LA NEUROPSICOLOGÍA INFANTIL HOY. UNA CIENCIA BIOPSICOSOCIAL

El objetivo de la neuropsicología infantil es estudiar las relaciones existentes entre el desarrollo del cerebro y la emergencia y maduración de las funciones superiores. Por tanto, el desarrollo de la disciplina ha estado ligado los avances conceptuales de la neurociencia y la psicología. Para poder investigar las alteraciones del desarrollo neurológico, es imprescindible conocer la evolución ontogenética del sistema nervioso y los cambios que se producen en éste ante la aparición de un daño cerebral temprano. La tomografía computerizada (TC), la resonancia magnética (RM) estructural y funcional o la tractografía han facilitado datos acerca de la génesis de las diferentes estructuras cerebrales, del entramado de sus conexiones y de las modificaciones que aparecen al darse anomalías en la migración, la mielinización o la conectividad entre sus distintas regiones. Han permitido visualizar mecanismos de plasticidad, patrón de reorganización tras una lesión cerebral temprana y han confirmado el papel relevante del ambiente.

Como decía Vigotsky, hay que transcender el sustrato biológico y estudiar su relación con el medio ambiente. En la maduración de cualquier función cognitiva, emocional o comportamental tiene una influencia decisiva el contexto con el que el sistema nervioso tiene que interaccionar desde etapas prenatales. Conocer los principios de aprendizaje ha sido fundamental para comprender las leyes por las que se rige el comportamiento humano, así como para diseñar técnicas de tratamiento que modifiquen las alteraciones de la conducta. También disociar la memoria en sus componentes ha resultado crucial para comprender la organización cerebral de acuerdo con subsistemas especializados, que pueden verse afectados de manera diferencial tras una lesión.

Conocer los principios del aprendizaje, p.ej., ha sido fundamental para entender las leyes por las que se rige el comportamiento humano, así como para diseñar técnicas de tratamiento que modulen y modifiquen las alteraciones de la conducta, tan frecuentes en niños con trastornos del neurodesarrollo. Especialmente significativo ha sido entender el complejo entramado de las funciones ejecutivas en el proceso de adaptación del individuo a su entorno y en la interacción con otros individuos del grupo, lo que hoy se conoce como neurociencia social.

Las investigaciones con neuroimagen dentro de la neurociencia social han puesto de manifiesto la existencia de una intrincada red de conexiones entre diferentes estructuras cerebrales que median el comportamiento social, entre las que se encuentran regiones del lóbulo temporal, la circunvolución cingular, la amígdala, la ínsula y el lóbulo prefrontal, en particular la región orbitaria. Unas tendrán un desarrollo temprano, mientras que otras maduran más lentamente a lo largo de la ontogénesis. Todas estas estructuras aparecen alteradas en niños con trastornos del espectro autista y otros trastornos del neurodesarrollo.

Desde los 2 días de vida, el neonato muestra una preferencia por el movimiento biológico frente a cualquier otro tipo de movimiento, una actividad que ya aparece mermada en niños con trastornos del espectro autista (Simion et al., 2008). En esos primeros días de vida también se observa una atención especial dirigida a regiones faciales específicas (frente, ojos, etc.). La especialización cerebral para caras es bastante evidente a partir de los 3 meses y a lo largo de toda la vida. Los niños con trastornos del espectro autista presentan dificultades para mantener la atención sobre el rostro desde los 6 meses de vida, que se prolongan durante todo el desarrollo. Si a los problemas para mantener el contacto ocular y analizar las características de las caras de sus interlocutores se les suman los déficits en comunicación, que son requisitos básicos para percibir y compartir señales sociales, es fácil entender que no aparezcan funciones sociales de orden superior como las que configuran la teoría de la mente. Estos rasgos son típicos no sólo de la población afectada; también los muestran algunos padres y hermanos de niños con trastornos del espectro autista, lo que se conoce como fenotipo autista ampliado.


Los datos actuales muestran que los circuitos cerebrales que median el comportamiento social no están lesionados en niños autistas; únicamente poseen conexiones diferentes (McPartland y Pelphrey, 2012). La detección precoz de estas dificultades y la intervención temprana pueden mejorar las habilidades sociales, induciendo actividad compensatoria y reorganización en estos circuitos.

¿Se está considerando como trastorno una manera diferente de procesar el mundo?. Los niños con alteraciones en el desarrollo tienen sistemas nerviosos con una configuración distinta al patrón normal, el problema es que con frecuencia esas características peculiares los aíslan del grupo (generan rechazo social). El rechazo del grupo puede comportar pérdida de autoestima y sufrimiento. Un tipo de sufrimiento que está mediado por las mismas estructuras que las que procesan el dolor físico (Bernhardt y Sínger, 2012). Claro, es mucho más fácil tratar a un niño autista que educar a todos los niños en la aceptación de las diferencias, de paso hacemos caja tratando a los los niños que son diferentes

A partir de 1960 se abandonó la concepción psicoanalítica del autismo (trastorno emocional subyacente) y se consideró que el origen se encontraba en dificultades para aprender del mismo modo como lo hacen los niños neurotípicos, iniciándose así una nueva filosofía basada en trabajar sobre las potencialidades de los niños mediante actividades lúdicas y favorecer sus aprendizajes en un entorno familiar y escolar. Cobró bastante relevancia la inclusión social. En definitiva, para comprender a los niños con trastornos del desarrollo hay que conocer las anomalías que presenta su sistema nervioso (neurociencia), los procesos que resultarán afectados (psicología/neurociencia cognitiva) y las repercusiones que se percibirán sobre el comportamiento particular del individuo y en sus interacciones con los otros (neurociencia social).

Una ciencia biopsicosocial

  • Para entender las alteraciones del desarrollo resulta imprescindible conocer:
    • La evolución ontogenética del sistema nervioso, en particular del cerebro.
    • Los cambios que se producen en el curso de la evolución tras la aparición de un daño cerebral temprano.
  • Con la neuroimagen (TAC, RMN estructural y funcional, Tractografía):
    • Se han podido visualizar los mecanismos de plasticidad y el patrón de reorganización del cerebro tras la lesión.
    • Se ha confirmado el papel tan relevante del medio ambiente y la experiencia en la configuración final del sistema nervioso y de su actividad funcional.
  • Para comprender las funciones superiores hay que estudiarlas en su relación con el medio en el que se desenvuelve el individuo.
  • En la maduración de las funciones cognitivas, emocionales o comportamentales tiene una influencia decisiva el contexto con el que el sistema nervioso tiene que interaccionar desde etapas prenatales.
  • La neuroimagen dentro de la neurociencia social ha descrito una red de conexiones entre estructuras cerebrales que median el comportamiento social.
  • Desde los 2 días de vida el neonato muestra preferencia por el movimiento biológico, y una atención especial a regiones faciales específicas (frente y ojos).
  • El reconocimiento de caras se relaciona con las cirvunvoluciones fusiforme y temporal superior, evidente a partir de los 3 meses de vida.
  • Las funciones de regulación emocional requieren más tiempo, hasta que se configuran las áreas prefrontales y el cíngulo.
  • Los niños con Trastorno del Espectro Autista:
    • Presentan dificultades para mantener la atención sobre el rostro desde los 6 meses de vida.
    • Sus circuitos cerebrales que median el comportamiento social no están lesionados, sino que poseen conexiones diferentes.
    • Presentan un procesamiento menos eficiente de la información social.
    • La intervención temprana puede reorganizar estos circuitos.
  • Para comprender a los niños con trastornos del desarrollo hay que conocer:
    • Las anomalías del sistema nervioso (neurociencia). BIO
    • Los procesos que resultarán afectados (psicología/neurociencia cognitiva). PSICO
    • Las repercusiones que se percibirán sobre el comportamiento particular del individuo y en relación con sus interacciones sociales (neurociencia social). SOCIAL


Referencias

  • Arnedo Montoro, M. (2018). Neuropsicología del desarrollo. Madrid: Médica Panamericana.
  • Apuntes Alicia Ferrer
  • Apuntes Jovana RN
  • YouTube

Deja un comentario

Ir al contenido