La identidad personal

INTRODUCCIÓN

Un aspecto fundamental para entender la forma en que actuamos y nos relacionamos, así como la manera en q interpretamos la realidad, el conjunto de creencias y percepciones que tenemos acerca de quiénes somos y cómo somos. Este conocimiento, q engloba distintos aspectos de nuestra personalidad: como la apariencia física, los rasgos y capacidades q creemos tener, las expectativas q generamos, o el modo de comportamos en las diferentes situaciones, constituye nuestro autoconcepto.

El autoconcepto puede ser considerado como:

  • Una estructura cognitiva compleja que se mantiene relativamente estable y unitaria a lo largo de nuestra vida.
  • Un conjunto de contenido mentales, articulados y flexibles, que varían en función de las expectativas que tengamos, de nuestras metas y necesidades, y del modo como valoremos e interactuemos con los diferentes contextos en los que nos desenvolvemos.

Desde la 2ª perspectiva más dinámica (y menos estructural) se asume que las distintas partes, o facetas, que componen el autoconcepto pueden contener características que, en el pasado tuvo la persona, otras que en el presente posee, y también ciertos aspectos que le gustaría desarrollar en el futuro. El autoconcepto puede construirse de una manera más simple o más compleja, dependiendo de lo diferenciadas que estén las descripciones que haga la persona en relación con cada una de sus facetas. Por otra parte, ya que dependiendo de cómo evaluemos nuestras características y atributos hay algunos que nos gustan más que otros, se pueden organizar estos contenidos, dentro del autoconcepto, de distinto modo: en compartimentos más independientes, o en unidades más integradas.

La autoestima se encuentra fuertemente ligada a la evaluación y contenido del autoconcepto. Se suele aceptar que, aunque no tenga una definición homogénea hasta el momento, viene dada por el nivel de valoración   positiva y por el sentimiento de afecto y reconocimiento hacia uno mismo. Representa una característica psicológica con importantes implicaciones sobre los procesos de autorregulación, el estado emocional y el ajuste psicológico del individuo. Actualmente, se considera que el mantenimiento de una autoestima adecuada se fundamenta, más que en la presencia exclusiva de sentimientos positivos, en otras características tales como la autenticidad, congruencia, estabilidad y aceptación.

AUTOCONCEPTO

La Definición del Autoconcepto

Ante la pregunta ¿Quién soy yo? podemos formarnos una idea o tener alguna intuición para responder, sin tener una respuesta precisa; igual que: ¿Qué es lo que sabemos a cerca de nosotros mismos? ¿Cómo es nuestra forma de ser? Nos puede resultar complicado tomar distancia, y contemplarnos como un objeto sobre el que reflexionar.

James (1890) fue el primer psicólogo que planteó esta cuestión y estableció una desigualdad fundamental entre:

  • Yo como sujeto consciente y pensante. Equiparable al yo mismo, es decir, a una entidad mental y subjetiva que representaría el núcleo o la esencia de lo que somos.
  • Yo como un objeto que puede ser pensado. Idea de “lo que es mío”. El Yo equivaldría a un agregado de partes diferentes: el cuerpo, facultades mentales, roles sociales, impulsos (dirigidos a preservar y proteger al individuo o a promover su expansión), y los sentimientos que tuviera la persona con respecto a sí misma, pudiendo ser estos de agrado o satisfacción, o de vergüenza, descontento y confusión.

Desde una perspectiva más moderna (Leary y Tangney, 2003; Mischel y Morf, 2003; Robins, Tracy y Trzesniewski, 2008):

  • El Yo como sujeto es entendido como el sí mismo o el self; esto es, como un sistema dinámico y coherente de representaciones cognitivas y afectivas, que de forma consciente e inconsciente, registra nuestras experiencias; permite darnos cuenta de quiénes somos; identifica nuestros pensamientos y sentimientos; es capaz de planificar, ejecutar y observar nuestra conducta en los diferentes contexto sociales; y procesa, construye e interpreta la información proveniente de nuestras interacciones sociales.
  • El Yo como objeto es entendido como un conjunto de percepciones, creencias y evaluaciones que el individuo tiene y hace en relación consigo mismo, siendo equivalente a su autoconcepto.

Por lo tanto, el autoconcepto constituye una estructura mental compleja, cuyo contenido viene dado por el conocimiento que la persona tiene sobre sí misma y que considera como cierto. Lo fundamental es que la persona crea que ese conocimiento define su manera de ser, independientemente de lo sesgado o incierto que pueda estar para un observador externo.

La 1ª formulación del autoconcepto lo concibe como una estructura nuclear fija y consistente, configurada a partir de características físicas y psicológicas que se mantendrían relativamente estables a lo largo de la vida (Allport, 1968; Beck, 1967; Horowitz, 1987). Desde esta perspectiva, el autoconcepto va a ser poco permeable a los cambios que se produzcan en el entorno del individuo, es decir, va a mostrar resistencia a integrar información que cuestione sus contenidos centrales. Este enfoque ha sido complementado por uno más sofisticado.

Autoconcepto como sistema dinámico, flexible y multifacético: Además de contemplar el autoconcepto como una entidad coherente y unitaria; desde esta postura se entienda que la persona es capaz de construir diferentes autoconceptos, cuyo contenido puede variar en función de distintos contextos (como soy de vacaciones), de acontecimientos vitales (cómo era antes de mi enfermedad), de relaciones sociales que establezca (cómo soy con mi amigo), o de los roles sociales que desempeñe (como soy en mi trabajo).

De esta manera, el autoconcepto posee una naturaleza social y simbólica y es capaz de influir en la selección y en el modo de interpretar la información, referida a uno mismo, pero, que se obtiene a partir de las relaciones sociales. Esta información puede estar basada en:

  • Las comparaciones que hagamos entre nuestras características y las de los demás.
  • Los juicios de valor que realicen otras personas acerca de nuestras actuaciones.
  • El tipo de percepción que obtengamos acerca de nosotros mismos.

Desde la Teoría del Apego (Bowlby, 1969) se formula que el autoconcepto se forma y está unido al contexto relacional. El modelo mental que cada persona construye de sí misma viene modulado por la experiencia con sus cuidadores en la 1ª etapa de la vida y por el vínculo que establece con ellos, aprendiendo quiénes son y qué son a partir de sus relaciones con los otros más cercanos y significativos, en las fases iniciales del desarrollo.

En esta etapa, el autoconcepto resulta más moldeable y susceptible a incorporar valores, evaluaciones y experiencias de las figuras de apego; para algunos autores, esto es un componente básico en la formación de la autoestima insegura y condicionada (depende de la aprobación o el rechazo de los progenitores).

El autoconocimiento construido mediante experiencias sociales funciona, al mismo tiempo, como un mecanismo que guía la conducta, y contribuye a definir metas y estrategias que se van a poner en marcha en las diferentes situaciones. Por lo tanto, el autoconcepto como sistema multifacético y flexible facilita al individuo actuar convenientemente en cada situación, adaptándose a las demandas específicas q se planteen, y le permite ir revisando los diferentes contenidos del autoconcepto para integrarlos de forma realista, y no excesivamente ilusoria.

El Contenido del Autoconcepto

Tipos de Contenido           

Hay que considerar que dentro de una misma persona coexisten diferentes autoconceptos (o múltiples “yoes”) implica tener en cuenta los contenidos que se incluyen en cada uno y cómo se estructuran. En relación con lo que una persona cree que es, hablamos de:

  • Conocimiento procedimental. Abarca las reglas que la persona aplica cuando infiere, recuerda y evalúa la información relacionada consigo mismo. Ej. Empleo sistemático del sesgo hedonista en la atribución de resultados relevantes para el autoconcepto → responsabilizarse de los resultados positivos y relacionarlos con causas externas si son negativos.
  • Conocimiento declarativo. Incluye la representación mental de los diferentes atributos y peculiaridades que describen a la persona, y que se conectan con situaciones y ámbitos de experiencia de distinta índole. (“tengo habilidad para la cocina” “suelo ser tranquila, pero me pongo nerviosa cuando tengo un examen”). Esta representación contextualizada representa el contenido del autoconcepto. Los atributos pueden referirse a aspectos físicos (soy alto), sociales (soy amigable), emocionales (me enfado con facilidad), cognitivos (le doy muchas vueltas a las cosas cuando me preocupo) y comportamentales (cuando cocino soy organizado). Dentro del procedimiento declarativo se encuentra también el recuerdo de los episodios personales: éstos forman parte de la memoria autobiográfica, permiten la construcción de un autoconcepto más positivo o más negativo, y proporcionan unidad y coherencia a los múltiples autoconceptos que coexisten en una misma persona. Actualmente se sostiene que algunos aspectos experienciales del material guardado en la memoria autobiográfica están conectados con el autoconcepto: conforme más accesibles y nítidos sean los recuerdos positivos, y mayor distancia se establezca con los negativos, más protegido parece estar el autoconcepto y mejor autoestima presenta la persona.

Otra dimensión para describir el autoconcepto es la valoración de su contenido que haga el individuo. Dicha valoración puede ser diferente según la faceta y pueden darse valoraciones contradictorias entre aspectos distintos, o dentro de un mismo aspecto (una persona puede evaluar de forma positiva su rol profesional y de modo negativo su habilidad para el deporte; o dentro de un mismo aspecto, evaluar de modo positivo su actitud en el trabajo con los clientes, pero de modo negativo su actitud con el jefe).

La Propuesta de Markus

Los esquemas sobre uno mismo

Los contenidos del autoconcepto pueden variar en el grado de relevancia que tengan a la hora de definir al individuo. En esta línea, Markus propone 2 tipos de representaciones que la persona posee respecto a su forma de ser:

  • Periféricas. Resultan menos definitorias de su personalidad, están menos elaboradas cognitiva y emocionalmente, y se basan en menor medida en los datos que acumula a partir de su experiencia. Estos contenidos periféricos se refieren a características que no son muy comunes, son poco valoradas y resultan poco importantes para el individuo.
  • Centrales. Resaltan lo más peculiar y esencial del individuo. Se denominan esquemas y son de naturaleza cognitiva y afectiva, permiten al individuo diferenciarse más claramente de los demás y, dada la relevancia del autoconcepto, constituyen aspectos nucleares del autoconcepto.

Los esquemas incluyen material cognitivo referido a la experiencia, o a las habilidades del individuo en ámbitos específicos. También pueden constituirse como estructuras de conocimiento generalizado, basadas en la categorización de la información que se obtiene de los patrones de conducta, y de las evaluaciones que uno mismo realiza, o que efectúan los demás. Los esquemas seleccionan, organizan y procesan la información que, concerniente a uno mismo, se obtiene a través de la experiencia social; influyen sobre el grado de importancia atribuido a los acontecimientos que pueden tener conexión con el autoconcepto; y pueden determinar los juicios, valoraciones e inferencias q haga la persona en las distintas situaciones.

Los esquemas, aunque son bastante resistentes a integrar datos inconsistentes con la información que contienen, presentan cierta flexibilidad lo que permite incorporar elementos que modifiquen el autoconcepto y que recojan el efecto de los posibles cambios temporales o situacionales.

Puede ocurrir que la persona NO disponga de un esquema preciso acerca de cuáles son sus características o atributos en un determinado ámbito, lo que le hace estar menos preparada para anticipar y llevar a cabo las estrategias necesarias para actuar de forma efectiva. Esto puede verse claramente en situaciones nuevas o tareas poco definidas. No cuenta con esquemas construidos a partir de su experiencia pasada y debe recurrir al conocimiento que tenga sobre sus recursos internos, y persistir, aunque reciba información negativa sobre sí mismo.

La dimensión temporal del autoconcepto

Markus propone otra posible diferenciación entre los diversos tipos de “yoes” o autoconceptos, teniendo en cuenta el marco de referencia temporal con el que se asocien los contenidos del autoconcepto:

  • Autoconcepto relativo al pasado. Conocimiento que se tiene acerca de cómo era la persona. Se hace más sobresaliente cuando ha cambiado rasgos o atributos que le caracterizaban, o cuando se desea cambiar algunas de las partes del autoconcepto actual que, son similares a las mantenidas en el pasado, pero que generan desagrado o malestar en la persona.
  • Autoconcepto actual, referido al presente. Engloba características, pensamientos y actitudes que, en relación con uno mismo, se activan y se hacen accesibles en un momento determinado. Incluye los esquemas referidos a uno mismo, que son crónicamente accesibles por su profunda elaboración y por el significado que tienen para el individuo. Los contenidos se activan dependiendo de la historia de aprendizaje, y de las situaciones en las que se encuentre el individuo; y guían a la persona para que interprete y actúe de una forma determinada en las distintas situaciones. El hecho de que los esquemas centrales estén presentes cuando se activan otros tipos de contenidos en contextos y momentos determinados, da apoyo a la idea del autoconcepto como un sistema de representaciones relativamente invariable a los cambios situacionales; pero que comprende descripciones más flexibles, abiertas a ser modificadas en función de las demandas de las situaciones. Los cambios temporales del autoconcepto actual son menos estables y menos profundos que otros.
  • Autoconcepto relativo al futuro. Los posibles “yoes” engloban esperanzas, temores y deseos relevantes para el individuo, y cualidades que a la persona le gustaría tener o podría tener, y aquellas ante las que se sentiría mal en caso de tenerlas. Representan la capacidad del individuo para construir, o reconstruir partes de su autoconcepto; proceso para el cual puede recurrir a modelos, imágenes y la información aportada por el contexto sociocultural. Son particularmente sensibles a los cambios que se producen en las situaciones, y a la información que éstas suministran en relación con el yo, ya que presentan un débil anclaje en la experiencia sensorial y en la repetición de conductas. Son más maleables, más abiertos a incorporar datos nuevos y contradictorios en la imagen futura de uno mismo. Los posibles “yoes” cumplen 2 funciones:
    • Actúan como incentivos de conductas futuras: ya que constituyen partes de uno mismo q simbolizan aspiraciones y metas/temores y amenazas. Pueden funcionar como un puente cognitivo entre el yo presente y el yo futuro, favoreciendo la construcción mental de escenarios y cursos de acción apropiados (unos optarán por conductas de aproximación → para lograr que partes potenciales de sí mismo se convierten en reales; otros→ evitarán que algunos de los posibles yoes temidos o rechazados se hagan realidad).
    • Proporcionan un estándar de referencia: para evaluar las propias conductas o los resultados obtenidos en una situación particular. (Ej. Una persona que dé un gran valor a sacarse el carnet de conducir interpretará un suspenso de una forma más negativa y amenazante que otra que considere que el carnet es poco relevante).

La Estructura del Autoconcepto

La consideración del autoconcepto como una entidad multifacética implica que su estudio debe atender tanto al tipo de contenidos que lo componen, como la forma en que dichos contenidos se estructuran y evalúan. El contenido del autoconcepto, su grado de accesibilidad, su estructura y la forma en que es valorado, difiere entre las personas (o una misma persona puede cambiar y revisar la descripción y organización de algunas de las características de su autoconcepto). 

Parte de la información referida a uno mismo se elabora de forma más profunda y compleja, por lo que algunas cualidades o atributos que las personas utilizan para describirse a sí mismas, o para interpretar su conducta y la de los demás, se activan con rapidez. Esta mayor activación, junto con la repetición por el uso, hacen que esas cualidades queden mejor integradas dentro de la memoria y sean fácilmente recuperables, de ahí la relativa rapidez con la que las personas pueden describirse a partir de determinados atributos.

Como se verá a continuación, hay dos formas de organizar o estructurar el contenido del autoconcepto: basándonos en su complejidad y el tipo de evaluación de su contenido.

La Complejidad del Autoconcepto: El Modelo de Linville     

Aspectos Generales

Según Linville (1985, 1987), el autoconcepto es complejo cuando el conocimiento que se tiene acerca de uno mismo se organiza en función de un gran número de aspectos diferenciados. Es decir, la complejidad depende del número de aspectos o facetas que contenga el autoconcepto, y de lo diferenciados que estén. Cada uno de los aspectos del autoconcepto representa una estructura cognitiva, dentro de la cual hay una red de asociaciones entre atributos, características, proposiciones y emociones de diferente índole.

A partir de la independencia conceptual de estos elementos, es posible definir su nivel de diferenciación: cuanto mayor sea la independencia entre ellos, más diferenciados estarán también sus componentes.

En consecuencia, un autoconcepto complejo estará organizado en torno a numerosas dimensiones, las cuales a su vez serán independientes (poco o nada solapadas entre sí). Estas dimensiones o facetas pueden referirse a rasgos personales, habilidades, características físicas, conductas, metas, roles o relaciones interpersonales.

Según Linville, la complejidad del autoconcepto viene determinada por la separación que mantienen sus componentes; resultando irrelevante el contenido de los mismos o la valoración que se haga de ellos.


La complejidad del autoconcepto se adquiere a partir del aprendizaje y la experiencia social de la persona (a mayor experiencia y mayor número de roles desempeñados, mayor probabilidad de que las facetas de su autoconcepto estén diferenciadas). La complejidad en la organización del autoconcepto es contemplada por Linville como una característica bastante estable, y consistente a través de las situaciones. Por lo tanto, representa una variable disposicional a partir de la cual se pueden establecer diferencias interindividuales.

El Efecto de la Propagación y su relación con el Bienestar Psicológico

Según Linville, cada faceta del autoconcepto además de tener unas características definitorias presenta una cualidad emocional: una persona se sentirá mejor cuando adquieran relevancia aspectos de sí misma asociados a emociones positivas, y se sentirá peor cuando lo hagan las facetas conectadas a emociones negativas (por lo general, cada faceta suele estar asociada con una mezcla de emociones de diversa índole). Al igual que el contenido de las facetas, las respuestas emocionales también pueden darse de forma separada, o por el contrario covariar:

  • Si grado de dependencia emocional entre las facetas es muy bajo, o nulo: los posibles altibajos afectivos que se detecten en una faceta apenas afectará, o no lo hará en absoluto, al tono afectivo que tenga el resto.
  • Si entre facetas existe alto grado de interrelación emocional: La activación de una de ellas dará lugar a que su respuesta emocional se transmita a través de todas las demás con las que esté conectada, adoptando la misma cualidad emocional que la primera. Esto se denomina propagación emocional.

Linville asume que la forma de sentirse en un momento determinado depende de los componentes del autoconcepto activados y del tono afectivo que estos posean. La activación de las diferentes partes del autoconcepto puede producirse por la presencia de un acontecimiento externo, por la actuación de algún proceso cognitivo (recuerdo de una experiencia), o por el propio efecto de la propagación emocional.

La relación entre complejidad del autoconcepto y propagación emocional llevó a Linville a plantear 2 hipótesis:

  • Hipótesis de la extremidad afectiva. Las personas que tengan un autoconcepto con baja complejidad presentarán una mayor variabilidad en su EA, y en la evaluación que hagan sobre aspectos de sí mismas, después de que ocurra algún acontecimiento vital. Si el acontecimiento es negativo se espera que disminuya su valoración personal y presenten un EA más negativo. Si experimentan un acontecimiento positivo se elevará su valoración personal y el EA positivo. Esta predicción fue confirmada en un estudio experimental.
  • Hipótesis amortiguadora. Se espera que la complejidad del autoconcepto modere la relación del estrés con la salud física y psicológica del individuo: ante una situación estresante, las personas con un autoconcepto complejo sufrirán menos consecuencias negativas sobre su salud porque el estrés sólo afectará a unos pocos elementos de su autoconcepto. En consecuencia, el efecto sobre sus pensamientos y emociones negativas será menor y más limitado. Esta hipótesis fue probada en una investigación.

La Organización Evolutiva del Autoconcepto: El Modelo de Showers

Tipos de Organización

Este modelo enfatiza en la importancia de la organización en las categorías que componen el autoconcepto. Según el modelo de Showers (1992, 2007) el autoconcepto consiste en un conjunto de aspectos referidos a uno mismo y conectados a contextos diversos. Estos aspectos representan las entidades que son más sobresalientes en el individuo y que pueden describirse a partir de una serie de creencias o características. Este también es uno de los presupuestos del modelo Linville. Ambos comparten la idea de que el tipo de organización del autoconcepto puede moderar el impacto de las situaciones estresantes y el posible efecto negativo de las características personales menos deseables. Sin embargo, los dos modelos divergen en el tipo de organización que proponen en relación con el autoconcepto.

Para Showers, a la hora de configurar el autoconcepto, es necesario considerar la valoración (positiva o negativa) que hace el individuo sobre sus propias descripciones. En función de ella, el autoconcepto puede organizarse de dos formas diferentes:

  • Organización evaluativa compartimentalizada. El autoconcepto se compone de categorías separadas donde cada una de ellas engloba, exclusivamente, descripciones valoradas positiva o negativamente. Si la categoría sólo incluye descripciones positivas, hablamos de un “compartimento positivo”, y si son negativas, de “compartimento negativo” (“en casa: alegre, empático”; “en el trabajo: aburrido, triste”).
  • Organización evaluativa integrada. El autoconcepto se compone de categorías separadas, conteniendo cada una de ellas una serie de descripciones valoradas simultáneamente de forma positiva y negativa. Estas descripciones, aun siendo de valencia diferente, son conectadas de forma que tengan sentido (“organizado, pero desordenado cuando tengo mucho trabajo”).

El modelo contempla una estructura del autoconcepto basada en una serie de descripciones y creencias específicas organizadas en función de la valoración que se haga de ellas. Así, es posible considerar un continuo en la organización del autoconcepto, que comprendería desde la compartimentalización hasta la integración evaluativa. Independientemente del tipo de organización del autoconcepto, los atributos que lo componen pueden estar más o menos accesibles o activados:

  • Si en un autoconcepto compartimentalizado los compartimentos más accesibles son positivos, por ser más importantes o centrales o porque un acontecimiento externo los active, se habla de “compartimentalización positiva”. Si los más accesibles son los negativos, “compartimentalización negativa”.
  • Si es un autoconcepto integrado puede ocurrir que los positivos sean los que posean mayor activación, presentando el autoconcepto una organización “integrada positiva”: se dará más importancia a los atributos positivos contenidos en la categoría de su autoconcepto, que a los negativos. Si los atributos negativos son los más activados, la organización del autoconcepto resultará ser de tipo “integrada negativa”.

Predicciones y Evidencia Empírica del Modelo

Según el modo de organización y del diferente nivel de accesibilidad de las características descriptivas, Showers predice una serie de relaciones con la autoestima y el bienestar psicológico e interpersonal:

  • Autoconcepto compartimentalizado:
    • Si los compartimentos que se activan con mayor frecuencia son los positivos, el estado de ánimo será más positivo y la autoestima más alta.
    • Si los compartimentos que se activan con mayor frecuencia son los negativos, el estado de ánimo será más negativo y la autoestima más baja.
  • Autoconcepto integrado: la presencia conjunta de creencias positivas y negativas moderará el estado de ánimo, evitando que sea excesivamente positivo o negativo, y contribuyendo a mantener el nivel de autoestima. Este efecto ocurre porque la información positiva compensa y protege del posible impacto que puede ejercer la información negativa, presente en la misma categoría.

Estas predicciones han sido contrastadas en diversas investigaciones:

  • Estado de ánimo: se examinó en qué medida el efecto de la compartimentalización del autoconcepto sobre el estado de ánimo depresivo y la autoestima podría estar moderado por la importancia dada a los diferentes aspectos del autoconcepto. Se confirmó la hipótesis de que, a mayor importancia de los compartimentos positivos, más bajo era el estado de ánimo depresivo, y mayor el nivel de autoestima.
  • Estabilidad de la autoestima: el autoconcepto integrado se ha asociado con una autoestima más estable, mientras que el autoconcepto compartimentalizado se ha relacionado con cambios más drásticos en la autoestima dependiendo de la clase de sucesos que ocurran. Las personas con autoconcepto compartimentalizado (aunque sea positivo) pueden presentar mayor tendencia a pasar a una compartimentalización negativa, disminuyendo su autoestima. Esta inestabilidad constituye un factor de vulnerabilidad en individuos que tienen una autoestima alta pero frágil.
  • En personas con trastorno depresivo o con desórdenes en la alimentación, se ha constatado que el mantenimiento de un autoconcepto integrado resulta más ventajoso, porque se asocia con una disminución en la frecuencia y el impacto de las emociones negativas y promueve un mayor bienestar emocional, una mejor autoestima y el empleo de estrategias de afrontamiento más eficaces.

Compartimentalización Positiva, Organización Integrada y Ajuste Psicológico

En términos generales se apunta a que un autoconcepto flexible representa el mejor indicador de ajuste psicológico, tanto en circunstancias normales, como ante el afrontamiento de situaciones estresantes o traumáticas.

El autoconcepto flexible sería aquel en el que prevaleciera la compartimentalización positiva, pero que también fuera capaz de recurrir, en determinadas circunstancias, a la organización integrada. La compartimentalización positiva permite contener las características negativas dentro de categorías poco relevantes para el individuo, reduciendo o eliminando su impacto.

Por otra parte, la posibilidad de cambiar de un autoconcepto con una compartimentalización negativa a otro de tipo integrado resulta particularmente eficaz cuando los atributos negativos se hagan muy accesibles para el individuo. Esta mayor accesibilidad puede producirse, bien porque la importancia o la frecuencia de estos atributos sea muy alta, como ocurre en los casos de depresión; o bien porque esas características se hayan activado en un momento determinado a consecuencia de la presencia de un acontecimiento estresante. En estos casos, el aislamiento de las características negativas, y la minimización de su impacto a través de la organización en compartimentos separados, puede llegar a ser difícil. De ahí que sea preferible que la persona genere descriptores positivos, e integre de alguna forma los negativos.

La organización integrada del autoconcepto tiene la ventaja de ofrecer una visión más realista y equilibrada de uno mismo. Considerar en términos más globales una cualidad positiva; y contemplar de forma más específica un comportamiento negativo.

Las personas que presentan un autoconcepto integrado, de alguna forma, han aceptado el compromiso de no experimentar estados de ánimos muy positivos; a cambio de mantener una autoestima y un nivel de bienestar emocional moderados, pero relativamente estables.

A nivel de recursos cognitivos:

  • El autoconcepto con una compartimentalización positiva requiere un esfuerzo cognitivo bajo, ya que consiste en negar o minimizar los atributos negativos. (función de autoensalzamiento).
  • La organización integrada del autoconcepto implica una mayor inversión y elaboración de los recursos cognitivos. Mantener este tipo de organización, supone de ser capaz de manejar adecuadamente el afecto negativo que supone reconocer, de forma continua, aspectos personales que no son agradables. (función de protección)

Showers indica que tanto la organización del autoconcepto en compartimentos positivos, como el autoconcepto integrado, representan dos opciones válidas desde el punto de vista terapéutico.

Motivaciones relacionadas con el Autoconcepto

Las motivaciones que se relacionan con el self pretenden conseguir dos metas fundamentales:

  • Minimizar la presencia del afecto negativo tratando de promover una evaluación favorable de la imagen personal.
  • Reducir la incertidumbre que puede generar la falta de conocimiento con respecto a uno mismo, a los demás o a lo que sucede en el entorno.

Teniendo en cuenta estas dos funciones, existen diferentes tipos de motivaciones relacionadas con el self:

  • Las asociadas con emociones positivas, como las dirigidas a la búsqueda y el mantenimiento de la autoestima, a la autoafirmación, o al ensalzamiento de las características personales favorables.
  • Las encaminadas a reducir la ansiedad, la incertidumbre o la ambigüedad que pueden aparecer cuando surgen discrepancias entre las creencias que se mantiene en torno a uno mismo y la forma de comportarse, o entre las características personales actuales que contiene el autoconcepto y aquellas otras que se desearía tener. Para reducir este nivel de malestar, la persona intenta que el conocimiento que posee sobre sí misma sea lo más claro y consistente posible.

De entre los procesos motivacionales asociados con el self, son particularmente importantes: la motivación de ensalzamiento y la motivación de consistencia.

La Motivación de Autoensalzamiento   

Se refiere a la necesidad de resaltar las cualidades y los aspectos positivos de uno mismo y mantener esa valoración. Para lograr este objetivo las personas tienden a seleccionar aquella información que tenga implicaciones positivas para su autoconcepto; evitando, o tratando de disminuir, el impacto de otra que suponga una evaluación negativa del mismo.

Esta motivación se ha asociado con una mayor determinación en el logro de las metas, y con un uso más constructivo de las estrategias de autorregulación. Conseguir resultados óptimos.

Se asocia con una mayor autoestima y con niveles más altos de bienestar emocional. Estas relaciones son recíprocas, ya que las personas que poseen una alta autoestima también presentan una fuerte motivación hacia el Autoensalzamiento.

Otro indicador de autoensalzamiento es la comparación con los demás. Mediante ella es posible llegar a reconocer y valorar de manera más positiva los aspectos personales, obteniéndose una mayor satisfacción. Existen 2 tipos:

  • La comparación “hacia abajo”, a través de la cual las cualidades personales se colocan en un plano superior. O se exageran los atributos y las capacidades personales mediante la devaluación de las cualidades de los demás.
  • La comparación “hacia arriba”, mediante la cual comparamos los atributos o las circunstancias personales con las de otras personas que pensamos están mejor que nosotros.

La motivación de autoensalzamiento presenta algunos costes que es preciso señalar. Su frecuente puede generar, en el entorno social, respuestas, más que de reconocimiento, de desaprobación; ya que los individuos pueden resultar excesivamente arrogantes y poco creíbles. Además, cuando la necesidad de autoensalzamiento es alta y se obtienen resultados negativos, el grado de malestar emocional experimentado puede ser también mayor.

En paralelo se ha constatado que las personas que realmente tienen una autoestima adecuada presentan niveles de autoensalzamiento moderados; es decir, no necesitan extremar la valoración positiva de sus atributos, siendo capaces, además, de aceptar razonablemente bien sus características menos favorables.

La Motivación de Consistencia    

Se refiere a la necesidad que tienen las personas de preservar el concepto que tienen de sí mismas. Para ello tienden a seleccionar y a procesar, de forma selectiva, aquella información que perpetúa el contenido de su autoconcepto. Y buscan el tipo de evaluación que sea congruente con la visión que tienen de sí mismas, aunque dicha evaluación sea negativa.

La búsqueda de consistencia responde a la necesidad de percibir la realidad de forma coherente y predecible, y de mantener un cierto grado de seguridad sobre el posible curso de las interacciones sociales. En este sentido la visión estable acerca de uno mismo proporciona una base de coherencia, con la que poder definir y organizar las diferentes vivencias, guiar e interpretar las relaciones sociales, y predecir los acontecimientos futuros.

A mediados de los 80 pasó a llamarse “Motivación de Autoverificación”, enfatizando en buscar la confirmación de aquellos contenidos cognitivos y afectivos del autoconcepto, que estén sólida y claramente definidos.

La motivación de autoverificación actúa cuando se recibe una evaluación relevante para el autoconcepto, y se la contrasta con las creencias, crónicamente accesibles, que se tienen acerca de cómo uno es («el yo real»). Cuando estas creencias son confirmadas, se incrementa la seguridad que tiene la persona con respecto a su autoconocimiento.

Cuando las creencias resultan desconfirmadas -> puede aparecer un estado de temor, dado que la persona puede comenzar a pensar que realmente no se conoce tal como es.

Una consecuencia que, entonces, puede derivarse de esta motivación, es la distorsión que puede hacerse de la información que resulte inconsistente con los aspectos más claros del autoconcepto, para así poder integrarla mejor en él. En este caso la persona también puede optar por mostrar resistencia a la influencia de esa información externa, y mantener estable su autoconcepto.

Este tipo de motivación está estrechamente relacionada con el tipo de autoconcepto que tenga el individuo.

  • Cuando el autoconcepto sea positivo, la persona buscará y seleccionará aquella información que confirme sus creencias positivas.
  • Cuando sea negativo, elegirá aquella información que también confirme sus contenidos desfavorables. Se ha observado que las personas con un autoconcepto negativo, cuando reciben un feedback negativo, lo consideran más aceptable, más preciso y descriptivo de sí mismas que el feedback positivo, aunque les haga sentir peor. Sin embargo, si el feedback que reciben es positivo, aun siendo incongruente con su autoconcepto, hace que se sientan mejor

La motivación de autoverificación hace que las personas con una visión negativa de sí mismas busquen, desde el punto de vista cognitivo, una confirmación de esta percepción.

La motivación de autoensalzamiento, por el contrario, promovería la necesidad de recibir información que suponga una autoevaluación positiva, aunque dicha información sea incoherente con el contenido, ya que es la que genera mayor bienestar emocional.

AUTOESTIMA

Definición de la Autoestima y su relación con el Autoconcepto

El autoconcepto representa el conocimiento que tiene cada persona acerca de sí mismo, o el conjunto de creencias, esquemas o imágenes que la persona mantiene respecto a sus características, sus habilidades, los roles que desempeña, y su forma particular de actuar. ¿Quién soy yo? o ¿cómo soy yo?

También representa un objeto al que podemos valorar, y hacia el cual podemos sentir un afecto determinado (positivos o negativos). Este componente evaluativo y afectivo del autoconcepto es lo que un gran número de investigadores considera como autoestima.

Rosenberg (1979) considera la autoestima como la actitud positiva o negativa que se tiene en torno a uno mismo. Se concibe la autoestima como un constructo unidimensional, que hace referencia al grado en que cada persona se valora de forma positiva, y mantiene un sentimiento de afecto en relación consigo misma. Cuando la persona tiene una alta autoestima, siente que es valiosa, se respeta a sí misma, y se gusta y acepta tal como es.

Otros autores  (Epstein, 1999; Gecas, 1982; Harter, 1999; Mruck, 2006; Tafarodi y Swann, 1995) sostienen, que entender la autoestima exclusivamente como un sentimiento global de valía y de autoaceptación supone una visión demasiado simplista. Argumentan que una valoración extremadamente positiva acerca de las cualidades personales también puede relacionarse con aspectos o conductas perjudiciales, como el excesivo engrandecimiento de la imagen personal, el egocentrismo o el narcisismo. Por ello, consideran que la autoestima debe estar conectada también con las habilidades y acciones que realice el individuo, así como con las metas que éste alcance.

Esta orientación de la autoestima, ligada también a la capacidad efectiva de actuar en el medio, fue planteada inicialmente por James (1890), quien la definió como la relación entre los éxitos conseguidos y las pretensiones:

Autoestima = Éxitos / Pretensiones

James consideró como componentes de la autoestima: los deseos, las metas o las aspiraciones de la persona; y por otro, su propia capacidad para poder alcanzarlos o llevarlos a cabo.

En la actualidad esta concepción dual de la autoestima supone admitir la reciprocidad entre el mantenimiento de una actitud positiva hacia uno mismo, y la consecución de un adecuado nivel de competencia.

IMPORTANTE: el simple hecho de sentirse bien con respecto a uno mismo no tiene por qué reflejar una autoestima alta. El aspecto que fundamenta la autoestima es la combinación de la creencia de competencia con el sentido de valía personal (concepción bidimensional).

Branden (1969) ofrece la siguiente definición:

“La autoestima representa la convicción de que uno es competente para vivir, y valioso por estar vivo»

Medición de la Autoestima

Una gran parte de los instrumentos que miden la autoestima, lo hacen de forma directa y autoinformada; considerando la autoestima como una característica global, unidimensional y relativamente estable, la cual refleja los sentimientos positivos o negativos que tiene el individuo hacia sí mismo.

La escala de Rosenberg (1965) es el instrumento que con mayor frecuencia se ha empleado para medir la autoestima. 10 ítems, la mitad de los cuales se formula de forma positiva (1, 3, 4, 7 y 10) y la otra mitad negativa (2, 5, 6, 8 y 9).

El contenido de los ítems se refiere al grado de aceptación y respeto que siente la persona en torno a sí misma. Una puntuación alta expresa una autoestima elevada o positiva y una baja refleja una autoestima baja o negativa.

Estudios posteriores han puesto en cuestión la posible unidimensionalidad de la autoestima, tal como es medida por la escala de Rosenberg. En estas investigaciones, después de realizar diferentes análisis factoriales, se ha encontrado que los ítems de la escala, enunciados de forma positiva, se agrupan en un factor que indica una imagen positiva de uno mismo. Mientras que los ítems formulados de modo negativo lo hacen en otro factor independiente, el cual refleja una imagen sobre uno mismo desfavorable y basada en la falta de aceptación (Bidimensional).

Partiendo de este modelo bidimensional de la autoestima, Tafarodi y Swann (2001) diseñaron el inventario SLCS (The Self-Liking / Self-Competence scale). Este instrumento consta de dos escalas, compuesta cada una por 10 ítems. Una escala mide el componente de evaluación personal de competencia, a través de ítems tales como: «soy bastante efectivo en las cosas que hago», «realizo bastante bien muchas cosas» «casi siempre soy capaz de conseguir lo que intento»; mientras que la otra evalúa el componente de consideración positiva hacia uno mismo, empleando ítems como: «estoy seguro de mi valía personal», «me siento bien conmigo mismo», «nunca dudo de mi valía personal», etc. En este estudio, ambas subescalas demostraron tener una adecuada validez convergente y divergente, dando así apoyo a la idea de que la autoestima no puede ser reducible a un constructo global.

Tipos de AutoestimaAutoestima Alta o Baja

Autoestima Alta o Baja. Grado en el que los sentimientos de valía personal y autoaceptación son altos (o positivos), o bajos (o negativos).

Si analizamos el perfil psicológico que caracteriza a las personas con una alta autoestima, podemos observar que, por lo general, estas personas se sienten valiosas y a gusto consigo mismas; tienen poca dificultad en aceptar a los demás, considerándose al mismo nivel; se muestran relativamente abiertas a tener nuevas experiencias; y creen que disponen de los recursos necesarios para conseguir sus objetivos y proyectos vitales. Suelen implicarse en tareas que requieren iniciativa y perseverancia, siendo capaces de realizarlas mediante una adecuada planificación y solución de problemas.

Su estilo de presentación ante los demás se dirige a causar una buena impresión, con el fin de incrementar así su valor social. Esta estrategia implica, no obstante, el que puedan llegar a responder de una forma agresiva y antagónica cuando sienten que su valía personal está amenazada.

Desde el punto de vista de la atribución, tienden a atribuir los éxitos a causas internas, mientras que los errores o los fracasos los atribuyen a causas externas. Tono afectivo “Hedónico” (placer y bienestar).

Las personas que tienen baja autoestima, cabe preguntarse, en primer lugar, si estas personas realmente no se gustan, pudiendo llegar a sentir, incluso, un rechazo extremo hacia sí mismas. O si su baja autoestima es debida a que distorsionan la valoración que hacen de sus cualidades y capacidades, fijándose sólo en las negativas.

Tienen la necesidad de pensar sobre sí mismas de forma positiva, y de valorarse en términos favorables. Sin embargo, consideran que tienen pocas razones para hacerlo. Son menos capaces de atender y resaltar aspectos positivos. Su autoconcepto está constituido en torno a una base reducida de recursos y cualidades positivas.

Se caracterizan por la ausencia de una visión positiva. Este aspecto se refleja, especialmente, en la forma en que se describen a sí mismos; ya que, por lo general, suelen describirse de una forma difusa, empleando términos neutrales y poco comprometidos («algo simpático»). Su autoconcepto resulta así menos claro, e, internamente, menos estable y consistente. Utilizan menos el sesgo de autoensalzamiento. Cuando les sucede algo negativo, se siento más responsables de lo que lo son. Y si es positivo, consideran que está menos relacionado con sus características o su comportamiento.

Tienden a comprometerse en objetivos mal definidos, o excesivamente elevados. Cuentan con un repertorio más reducido de habilidades de afrontamiento, y utilizan, en ocasiones, estrategias que van a impedir el logro de objetivos.

Sus actuaciones están dirigidas, fundamentalmente, a proteger su autoestima antes que a ensalzarla. Una baja autoestima se ha relacionado con diversos desórdenes psicológicos y estados afectivos negativos, como la ansiedad, la depresión, la hostilidad o la alienación. También la evitación, el conflicto y el aislamiento.

Autoestima Segura y Frágil

En el marco de la “Teoría de la Auto-Determinación” (Decy y Ryan, 1995). La autoestima en función del grado de seguridad o fragilidad que posea.

Autoestima Segura:           

  • Es auténtica y verdadera, en el sentido de que los sentimientos positivos que se mantienen hacia uno mismo provienen de la expresión de valores profundos para la persona, así como de la satisfacción de sus necesidades psicológicas centrales.    
  • Es genuina. Por lo tanto, está abierta a integrar y aceptar los aspectos negativos del autoconcepto, sin que ello resulte amenazante o provoque en el individuo una reacción negativa excesiva.  
  • Es congruente con otros sentimientos que reflejan consideración positiva hacia uno mismo, pero que son implícitos o inconscientes.         
  • Es estable, su nivel fluctúa muy poco en función de las experiencias que acontecen en el día a día.   

Autoestima Frágil (también sentimientos +):

  • Es contingente, es decir, depende de un proceso constante de evaluación para ser validada. Por ejemplo, que se alcancen determinados estándares de conducta, o que se satisfagan las expectativas de los demás.
  • Es defensiva, esto es, vulnerable ante la obtención de resultados negativos, el posible rechazo de los demás, o la presencia de características personales negativas. Ello hace que la persona presente una imagen de sí misma falsamente positiva, agrandando los aspectos positivos y minimizando los negativos.
  • Es incongruente y discrepante con los sentimientos implícitos de autoestima: Conscientemente la persona tiene sentimientos positivos hacia sí misma, mientras que, de forma inconsciente, dichos sentimientos son negativos.
  • Es inestable: fluctúa con gran frecuencia e intensidad en función de la evaluación que se haga de los acontecimientos.

Autoestima Auténtica y Contingente    

En el caso de la autoestima auténtica, no es un objetivo por conseguir. Es intrínseca y con un sentimiento de aceptación y valía incondicional. “Paradoja de la Autoestima” (Quien la necesita no la tiene y quien la tiene no la necesita).

En el caso de la autoestima contingente, se produce un esfuerzo constante por conseguirla. Actúa como un mecanismo de regulación y control de la conducta. Está definida por lo externo, contingente con los éxitos o los fracasos. Se suelen construir sobre “la aprobación social” y el “éxito” (necesidad de aprobación). Puede   deberse a una negligencia o abandono emocional de una de las figuras de apego. En el caso del éxito, se fundamenta en experiencias donde el amor y la aprobación se facilitaron de forma “Condicional”. Son excesivamente críticos y emplean el logro, el estatus y la perfección como pilares en los que basar su sentimiento de valía personal. Repercute de forma negativa a medio y largo plazo en el funcionamiento psicológico y social del individuo.

Buscar y construir la autoestima a partir de factores externos, lleva a la desconexión y aislamiento de los demás, y a la falta de lazos sociales recíprocos; quedando insatisfecha la necesidad básica de interrelación.

Autoestima Genuina y Autoestima Defensiva 

Autoestima genuina. Ser capaz de exhibir cualidades positivas sin agrandarlas y de aceptar y mostrar las propias limitaciones sin que ello genere malestar o invalide los sentimientos de valía personal. Las personas con esta autoestima no están excesivamente preocupadas por la aprobación social por lo que aceptan sus errores y las posibles evaluaciones sociales negativas, sin recurrir a estrategias que protejan o ensalcen su autoestima.

Autoestima defensiva. Responden con mayor defensividad cuando perciben alguna amenaza a su autoestima, ya que no disponen de un “excedente” en su sentimiento de estima personal para apoyarse,  por lo que exageran sus cualidades positivas; actúan de forma hostil o violenta; o devalúan las conductas y características favorables de los demás Así, generan y perpetúan una dinámica con la que no logran evaluar, de forma realista y neutral, qué aspectos de su comportamiento pueden cambiar o mejorar, ni tampoco llegan a asumir (como meras limitaciones) algunas de las características negativas de su personalidad.

Autoestima Implícita o Explícita 

Un tercer aspecto que diferencia la autoestima segura de la autoestima frágil es el grado de discrepancia que exista entre la autoestima implícita y la explícita. Actualmente está recibiendo cada vez más apoyo la idea de que, en la autoestima, confluyen intuiciones, valoraciones y afectos que operan fuera del ámbito de la conciencia.

Autoestima Implícita: autoevaluaciones y sentimientos referidos a uno mismo, que se originan de manera intuitiva y automática en un plano preconsciente o inconsciente. Sistema Experiencial y Holístico. Una forma rápida y fácil para medir la autoestima implícita la proporciona “El Test de las Letras del Nombre”[1].

Autoestima Explícita: sentimientos y valoraciones que la persona tiene y hace en torno a sí misma, y que se generan de un modo consciente, racional y reflexivo. Sistema Cognitivo.

La autoestima implícita y la explícita son 2 características que no parecen ser del todo independientes, aunque el grado de correlación que se ha observado entre ellas tiende a ser moderado, oscilando en torno a 0,30. También se ha demostrado que, en una misma persona, puede haber inconsistencia entre estos dos tipos de autoestima, en el sentido de presentar cada una de ellas un nivel diferente. Estas discrepancias podrían tener su origen en los distintos modos de procesar los acontecimientos.

De las posibles formas de discrepancia, la más frecuente es: alta explícita – baja implícita. (Autoestima Frágil). Las personas que presentan este tipo se caracterizan por tener sentimientos hacia uno mismo que, siendo positivos, son a la vez vulnerables.

Autoestima Estable e Inestable  

Estable como “Rasgo”: La autoestima puede considerarse como el sentimiento global y estable del individuo acerca de su valía personal, constituyendo una variable con un estatus similar al del rasgo, manteniéndose estable a lo largo del tiempo y de las distintas situaciones.

Estable como “Estado”: Los sentimientos y valoraciones acerca de nosotros mismos pueden cambiar a través de las situaciones y los sucesos de la vida diaria, o en consonancia con los cambios que ocurran en otros procesos psicológicos. Los cambios en el nivel de autoestima son normales y adaptativos.

Inestable o Variable: Cuando los cambios en el estado de la autoestima son muy frecuentes y de gran magnitud (en intervalos muy breves, de experimentar sentimientos positivos hacia sí misma a negativos, o sufrir cambios notables en la intensidad con que se experimentan los sentimientos positivos y los negativos).

La inestabilidad de la autoestima se encuentra tanto en personas con alta como con baja autoestima, siendo sus efectos diferentes en cada uno de los casos:

  • Autoestima alta – inestable, la persona intentará que los sentimientos hacia sí misma sean lo más positivo posibles y duraderos; resultando amenazador la posibilidad de que aparezcan sentimientos negativos. Para lograrlo, reaccionará a los acontecimientos de forma excesiva: ante acontecimientos positivos con significado de éxito personal, exagerará las implicaciones favorables que estos poseen y ante acontecimientos negativos, que la persona considere que cuestionan su autoconcepto, su respuesta puede ser muy agresiva y defensiva para protegerlo.
  • Autoestima alta – estable: para las cuales las reducciones momentáneas de autoestima no resultan una amenaza. Su forma de reaccionar ante acontecimientos es moderada y neutral ya que experimentan de forma constante sentimientos positivos y de seguridad hacia sí mismas.

Cuando el nivel de autoestima es bajo, los efectos de la estabilidad son más negativos que si  se  da una autoestima baja pero inestable: las personas con una autoestima baja y estable, tienen  pocos  sentimientos positivos hacia sí mismas por lo que, ante situaciones de amenaza o daño a su autoestima, responden de forma más desadaptativa, generalizando las consecuencias negativas de sus errores e infravalorándolos más; de ahí que sean más proclives a experimentar sensaciones de incompetencia e indefensión.

Las personas con una autoestima baja – inestable, presentan  una mayor resistencia ante los acontecimientos negativos y se excusan más ante los errores; así, reducen su impacto y generalizan menos las consecuencias desfavorables.

RESUMEN

El autoconcepto está representado por el conocimiento que la persona tiene con respecto a sí misma; es decir, por el conjunto de creencias, percepciones, pensamientos y evaluaciones a los que recurre para describir sus características personales. El autoconcepto no constituye, únicamente, una estructura de conocimiento fija e impermeable a los cambios y experiencias de la persona. Como hemos visto, los contenidos del autoconcepto se articulan también de forma flexible y dinámica, dando lugar a una diversidad de representaciones contextualizadas de las características y atributos personales. Desde esta perspectiva, por lo tanto, es posible hablar de múltiples «yoes», dependiendo de la situación específica con la que cada uno de ellos se conecte.

La motivación de autoensalzamiento consiste en la exaltación de las cualidades positivas del autoconcepto, y en la minimización de las negativas, para conseguir así un mayor éxito en las interacciones sociales y en los objetivos planteados, a pesar del riesgo que comporta. La motivación de consistencia, o de autoverificación, en cambio, se refiere a la necesidad que tienen las personas por perpetuar el contenido de su autoconcepto, seleccionando para ello aquella información que sea congruente con la visión que tienen de sí mismas.

la autoestima es la valoración global y el sentimiento que cada persona hace y tiene en relación consigo misma. Esta definición de autoestima es la más comúnmente aceptada, si bien algunos autores sostienen que los sentimientos positivos hacia uno mismo deben estar fundamentados en la competencia que exhiba el individuo en sus actuaciones. De esta forma la autoestima incluiría dos componentes: uno más evaluativo y afectivo, referido a la propia sensación de valía; y otro centrado en la capacidad para actuar en beneficio de uno mismo y de los demás.

Un aspecto importante que se pone de manifiesto en el estudio actual de la autoestima, es que una autoestima alta o positiva no siempre se asocia con un mejor ajuste psicológico y social; ya que este tipo de autoestima, a veces, puede estar encubriendo también una visión más negativa y vulnerable de uno mismo. Por ello se han propuesto otros criterios para clasificar la autoestima, y poder llegar a determinar mejor cuál es y en qué consiste una autoestima sana. Se habla entonces de la autoestima segura frente a la autoestima frágil. La autoestima segura es aquella que se caracteriza por el mantenimiento de sentimientos positivos hacia uno mismo, los cuales no dependen de fuentes de validación externas al individuo, sino que se generan de forma intrínseca. Es genuina, ya que admite y acepta la existencia de los aspectos negativos; y congruente, es decir, tanto a nivel consciente como inconsciente, la persona se siente valiosa y querida por sí misma. Por último, la autoestima segura presenta también un nivel elevado de estabilidad, fluctuando relativamente poco ante las experiencias cotidianas o los sucesos vitales que se produzcan en la vida de la persona.

GLOSARIO

  • Autoconcepto. Estructura mental compleja que engloba el conjunto de creencias y atributos con los que una persona se describe a sí misma, bien de forma global, o bien relacionándolos con situaciones y roles determinados.
  • Autoestima. Sentimiento y actitud que mantiene una persona respecto de sí misma. Ambos elementos se fundamentan en el grado de aceptación incondicional que tenga la persona de sí misma, así como en la consideración de verse capaz de conseguir objetivos personales significativos. Una clasificación actual de la autoestima es la que se basa en la dimensión de seguridad vs. fragilidad.
  • Complejidad. Forma de organizar el contenido del autoconcepto en múltiples facetas las cuales, a su vez, están claramente diferenciadas unas de otras, habiendo independencia conceptual entre ellas. Este modo de organización del autoconcepto fue propuesto por Linville.
  • Esquema. Representación mental de naturaleza cognitivo-afectiva que hace referencia a los aspectos más centrales y relevantes del autoconcepto de la persona.
  • Motivación de consistencia. Necesidad de seleccionar y procesar aquella información que es congruente con el contenido y la valoración personal del autoconcepto. Una reformulación de este tipo de motivación es la motivación de autoverificación, la cual consiste en la búsqueda de la información que confirme los contenidos del autoconcepto que estén claramente definidos.
  • Motivación de ensalzamiento. Necesidad de atender, procesar y mantener la información que enfatiza los aspectos positivos de uno mismo. Esta motivación también alude a la necesidad de percibirse de una forma más favorable en comparación con la manera con la que se valora a los demás.
  • Organización evaluativa compartimentalizada. Forma de organizar el contenido del autoconcepto en categorías separadas, teniendo en cuenta el tipo de valoración que se haga de dicho contenido. Cuando la valoración que se realiza es positiva, se generan dentro del autoconcepto compartimentos positivos. Si por el contrario la valoración del contenido del autoconcepto es negativa, se crean compartimentos negativos.
  • Organización evaluativa integrada. Forma de organizar el contenido del autoconcepto a partir de categorías en las que la información contenida es valorada, simultáneamente, de forma positiva y negativa.

REFERENCIAS.

  • Resumen Jovana RN (2017-18)
  • Resumen NESS Uned (2015-16)
  • Bermúdez Moreno, J., & e-libro, C. (2011). Psicología de la personalidad (1® ed.). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.
  • UNED aLF

[1] Test de las letras del nombre (Greenwald y Banaji, 1995; Koole, Dijksterhuis y van Knippenberg, 2001; Nuttin, 1985). Esta prueba consiste en presentar a la persona de forma aleatoria las letras del alfabeto, pidiéndola que indique en qué medida le agrada cada una de ellas. La medición de la autoestima implícita viene determinada por la preferencia que tienen las personas a evaluar de forma favorable las letras que componen su nombre, siendo este sesgo positivo más pronunciado en el caso de la letra inicial. Es decir, el juicio sobre un atributo, en este caso la inicial y el resto de letras incluidas en el nombre, parece estar influido por la evaluación que se hace de un objeto que, en ese momento, resulta aparentemente irrelevante. Dicho objeto lo constituye la representación inconsciente que se tiene acerca de lo que uno es y de cómo se es.

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