líneas generales, estos estudios muestran que cuando las conductas de alcanzar y mirar difieren, es decir, los bebés miran a un sitio pero buscan con la mano en el otro, los bebés aciertan más veces con la mirada que con el movimiento de alcanzar y asir el objeto.

Wellman et al. (1986) han llevado a cabo un metanálisis de 30 de estos estudios que permite ofrecer una visión sintética de los resultados encontrados. Las conclusiones de este metanálisis, confirman el efecto de diversas variables en la búsqueda del objeto escondido en B. Este hallazgo parece descartar la explicación del error A, no-B como fruto de algún tipo de perseverancia o persistencia en la respuesta previa de búsqueda en A. Hay que decir que esta explicación no coincide, en principio, con la concepción piagetiana ya que, para Piaget, el error de buscar el objeto en A proviene de la dependencia que tiene la conducta del sujeto de la acción anterior de haberlo alcanzado en ese escondite.

Concepciones teóricas recientes sobre el desarrollo del concepto de objeto

Diamond (1991) sostiene que los bebés en edades muy tempranas poseen ya conocimientos relevantes sobre las propiedades de los objetos, pero que son incapaces de mostrarlos debido a déficits maduracionales que afectan a diversos factores intermedios implicados en la resolución de las tareas; sólo con la maduración del córtex frontal entre los 5 y los 12 meses estos conocimientos anteriores sobre los objetos pueden ser puestos de relieve adecuadamente. Para explicar el retraso en las conductas de búsqueda del objeto oculto, Diamond propone que éste proviene de la dificultad que tienen los bebés, antes de los 7 meses, para coordinar dos acciones que pueden entrar en conflicto: la acción inicial de quitar la pantalla o destapar el objeto, y la acción de alcanzar y asir el propio objeto. Con respecto a la explicación del error A, no-B, Diamond postula como factores o requisitos explicativos el desarrollo de las adecuadas habilidades de memoria y la inhibición de la respuesta dominante, ambos factores estarían afectados por los notables procesos de desarrollo cerebral durante el primer año de vida. La memoria permitiría, con el paso de la edad, incrementar la demora entre el momento en el que se oculta el objeto y la búsqueda: mientras que antes de los 12 meses, una mínima demora impide a los bebés buscar el objeto correctamente en B, a los 12 meses las conductas erróneas aparecen sólo después de una demora de unos 10 segundos (Diamond, 1985). En cuanto a la inhibición de la conducta dominante de búsqueda errónea en A, Diamond sugiere que esta conducta depende de la maduración del área motora suplementaria de la corteza frontal, que se produce entre los 5 y los 9 meses y sirve para inhibir diversos tipos de reflejos de la mano y coordinar mejor secuencias de acciones manuales.

Los trabajos de Baillargeon y cols. (1987, 1993) se ajustan al enfoque de los principios. Estos principios, estarían ya presentes desde el nacimiento, o serían de adquisición muy temprana, y su existencia sería puesta de manifiesto por la sensibilidad, por mínima que fuera, mostrada por los bebés en tareas como las de tiempo de mirada que hemos visto más arriba. Desde este enfoque, el retraso en las tareas piagetianas de búsqueda no implica que los bebés no posean estos principios, sino que sería producido por determinados déficits en la actuación de algún sistema o capacidad secundaria, como el análisis y coordinación de acciones medios-fines que acabamos de considerar.

Munakata et al. (1997) parten de un enfoque diferente, basado no en la existencia o no de unos determinados principios, sino basado en un cuidadoso análisis del proceso evolutivo de adquisición de un conocimiento dado. De esta manera, «el conocimiento que subyace a la conducta de los bebés es considerado como de naturaleza gradual, que se desarrolla a partir de la experiencia, y que está empotrado dentro de procesos específicos que subyacen al comportamiento». Este enfoque del proceso adaptativo surge del marco teórico general de los modelos conexionistas y su propuesta es también coherente con otras explicaciones del desarrollo de corte dinámico. Dentro de este enfoque del proceso adaptativo las aportaciones realizadas han sido fundamentalmente dos: sus trabajos empíricos sobre la explicación de las dificultades en la búsqueda del objeto escondido en términos de los déficits medios-fines y la simulación del proceso evolutivo utilizando para ello redes conexionistas.

Munakata et al., postulan que en la comprensión del concepto de objeto están implicados diversos procesos que subyacen a la conducta de los bebés. En las edades más tempranas, como los trabajos en las situaciones imposibles mostraron, los bebés son capaces de hacer predicciones acerca de los acontecimientos cuando un objeto está oculto, aunque todavía no sean capaces de comprender que un objeto siga existiendo cuando no está a la vista, ya que no existe una representación acabada del mismo. Más adelante, los bebés serán capaces ya de realizar las conductas de búsqueda y alcance merced a la aparición de un tipo de representación más potente. La concepción de estos autores, basada en los procesos adaptativos, recoge de nuevo una perspectiva genuinamente evolutiva, centrada en el cambio, como lo hacía la teoría de Piaget, al mismo tiempo que proporciona un modelo explicativo preciso de la actuación de los sujetos y de su evolución.

Referencias

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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