Introducción al procesamiento semántico

Locke (1632-1704). Diferencia entre intensión de la palabra, que se refiere a su significado y especifica las propiedades que un objeto debe reunir para ser incluido como miembro de esa clase o concepto (p. ej., el concepto de «perrez» o propiedades que debe reunir un objeto para ser considerado un perro), y extensión o conjunto de objetos que tienen esas propiedades (todos los perros del mundo, reales o imaginarios).
Rosten (1968). En yiddish hay multitud de términos para describir la ineptitud, cada uno con un sentido distinto: ‘schlemiel’, ‘schlimazel’, ‘shlump, ‘shmegegge, ‘shmendrick’, ‘shmo’ y ‘schmuck’.
Ta-ylor y Taylor (1990). Para las ranas, los objetos pequeños, oscuros y que se mueven de un determinado modo deben agruparse dentro de la categoría de «moscas» comestibles (Ta-ylor y Taylor, 1990).
Crystal (1994). Los extranjeros se sorprenden de la cantidad de términos del castellano para identificar los distintos resultados que se pueden obtener cortando una materia con un cuchillo: «rodaja», «rebanada», «cortada», «loncha», «corte», «filete», «tajada», «lonja», etc.

Reconocer una palabra no significa comprenderla. Otras veces nos sucede justo lo contrario, es decir, queremos expresar un significado pero no encontramos la palabra adecuada (el molesto fenómeno de tenerlo en la «punta de la lengua»). En términos del procesamiento lingüístico esta disociación se explica porque reconocer una palabra y acceder a su significado son procesos distintos que, además, dependen de áreas cerebrales diferentes. Una cosa es reconocer la palabra, lo cual se realiza consultando el léxico mental y otra comprenderla o acceder a su significado, que supone un paso adicional y posterior a su reconocimiento. Esta es la razón por la que podemos reconocer una palabra aunque no recordemos su significado y, sin embargo, no podemos comprenderla sin haberla reconocido.

No existe un paralelismo exacto entre los significados, que constituyen la base de nuestro conocimiento, y las palabras. La semántica distingue entre la denotación de un término, es decir, su significado objetivo, lo que especifica un diccionario sobre él (definición de perro), y sus connotaciones, o conjunto de implicaciones emocionales y subjetivas que asociamos al término («bonito», «amenazante», «oloroso»). La gente comparte la denotación, pero las connotaciones difieren de una persona a otra. Como planteaba William James, podría esperarse que las miríadas de objetos y eventos que continuamente impresionan los órganos sensoriales se presentasen a los organismos como una desconcertante confusión, pero no es así. Sabemos lo que es un delfín, un dogma o una batalla, también sabemos que el Ebro es un río que pasa por Zaragoza, pero no podemos recordar cuándo y dónde hemos adquirido esa información.

Partiendo de la distinción clásica de Tulving (1972) entre memoria semántica y memoria episódica, si yo digo «esta mañana se me ha roto el jarrón que me regalaron», activo simultáneamente dos clases de información que tengo archivada en mi cerebro. Por una parte, la asociada a un evento y situación específica (memoria episódica): mi jarrón particular y la situación concreta de romperse al caer al suelo esta mañana cuando lo cambié de sitio en el salón de mi casa. Por otra, activo información almacenada sobre el concepto de jarrón: qué es ese objeto, qué propiedades tiene, para qué sirve, etc. Este último tipo de información (semántica), a la que pertenecen los significados, no está asociada a ningún episodio específico; es una información abstracta, desligada de cualquier tiempo y espacio concreto (yo no recuerdo el momento y lugar en que aprendí la palabra jarrón).

Referencias

  • Cuetos Vega, González Álvarez, Vega, and Vega, Manuel De. Psicología Del Lenguaje. 2ª Edición. ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana, 2020.
  • PDF Profesor tutor Pedro R. Montoro
  • YouTube

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