Intervención en psicología ambiental

Versión 2

INTRODUCCIÓN

Un gran número de psicólogos sociales del entorno académico norteamericano acusaba en los años sesenta y setenta del siglo pasado la falta de relevancia de la investigación desarrollada en psicología social. La psicología ambiental es uno de los campos que aparece en los comienzos de ese período de convulsión.

  • 1957, Osmond. Estudio sobre cómo los espacios favorecen o dificultan la interacción interpersonal. En este estudio se pone de manifiesto cómo cierta disposición de los asientos en un espacio favorece las relaciones sociales (sociópetos) frente a otras que favorecen el aislamiento social (sociófugos). Este hecho ha sido previsto en diseños de espacios públicos: aulas abiertas de enseñanza, donde se priman las tareas cooperativas (sociópetos), frente a salas de espera hospitales, con asientos en fila que dificultan la interacción.(sociófugos).
  • 1966, Kira. Estudia cómo las conductas de higiene del propio cuerpo que se llevan a cabo en el cuarto de baño requieren ciertos niveles de intimidad. Este trabajo puso de manifiesto la importancia que la intimidad tiene en el contexto de la sociedad actual. Reconoce tres niveles diferentes:
    • ser oído, pero no ser visto.
    • no ser oído ni visto.
    • lograr que los otros no lleguen a saber que la persona en cuestión está ocupando ese espacio.
  • 1975, Altman. Desarrolla un modelo sistémico sobre la intimidad, en el cual se incluirían varios procesos (privacidad, territorialidad humana y hacinamiento), y en los cuales el ambiente actúa como regulador de la interacción social.
  • 1978, Proshansky, Ittelson y Rivlin. Trabajo de recopilación que puso de manifiesto algunas relaciones entre el medio construido y la conducta humana.
  • 1978, Fried y Gleicher. Estudio sobre el grado de satisfacción residencial que mostraba la comunidad italiana en una zona depauperada de la ciudad de Boston.

La psicología ambiental orientada, en un principio en un principio, más por el problema que por la teoría. Se esperaba que, a partir de las relaciones cotidianas de las personas con el medio ambiente, fueran surgiendo los campos de investigación que facilitarían el desarrollo de la disciplina. No obstante, a lo largo de este tiempo ha habido más preocupación por los desarrollos teóricos y por la comprobación de hipótesis que relacionaban conceptos más o menos abstractos que por las cuestiones aplicadas, y se ha olvidado, de alguna manera, su vocación original. Esto quizás se ha debido a la presión que ejerce la investigación académica más que a la falta de demanda de aplicaciones.

La idea de globalización y el concepto de desarrollo sostenible acuñado por el informe Nuestro Futuro Común de la ONU ( informe Brundtland) , dio paso a una era nueva de la psicología ambiental al recoger en su seno un amplio campo de investigación relacionado con los problemas ambientales que se ha concretado bajo la etiqueta de preocupación ambiental. En las publicaciones especializadas, los principales temas tratados son: el ambiente residencial, la cognición ambiental, la observación de la conducta real en el ambiente y la preocupación por el ambiente.

Informe-Brundtland

A pesar de esta vocación aplicada de la psicología ambiental, la disciplina no ha logrado crear muchas oportunidades en el ejercicio profesional, quizá no existe ningún perfil profesional que se identifique con el título de psicólogo ambiental. No obstante, la gestión ambiental, nueva demanda de la sociedad occidental, puede ofrecer un punto de vista transdisciplinar que permita a profesionales de diferentes áreas de conocimiento, entre ellas los psicólogos, reunirse para tratar de dar explicación a los problemas ambientales.

COGNICIÓN AMBIENTAL

Los estudios de cognición ambiental tratan de dar cuenta de cómo los seres vivos toman decisiones para alcanzar el destino a lo largo de un trayecto. El mapa cognitivo es un constructo que comprende tanto la propia representación mental que la persona tiene de un espacio determinado (cognitive map) como el proceso cognitivo por el cual se capta, almacena y recupera información del ambiente, sea real o imaginario, y que se utiliza para tomar decisiones mientras se deambula por el espacio (cognitive maping). La información que contiene permite situar cualquier punto del ambiente y relacionarlo, al menos, con una de las tres dimensiones que se requieren para definir ese espacio, bien sea el tamaño, la distancia o la dirección. Sus funciones son (Siegel, Kirasic y Kail, 1978):

  • Organizar la experiencia social y cognitiva.
  • Influir en la organización del espacio.
  • Ser un dispositivo para generar decisiones acerca de acciones y planificación de secuencias de acción.
  • Conocer dominios no espaciales que forman parte de su experiencia con el ambiente, como decidir a qué aparcamiento dirigirse o conocer la lista de restaurantes de una zona cuando se requiera.

Los elementos que componen cualquier mapa cognitivo son cinco (Lynch, 1960; Aragonés y Arredondo, 1985):

  1. Sendas. lugares de carácter lineal que recorren las personas para desplazarse de un punto a otro. P. ej., Avenida Diagonal (Barcelona).
  2. Límites. Líneas reales o imaginarias que señalan el final de un espacio o separan dos áreas o zonas de dicho espacio. P. ej., tramo final río Eo (frontera Galicia- Asturias).
  3. Nodos. Puntos estratégicos en que el observador ingresa y sale hacia una nueva dirección. P. ej., Puerta del Sol (Madrid).
  4. Mojones o hitos. Puntos de referencia que permiten reconocer dónde se encuentra la persona. P.ej. Edificio «La jirafa» (Oviedo), cualquier escultura de Botero, o tu Bar preferido.
  5. Barrios. Espacios bidimensionales que forman parte del conjunto del espacio representado y que, a su vez, pueden contener alguno o todos los elementos anteriormente mencionados. P.ej. La Calzada, El llano, Pumarín (Xixón).

Lynch (1960) nos dice que, para que un elemento pueda formar parte del mapa cognitivo, debería tener alguna de las siguientes propiedades:

  • Identidad, que el elemento se diferencie respecto a los otros que lo rodean.
  • Estructura, que el elemento en cuestión se componga de un conjunto de objetos que tengan una relación espacial entre sí y que dicha relación pueda ser percibida.
  • Significado, que el elemento posea un valor emotivo o funcional para el observador.

Atendiendo al orden en que se aprenden los elementos del mapa cognitivo, la investigación ha establecido que lo primero que se incorporan los mojones, seguidamente las sendas y, finalmente, los barrios. Esto ocurre tanto en niños como en adultos aunque este resultado depende del tipo de ambiente de que se trate (Evans, 1980). P. ej., cuando las distancias entre los mojones son muy grandes, se aprenden primero las sendas mientras que si la distancia entre ellos es pequeña, se aprenden primero los mojones.

En el entorno considerado a gran escala existen ciertos mojones que pueden ser considerados puntos de anclaje de la representación (Couclelis, Golledge, Gale y Tolber, 1987), ya que, a través de ellos se organiza jerárquicamente la representación del lugar. Estos puntos suelen ser familiares para el observador, como su propia casa o el lugar de trabajo, y actúan como puntos de referencia para localizar otros lugares y así ir configurando el mapa cognitivo de la ciudad.

Formación mapa cognitivo

Este tema ha sido estudiado tanto desde el nivel ontogenético, en el que se ha prestado atención a cómo los niños alcanzan la capacidad de representarse espacios a gran escala, como desde el nivel microgenético, en el que se ha observado cómo los adultos llegan a alcanzar una buena representación de esos espacios desconocidos en un principio.

Apoyados en el modelo de Piaget sobre la cognición espacial básica, Hart y Moore (1973), propusieron que los niños se representan los entornos de gran escala siguiendo tres estadios:

  • Sistema de referencia egocéntrico. Se trata de una representación que se corresponde con las acciones que el niño realiza en el espacio; la representación está formada por imágenes discontinuas y fragmentadas.
  • Sistema de referencia fijo. La representación espacial se organiza en torno a elementos fijos y concretos, sin apenas conexión, que el niño ha explorado y que no ocupa necesariamente en el momento de la representación.
  • Sistema de referencia abstracto o coordinado. La representación atiende a un patrón geométrico abstracto que se corresponde con un marco de referencia que asume las características de un mapa cartográfico. Se constata que el hecho de que los niños tengan más actividad en el espacio urbano no favorece el paso a un estadio superior.

Un proceso análogo experimentan los adultos cuando se encuentran en un lugar novedoso y mediante la familiaridad con este lugar llegan a tener una visión abstracta de éste. En un primer momento, la persona apenas es capaz de reconocer los lugares que visita y no puede situarlos en un marco de referencia. Cuando lleva un tiempo en el lugar, reconoce sectores de la ciudad en los cuales sitúa los elementos visitados, pero tiene dificultad para relacionar unos sectores con otros. Finalmente, cuando lleva mucho tiempo en el lugar, se ha familiarizado con él y es capaz de situar los elementos en el mapa cartográfico que lleva en la cabeza (Moore, 1974). No obstante, en los adultos toma una especial relevancia, junto con el aprendizaje que se alcanza con la experiencia directa del ambiente, otro aspecto secundario, que se logra con el uso de mapas y descripciones de los lugares (McDonald y Pellegrino, 1993). En este caso, se facilita el reconocimiento de la superficie pero, al mismo tiempo, se pueden causar ciertas confusiones, ya que el mapa suele orientarse situando el norte en la parte superior de la representación mientras que la representación cognitiva derivada de la experiencia directa no tiene ninguna orientación específica, lo cual puede crear confusión al tratar de compatibilizar ambas informaciones (MacEachren,1992). Recordar las dificultades que a veces se tienen, cuando a pesar de disponer de un mapa, uno trata de orientarse en una ciudad.

Sesgos de la cognición de los espacios de gran escala

Uno de los debates sobre los mapas cognitivos es el tipo de representación que se mantiene del espacio. Se defienden dos posiciones con mayor o menor éxito:

  • Una es de carácter analógico: la representación es análoga al espacio real, como si de una fotografía se tratara.
  • La otra es de carácter proposicional: la representación se deriva de un conjunto de asociaciones de conceptos que permiten que emerja la imagen del lugar.

No es fácil dar una respuesta a una u otra posición y parece que una posición ecléctica tiene mayor aceptación (Evans, 1980). Debido a la falta de correspondencia, punto por punto, entre los mapas cartográficos y los espacios geográficos reales y la existencia de ciertos sesgos que se manifiestan cuando se recuperan de la memoria las representaciones cognitivas, se acepta fácilmente el carácter proposicional a la hora de entender la forma de configurarse la representación espacial.

Uno de los sesgos más comunes se encuentra en la estimación de distancias. Se observa que no se cumple necesariamente la propiedad conmutativa. Las estimaciones de distancia entre un punto A y un punto B varían según el punto de partida o el punto de llegada. Lee (1970) observó que la distancia de la periferia al centro de la ciudad era subestimada mientras que en el trayecto inverso, la distancia se sobrestimaba; sin embargo, resultados contrarios obtuvieron Golledge, Briggs y Demko (1969). Las razones se encuentran, principalmente, en que en el primer caso se trata de una ciudad «Dundee» más pequeña que «Columbus», que la periferia de Dundee se encuentra sobre colinas, lo que no sucede en Columbus y que el centro de Dundee es un lugar atractivo frente a Columbus. Otro sesgo que se manifiesta en la estimación de distancias se relaciona con el número de intersecciones de calles que se cruzan a lo largo de un recorrido de tal forma que, cuantas más calles haya que cruzar, mayor será la distancia percibida y si los nombres de las calles son fácilmente recordables, mayor es aún la distancia estimada. La razón de esta última distorsión se debe al hecho de que la familiaridad favorece mayor almacenamiento de información y, por tanto, mayor número de elementos a la hora de recorrer mentalmente el trayecto (Sadalla y Staplin, 1980a; 1980b).

Existen otros sesgos, como la tendencia a dulcificar las curvas. Ej.: los montoreños perciben el meandro del Guadalquivir más suave de lo que es en realidad. Existe también una tendencia a representarse las esquinas de la ciudad como ángulos rectos a pesar de que, en ciertos casos, sean agudos u obtusos. Asimismo, las calles convergentes se tienden a percibir como paralelas. Otro error habitual se produce a la hora de localizar lugares entre los cuales se busca una relación, este error se produce cuando estos lugares pertenecen a dos categorías espaciales diferentes (p. ej., países distintos o regiones) y entre estas hay una relación diferente a la que tienen entre sí los lugares. Por ejemplo, sería fácil pensar que Bilbao está más al sur que Perpiñán ya que esta ciudad pertenece a Francia y este país está al norte de España; sin embargo, no es así. Otra incoherencia que suele aparecer entre la ciudad y la representación que se tiene de ella es el tamaño que se percibe del centro, reduciéndolo o ampliándolo según sea el lugar de residencia. Las personas acercan el centro percibido hacia el lugar donde viven y, cuanto más céntrico se vive, más pequeño se percibe este; igualmente sucede cuando las personas viven muy alejadas de la ciudad. En este caso, también se percibe muy reducido el centro de la metrópoli.

Muchos de los conocimientos obtenidos sobre la cognición ambiental tienen aplicación en la planificación y el diseño urbano, aunque por la falta de perfil profesional de los psicólogos ambientales es difícil encontrar aplicaciones en el momento de las actuaciones urbanísticas. Los conocimientos adquiridos pueden ser interesantes para definir puntos de anclaje para facilitar la orientación, para organizar el espacio en ciertos ámbitos del espacio urbano o gestionar la movilidad en el centro de la ciudad, adquiriendo más relevancia cuando la ciudad va a sufrir una importante transformación, como puede ser acoger la fase final de un campeonato mundial de futbol. Otro campo de aplicación es en la enseñanza de la Geografía, ajustando el aprendizaje al nivel de desarrollo espacial, y evitando que algunos sesgos provoquen conocimientos erróneos o faciliten la confirmación de ciertos prejuicios sociales.

Señalización (wayfinding)

La búsqueda de la orientación es un campo dentro de la cognición ambiental donde se hace evidente la aplicación. Se trata de estudiar los procesos de toma de decisión para encontrar el camino (señalización o wayfinding) y, particularmente, cuando se consultan los mapas que informan diciendo “usted está aquí». Habitualmente, los espacios sobre los cuales se suelen tomar estas decisiones son ambientes de menor escala que las ciudades, (como un recinto ferial, un hotel), aunque no es extraño encontrarse en el ámbito urbano y tener que decidir un camino partiendo de un mapa que informa sobre dónde se encuentra uno.

Pueden entenderse por wayfinding las estrategias que utilizan las personas para orientarse durante sus desplazamientos. Se trata de conocer cuáles son las informaciones almacenadas a las cuales se recurre para resolver un problema espacial, qué rutas o qué tipo de transporte se usa para realizar con éxito un desplazamiento (Passini, 1984).. En este caso, el mapa cognitivo se convierte en el mecanismo psicológico que permite conocer cómo se toman las decisiones y cómo se produce la orientación durante el desplazamiento. Muchas de las investigaciones se llevan a cabo con laberintos simulados en el ordenador, lo que implica cierta dificultad para extraer aplicaciones directas a contextos reales (Devlin y Berstein, 1997).

En los desplazamientos por la ciudad, la orientación se lleva a cabo, principalmente, mediante mojones e intersecciones aunque, si se manejan bien las distancias entre puntos y se diferencian los tipos de ángulo que forman las calles, aumenta el número de caminos alternativos al disponer de una red compleja que relaciona los puntos. Si no se cuenta con esta red de relaciones, entonces la persona tiene que ir identificando mojón a mojón hasta alcanzar el lugar al cual se dirige.

El nivel de desarrollo del mapa cognitivo influye en la orientación, pero también dependerá de la complejidad del ambiente en que uno se trata de orientar. Entre las propiedades del ambiente que facilitan la orientación se encuentran las siguientes (Gärling, Book y Lindberg, 1986):

  • Diferenciación: grado en que las partes del ambiente parecen distintas.
  • Grado de acceso visual: extensión de las diferentes partes del ambiente que pueden verse desde otro punto panorámico.
  • Complejidad del trazado espacial: refleja la cantidad y dificultad de la información que debe ser procesada sobre el ambiente para moverse alrededor de este. Cuanto más simple sea la información requerida, más fácil será la orientación en ese espacio.

En muchas ocasiones, el hecho de estar desorientado en un lugar produce sentimientos muy negativos, como estrés, frustración e hiperventilación o aumento de la presión sanguínea, por lo que algunos psicólogos ambientales se han preocupado por evitar este malestar.

Elementos que facilitan una buena orientación en los grandes complejos arquitectónicos
Establecer un trazado claro de los servicios de forma que se relacionen fácilmente los elementos de destino común: entradas, escaleras, ascensores y aparcamientos, etc.
Diferenciar los interiores en sus elementos arquitectónicos y de diseño, de tal forma que no parezcan exactamente iguales.
Ubicación de mojones o hitos que embellezcan el ambiente y faciliten moverse hacia ellos o recordarlos en caso de regreso.
Poner señales que informen sobre dónde se encuentra la persona y cuál es el camino que debe escoger para alcanzar el objetivo.
Elaborar mapas de mano o murales fijos con la indicación de usted está aquí suficientemente simples para facilitar la orientación.
Iluminar adecuadamente los mojones, las señales y los puntos de decisión.

Carlson, Hólscher, Shipley y Dalton (2010) han detectado que al menos hay tres factores por los cuales la gente se pierde en un edificio:

  • La estructura espacial del edificio.
  • El mapa cognitivo que se construye al deambular por él.
  • Las estrategias y habilidades espaciales de los usuarios.

Estos tres factores, junto con las propiedades que se derivan de sus intersecciones dos a dos y conjuntamente, les permiten construir un marco integrador de la investigación sobre la orientación en edificios.

Modelo integrado para orientarse en edificios complejos (adaptado de Carlson, Hölscher, Shipley
y Dalton, 2010).

«Estos autores mencionan tres factores que afectan a la orientación en edificios complejos. El primer factor se refiere a las características del edificio, el segundo a las características del mapa cognitivo y el tercero a las características de la persona (estrategias y habilidades espaciales de los usuarios). En esta pregunta se explora el conocimiento sobre el tercer factor (las estrategias y habilidades espaciales de los usuarios) y su intersección con el mapa cognitivo. Esta intersección determina el grado de integración que alcanza el mapa cognitivo (en la Figura se representa en la línea que une estos dos factores)». Docente Ana Victoria

En primer lugar, debe haber una correspondencia entre el edificio y el mapa cognitivo. El mapa debe ser una representación fidedigna de la estructura espacial del edificio. En segundo lugar, debe haber compatibilidad entre el edificio y las estrategias y habilidades del usuario (por ejemplo, cuando el usuario no percibe obstáculos que le impidan acceder al lugar al cual se dirige). Un criterio de falta de compatibilidad aparece cuando este percibe el lugar como un laberinto. En tercer lugar, la integración que presenta el mapa cognitivo en función de las estrategias y habilidades de los usuarios. P. ej., una estrategia de movilidad que siga una ruta determinada promoverá una representación cognitiva semejante a una sucesión de escenas. Una estrategia de movilidad que incida en una visión de conjunto promoverá una representación más semejante a una perspectiva aérea.

La complejidad, producto de la intersección de los tres factores estará definida por la dificultad de orientarse en una estructura concreta, con un mapa cognitivo específico y con unas estrategias determinadas. Un tema facilitador de la orientación en los ambientes institucionales, son los mapas que indican dónde se encuentra la persona en el mapa “usted está aquí». En muchas ocasiones, estos mapas no cumplen bien su función y resulta difícil reconocer el lugar respecto a la posición de aquel que lo observa. Para facilitar la lectura habría que tener en cuenta, en primer lugar, se trata de establecer una correspondencia entre el mapa y el ambiente representado. Para ello hay que identificar, al menos, dos puntos tanto en el mapa como en el espacio; se puede situar el mapa cerca de zonas no simétricas para facilitar sus localizaciones. Asimismo, el mapa debe estar colocado en paralelo al espacio que representa y en la misma orientación. Y si el mapa se encuentra en posición vertical, la zona más alta del mapa debe corresponderse con el frente, aunque es mejor que esté en paralelo.

AMBIENTE RESIDENCIAL

El ambiente residencial está configurado por tres componentes: la vivienda, el barrio y los vecinos (Canter y Rees, 1982). Los tres influyen en la conducta. Los temas que se han tratado con cierta frecuencia han sido el estrés que provoca el ambiente donde las personas residen, el apego que se siente hacia estos lugares, así como la identidad social y personal que se deriva de habitar en unos lugares, pero el tema más estudiado ha sido, la satisfacción residencial (Giuliani y Scopelliti, 2009).

Satisfacción residencial

Los estudios de satisfacción residencial han tenido como objetivo conocer las razones por las cuales las personas tienen mejor calidad de vida o no pierden la calidad que poseen en el dominio residencial. Se han dado varias propuestas de su definición. Desde un punto de vista cognitivo se ha entendido como la diferencia entre lo que tengo y lo que me gustaría tener (Marans y Rodgers, 1975). Desde un punto de vista afectivo se ha valorado el placer de vivir en determinado ambiente residencial (Weidemann y Anderson, 1985).

En general, la mayoría de los modelos que estudian la satisfacción residencial analizan las relaciones que mantienen las personas con el ambiente residencial y cómo estas relaciones pueden llevar a las personas a actuar sobre el ambiente o sobre sí mismas para mejorar su sentimiento de satisfacción residencial. Un modelo que ilustra bien este planteamiento es el propuesto por Amérigo, que se recoge en el modelo de satisfacción residencial.

En el planteamiento propuesto por Amérigo (2002), se puede observar que la satisfacción residencial se contempla como variable criterio, es decir, los atributos objetivos, subjetivos y las características personales tienen capacidad para predecir la satisfacción residencial. Además, la satisfacción residencial puede predecir intenciones de conducta que originen conductas adaptativas, a través de las cuales el
residente modifica el ambiente residencial o sus características personales a fin de alcanzar una satisfacción aceptable. En este caso, la variable criterio sería la conducta adaptativa y la predictora, la satisfacción residencial. Esta conducta puede actuar a nivel cognitivo, en que redefine el nivel de aspiraciones que tiene la persona, o sobre componentes del ambiente residencial (obras en la vivienda, modificar cuestiones que afectan el barrio, trasladarse…).

Modelo de satisfacción residencial (adaptado de Amérigo, 2002)

El modelo propuesto presenta un planteamiento de carácter sistémico que permite averiguar qué predictores de satisfacción pueden favorecer futuras situaciones, y orientar determinadas actuaciones en la planificación residencial de cara a facilitar la satisfacción. Además, cuando la satisfacción residencial se considera una variable predictora, se da explicación a la movilidad residencial, a la intervención sobre el ambiente residencial o al desarrollo de estrategias de carácter cognitivo que modificara! las aspiraciones del residente (Amérigo y Pérez-López, 2010).

Predictores de satisfacción residencial

En un análisis transversal llevado a cabo en diferentes tipos de ambientes residenciales, Amérigo y Aragonés (1997) diferencian cuatro tipos de predictores según la combinación de las dimensiones subjetivo frente a objetivo, y físico frente a social. Así se obtienen cuatro espacios:

  • En el primer cuadrante aparecen el mantenimiento del barrio, la apariencia del lugar, la evaluación del apartamento, etc.
  • En el segundo cuadrante, la seguridad, la heterogeneidad, el hacinamiento, etc.
  • En el tercero, el nivel de ruido, la existencia de electricidad, etc.
  • Y en el cuarto, el hecho de ser arrendatario o propietario, el tiempo de residencia en el lugar, el ciclo vital, etc.
Dimensiones de los predictores de satisfacción residencial (adaptado de Amérigo y Aragonés, 1997)

El peso de los predictores para explicar la satisfacción residencial es desigual y tendrán más o menos importancia dependiendo de la población sobre la cual se mida la satisfacción. Tienen mucha importancia la red social y el apego al lugar. Cuando se produce un realojamiento de una población en un nuevo entorno, hay que tener en cuenta la insatisfacción que va a producir esta nueva situación, si se rompe la red social aunque mejoren las condiciones físicas. Un ejemplo fue el fracaso del proyecto de Pruitt-Igoe en Estados Unidos. La ruptura de la red social fue una de las causas de la pérdida de control sobre los espacios, y provocó comportamientos vandálicos que finalmente hicieron inhabitables los 33 edificios del nuevo barrio (Yancey, 1971). Al hilo de esta experiencia surge el concepto de espacio defendible acuñado por Newman (1972). Se trata de espacios semiprivados que favorecen la vigilancia por parte de los residentes y, por tanto, facilitan que un potencial visitante los reconozca como territorios privados y así evitar las conductas vandálicas en ese lugar. Un espacio definido como tal no solo se produce al facilitar la accesibilidad visual del espacio, sino que debe facilitar la cohesión entre los vecinos.

Los trabajos sobre satisfacción residencial orientan a los diseñadores de espacios residenciales a que atiendan a aspectos tanto constructivos como de carácter social. Este campo de estudio tiene un valor aplicado ad hoc cuando se trata de remodelar un barrio deteriorado; hacer un estudio prospectivo y tratar de comprobar cuáles son los predictores en ese contexto ayuda a mejorar la remodelación.

AMBIENTE NATURAL: PREOCUPACIÓN POR EL MEDIO AMBIENTE

En la década de los noventa del siglo pasado, la sensibilidad de los españoles en relación con las consecuencias negativas de la destrucción de la naturaleza empezó a aumentar gracias al trabajo de ONGs comprometidas con la defensa de la naturaleza. Si bien el grado de aceptación de las actitudes y los valores proambientales se encuentra en torno a la media de Europa, estos no se manifiestan en conducta proambiental efectiva (Sevillano, 2007; Arias, Valencia y Vázquez, 2010).

La investigación psicológica en temas ambientales se ha centrado, principalmente, en la percepción de los problemas ambientales, la preocupación por el medio ambiente y la promoción de las conductas ambientales. El estudio de la dimensión psicológica (percepción de problemas, actitudes y conductas) implica el hecho de asumir la importancia de conocer cómo los individuos evalúan, perciben y justifican el estado del medio ambiente y sus posibles causas. Se asume que la comprensión de procesos individuales contribuirá al estudio de procesos sociales y grupales. P. ej., Huelva es una de las ciudades más contaminadas de Europa, la % de enfermedades raras es muy superior a lo que encuentras en cualquier otra ciudad, sin embargo son pocos los onubenses que relacionan los problemas de salud con la contaminación. ¿Cómo se explica eso? Una hipótesis es la importancia que para miles de onubenses tiene el polo químico, el mismo polo químico que financia «estudios» de la universidad enfocados en blanquear su imagen.

Problemas ambientales

En el desarrollo de escalas de actitudes ambientales o en preguntas generalistas de estudios sociológicos sobre la preocupación hacia el medio ambiente, a menudo se hace uso de etiquetas genéricas para referirse a la problemática ambiental, como la contaminación o los problemas ambientales. Asimismo, la elección de un problema ambiental concreto como indicador del grado de preocupación ambiental de las personas implica un sesgo ya que las personas no se encuentran preocupadas por igual ante los distintos problemas (Van Liere y Dunlap,1981). Por tanto, la percepción de la problemática ambiental se mueve entre la generalidad y la especificidad.

Los problemas ambientales que aparecen mencionados con mayor frecuencia son de carácter global, con consecuencias a largo plazo y de causas y soluciones complejas: la destrucción de la capa de ozono, el calentamiento del planeta y la deforestación. No solo se muestra mayor preocupación y mayor accesibilidad de los problemas de tipo global, sino que además son percibidos como más graves. Esta tendencia ha sido denominada hipermetropía ambiental y se ha relacionado con una falta de responsabilidad individual ante los problemas ambientales globales (Uzzell, 2000).

En la línea vertical central aparece el porcentaje de mención de cada uno de los problemas. Cada uno de los radios representa algún problema ambiental. De Estudio n.° 2209 (CIS, 1999).

Los problemas percibidos en relación con el entorno próximo son la falta de limpieza, el tráfico y la contaminación acústica. En el ámbito nacional, se mencionan los incendios, la contaminación industrial y la contaminación de aguas, finalmente, a nivel mundial se perciben la destrucción de la capa de ozono, la deforestación y la energía nuclear. Mientras que los problemas percibidos en el entorno próximo tienen un componente cívico, aquellos percibidos a nivel mundial tienen un componente claramente ecologista de cuidado del medio ambiente (Sevillano y Aragonés, 2006). La alusión a un problema ambiental u otro estaría provocando un marco de interpretación más local o global; la mención de problemas ambientales de tipo local o global se ha relacionado con el tipo de preocupación ambiental que manifiestan las personas. Los problemas de tipo local son mencionados por personas que están preocupadas por las consecuencias que el deterioro del medio ambiente pueda tener en su salud y estilo de vida (aunque en ocasiones su estilo de vida depende del empleo que proporciona las empresas contaminantes), mientras que los problemas de tipo global son mencionados por personas preocupadas por las consecuencias que el deterioro pueda tener en los elementos no humanos del planeta.

Pregunta: «En el epígrafe “Problemas ambientales” no se dice nada de los intereses económicos que son la causa y a la vez permiten el mantenimiento de ese problema. Nos dicen que “los problemas de tipo local son mencionados por aquellas personas que están preocupadas por las con­secuencias que el deterioro del medio ambiente pueda tener en su salud y estilo de vida”, sin embargo, tengo la impresión de que cuando el estilo de vida esta financiado por la misma industria que destruye el medio ambiente, y que repercute directamente el salud de las personas, la cosa cambia. Me viene a la mente lo que sucede en la ciudad de Huelva con el Polo Químico, en esa ciudad la tasa de enfermedades raras es muy superior a la media, el baño esta prohibido en su ria, sin embargo, pocas personas son capaces de reconocer la influencia del polo químico, y creo que algo parecido sucede en las zonas donde la economía depende del turismo.

Intuyo que los intereses personales (pocas personas se paran a pensar en las consecuencias de la contaminación a largo plazo) están muy por encima de los problemas ambientales, su propia salud y la de sus hijos, por otro lado, la gente no tiene problema en utilizar su diesel durante la semana para ir a trabajar y el fin de semana subir unas fotos en redes sociales limpiando en monte, en fin. Me pregunto hasta que punto los intereses económicos son determinantes en el estilo con que las personas afrontan los problemas medioambientales».

Respuesta: «En tu mensaje reflexionas sobre el efecto que pueden tener los intereses personales en la percepción de problemas ambientales. Es indudable que los intereses económicos son muy determinantes del tipo de problemas que se priorizan. Y no sólo este tipo de intereses. Los estudios que comparan la percepción ambiental en distintos grupos sociales encuentran que hay diferencias entre los grupos, por ejemplo, la contaminación del aire es más o menos prioritario en grupos que difieren en edad, en estatus laboral (activo vs. pasivo), o en si padecen (o no) problemas respiratorios (por ejemplo, https://www.redalyc.org/pdf/311/31121072004.pdf).

Ahora bien, si te fijas, en estas líneas los autores no quieren hacer un listado de todas las variables que afectan a la percepción ambiental. En absoluto. En estas líneas, los autores muestran una, digamos, panorámica, al estudio de la percepción de problemas ambientales. Y al hacerlo, responden a cuatro preguntas.

  1. ¿Qué problemas ambientales se consideran prioritarios cuando se piensa en contextos (ámbitos) más o menos próximos (en concreto: contextos más locales (la propia ciudad) vs. contextos más globales (España y el mundo).
  2. ¿Son los mismos problemas cuando se piensa en unos contextos u otros (ámbito local, nacional o mundial)?
  3. ¿Qué tipo de preocupaciones subyacen a este tipo de creencias?
  4. La información resultante ¿tiene alguna implicación práctica / aplicada?

La pregunta 1 y 2 se responden en la figura 4.4 que sintetiza los resultados del estudio del CIS (1999). La pregunta 3 se responde en el párrafo que tú mismo mencionas en tu mensaje y que remite al estudio de Amérigo y cols (2005). La pregunta 4 se responde a partir de la última línea de la página 124.

Te sugiero que antes de leer el resto del mensaje, trates tú mismo de responder a estas preguntas. En definitiva, llegan a dos conclusiones:

Primero. La percepción de problemas ambientales es un proceso dinámico. Depende del contexto (ámbito) en el que se encuadre: las personas priorizan unos problemas cuando piensan en su entorno inmediato o local y otros, cuando piensan en contextos más amplios (nacional) o más amplio todavía (mundial). Esto se evidencia en el estudio del CIS (1999) http://www.cis.es/cis/opencm/ES/2_bancodatos/estudios/ver.jsp?estudio=1199

Segundo, los autores tratan de identificar el tipo de preocupaciones que pueden estar llevando a las personas a destacar un tipo de problemas u otros (problemas en el ámbito local y los problemas en el ámbito más global -nacional y mundial). Y encuentran que cuando hablan de problemas locales, las preocupaciones que señalan están centradas en la propia persona (efectos en su salud y en el estilo de vida). En cambio, los contextos más globales, reflejan otras preocupaciones. Estas conclusiones la extraen del trabajo de Amérigo y cols (2005).

Si estás interesado no dudes en consultar los trabajos originales, especialmente el de Amérigo y cols. http://www.psicothema.com/pdf/3096.pdf» Docente Ana Victoria

Cambio climático

Se caracteriza como geográfica y psicológicamente distante. El cambio climático se refiere a cualquier cambio en el clima producido por causas naturales o humanas. Sin embargo, la acción humana está acelerando el cambio en el clima a nivel planetario. Entre los resultados de este cambio se encuentran el alcance de temperaturas extremas, que incrementaría la propagación de enfermedades; el aumento de
las precipitaciones, con el consiguiente riesgo de inundaciones; y la ocurrencia de las sequías, lo que conlleva riesgo de incendios y agotamiento de agua para el consumo (PICC, 2007).

Las personas no ven el cambio climático, sino que tienen que valorarlo con la información de los medios de comunicación, instituciones gubernamentales y de la comunidad científica, lo cual deja la puerta abierta a posibles sesgos. Las campañas informativas, documentales y noticias sobre cambio climático pueden resultar efectivos en la sensibilización y promoción de conductas proambientales, pero también se corre el riesgo de difundir una información sesgada que puede producir diferentes reacciones. De este modo, por ejemplo, encuadrar las soluciones al cambio climático o la misma existencia de este como un ataque a la libertad individual conlleva adoptar una postura u otra en función de la aceptación de dicho encuadre.

¿Cómo entienden las personas el cambio climático? Las creencias que las personas mantienen sobre la naturaleza afectan al grado de preocupación que manifiestan por el problema del cambio climático. Percibir la naturaleza como impredecible se asocia a una falta de preocupación por el cambio climático, pues son procesos incontrolables. En general, las personas no sienten que se encuentren ante una verdadera amenaza (Weber, 2006). Determinados efectos del cambio climático son invisibles para algunos países. Países cuya temperatura media en julio es baja de por sí, muestran una preocupación menor, debido al hecho de que valoran más positivamente el aumento de la temperatura (Lorenzoni y Pidgeon, 2006).

Cuando las consecuencias se hacen visibles e inmediatas, se percibe el cambio climático como más que un simple aumento de temperatura. La probabilidad de que las personas lleven a cabo acciones proambientales relacionadas con el cambio climático es mayor cuando entran en juego reacciones afectivas y experiencias personales mientras que el uso de estadísticas que muestran el riesgo que existe resulta ineficaz (Weber, 2006; Leiserowitz, 2006).

Distintas investigaciones han evaluado la efectividad del documental “Una verdad incómoda” en promover la preocupación por el cambio climático. Se ha encontrado que el documental promueve un incremento significativo de la preocupación por este problema, así como también por la pérdida de la biodiversidad. Las personas estimaban que en los próximos cincuenta años: habría mayor probabilidad de fenómenos extremos a consecuencia del cambio climático, los efectos del cambio climático tendrían mayor repercusión en el individuo, en su país y en la naturaleza no humana (Cortés y Sevillano, 2009). Así, el visionado del documental convertiría el cambio climático en un problema más próximo porque afecta al individuo y tendría consecuencias específicas.

La afiliación política es otro factor que resulta clave para entender los diferentes discursos de las personas. Los conservadores muestran mayor escepticismo ante el cambio climático. Se cuestiona su existencia, la causa humana de este y la gravedad de sus consecuencias, efecto más pronunciado en aquellas personas que declaran tener poco conocimiento sobre el cambio climático. En 1997, en Estados Unidos, la administración Clinton puso en marcha una campaña informativa sobre consecuencias del cambio climático que provocó el cambio de opiniones en republicanos y demócratas, pero en direcciones opuestas. Los republicanos, más conservadores, mostraron menor preocupación después de la campaña informativa mientras que los demócratas mostraron mayor preocupación (Krosnick, Holbrook y Visser, 2000).

Pregunta: «Tengo entendido que el cambio climático actual es consecuencia del calentamiento global, y que nuestra especie es la responsable de ese calentamiento. ¿Es correcto? Entiendo que al hablar de cambio climático tenemos poco o ningún control sobre ese cambio, en cambio si hablamos de calentamiento global, nos hacernos más responsables, en la medida que tenemos control sobre ese fenómeno. Creo que es más fácil persuadir a una persona para que utilice la bicicleta para ir a trabajar si le explicas que para frenar el calentamiento global hay que dejar de utilizar combustibles fósiles , que si le hablas del cambio climático, algo que por otro lado, es un fenomeno natural que ha sucedido muchas veces en nuestro planeta».

Respuesta: «Interesante observación. Te animo a que explores esta cuestión y, descubras si otros investigadores ya han respondido a esta pregunta. Si no lo han hecho, podría ser el objetivo de tu TFG, o, de una investigación cuando finalices el grado.  Y si ya lo han estudiado seguro que la lectura de esos trabajos te sugiere alguna pregunta de investigación relacionada». Docente Ana Victoria

Altruismo verde: por favor, cuida el medio ambiente

La naturaleza se ha hecho acreedora de consideración moral, se la cuida y se evita dañarla. Por ello, el marco teórico del altruismo y la conducta prosocial ha sido uno de los más fructíferos para la investigación en preocupación ambiental. Las conductas prosociales son aquellas que benefician a otras personas o a la sociedad en general. Conductas como el ahorro de energía, el reciclaje o el voluntariado pueden ser consideradas prosociales. La investigación en conductas proambientales ha estado teóricamente guiada por el modelo de la influencia normativa de Shalom Schwartz (1977). Este modelo hace hincapié en el papel de las normas personales en la explicación de las conductas prosociales. Las normas personales son las expectativas idiosincráticas de comportamiento que genera una persona ante una situación específica (p. ej., cuando voy a la playa o al campo debo dejar ese espacio lo más limpio posible, y si tengo que recoger la basura que han dejado otros, se hace). El modelo propone una secuencia ordenada que precede a la conducta prosocial:

  • Activación de la norma personal.
  • Sentimiento de obligación personal.
  • Posible neutralización de la obligación.

La fase de activación de la norma depende de la conciencia de las consecuencias que puede tener la conducta personal dejar limpia la playa implica evitar contaminar y la posibilidad de modificar las conductas de otras personas). La neutralización de la obligación de actuar se produciría si se deniega la responsabilidad por las consecuencias que conlleva la conducta personal (Ej.: yo no soy responsable de la mierda que dejan los demás en la playa). Por esto, las normas personales afectarán a la conducta prosocial si las personas son conscientes de las consecuencias de su conducta y no niegan su responsabilidad ante dichas consecuencias.

La aplicación del modelo de la influencia normativa a la conducta ambiental se ha llevado a cabo mayoritariamente mediante la teoría del valor-creencia-norma (Stem, Dietz, Abel, Guagnano, y Kalof, 1999; Stem, 2000), la cual mantiene los factores propuestos por el modelo normativo e incorpora los constructos de valor personal y visión ecológica del mundo.

Modelo de la teoría del valor-creencia-norma (adaptado de Stern, 2000)

Los valores personales o tipos de preocupación ambiental que pueden mostrar los individuos son tres: valores egoístas, altruistas y biosféricos (Stem, 2000). Esta tipología se origina en la teoría de los valores universales (Schwartz, 1992) y es la base motivacional de la conducta proambiental:

  • La preocupación ambiental de tipo egoísta se basa en la valoración del self por encima de cualquier otra persona y ser vivo, y la persona se preocupa por aspectos del medio ambiente que pueden afectarle personalmente.
  • La preocupación de tipo altruista se basa en la valoración de los problemas ambientales en función de la repercusión que tienen sobre otras personas (los amigos o los vecinos).
  • Por último, la preocupación de tipo biosférico tiene en cuenta a todos los seres vivos al valorar las repercusiones de los problemas ambientales.

La visión ecológica del mundo que mantienen las personas hace referencia a las creencias sobre cómo debe ser la relación de los seres humanos con la naturaleza, que puede ser de dominación cuando se antepone el bienestar de los seres humanos al de la naturaleza, o de equilibrio con la naturaleza cuando se igualan ambos bienestares. Una de las escalas más utilizadas para medir estas creencias es la escala NEP (Nuevo Paradigma Ecológico), que se estructura en torno a cinco temas:

  1. limitación del crecimiento.
  2. antiantropocentrismo.
  3. fragilidad del equilibrio natural.
  4. rechazo de la excepcionalidad humana
  5. creencia en la crisis ecológica.

La teoría del valor-creencia-norma propone que los tipos de preocupación que muestran las personas ponen de manifiesto la importancia diferencial que otorgan a su bienestar (valores egoístas), al bienestar de la sociedad en general (valores altruistas) y al bienestar de los seres vivos y los elementos naturales (valores biosféricos). Por ello, las personas mantienen una creencia sobre las relaciones entre el ser humano y la naturaleza en términos de dominación-explotación, o equilibrio-interdependencia (Nuevo Paradigma Ecológico). En el nivel individual, reconocer que las condiciones del medio ambiente ponen en peligro los elementos (personales, sociales y naturales) que las personas valoran (conciencia de las consecuencias), así como aceptar la responsabilidad de mejorar dichas condiciones (ausencia de negación de la responsabilidad) lleva a la obligación personal de actuar proambientalmente (norma personal proambiental).

Factores psicológicos que afectan a la preocupación ambiental

La investigación psicoambiental que hace uso de la teorización procedente del campo del altruismo se ha centrado en los factores psicológicos que resultan útiles para explicar la conducta y la preocupación ambientales.

Culpa

Los sentimientos de culpa y vergüenza se han asociado con conductas proambientales. Aquellas personas que anticipan sentimientos de culpa por no llevar a cabo conductas proambientales son las que con mayor probabilidad se comportarán proambientalmente (Kals, Schumacher y Montada, 1999; Kaiser, Schultz, Berenguer, Corral-Verdugo yTankha, 2008).

Atribución de responsabilidad

Como se ha revisado en la Teoría del valor-creencia-norma (Stem, 2000), si los individuos no se autoatribuyen cierto grado de responsabilidad ante los problemas del medio ambiente, la conducta proambiental es poco probable. P. ej., las personas que atribuyen el calentamiento global al comportamiento individual, en lugar de hacerlo a procesos industriales, lo perciben como un problema controlable por la acción individual aunque con consecuencias desastrosas (Eiser, Reicher y Podpadec, 1995). La atribución de responsabilidad individual implica percibir el problema de forma más grave, pero también con capacidad para ser solucionado. Complementariamente, la negación de la responsabilidad individual ante los problemas ambientales se ha asociado de forma consecuente con la ausencia de conductas proambientales (Kals y Maes, 2002).

Empatía

Promover sentimientos empáticos como respuesta al sufrimiento de los animales resulta muy eficaz para elevar los niveles de preocupación y conducta proambiental. En un contexto experimental, las personas que se ponían en el lugar de una ballena que estaba sufriendo manifestaban una intención general de ayudar a las ballenas y de contribuir económicamente a su protección (Shelton y Rogers, 1981). El tipo de preocupación ambiental que manifiestan las personas también se ve afectada por las reacciones empáticas. La preocupación de tipo egoísta disminuyó en las personas que trataban de empatizar con animales heridos y aumentó la preocupación de tipo biosférico.

Normas sociales

El efecto de las normas sociales en las conductas proambientales es uno de los aspectos con mayor aplicación dentro de la preocupación ambiental. Las normas sociales son las creencias que tienen las personas sobre la forma de comportamiento adecuado en una situación concreta. Se categorizan:

Hay escaso número de personas que realizan determinado comportamiento proambiental (p. ej., solo el 5% de la población deposita los teléfonos móviles en puntos limpios). Estos mensajes indican la gravedad del problema, pero también informan del impresionante porcentaje de personas que no realizan el comportamiento, por lo que indirectamente queda legitimado (Cialdini, 2003). Se ha demostrado que indicar que la mayoría de las personas ahorran energía (p. ej., el 77% de la población usa ventiladores en lugar de aire acondicionado), norma descriptiva, resulta más efectivo en la reducción del consumo de energía que ofrecer información sobre cómo ahorrar energía eléctrica (Nolan, Schultz, Cialdini, Griskevicius y Goldstein, 2008). Asimismo, tener en cuenta la conducta previa de ahorro energético de las personas resulta relevante. Proporcionar información sobre la norma descriptiva puede desencadenar reacciones diferentes según la conducta previa de las personas. Si una persona que habitualmente ahorra energía recibe información que índica que el nivel de consumo medio en la población es superior al suyo, podría incrementar su consumo para que su conducta sea semejante a la expresada por la norma social recibida, ocurriendo lo contrario con las que consumen más que la media. Para evitar este efecto contraproducente de la norma social descriptiva, en las personas cuyo consumo está por debajo de la media se ha hecho uso de la norma prescriptiva. La manipulación experimental de la norma prescriptiva se llevó a cabo usando emoticonos 🙂 o 🙁 .Las personas recibían la información sobre su consumo eléctrico, el consumo medio de la población (norma descriptiva) y la valoración de su consumo mediante emoticonos (norma prescriptiva). Cuando las personas consumían por debajo de la media de la población, pero recibían aprobación social mediante el emoticono sonriente, no se producía un aumento del consumo energético (Schultz, Nolan, Cialdini, Goldstein y Griskevicius, 2007).

AUTOEVALUACIÓN

REFERENCIAS

  • Arias Orduña, A. (2016). Psicología social aplicada (1a ed., reimp. ed.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  • Apuntes Aitziber Laguardia
  • YouTube

Deja un comentario

Ir al contenido