Factores cognitivos y personalidad

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INTRODUCCIÓN

Las teorías sociocognitivas de la personalidad destacan la importancia de la cognición en el funcionamiento humano, es decir, en los procesos motivacionales, emocionales y en la conducta desarrollada. Proponen que los determinantes más importantes de nuestra conducta son los mediadores cognitivos (pensamientos y creencias que tenemos acerca de nuestro entorno y nuestra conducta). Los factores cognitivos más estudiados son las expectativas, los procesos de atribución y las reacciones ante la pérdida de control.

Control percibido. Cognición o juicio de que uno tiene la capacidad, recursos u oportunidades para llevar a cabo una acción que incremente la posibilidad de obtener resultados positivos o evitar los negativos.

La percepción de control sobre nuestras vidas tiene importantes efectos adaptativos:

  • Proporciona seguridad sobre las consecuencias futuras, lo que lleva a invertir esfuerzo para obtener los resultados esperados.
  • Favorece la creencia de que uno es eficaz y puede cambiar el entorno. 

Los individuos difieren en el grado de control percibido, por lo que muchas veces las creencias asociadas son subjetivas (las personas guían su conducta por su percepción o valoración de la situación).  Tener control no siempre es positivo, como por ejemplo cuando implica sentirse responsable de consecuencias negativas; también perder el control que uno tenía y valoraba puede tener importantes consecuencias para la conducta (intento de recuperarlo o resignarse / caer en la inactividad). 

En el tema se analizarán las principales expectativas relacionadas con la necesidad de control:

  • Percepción de control sobre los refuerzos, o dónde creemos que está el control, en nosotros mismos o en otras personas o elementos.
  • Expectativa de autoeficacia, o la creencia de que tenemos los recursos para hacer frente a las situaciones que debemos afrontar.
  • Expectativa de resultados, o percepción de que la conducta lleve a los resultados deseados.

Posteriormente se analizarán procesos de atribución, que tienen lugar una vez que la conducta ha ocurrido, y por último las consecuencias de la pérdida de control, desde los intentos renovados (reactancia psicológica) para realizar la conducta amenazada o prohibida, hasta el cese de actividad (indefensión aprendida).

LAS EXPECTATIVAS: VARIABLES PREVIAS A LA CONDUCTA

Dos de las expectativas más investigadas en la literatura son el locus de control o percepción de control sobre los refuerzos y la autoeficacia percibida.

El Locus de Control

Locus de control (LOC). Creencia que tiene una persona de que su respuesta influirá, o no, en la consecución de un refuerzo. Se trata de una expectativa generalizada de control sobre los refuerzos o consecuencias de su conducta. Se entiende como una fuente de diferencias individuales a partir de su consideración como una dimensión de personalidad, en cuyos polos encontramos:

  • Externalismo, o creencia del sujeto de que la obtención del refuerzo está más allá de su control, dependiendo de la suerte, el contexto, o la intervención de otras personas.
  • Internalismo, o creencia del sujeto de que los refuerzos dependen de las conductas que realiza.


En la Escala de Control Interno-Externo de Rotter se evalúa el constructo de forma unidimensional y general, obteniéndose una puntuación basada en los ítems en los que se elige la alternativa externa: mayor puntuación, mayor externalidad.

También se han diseñado escalas para medir la percepción de control en ámbitos específicos como el rendimiento, las relaciones interpersonales o la salud. En el campo de la salud encontramos la Escala Multidimensional de Locus de Control para la Salud de Wallston y cols., que incluye tres sub-escalas:

  • Internalidad, o creencia de que la salud depende de las acciones que realiza (dieta, ejercicio físico).
  • Creencia de que la salud está determinada por otras personas relevantes (familia, amigos).
  • Creencia de que la salud o enfermedad están determinadas por la suerte o el destino.

En la aplicación de esta escala se ha encontrado que serían la creencia en uno mismo y las acciones y conductas que uno realiza las responsables finales de una mayor supervivencia, al favorecer la adherencia al tratamiento y un mejor ajuste psicológico, ya que al percibir más control se disminuye la ansiedad y la depresión experimentadas. De la misma forma, se ha encontrado que el cambio (incremento) en internalidad desde la línea base a un segundo momento, 16 meses después, en pacientes con enfermedad renal crónica predecía niveles más bajos de depresión (Cvengros, Christensen y Lawton, 2005). Estos datos sugieren la importancia de utilizar los cambios en internalidad (Tiempo 2 – Tiempo 1), en lugar de la puntuación de línea base (Tiempo 1), para entender mejor la naturaleza dinámica del ajuste a la enfermedad crónica.

 En cuanto a la relación entre el locus de control interno y felicidad, se ha encontrado:

  • Una relación significativa y positiva entre locus de control interno, medido de forma general o unidimensional, e indicadores de bienestar subjetivo y felicidad. 
  • Una relación negativa entre expectativas internas de control y depresión.

El estudio de Gale, Batty y Deary comparó la percepción de control medida a los diez años con resultados de salud autoinformada (sobrepeso, obesidad, malestar psicológico, salud, e hipertensión) y con conductas de salud (tabaquismo y actividad física) a los treinta años, controlando factores como el sexo, el nivel de inteligencia, el nivel educativo, los ingresos y el estatus socioeconómico.

Los resultados de ese trabajo indican:

  • Hombres y mujeres con una puntuación más interna en la infancia tenían riesgo reducido de obesidad, sobrepeso, pobre salud o malestar psicológico. Las mujeres internas, además, menos riesgo de hipertensión. Tener un fuerte sentido de control sobre la propia vida en la infancia es un factor protector importante de salud en la edad adulta.
  • Se propone como mecanismo mediador la práctica de hábitos más saludables por parte de los internos (realizaban más ejercicio físico y fumaban menos a los 30, aunque esto está determinado en parte por factores socioeconómicos). Otra explicación puede ser que los internos tienen una respuesta más adaptativa ante el estrés; perciben las situaciones como retos o desafíos y perciben que tienen más recursos para hacer frente a las situaciones problemáticas. Esto supone un afrontamiento más adaptativo, soluciona antes los problemas o en caso de no poder solucionarlos (ej. muerte de un ser querido) utiliza estrategias emocionales más favorables (ej. aceptación).

En la medida en que los externos parecen ser más propensos a experimentar reacciones emocionales negativas ante el estrés, y también, a su mayor utilización de estrategias centradas en la reducción de estas, llevarán a cabo menos acciones directas que introduzcan cambios en la situación, por lo que es de suponer que el impacto y duración del estresor y sus consecuencias serán mayores que en los internos. En términos generales, aquellos que creen que tienen poco control, presentan hábitos de salud más pobres, contraen más enfermedades y llevan a cabo menos acciones de prevención o recuperación (Lin y Peterson, 1990).

La Autoeficacia Percibida

 La Autoeficacia percibida se entiende como el juicio que la persona hace en relación con su capacidad para afrontar situaciones específicas (Bandura). La percepción de autoeficacia influye en patrones de pensamiento, motivación, rendimiento y activación emocional. Todo ello queda recogido en la naturaleza prospectiva y operativa de la autoeficacia:

  • Naturaleza Prospectiva. La autoeficacia se siente ya antes de empezar la acción.
  • Naturaleza Operativa. La autoeficacia se relaciona con la acción y su contextualización. (ej. puedo dejar de fumar, aunque mi amigo siga fumando).

El éxito puede aumentar la autoeficacia y el esfuerzo en tareas futuras, puede llevar a una relajación si se ve que no es necesario tanto esfuerzo o a la búsqueda de nuevos estándares más elevados en los que invertir mayor   esfuerzo y dedicación.

El fracaso puede llevar a abandonar la tarea, o a continuar esforzándose en función del valor del resultado y de su sentido de autoeficacia de cara a un futuro esfuerzo.

Por tanto, las creencias de autoeficacia tienen un impacto importante en los procesos motivacionales, de forma que las personas con altas creencias de autoeficacia, cuando se comparan con otras con bajas creencias:

  • Seleccionan metas más difíciles y desafiantes.
  • Muestran mayor esfuerzo, persistencia y rendimiento.
  • Se aproximan a las tareas con estados de ánimo más favorables (ej. menos ansiedad y depresión).
  • Afrontan mejor las situaciones negativas o de estrés.

Las creencias de autoeficacia pueden venir de distintas fuentes de.  La más importante es la propia experiencia de éxito o de fracaso. Si uno triunfa en algo, es probable que suba su expectativa de éxito para una tarea similar realizada en el futuro, y si fracasa, que baje. Otra fuente es la experiencia vicaria, cuando uno aprende viendo las experiencias de otras personas, observando lo que hacen y las consecuencias que tienen sus conductas, obtendrá información para sus propias expectativas. Esta fuente será más útil si uno observa a personas con las que tiene mucho en común, porque podrá generalizar esos datos más fácilmente a su propia experiencia. Otra fuente es la persuasión verbal, cuando uno anima (o es animado) para hacer determinadas cosas destacando las cualidades que tiene y la confianza en que la persona puede hacerlo. Finalmente, los estados emocionales y fisiológicos pueden afectar también a la autoeficacia si llegamos a asociar un mal rendimiento o un fracaso con activación fisiológica desagradable («pierdo confianza en mis habilidades cuando estoy nervioso») y un éxito con emociones agradables («cuando estoy tranquilo, me siento más seguro de mi capacidad para llevar a cabo correctamente la tarea»).

Además de esta consideración específica de la autoeficacia, vinculada a situaciones concretas, puede hacerse una consideración generalizada: característica de personalidad relativamente estable que recoge la expectativa que se tiene acerca de la capacidad para afrontar adecuadamente las situaciones difíciles o problemáticas.


La autoeficacia general explica un rango más amplio de conductas y formas de afrontar las tareas cuando el contexto no es tan específico y/o conocido, es un constructo universal.

Los resultados del estudio de Luszczynska y cols., que aplicaron la Escala de Autoeficacia Generalizada a una muestra de cinco países, indicaron que la expectativa generalizada se relacionaba de forma significativa:

  • Positivamente con optimismo, autorregulación, autoestima, afecto positivo y satisfacción con la vida.  
  • Negativamente con ansiedad, depresión, ira y afecto negativo.

La magnitud de las correlaciones variaba en función de la cultura o del país analizado.

La autoeficacia generalizada también se ha asociado positivamente con rendimiento y con mejor salud ya que se valoran como menos estresantes las situaciones difíciles debido a que son vistas como retos, además de percibir más recursos para hacerles frente. Todo ello lleva a los altos en autoeficacia a utilizar más el afrontamiento centrado en la resolución de problemas, y menos el afrontamiento centrado en la emoción.

Evidencia Conjunta

  • Expectativa de resultado: se cree que una conducta producirá un determinado resultado.
  • Expectativa de autoeficacia: se siente capaz de superar los problemas y realizar con éxito las actividades que tiene entre manos.
  • Expectativa de control sobre los refuerzos: se piensa que los resultados que obtiene son consecuencia de las conductas que realiza.

El individuo tiene cierto control sobre las cosas que suceden cuando se dan las tres expectativas, todas ellas importantes en la adaptación de la conducta. Los tres constructos estarían relacionados entre sí. 

El estudio de O’Hea y cols. con pacientes diabéticos, que analizaba la interacción entre las expectativas en relación al marcador biológico de control del nivel de glucosa indicativo de adherencia al tratamiento, indica:

  • Las tres expectativas mostraban una relación positiva pero moderada (0,25-0,31), indicando así que las personas con un locus más interno en relación a su diabetes tienen más probabilidad de sentirse confiadas en su capacidad para seguir las indicaciones de su tratamiento y en creer que llevar a cabo estas conductas las llevará a un mejor control de su diabetes y a una mejor salud.
  • Destaca el nivel de beneficio que aportaba la internalidad, cuando la autoeficacia era baja, pero variaba la expectativa de resultado: la internalidad favorece la adherencia al tratamiento con baja autoeficacia y baja expectativa de resultados, pero no favorecía a las personas que tenían baja autoeficacia pero expectativa de resultado. Esto puede deberse a la culpa de saber que el control está en uno (internalidad), que si hiciera las cosas mejoraría (expectativa alta de resultados), pero al mismo tiempo, no verse capaz de hacerlo (baja expectativa de autoeficacia), presentando un peor ajuste.

Cabe plantearse si percibir control es bueno en todas las situaciones. Que la persona piense que tiene control sobre aspectos relevantes de su vida tiene importantes beneficios, pero a veces es preferible delegar el control en otros o en determinadas creencias. Aspectos que hacen más deseable que uno no tenga control:

  • Al tener control nos sentimos más responsables, lo que incrementa la preocupación por lo que otros piensen, a sentirse presionados y de ahí, a experimentar más reacciones de ansiedad.
  • Al tener control, aumenta la posibilidad de predecir cuándo ocurrirá algo. Aunque preferimos saber cuándo ocurren las cosas, a veces es mejor no tener certeza absoluta sobre ello.
  • En ocasiones no nos sentimos competentes para solucionar un problema del que tenemos control, prefiriendo delegar para evitar posibles consecuencias negativas de un fracaso del que de lo contrario nos sentiríamos responsables.

A pesar de ello, la mayoría de las personas prefieren controlar los acontecimientos de su vida, aún en situaciones claramente incontrolables recurriendo a un control secundario: la persona en lugar de caer en la indefensión, cuando reconoce no controlar acontecimientos importantes de su vida (p. ej.: explotación laboral), retiene un cierto sentido de control aceptando la situación, pero confiando en el destino, un sindicato, o interpretando positivamente los acontecimientos. Otra forma de retener control es focalizarse en aquellas cosas que uno sí puede hacer, no se puede controlar la explotación laboral pero sí las reacciones emocionales que se experimentan, o hablar con sus compañer@s y afiliarse a un sindicato.

La investigación de Ranchor y cols. es un ejemplo de cómo cierto nivel de control percibido favorece un mejor ajuste, aún en una situación de bajo control: estudio prospectivo en pacientes recién diagnosticados de cáncer. El control percibido se evaluó en 4 momentos, 1 antes del diagnóstico y 3 con posterioridad al mismo (2, 6 y 12 meses):

  • En todos los pacientes las percepciones de control disminuían cuando se diagnosticaba la enfermedad.
  • Mantenían una adecuada percepción de control después del diagnóstico que se relacionaba con niveles más bajos de malestar psicológico 6 y 12 meses después del diagnóstico.
  • Mantener percepciones de control favorecía un mejor ajuste ante el cáncer, siendo estos datos independientes del pronóstico de la enfermedad.

La Expectativa de Control sobre los “Refuerzos” suele tomarse como medida más general y la de Autoeficacia suele medirse de forma más específica, con lo que su valor predictivo es mayor. Mientras el locus de control analiza si la conducta controla los resultados, la autoeficacia se refiere a si uno puede o no llevar a cabo ciertas conductas.

LA ATRIBUCIÓN: PROCESOS POSTERIORES A LA CONDUCTA

La Teoría de la Atribución ofrece un método para entender la conducta humana. Es relevante en campos como el educativo, laboral, clínico o jurídico. Podemos diferenciar entre:

  • “Procesos” de Atribución. Se refieren a las causas que las personas utilizan para explicar sus conductas. Para que una conducta sea juzgada causalmente, debe ser fruto de una intención, es decir, no involuntaria o rutinaria.
  • “Consecuencias” de la Atribución. Efectos emocionales (reacciones de satisfacción, orgullo…), cognitivos (cambios de expectativas, planes de acción…) y motivacionales (aumento o disminución del esfuerzo), que afectarán la forma en que la persona se enfrentará en el futuro a situaciones similares. Las consecuencias son cruciales para entender la conducta futura.

Los distintos acercamientos teóricos se complementan unos con otros, variando en el nº de factores causales considerados, en el objeto de la atribución (la propia conducta o la de otros), el análisis de las consecuencias (motivaciones, cognitivas o emocionales) sobre situaciones futuras, o en un distinto enfoque, en términos de la psicología de la personalidad basándose en la explicación de la conducta individual, o desde la psicología social basándose en la explicación de la conducta grupal.

Los Modelos Teóricos Sociales (Heider, Kelley, y Jones y Davis).


Señala que existen 2 tipos de fuerzas que entran en la producción de una determinada acción: fuerzas personales y ambientales.

Para clarificar estas 2 fuerzas propone un ejemplo: una persona atravesando un lago en una barca de remos, en un día de viento. El resultado final sería alcanzar la orilla y puede ser percibido como el resultado de:

  • Factores Personales (habilidad, esfuerzo, fatiga).
  • Factores Situacionales o Ambientales (viento, corriente).

Las fuerzas personales se localizan en 2 factores:

  • Motivación, M, que incluye 2 elementos:
    • Esfuerzo, o elemento cuantitativo de la motivación (grado en se intenta realizar la conducta).
  • Capacidad, C, que se refiere a la habilidad física o psicológica requerida para realizar una acción.

Las fuerzas ambientales varían en función de su grado de estabilidad:

  • La dificultad de la tarea, D se considera una fuerza estable ya que se mantiene relativamente constante hasta que se completa la acción.
  • La suerte, Se considera una fuerza inestable sujeta a fluctuaciones incontrolables del ambiente.

La conjunción capacidad-dificultad de la tarea determina si la acción es posible (poder o posibilidad, P). El que la acción finalmente se complete está determinado por la motivación (intención y esfuerzo). Podría expresarse formalmente la relación entre los factores en los siguientes términos: P = f [(C x M) +/- D]

Donde P es función de la relación multiplicativa entre las fuerzas personales, y la dificultad de la tarea en relación aditiva con el producto anterior. C y M se relacionan de forma multiplicativa porque ninguna de ellas, por separado, puede superar los obstáculos del entorno: si uno de los dos factores tiene una fuerza de cero, la fuente personal será 0. La relación entre fuerzas ambientales y personales sería aditiva porque podría realizarse la acción, aunque una de ellas fuera cero, pero la tarea muy fácil [ej. si el viento es muy potente (fuerza ambiental) podría llevar la barca a la orilla sin intervención personal (C x M=0).

La atribución de responsabilidad varía en función de la contribución de las fuerzas ambientales y personales al resultado de la acción: cuanto mayor sea la contribución de la situación, menor responsabilidad personal se atribuirá.


 La teoría de Kelley añade 2 aspectos relevantes a la hora de explicar la conducta. Por una parte, se incluye la autoatribución, y, por otra parte, se extienden las fuerzas ambientales que determinan las adscripciones causales.

  • La Auto-Atribución, frente a la teoría de Heider cuyo énfasis estaba en la hetero-atribución o juicios causales realizados por observadores de la conducta de los actores.
  • Se extienden las fuerzas ambientales que determinan las adscripciones causales:
    • Estabilidad, quedando recogido ésta en el contexto o situación en que ocurre la acción, haciendo referencia al tiempo y a la modalidad de repuesta.
    • Entidades y personas.

Los factores causales y los efectos o resultados se relacionan en función del principio de covarianza. Como posibles efectos: éxito y fracaso. Como causas potenciales se describe un modelo tridimensional, representado en forma de cubo, en el que se incluyen:

  • Entidades. Objetos, estímulos o personas hacia los que se dirige la respuesta. A partir de esta fuente se obtiene la distintividad: si la respuesta ocurre o no cuando otras entidades están presentes (Una película / Varias).
  • Personas. Se obtendría la información de consenso: si la misma respuesta es producida por otras personas o no, ante la misma entidad (Otros espectadores).
  • Contexto (tiempo/modalidad). Situación en que ocurre la acción. A partir de esta fuente se obtiene la consistencia: si la respuesta ocurre en distintos momentos temporales y en qué forma.

El principio de covarianza puede quedar más claro con el ejemplo que Kelley (1967) utiliza: Supongamos que a una determinada persona le divierte una película. Podríamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿la diversión puede atribuirse a la persona (se divierte fácilmente cuando ve películas) o a las propiedades de la entidad (se trata de una buena película)? Kelley responde a esta cuestión analizando la covariación entre el efecto y los factores causales sobre las entidades (películas), las personas (otros espectadores) y la consistencia (en este caso, la misma persona viendo otras películas). La atribución de la diversión a la entidad (película), más que a la persona, es más probable si el individuo responde diferencialmente ante las películas, si la respuesta a esta película es consistente a lo largo del tiempo, y si la respuesta está de acuerdo con la opinión de los demás (alto consenso). Es decir, la probabilidad de atribución a la entidad será máxima cuando la persona sólo se divierte con esa película, se divierte todas las veces que la ve, y las demás personas tienen la misma reacción. Pero si la persona en cuestión suele divertirse vea lo que vea (es decir, su respuesta a la entidad no es distintiva), y si a nadie le divierte esta película (bajo consenso), se atribuirá la diversión a características personales de nuestro espectador.

Como se desprende de la investigación de McArthur (1972), las atribuciones se deben a:

  • Variables personales: Cuando la conducta es baja en consenso, baja en distinción y alta consistencia.
  • La entidad: Cuando la conducta es alta en consenso, alta en distinción y alta en consistencia.
  • El contexto: Cuando la conducta es baja en consenso, alta en distinción y baja en consistencia.

La teoría de Jones y Davis (1965), conocida como teoría de la Inferencia Correspondiente, añadiría dos aspectos a las aportaciones iniciales de Heider:

  • Análisis más detallado de las fuerzas personales.
  • Se centra en los efectos producidos por una acción. Aunque una persona no observe una acción, puede a partir de sus efectos inferir una disposición subyacente (decisiones de los jurados o interpretaciones del terapeuta se realizan por preceptos no observados directamente).

Jones y David consideran que cada acción tiene una serie de efectos posibles. En la Teoría se sugiere:

  • Los efectos comunes NO pueden servir de base para decidir entre las diversas posibilidades conductuales.
  • Serían los efectos NO COMUNES los que permitirían inferir las razones de las elecciones realizadas: si un profesor elige una conducta común a los miembros de su grupo, la atribución de su conducta será a fuerzas ambientales, pero, si elige la conducta menos común de su grupo, reflejará una disposición personal. A partir de aquí, se denominaría inferencia correspondiente a la certeza con que la persona que observa señala que la conducta de un actor refleja una disposición personal o ambiental.
  • Una mayor seguridad (alta correspondencia) tendrá lugar cuando se produce una adecuada combinación entre efectos no comunes y supuesta deseabilidad de los mismos.
  • Cuando el número de efectos no comunes es alto, la atribución de una conducta puede ser ambigua y cuando el número es bajo, la causa de la conducta parece más clara.
  • Cuando la deseabilidad es Alta (cualquier persona habría intentado conseguir estos efectos), se aprenderá poco de las disposiciones personales del actor y   cuando   es   baja, la   conducta refleja una disposición personal lo bastante fuerte como para superar las    presiones    ambientales    que señalarían   la   elección   de   otra acción.

La Teoría de Weiner como propuesta integradora


Deriva del trabajo de Heider. Su aportación es el haber elaborado un modelo integrador de las adscripciones causales y de los efectos cognitivos, afectivos y conductuales que dichas atribuciones pueden tener, aplicándolo principalmente a situaciones o contextos de logro. Se centra en las causas de los resultados, de éxito o de fracaso, obtenidos en estos contextos.

Causas y Dimensiones Atributivas         

Weiner introduce una interesante diferencia entre “causas” y “razones”:

  • Causas. Se asocian con los resultados. La búsqueda de causas se debe a la obtención de resultados, siendo los fracasos los que llevarán a la persona a una mayor investigación causal.
  • Razones. Se asocian con los acontecimientos. Cuando uno trata de explicar los actos que se llevan a cabo, las personas se centran en razones, asociadas con deseos, incentivos (costes y beneficios), e intenciones.

Así, al contrario que Heider (para el que cualquier evento da lugar a una búsqueda de causas), Weiner habla de búsqueda de razones, reservando las causas para explicar el éxito o el fracaso de las situaciones de logro. Mientras las expectativas y las creencias se dirigen a la conducta futura y a las razones de los actos, las atribuciones o explicaciones causales se centrarían en la conducta pasada, en los resultados obtenidos.  Inicialmente, Weiner clasifica las cuatro causas de Heiner (capacidad, motivación, dificultad de la tarea y suerte) en dos dimensiones:

  • Locus de causalidad: lugar en el que el individuo sitúa la responsabilidad de la acción. Hay 2 extremos:
  • Causalidad interna: los resultados se explican por su capacidad y esfuerzo.
    • Causalidad externa: los resultados se deben a factores ambientales o de la tarea, como suerte o dificultad de la tarea, respectivamente.
  • Estabilidad: grado en que la causa de la conducta es estable e invariable (dificultad de la tarea o capacidad personal), o inestable (esfuerzo invertido o suerte).

Posteriormente, Weiner, incorpora una tercera dimensión:


Controlabilidad: grado en que la persona controla las causas de su conducta. Investigaciones han puesto de manifiesto que los Resultados Esperados (fracasar cuando la mayoría lo hace) llevas a más atribuciones estables (dificultad de la tarea). Y los Resultados Inesperados (fracasar cuando la mayoría no fracasa) promueve más adscripciones causales inestables (fracaso cuando la mayoría no, porque he tenido mala suerte).

Consecuencias Cognitivas, Emocionales y Motivacionales de la Atribución

Las causas que utilizamos para explicar nuestra conducta en una determinada situación tienen distintos efectos en la forma en que la personas se enfrentará a situaciones similares en el futuro.

COGNITIVAS. Las atribuciones causales pueden afectar las expectativas futuras en situaciones similares.

Investigaciones sobre motivación de logro y nivel de aspiraciones (Atkinson) sugieren que las expectativas futuras estarían determinadas por el resultado de éxitos o de fracasos: tras el éxito las expectativas aumentarían y tras el fracaso disminuirían.

Desde la teoría de aprendizaje social se sugiere la necesidad de tener en cuenta el tipo de situación (interna/ externa):

  • El éxito en una situación definida como capacidad interna, las expectativas subirían más que tras el éxito en una situación de suerte o azar (externa).
  • El fracaso en una situación externa puede mantener o incluso aumentar las expectativas, mientras que el fracaso en una situación interna tiende a disminuir las expectativas futuras de éxito.

Frente a esa consideración del grado de internalidad percibido, desde la teoría de la atribución se resalta el nivel de estabilidad de los factores causales como principal determinante de las expectativas futuras.

  • El fracaso adscrito a factores estables (baja capacidad) disminuye más las expectativas futuras de éxito, que el fracaso adscrito a factores inestables (falta de esfuerzo).
  • El éxito atribuido a factores inestables llevaría a un menor aumento de las expectativas de éxito que el atribuido a factores estables.

La adscripción causal a factores estables produce mayores cambios típicos en las expectativas (aumento tras el éxito y disminución tras el fracaso), que la adscripción a factores inestables.

Weiner sugiere que, dado que en los estudios de aprendizaje social se manipulan tanto situaciones internas como externas, de alguna manera además de la internalidad se está considerando la estabilidad, ya que la capacidad es interna-estable y la suerte externa-inestable. Considerando la evidencia de la teoría de la atribución, la determinación de los cambios de las expectativas futuras se haría en función de la dimensión de estabilidad, en vez de en función de la dimensión de internalidad.

Al igual que las atribuciones causales afectan las expectativas futuras, la expectativa previa tiene también efecto en las adscripciones causales: 

  • Cuando el resultado es confirmatorio (expectativa de éxito alta + éxito obtenido o expectativa baja + fracaso), la atribución será estable.
  • Cuando el resultado es no confirmatorio (alta expectativa + fracaso o baja expectativa + éxito), la atribución será inestable.
  • EMOCIONALES O AFECTIVAS. Se propone una aproximación cognitiva a la emoción: la percepción de lo que causó un resultado de éxito o de fracaso determina, en parte, las reacciones afectivas ante ese resultado. Las emociones o reacciones afectivas son post-atributivas (después de que se haya decidido la causa de un acontecimiento) y pre-conductuales (previas a la acción siguiente). Existen dos tipos de emociones:
  • Dependientes del resultado e independientes de la atribución. Es la primera reacción (emoción primitiva) más o menos general que sigue al resultado y que está determinada por la consecución de un objetivo deseado, no por la causa del resultado (p. e. felicidad por un logro, sin importar cómo se ha conseguido).
  • Dependientes de la atribución. Determinadas por la causa percibida del resultado previo. Es posterior a la emoción dependiente del resultado, primero realizamos una adscripción causal y generamos distintas reacciones afectivas en función de la atribución elegida (p. e. el éxito atribuido a la ayuda de otros generará gratitud y el debido a un esfuerzo personal calma y tranquilidad; el fracaso por intromisión de otros generará ira y por falta de esfuerzo culpa. Al analizar la causa de un aprobado la reacción emocional será distinta si se debe a que copió o a las horas de estudio dedicadas).

Cada dimensión se relacionará con un conjunto de emociones o sentimientos:

  • La controlabilidad se asocia con las llamadas emociones sociales, como ira, piedad, culpa y vergüenza.
  • La estabilidad estaría más relacionada con consecuencias cognitivas (cambio en las expectativas futuras), aunque llevan asociadas emociones como esperanza, si uno cree que en el futuro puede triunfar, o miedo, si ve que no puede hacer nada para cambiar la situación.
  • La dimensión locus de causalidad influiría en la autoestima: el éxito autoatribuido (personalidad, habilidad, esfuerzo) lleva a una mayor autoestima que el éxito externamente atribuido.
  • Sesgo “hedonista”. Estrategia defensiva consistente en atribuirse uno mismo los éxitos, utilizando causas externas para el fracaso, para así maximizar el placer y minimizar el malestar.
  • Self-handicapping. Estrategia de auto-limitación caracterizada por la reducción deliberada del esfuerzo en situaciones de fracaso potencial, creando así cierta ambigüedad atribucional para proteger la valía personal en el supuesto de que se produzca un fracaso.
  • MOTIVACIONALES. Las atribuciones internas del fracaso y las externas del éxito, es decir, las que generan dudas de uno mismo, así como tener creencias estables de fracaso, son impedimentos para la motivación. El reentrenamiento atribucional o las intervenciones dirigidas a un pensamiento causal más adaptativo, con adscripciones inestables de fracaso llevan a más esperanza, facilitando la motivación.

Weiner considera dos situaciones diferentes relacionadas con el contexto de logro. En ambas se experimenta un resultado negativo, que provoca reacciones afectivas de tristeza y frustración:

  • Jane suspende un examen y, posteriormente, aumenta el tiempo que dedica al estudio. Jane siempre aprueba, pero, esta vez, compañeros con experiencia similar han aprobado y ella ha suspendido. Al pasarle solo a ella, hace una atribución personal e inestable (no es consistente con su rendimiento habitual). Llega a una explicación del suspenso en términos de bajo esfuerzo, por lo tanto, la causa es personal (solo ella), inestable (no habitual), y controlable (puede actuar). Experimenta culpa y mantiene expectativas de éxito para el futuro, a la vez que sus profesores y padres están enfadados con ella. Esas expectativas, la culpa y la esperanza le hacen superar la tristeza y el golpe a su autoestima, por lo que retoma la meta con la motivación de rendir mejor en el siguiente examen.
  • Mary suspende un examen y decide abandonar los estudios. Ya ha suspendido en el pasado, mientras que sus compañeros han aprobado, por lo que hace una atribución en términos de falta de capacidad: causa interna (autoestima), estable (seguirá pasando) e incontrolable (vergüenza). Sus padres y profesores sentirán pena, incrementando así su percepción de incompetencia personal. En definitiva: tendrá baja expectativa de éxito futuro, se sentirá triste en relación con el resultado, disminuirá su autoestima fruto de las atribuciones de causalidad, perderá la esperanza debido a la estabilidad, y se sentirá avergonzada por la incontrolabilidad. Estos pensamientos y reacciones afectivas disminuyen su conducta de logro y llevarán a una huida de la situación.

Las terapias basadas en la atribución se centran en que el cambio de cogniciones cambiará las conductas y, sobre todo, las adscripciones causales desadaptadas ante el fracaso.

Perry y cols. aplicaron a estudiantes universitarios un tratamiento breve de reentrenamiento atributivo consistente en inculcar explicaciones más controlables de los resultados relacionados con el logro, como el esfuerzo realizado y la estrategia utilizada para afrontar el estudio, frente a otros factores menos controlables, como la dificultad de las pruebas o asignaturas, o la calidad del profesor. Los resultados indicaron que todos los participantes mejoraron su rendimiento y además aquellos cuya evaluación inicial era alta también experimentaron más emociones positivas.

Otro estudio con adultos mayores confirmó la eficacia del reentrenamiento atributivo. Los participantes (personas mayores con bajas expectativas iniciales respecto a la edad) mejoraron en sus hábitos de salud y además informaban mejoras en su estado de ánimo, en el dolor crónico que experimentaban como promedio diariamente , en su energía y en la calidad de su sueño . Este tipo de resultados muestra la importancia de incluir las atribuciones en programas de cambio o de mejora de hábitos de salud.

REACCIONES ANTE LA PÉRDIDA DE CONTROL

En nuestra vida nos encontramos con situaciones que no podemos hacer a pesar de que pongamos interés y esfuerzo sobre ello (la enfermedad de un ser querido). Estos resultados incontrolables pueden deberse al azar, a limitaciones en nuestras capacidades, a restricciones impuestas por la ley o a la autoridad de otras personas.

Se han definido 2 teorías, en principio contradictorias, para estudiar las reacciones ante situaciones incontrolables: Reactancia psicológica (Brehm) e Indefensión Aprendida (Seligman).

Incremento de Acción. Reactancia Psicológica

La Teoría de la Reactancia trata de dar consistencia teórica a una reacción conductual experimentada en nuestras vidas: “cuando se amenaza la libertad de una persona para llevar a cabo una determinada conducta, la persona experimentará una activación motivacional (reactancia) que lleva al individuo a intentar restaurar su libertad de acción”.

Hammock y Brehm realizaron una investigación considerada como prototipo del paradigma utilizado en este tipo de trabajos: examinaron las reacciones de los sujetos cuando recibían resultados no elegidos o perdían la posibilidad de obtener otros que inicialmente podían conseguir. Los niños del estudio tenían que ordenar, de mayor a menor preferencia, una serie de golosinas. A su vez, a la mitad de los niños se les decía que podían elegir entre dos de ellas, mientras que a la otra mitad se les decía que recibirían una (elegida por el experimentador). Posteriormente, se mostraban a los sujetos las golosinas elegidas en tercer y cuarto lugar, y se les entregaba la situada en tercer lugar según sus respectivas elecciones. Por último, se pedía a los niños que volvieran a ordenar los dulces. Los resultados señalan que:

  • Los niños que podían elegir manifestaban reactancia a la golosina que les daba el experimentador (infravaloraban la golosina recibida, a pesar de haber sido más valorada en la primera ocasión, y sobreestimaban la eliminada). Esto se explica porque al decirles que podían elegir y al final no poder elegir (porque es el experimentador el que da la golosina) sienten que su libertad está en peligro, por lo que la golosina dada se infravalora.
  • Los niños que no podían elegir valoraban más la alternativa dada por el experimentador y menos la eliminada. En este caso, al no tener libertad de elección desde el principio, no sienten en peligrar esa libertad, por lo que valoran más lo que le da el experimentador.

La Teoría de la Reactancia analiza este tipo de conductas: cuándo se produce esta reacción motivacional, cuál será su intensidad, cómo se restaura la libertad conductual… es decir, define los parámetros y los efectos de la reactancia.

Parámetros de la Reactancia

La cantidad de reactancia que un individuo experimenta está en función de las siguientes variables:

  • Expectativa de poseer libertad para llevar a cabo una determinada conducta. La persona se percibe libre para ocuparse de la conducta amenazada. Cuanta más libertad siente, más reactancia se activará si se ve amenazada dicha libertad. En el caso en que no se sienta con esa libertad, no experimentará reactancia.
  • Fuerza de la amenaza recibida contra la manifestación de esa conducta. Cuanto mayor sea la amenaza mayor será la reactancia. La máxima reactancia se produce cuando la libertad se elimina totalmente. También puede activarse reactancia cuando se observa a alguien que experimenta amenaza, y siente amenazada su propia libertad.
  • Importancia que tenga para la persona dicha conducta. Cuando más importante sea la libertad amenazada, mayor reactancia. La importancia está en función del valor instrumental para satisfacer una necesidad, es decir, de si la necesidad puede satisfacerse únicamente a través de la expresión de esa conducta, o es posible realizar otras. Si la libertad amenazada es importante y hay una única vía (la amenazada) de satisfacer una determinada necesidad, la reactancia será máxima.
  • Grado en que la amenaza afecte, por implicación, a otras conductas o libertades. Mayor reactancia cuanto mayor sea el número de libertades implicadas por una amenaza.
  • Legitimidad del agente amenazador. Si la amenaza procede de una fuente importante de autoridad, la reactancia puede ser menor (si es aceptada), si implica sólo las conductas propias del contexto en que se produce la amenaza (familia). Si se trata de limitaciones impuestas por la ley, habrá intentos indirectos de restauración de esa libertad por las connotaciones sociales propias de este tipo de amenazas.

Efectos de la reactancia: los intentos de restaurar la libertad

Cuando una persona experimenta reactancia llevará a cabo acciones para restaurar la libertad que le ha sido amenazada. Se distingue los siguientes tipos de restauración:

  • Restauración directa. Aquella en la que, a pesar de todo, se puede llevar a cabo la conducta amenazada. (Ej.: Decirle a un adolescente que no vaya con un amigo hará que el adolescente restaure su libertad viéndose más con él, aunque sea a escondidas).
  • Restauración indirecta. Se puede realizar una conducta equivalente a la amenazada (Ej. niño que se le prohíbe pegar a su hermana, le saca la lengua para restaurar su libertad).
  • Respuestas subjetivas: cambiando la importancia o el atractivo de las alternativas disponibles y la eliminada, o mostrando hostilidad hacia el agente que ha amenazada su libertad. (por ejemplo, el caso de las golosinas antes comentado en el estudio de Hammock y Brehm).

Evidencia Experimental

La relevancia de la reactancia ha estado repartida entre la psicología social y la psicología de la personalidad.

  • Desde la Psicología Social. Se ha estudiado el efecto que tenía sobre las personas.
  • Estudio de Mazis y cols.: análisis de las reacciones de amas de casa ante una ley que prohibía el uso de productos de limpieza con fosfatos. Resultados: más significativo en la valoración positiva de los productos prohibidos, y las personas que cambiaron de producto valoraban con peores calificativos la efectividad de los nuevos. La reactancia se reflejaba en la sobrevaloración de lo prohibido y en la infravaloración de lo permitido.
  • Estudio de Engs y Hanson: estudiaron los efectos como consecuencia del incremento de la edad legal para consumir bebidas alcohólicas en EE. UU. Estas leyes pueden producir efectos contrarios a los deseados. Resultados: se incrementó el nº de personas que bebían por debajo de la edad legal, frente al consumo que esa misma muestra de edad tenía cuando era legal. Resultados similares fueron los de Gordon y Minor, que analizaron la fuerza de amenaza implícita en mensajes dirigidos a prevenir el consumo de alcohol, encontrando que los mensajes con alta amenaza, en su recomendación de la abstinencia o de la moderación en la bebida, aumentaba el consumo, especialmente, entre los bebedores habituales. No todas las amenazas producen la misma reactancia ni todas las personas responden igual ante las distintas amenazas. Se habla de efecto búmeran cuando la persona actúa en contra de un mensaje coactivo, o cambia una actitud o creencia previa, después de que se produzca una amenaza que limite su libertad de elección. También, cuando se intenta coaccionar a alguien para que haga algo, aunque sea algo que haga normalmente, se puede atacar la libertad de no hacer, con lo que la persona puede mostrar reactancia.
  • Estudio de Seemann y cols.: evaluaron distintos tipos de amenaza a través del uso de viñetas que describían una situación amenazante. Se pedía a los sujetos que escribieran, en un formato de respuesta abierta, qué creían que la persona implicada en cada historia haría a continuación. Tipos de amenazas descritas:
  • Amenaza clásica. Un estudiante trabaja en un proyecto de clase con otros compañeros y uno de ellos decía ser experto del tema, por lo que se hacía cargo de liderar: rechazando las ideas de los demás autoritariamente y los demás colocándose en un papel subordinado.
  • Amenaza social. Una empleada era testigo de una discusión entre su jefe y otra empleada delante de los clientes. El jefe le dice a la empleada testigo que se ocupe de las labores de la otra empleada y que lo haga sin cometer ningún error.
  • Reactancia por la presencia de limitaciones. Un estudiante le deja a otro unos apuntes con la condición de que se los devuelva antes del examen para estudiar. El estudiante pierde los apuntes, evita al que se los ha dejado y finalmente se disculpa, aunque no puede reemplazarlos. En un estudio piloto las 3 situaciones suponían un nivel similar de amenaza. Las respuestas dadas a las viñetas (cómo creían que acababan las historias) fueron categorizadas en 3 niveles de reactancia:
  • Nivel 1 o bajo. No se observaba reactancia ni intentos de recuperar el control.
  • Nivel 2 o moderado. Se presentaba reactancia y la persona daba alguna respuesta o tomaba alguna decisión.
  • Nivel 3 o alto. Se actuaba para mantener la libertad o control personal, de forma excesiva, agresiva, y extrema.

Desde la Psicología de la Personalidad se han seguido dos estrategias:

  • Analizar el nivel de reactancia experimentado por personas caracterizadas por algún rasgo o variable de personalidad. Esta estrategia se ha empleado para estudiar el constructo de expectativa de control sobre los refuerzos (locus de control), partiendo del supuesto de que uno de los parámetros imprescindibles para que se active la reactancia radica en percibir que uno tiene control sobre su conducta o libertad de elección, y que se experimentará mayor reactancia cuanto más control perciba la persona que tiene (individuos internos en locus de control = mayor reactancia ante la amenaza).

Un estudio de Pérez-García y Santed con sujetos Tipo-A (alta necesidad de control y tendencia a percibir mayor importancia o desafío en mayor número de situaciones) y Tipo-B. Se utilizó el paradigma clásico de “eliminación y no eliminación de la alternativa disponible”, observando en una 2ª valoración de las alternativas la restauración subjetiva de cambio de atractivo. Los datos informaron que, mientras los Tipo-B no valoraban de forma diferente el producto eliminado en la 2ª ocasión, los sujetos Tipo-A aumentaban significativamente su valoración de atractivo del producto, es decir, experimentaban reactancia. 

  • La segunda estrategia ha consistido en considerar la tendencia a experimentar reactancia como una variable de diferenciación individual en sí misma. La conceptualización inicial de Brehm consideraba la reactancia como un constructo específico de la situación, más basado en las características de la propia situación que en las diferencias individuales. Sin embargo, investigaciones posteriores entendieron también la reactancia como un rasgo de personalidad[1] porque no todas las personas responden a las amenazas de libertad y si lo hacen no reaccionan al mismo tipo de amenaza, ni lo hacen con la misma intensidad, ni se restaura la libertad de la misma manera.

Se han propuesto escalas para diferenciar entre sujetos reactantes y no reactantes, como la Escala de reactancia Psicológica de Hong, que consta de 14 elementos y formato de respuesta de 5 puntos, donde el sujeto indica en qué medida los contenidos de los enunciados le son aplicables. 

Seeman y cols. han estudiado la relación entre reactancia como rasgo diferenciación individual con los cinco grandes factores de personalidad. Los resultados señalan que tres de los cinco rasgos eran predictores significativos del nivel de reactancia mostrado:

  • Afabilidad en sentido negativo (β = –0,53; p < 0,001). Un bajo nivel de afabilidad (hostilidad, cinismo, suspicacia) parece ser un concepto nuclear para comprender a las personas con alta reactancia.
  • Apertura (β = 0,17; p < 0,001) en sentido positivo.
  • Extraversión (β = 0,13; p < 0,04) en sentido positivo.

El 26’3% de la reactancia era explicada por los factores de personalidad.

También se analizó el papel del género y la cultura en la experiencia de reactancia:

  • Los varones muestran puntuaciones más elevadas en las escalas de reactancia que las mujeres y manifiestan conductas más reactantes como consecuencia de mensajes con alta persuasión.
  • Personas de culturas colectivistas son menos sensibles a su libertad individual que los individualistas, pero son más sensibles y muestran reactancia si es la libertad colectiva la que ha sido amenazada.

Por último, cabe plantearse dos cuestiones respecto a la reactancia: la utilidad práctica de conocer el nivel de reactancia y si se trata siempre de un constructo negativo.

  • Conocer el nivel de reactancia, o las consecuencias que puede ocasionar, puede ser útil en situaciones médicas, psicológicas y legales: se trataría de que los profesionales conozcan los efectos que puede tener esta motivación de restaurar la libertad ante prescripciones médicas, tratamientos psicológicos o el cumplimiento de normas. Por eso se han desarrollado escalas específicas como la Escala de Reactancia Terapéutica.

Se ha visto la importancia de la reactancia en estudios sobre campañas y mensajes publicitarios dirigidos a la prevención de problemas de salud como el inicio de la conducta de fumar en adolescentes, medidas de control de la conducta de fumar, prácticas seguras en las relaciones sexuales o consumo moderado de alcohol.

Dado que la reactancia es la motivación para restaurar la libertad amenazada e inhibir la persuasión, es de esperar que la reactancia correlacione negativamente con la actitud e intención de llevar a cabo la conducta de salud, cuando los mensajes publicitarios son particularmente amenazantes.

El estudio de Shen y Dillard, empleando una muestra de participantes que tenían que ver anuncios publicitarios que promovían conductas como ver menos la televisión, utilizar la biblioteca, no fumar, etc., concluyó que cuanto mayor era la reactancia, menor era la actitud favorable hacia los hábitos saludables promovidos por los consejos publicitarios y menor la intención de llevar a cabo las conductas mostradas.

Si la persona va a percibir las recomendaciones, o medidas de prevención y/o los tratamientos, como amenazas a su libertad de acción, podemos encontrar en la reactancia un factor que nos ayude a explicar la falta de seguimiento de los tratamientos por parte de algunas personas, o su resistencia a cambiar viejos hábitos de conducta altamente nocivos para su salud.

  • ¿La reactancia es siempre un constructo negativo o un cierto nivel de reacción puede ser positivo o adaptativo? ¿Un nivel moderado de reactancia puede ser bueno o ser reactante debe verse siempre como una cualidad negativa? Para responder a esto se podrían estudiar niveles altos, medios y bajos de reactancia y analizar sus relaciones con distintas conductas y variables de personalidad más o menos adaptativas. Por ejemplo: un nivel de resistencia ante intentos de coacción por grupos de iguales que lleven a prácticas negativas (inicio consumo de drogas) es ciertamente deseable y algo que debe promoverse en las campañas y mensajes sociales y sanitarios.

Decremento de Acción: Indefensión Aprendida

Overmier y Seligman introdujeron por 1ª vez el término de “Indefensión Aprendida” (Learned Helplessness) a partir de los resultados de sus trabajos de laboratorio sobre condicionamiento al miedo en perros: los perros que experimentaban descargas eléctricas incontrolables en una situación transferían su sentido de incapacidad a otra situación, aceptando pasivamente la descarga.

Los que podían escapar de las descargas eléctricas (descargas controlables) en una 2ª exposición a dichas descargas corrían hasta dar con el botón de apagado. Posteriores investigaciones demostraron que ese fenómeno también se daba en humanos.

Explicación de Seligman: el animal o la persona aprendía que su conducta no afectaba a los resultados que obtenía. Esta expectativa de falta de causalidad sobre las consecuencias o de incontingencia conducta-resultados generaba los siguientes deterioros o efectos:

  • Déficit Cognitivo: Dificultad para aprender que su respuesta podía tener efecto sobre otras situaciones.
  • Déficit Motivacional: Falta de motivación para iniciar otras respuestas que sí se podían controlar, observándose mayores latencias de respuesta y menos éxitos.
  • Déficit Afectivo: Caracterizado por un aumento de ansiedad y miedo que podía terminar en depresión como consecuencia de experiencias repetidas con acontecimientos incontrolables.

Formulación original. La formación de una expectativa de NO contingencia entre conducta y consecuencias, a partir de la experiencia en una situación de incontrolabilidad, es una razón suficiente para producir los déficits característicos de la indefensión.

En un desarrollo posterior, Seligman señala que primero el individuo, ante la situación de incontrolabilidad, debe percibir la no contingencia y, a partir de ahí, forma la expectativa de que en el futuro tampoco habrá dicha contingencia o causalidad conducta-consecuencias.

No obstante, aparecieron resultados que no confirmaban la presencia de déficits en las personas sometidas a una situación previa de incontrolabilidad (se encontró que las personas en vez de disminuir su conducta, aumentaban su actividad produciendo más respuestas en la situación de controlabilidad). Este resultado empezó a aparecer cuando no se utilizaban tareas similares entre el pre-tratamiento y la prueba, sugiriendo 2 problemas en los estudios de indefensión en humanos:

  • Generalización de los síntomasde indefensión.
  • Reacciones emocionales experimentadas por los sujetos sometidos a incontrolabilidad: algunos informan de hostilidad y frustración, lo que puede entreverse como reacciones de restauración de control (de carácter subjetivo) aunque no desarrollen la tarea de prueba.

No queda claro si no desarrollan la tarea por la expectativa de NO CONTROL o por la HOSTILIDAD.

Reformulación considerando las atribuciones causales

Abramson, Seligman y Teasdale reformulan el modelo de Seligman introduciendo como elementos  moduladores  las  atribuciones  que  la  persona  hace   entre la percepción de no contingencia y la expectativa futura de que tampoco habrá contingencia.

Las atribuciones determinan la formación de la expectativa futura de no contingencia, la duración, la generalización a otras situaciones y la intensidad o fuerza de los déficits típicos de la indefensión. Las explicaciones que el individuo hace cuando percibe incontrolabilidad pueden situarse en torno a 3 dimensiones atributivas:

  • Internalidad-Externalidad. Si la incontrolabilidad se atribuye a factores internos (falta de habilidad, de esfuerzo), se desarrollaría una indefensión personal; si, por el contrario, se atribuye a factores externos (el experimentador, la mala suerte, la dificultad), se desarrollaría una indefensión universal.
  • Estabilidad-Inestabilidad. Si la incontrolabilidad se atribuye a factores estables (falta de habilidad, dificultad), los déficits de indefensión desarrollados tendrán mayor duración (o cronicidad), desde el momento en que en el futuro puede volver a percibir la falta de control que percibe en el presente (seguirá sin tener habilidad o capacidad). Si, por el contrario, la incontrolabilidad se atribuye a factores inestables (falta de esfuerzo, mala suerte), los déficits desarrollados serán menos duraderos, dado que en el futuro dichos factores pueden cambiar (esforzarse más o tener un día más afortunado).
  • Especificidad-Globalidad. Esta dimensión predice si los déficits ocurrirán sólo en la situación presente, cuando se hacen atribuciones específicas (falta de habilidad en tareas concretas: detección de señales, por ejemplo), por lo que no se verán afectadas otras situaciones futuras; o, por el contrario, se generaliza la incontrolabilidad de la fase inicial a un gran número de situaciones y tareas diferentes al utilizar el individuo atribuciones globales (incapacidad general para tareas de laboratorio presentadas en el ordenador, sean espaciales, verbales, aritméticas, etc.).

Combinando estas dimensiones podríamos decir que, las atribuciones de incontrolabilidad, de la fase de pre- tratamiento o de la situación inicial, a factores internos, estables y globales (indefensión personal, cronicidad, generalización) se asocian con mayores déficits y con la posible aparición de depresión.

Según esta reformulación:

  • No basta que el individuo perciba falta de control en una situación para que genere la expectativa futura de incontrolabilidad. Es necesario tener en cuenta a qué se atribuye esa falta de contingencia para predecir generalidad, cronicidad y su posterior autoestima.
  • Las atribuciones se pondrán en marcha cuando la motivación por controlar sea fuerte.

Evidencia Experimental    

Se ha encontrado que la exposición a temas irresolubles empeoraba el rendimiento posterior de los sujetos si atribuían su fracaso a causas estables o a causas globales. La internalidad generaba resultados divergentes. Por ejemplo, Follete y Jacobson encontraron que las atribuciones de la mala ejecución en un examen a causas internas (falta esfuerzo) llevaba a los sujetos a estudiar más para el siguiente examen.

Además de analizar las atribuciones puntuales a una situación de incontrolabilidad, también se ha estudiado:

  • Estilo atributivo del sujeto (especialmente, el utilizado de forma general ante el fracaso) como predictor del grado de indefensión generado. Estas investigaciones parten de la aplicación del Cuestionario de Estilo Atributivo (ASQ): mide DDII en el uso de las 3 dimensiones atributivas especificadas por el modelo. Incluye 12 situaciones hipotéticas (6 de logro y 6 de afiliación). A su vez, 6 situaciones positivas y 6 negativas.

Ante cada situación el sujeto debe escribir la causa que considera responsable de la misma y valorar el grado de internalidad, estabilidad y globalidad de la causa expuesta; así como la importancia de la situación para él.

  • Estilo explicativo negativo. Tendencia relativamente estable a explicar los sucesos negativos mediante causas internas, estables y globales. Son personas más vulnerables y desarrollan con más facilidad sintomatología depresiva ante SV negativos. Se ha relacionado con peores resultados académicos y peor salud física. Estudiantes con altas puntuaciones en depresión, tenían este estilo explicativo con mayor probabilidad que los bajos en depresión.
  • Estilo explicativo positivo. Tendencia a explicar los sucesos negativos mediante causas externas, inestables e inespecíficas.


Importante señalar que las relaciones estilo explicativo negativo-depresión ocurrirán sólo cuando haya situaciones de estrés. Es lo que se conoce como hipótesis interactiva. Desde la Teoría de la Desesperanza se trata de probar la hipótesis diátesis[2]-estrés, que recoge la interacción entre el Estilo Atributivo Negativo (diátesis o predisposición) y la Ocurrencia de Situaciones Negativas (estrés) que predicen el inicio y desarrollo de la sintomatología depresiva.

Integración: Modelo bifásico reactancia-indefensión

El paradigma utilizado en la investigación sobre reactancia es muy diferente del utilizado en la investigación sobre indefensión y las predicciones sobre la conducta manifestada ante la falta de control en ambos casos son contrarias: 

  • Desde la reactancia, el individuo mostrará intentos renovados por restaurar su libertad.
  • Desde la indefensión, el individuo se comportará de forma pasiva

Sin embargo, las teorías tienen también elementos comunes:

  • Expectativa de control, cantidad de entrenamiento de indefensión y la importancia de los resultados.


Wortman y Brehm, a partir de estos elementos en común, proponen una integración entre ambas en términos de proceso bifásico, en cuya primera fase el sujeto experimentaría reactancia, para pasar en una fase posterior a experimentar indefensión.

  • La expectativa de control sugiere que se activará reactancia o indefensión cuando la persona espera controlar la situación y encuentra que no puede.
  • Si el número de ensayos de indefensión o incontrolabilidad es pequeño, se activará reactancia en el sujeto que espera controlar la situación, desde el momento en que puede percibir la falta de control como una amenaza a su libertad. Si el nº de ensayos es prolongado, empezará a manifestar síntomas de indefensión cuando aprende que no puede controlar la situación, disminuirá su actividad.
  • Cuanto mayor sea la importancia del resultado más reactancia experimentará el individuo ante la incapacidad de ejercer control.

En algunos estudios se ha operacionalizado el entrenamiento en indefensión como la cantidad de fracaso experimentado, en la medida en que pocos fracasos harían pensar al individuo que puede controlar la situación, es decir, no afecta excesivamente a su expectativa de control, mejorando su posterior rendimiento. Pero la expectativa de control sí se verá seriamente afectada, disminuyendo la ejecución siguiente, cuando el sujeto lleva a cabo repetidos intentos sin éxito para resolver los problemas de la fase de pre-tratamiento.

Mikulincer, Kedem y Zilkha-Segal comprueban que con entrenamiento bajo (1 fracaso), los sujetos mostraban reactancia, mientras que con alto entrenamiento (4 fracasos), los sujetos mostraban síntomas de indefensión, concretamente, un deterioro en su ejecución posterior.

Mikulincer manipula 2 de los parámetros mencionados en el modelo bifásico, la cantidad de entrenamiento y las expectativas de control, con el fin de poner a prueba la hipótesis de que:

  • Entre los sujetos expuestos a cantidades pequeñas de fracaso una atribución interna debería llevar a mayor frustración y mejor ejecución posterior, que una atribución externa.
  • Entre los sujetos expuestos a grandes cantidades de fracaso, una atribución interna llevaría a más depresión y peor rendimiento que una atribución externa.


Utiliza un diseño de 2 factores: “estilo interno-externo de atribución ante el fracaso”, medido previamente con el cuestionario de estilo atributivo, y “cantidad de fracaso” en una tarea previa. En la fase de prueba los sujetos debían resolver 10 problemas del Test de Matrices Progresivas de Raven, presentados individualmente, y con un tiempo de 30 s para cada problema.

Resultados:

  • Sujetos internos expuestos a un fracaso previo mostraban mayor frustración y hostilidad y mejor ejecución en la tarea de prueba que los sujetos externos.
  • Los internos expuestos a alta indefensión previa (4 fracasos) tenían más sentimientos de incompetencia y peor rendimiento en la fase de prueba que los externos.
  • Sujetos internos mostraban mayor reactancia e indefensión, dependiendo de la cantidad de fracaso o del entrenamiento previo en indefensión.
  • La dimensión internalidad-externalidad parece regular la intensidad de las reacciones afectivas ante el fracaso (alta indefensión/altos sentimientos de incompetencia y baja indefensión/alta hostilidad y frustración, mostrado por los internos).  

RESUMEN Y CONCLUSIONES

La expectativa de control sobre los refuerzos y la expectativa de autoeficacia, son creencias centradas en la ubicación interna-externa de la responsabilidad de la conducta y en la percepción de recursos para hacer frente a las tareas y situaciones, respectivamente. Estas creencias son especialmente relevantes para la percepción de control sobre nuestras vidas.

Procesos de atribución, o causas que utilizamos para explicar nuestros éxitos y fracasos. Los factores a los que recurrimos para explicar los resultados positivos y negativos tienen efectos sobre la autoestima, las expectativas con las que afrontaremos futuras situaciones, el esfuerzo que haremos en las mismas, y las reacciones emocionales que experimentaremos según el tipo de resultado y la causa que creamos responsable del mismo.

Se han tratado las reacciones que se producen cuando la persona percibe que es incapaz de mantener el control sobre las situaciones que le rodean. Ante ello, si la experiencia de incontrolabilidad no ha sido demasiado prolongada, puede experimentar reactancia, o activación motivacional que lleva a la persona a intentar restaurar su libertad de acción; pero, si la experiencia de incontrolabilidad es de mayor duración e intensidad, la persona experimenta indefensión, mostrando déficits cognitivos, motivacionales y afectivos. La atribución de dicha incontrolabilidad o fracaso a causas internas, estables y globales contribuye a una mayor cronicidad y generalización, habiéndose vinculado este tipo de estilo atributivo con la depresión, combinada con una exteriorización de las causas de los éxitos o resultados positivos.

GLOSARIO

  • Autoeficacia específica. Juicio que la persona hace en relación con su capacidad para afrontar situaciones concretas.
  • Autoeficacia generalizada. Característica de personalidad relativamente estable que recoge la expectativa que se tiene acerca de la capacidad para afrontar adecuadamente las situaciones difíciles o problemáticas.
  • Control percibido. Cognición o juicio de que uno tiene la capacidad, recursos, u oportunidades para llevar a cabo una acción que incremente la probabilidad de obtener resultados positivos o evitar los negativos.
  • Estilo explicativo negativo. Tendencia a explicar los resultados negativos con factores internos, estables y globales, asociándose con mayor presencia de depresión.
  • Estilo explicativo positivo. Tendencia a explicar los resultados negativos con factores externos, inestables y específicos.
  • Indefensión aprendida. Expectativa de falta de causalidad entre la conducta y sus consecuencias, a partir de la experiencia previa en una situación de incontrolabilidad, generándose déficits motivacionales, cognitivos y afectivos en una situación futura que sí es controlable.
  • Indefensión aprendida reformulada. La aparición de déficits como consecuencia de la exposición a situaciones de incontrolabilidad estará en función de la atribución de dicha falta de control a factores internos (indefensión personal), estables (mayor cronicidad) y globales (mayor generalización).
  • Locus de control sobre los refuerzos. Expectativa o creencia que tiene una persona de que su respuesta influirá, o no, en la consecución de un refuerzo. Se considera como una dimensión de personalidad, en uno de cuyos extremos estaría el externalismo (o creencia en que la obtención del refuerzo está más allá del control, dependiendo de la suerte, el contexto, o la intervención de otras personas); y, en el opuesto, el internalismo (o creencia en que los refuerzos dependen de las conductas que uno realiza).
  • Procesos de atribución. Causas que las personas utilizan para explicar sus conductas.
  • Reactancia psicológica. Activación motivacional que experimenta una persona cuando se amenaza o se impide su libertad para llevar a cabo una determinada conducta, y que le lleva a restaurar dicha libertad de acción.
  • Teoría de la desesperanza. Teoría que trata de probar la hipótesis diátesis-estrés, que recoge la interacción entre el estilo explicativo negativo (diátesis o predisposición) y la ocurrencia de situaciones negativas (estrés) que predicen el inicio y desarrollo de la sintomatología depresiva.

REFERENCIAS

  • Resumen Jovana RN (2017-18)
  • Resumen NESS Uned (2015-16)
  • Bermúdez Moreno, J., & e-libro, C. (2011). Psicología de la personalidad (1® ed.). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.
  • UNED aLF

[1] Aunque se hable de reactancia como rasgo o variable de diferencias individuales, las conductas de restauración asociadas dependerán de la activación situacional, y debe percibirse amenaza para iniciar conducta reactante). 

[2] Condición del organismo que predispone a contraer una determinada enfermedad.

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