PERSPECTIVA SEMÁNTICA Y PRAGMÁTICA

Al comprender una oración, la segmentamos en sus componentes gramaticales y utilizamos las anáforas y conectores para establecer vínculos entre segmentos o cláusulas de una oración. Aunque muchos investigadores han intentado abordar el procesamiento gramatical de forma aséptica, como si se tratase de un proceso independiente del significado, hemos visto que no siempre lo lograron. Nuestro conocimiento del mundo influye en algún momento en la segmentación sintáctica y el procesamiento de anáforas y conectores también requiere a veces que apliquemos inferencias basadas en ese mismo conocimiento del mundo.

Más allá de las palabras: significado corpóreo

Un tema fundamental de la psicología del lenguaje es el de la representación del significado y debemos llamar la atención sobre algunos aspectos relacionados con el significado en el nivel de oraciones:

  • El significado es referencial: no sólo representamos las palabras y las oraciones sino que también elaboramos un modelo de la situación al que aquellas se refieren.
  • En algunos casos las oraciones se refieren a situaciones concretas, como experiencias visuales («el ordenador está sobre la silla»), auditivas («Marta escucha una salsa»), motoras («Luis lanzó la pelota»), olfativas («notó el olor de los pinos») o emocionales («Marta vio morir a su perro fiel»).
  • Algunas investigaciones sugieren que la comprensión de estos tipos de oraciones moviliza representaciones corpóreas, es decir, que incluyen aspectos visuales, motores, etc., de la situación. Como consecuencia de estas investigaciones, las teorías corpóreas consideran que la comprensión de oraciones implica simulaciones sensoriomotoras de los eventos, y estas simulaciones constituyen un aspecto fundamental del significado lingüístico.
La comprensión de oraciones que describen objetos activa representaciones visuales.
fig8 06 PERSPECTIVA SEMÁNTICA Y PRAGMÁTICA
El dibujo de un águila con las alas abiertas se verificaba más deprisa en el contexto [19a] que en [19b], mientras que un águila con las alas plegadas se verificaba más rápido en [19d] que en [19c] (Zwaan, Stanfield y Yaxley, 2002).
Stanfield y Zwaan (2001). En su estudio se presentaban oraciones del tipo «Juan metió el lápiz en el cajón» o bien «Juan metió el lápiz en el vaso» y, a continuación, el dibujo de un lápiz en posición horizontal o en posición vertical. La verificación oración-dibujo fue más rápida cuando la orientación de éste era coincidente con el significado de la oración («lápiz en el cajón» y dibujo de lápiz horizontal, o «lápiz en el vaso» y dibujo del lápiz vertical) que cuando no lo era («lápiz en el vaso» y dibujo horizontal, o «lápiz en el cajón» y dibujo vertical). Igualmente, cuando se presentaron oraciones que incluían objetos que pueden tener diferentes formas dependiendo de su estado, se observó un efecto análogo de coincidencia en el paradigma de verificación oración-dibujo.

Estos estudios indican que, en la comprensión de oraciones, los individuos activan imágenes visuales, que incluyen la orientación espacial, la posición y la forma de los objetos. En el paradigma experimental básico se presenta a los participantes una oración seguida de un dibujo, con instrucciones de indicar rápidamente si el objeto del dibujo se mencionó en la oración.

La comprensión de oraciones referidas a acciones activa representaciones motoras.
Glenberg y Kaschak (2002). Desarrollan el paradigma de compatibilidad oración-acción (COA). Presentaban a los participantes oraciones que describían un movimiento de transferencia hacia sí mismo («Raúl te entregó la pizza») o hacia otro («tú le entregaste la pizza a Raúl»). También había oraciones de relleno absurdas («Mónica te cantó un reloj)» necesarias para la tarea. Esta consistía en que los participantes debían juzgar en cada oración si tenía sentido o no. La mitad de los participantes respondían «sí» moviendo una palanca hacia delante, y la otra mitad respondía «sí» moviendo la palanca hacia atrás. Las respuestas «sí» fueron más rápidas en las condiciones en que la dirección del movimiento motor y la dirección de la transferencia coincidían («transferencia hacia otro-movimiento adelante» y «transferencia hacia sí mismo-movimiento atrás»), que en caso contrario («transferencia hacia otro-movimiento atrás» y «transferencia hacia sí mismo-movimiento adelante»). Curiosamente, los efectos de compatibilidad oración-acción existieron también en las oraciones abstractas, es decir aquellas que mencionaban transferencias no de objetos físicos, sino de información; por ejemplo, «tú le contaste a Luisa la historia» o «Juan te explicó la lección». Esto supone que algunos conceptos abstractos también tienen un componente motor, pero, por otra parte, también sugiere que la representación motora subyacente es muy genérica: un movimiento del cuerpo hacia delante o hacia atrás, sin especificar qué efectores concretos intervienen.
Tettamanti et al. (2005) Registraron la actividad cerebral de un grupo de participantes mediante dicha técnica mientras escuchaban oraciones relativas a movimientos de la boca («muerdo una manzana»), de las manos («cojo un cuchillo») o de las piernas («doy una patada al balón»). Como condición de control se utilizaron oraciones con contenido abstracto («aprecio la sinceridad»). Los resultados mostraron que una región específica de la corteza frontal inferior izquierda (pars opercularis u opérculo central) se activaba en todas las oraciones con verbos de acción, pero no en las oraciones abstractas. Esta región, que pertenece al área de Broca, se ha relacionado con la planificación y observación de acciones motoras. Pero, además, las oraciones con verbos de movimiento de la boca, las manos o las piernas activaban otras áreas específicas de la corteza motora, relacionadas con la ejecución de los movimientos correspondientes. Estos resultados sugieren que estas oraciones activan una representación relativamente abstracta de las acciones (pars opercularis), pero también activan en cierta medida programas motores específicos. Más aun, en la comprensión del lenguaje de acción podrían estar implicadas las denominadas neuronas espejo.
Zwaan y Taylor (2006). Empleando el paradigma COA, utilizaron oraciones referidas a acciones que implican un giro de la mano hacia la derecha («Luis está afilando el lápiz») o hacia la izquierda («Claudia bajó el volumen de la radio»). Al igual que en el estudio anterior, había también oraciones de relleno absurdas. Los participantes escuchaban estas oraciones y juzgaban si tenían o no sentido, girando un botón a la derecha o a la izquierda. De nuevo observaron que las respuestas «sí» fueron más rápidas cuando la dirección de giro coincidía con la de la acción descrita, que en el caso contrario.
Vega, Moreno y Castillo (2013). En una investigación desarrollada por el procedimiento experimental difería algo del estándar:
La pelota de tenis se la lancé al contrario sóbrela… [a]
La pelota de tenis me la lanzó el contrario sóbrela… [b]
Los participantes leían oraciones incompletas de transferencia hacia otro [a] o hacia sí mismo [b], presentadas palabra a palabra automáticamente. Cuando aparecía el verbo de transferencia («lancé» o «lanzó»), tras un intervalo corto (200 ms) o largo (350 ms), se presentaba un indicio visual sobre la acción motora que debían ejecutar. Los resultados sobre la respuesta motora dependieron del momento en que se les presentaba el indicio de ejecución. Cuando éste ocurría 200 ms después de la aparición del verbo, se producía más interferencia (respuesta más lenta) en las condiciones de compatibilidad significado-acción («transferencia adelante-acción adelante» y «transferencia atrás-acción atrás») que en las condiciones de incompatibilidad. Esto sugiere que en los momentos iniciales la simulación del significado de las oraciones de transferencia y la ejecución casi al mismo tiempo de una acción similar compiten por los mismos recursos neuronales del sistema motor. En cambio, si el movimiento tardaba más en iniciarse (indicio visual a los 350 ms), se producía facilitación en las condiciones de compatibilidad, sugiriendo que después de la representación motora inicial se producía un priming semántico en las condiciones compatibles.

La comprensión de oraciones referidas a acciones activa representaciones motoras. Un modo de comprobar si el lenguaje de acción implica procesos motores es utilizar paradigmas de doble tarea, también denominados de compatibilidad oración-acción (COA), en los cuales los participantes deben comprender oraciones referidas a acciones, al mismo tiempo que realizan ellos mismos una acción motora, que es similar (compatible) o diferente (incompatible) con la mencionada en la oración. La lógica de este procedimiento es que si existe interacción (facilitación o bien interferencia) entre el significado de la oración y la ejecución de la acción, ello indicaría que ambos comparten procesos motores.

En general, los estudios de COA muestran un efecto de facilitación entre significado y acción cuando ambos implican acciones similares o compatibles. Sin embargo, éste no es siempre el
caso (investigación Vega, Moreno y Castillo). Las investigaciones con técnicas de neurociencia, especialmente las imágenes de resonancia magnética funcional (RMf), han mostrado que la comprensión de oraciones de acción activa regiones de la corteza motora y premotora que son específicas del tipo de acción mencionada.

La comprensión de oraciones activa expresiones faciales.
Havas, Glenberg y Rinck (2007). En su experimento, presentaron a los participantes oraciones relativas a eventos de valencia positiva (p. ej., «tú y tu pareja os abrazáis después de una larga separación») o de valencia negativa (p. ej., «el coche de la policía te sigue a gran velocidad haciendo sonar la sirena»). La tarea de los participantes era juzgar cada oración como agradable o desagradable, apretando una de las dos teclas asignadas. La mitad de los participantes debía mantener durante el experimento un lápiz entre los dientes. La manipulación de la expresión facial era encubierta, ya que a los participantes se les indicaba que la finalidad de mantener el lápiz era evitar la articulación vocal. Los tiempos de respuesta agradable/ desagradable claramente indican un efecto de compatibilidad. La expresión de preocupación (lápiz en los labios) produce una respuesta más lenta para los contenidos agradables que la sonrisa (lápiz en los dientes), y la pauta se invierte para los contenidos desagradables. Los autores argumentan que durante la comprensión de oraciones los lectores simulan la emoción implícita, empleando los mecanismos cerebrales correspondientes, que incluyen la expresión facial apropiada. Cuando la expresión forzada en el experimento es de valencia diferente a la de la oración, se obstaculiza la simulación emocional y se produce dificultad de comprensión.
Havas et al. (2010). Quizá la demostración más convincente de que las expresiones faciales tienen un papel funcional en la comprensión de oraciones emocionales. En él experimento participaron mujeres que recibían un tratamiento antiarrugas en una clínica cosmética. El tratamiento consistió en la inyección subcutánea de toxina botulínica, paralizante, en los músculos del entrecejo. El experimento se desarrolló en dos sesiones: una antes del tratamiento y otra después. En cada sesión las participantes leyeron oraciones relativas a situaciones de ira (p. ej., «harto de discutir con aquel cabezota intolerante, te fuiste dando un portazo»), situaciones de pena (p. ej., «contuviste tus lágrimas al entrar en la sala del funeral») o situaciones alegres (p. ej., «subes corriendo las escaleras del apartamento de tu amor»). Se registraron los tiempos de lectura como variable dependiente y se comprobó que la velocidad lectora de las oraciones alegres no había variado entre ambas sesiones. Sin embargo, la lectura fue más lenta tras el tratamiento con toxina botulínica tanto en las oraciones tristes como en las de enfado. Es decir, la parálisis de los músculos del entrecejo, que intervienen en la expresión de emociones negativas como enfado y pena, dificulta la comprensión de oraciones que implican dichas emociones, sugiriendo que la simulación emocional es necesaria para la comprensión.

La comprensión de oraciones activa expresiones faciales. Un aspecto importante del lenguaje humano es que puede describir emociones, más aun, también puede provocarlas. Pensemos, por ejemplo, en el impacto emocional que puede tener en el oyente una expresión de halago, un insulto o una mala noticia. Algunos investigadores han tratado de valorar si la comprensión de oraciones activa procesos emocionales, fijándose en una de sus manifestaciones fisiológicas: las expresiones faciales.

fig8 08 PERSPECTIVA SEMÁNTICA Y PRAGMÁTICA
Influencia de la expresión facial al comprender oraciones de contenido emocional. Los lectores mantenian un láìz entre los labios o entre los dientes, forzando una expresión preocupada o alegre, respectivamente. La forma de sostener el lápiz influyó sobre los tiempos de respuesta en juicios sobre oraciones de valencia agradable o desagradable, como se aprecia en el gráfico. Tomado de Havas et al. (2007)

Más allá del lenguaje literal: las metáforas

Lakoff y Johnson (1980). Las metáforas son conceptuales, y las nociones abstractas de triunfo y fracaso pertenecen al mismo sistema metafórico arriba-abajo, incluso aunque las expresamos literalmente.
Lakoff y Johnson (1980). Publican Metaphors we Uve by, que tuvo gran impacto en la comprensión e investigación de las metáforas, y donde proponen que las metáforas no son únicamente modos de hablar, sino más bien modos de pensar.
Santiago, Lupiáñez, Pérez y Funes (2007). Estos investigadores presentaron verbos en la pantalla del ordenador a los participantes, quienes debían juzgar rápidamente si estaban en pasado o en futuro. Algunos participantes debían responder «pasado» apretando la tecla izquierda, y «futuro» apretando la tecla derecha, pero a otros participantes se les asignaba las teclas de respuesta a la inversa: pasado = tecla derecha y futuro = tecla izquierda. Estos últimos respondieron más lentamente que los primeros, lo cual sugiere que, metafóricamente, el tiempo también fluye de izquierda a derecha.
Sell y Kaschak (2010). Utilizaron un paradigma COA para comprobar si la conceptualización metafórica «tiempo como espacio» tiene realmente un carácter corpóreo. Los participantes leían oraciones, que describían un salto temporal hacia el futuro [a] o bien hacia el pasado [b] y debían juzgar si eran coherentes o no. Como de costumbre, algunos participantes respondían «sí» con un movimiento hacia delante y otros respondían «sí» con un movimiento hacia atrás para apretar una determinada tecla.
Carol está yendo a clase de pintura. El próximo mes estudiará el uso de los pinceles.[a]
Carol está yendo a clase de pintura. El mes pasado estudió el uso de los pinceles. [b]


Como se esperaba, los participantes que respondían moviendo el dedo hacia delante para indicar «sí» fueron más rápidos al juzgar las oraciones de tipo [a], y los que respondían «sí» moviendo el dedo hacia atrás lo fueron en las oraciones de tipo [b]. Es decir, el tiempo fluye de atrás hacia delante, en un sentido corpóreo muy concreto.
Santana y de Vega (2011). Utilizaron un procedimiento tipo COA, en una tarea de comprensión de metáforas orientacionales. Los participantes leían frases de tres tipos:
1.- Literales espaciales:
La gran hélice hizo elevarse el helicóptero.
El peso del lastre hizo descender al buzo.
2.- Metáforas espaciales:
Su talento le hizo alzarse con la victoria.
Su divorcio le hizo caer en la depresión.
3.- Abstractas no espaciales:
Su entusiasmo le hizo triunfar en la profesión.
Las discusiones hicieron fracasar su matrimonio.


Las palabras de cada frase se presentaban de una en una automáticamente en el centro de la pantalla; cuando llegaba el verbo de la oración, los participantes recibían un indicio de movimiento hacia arriba o hacia abajo, y debían mover lo más rápidamente posible la mano enla dirección indicada, para apretar la tecla asignada en la parte superior o inferior de un tablero situado verticalmente. Los resultados indicaron respuestas más rápidas en las condiciones de compatibilidad que en las de incompatibilidad, tanto en las oraciones literales como en las metáforas. Más notable, incluso, fue que las frases totalmente abstractas interactuaban del mismo modo con el movimiento vertical de la mano.

Las metáforas son expresiones semánticamente híbridas: por lo general se refieren a ideas abstractas, pero utilizan para ello palabras concretas. Las metáforas son literalmente falsas y quizás, estas «inexactitudes» provocaron la mala prensa que las metáforas han tenido durante mucho tiempo entre los filósofos, los lingüistas y los psicólogos. Tradicionalmente han sido consideradas como expresiones «bonitas» más propias de poetas que de científicos, y de interés marginal para la psicología y la lingüística: una especie de aberraciones semánticas, muy inferiores a las expresiones literales. Sin embargo, ha cambiado radicalmente en los últimos 30 años, y el estudio cognitivo de la metáfora se ha convertido en un campo boyante de investigación, abordado por psicólogos, lingüistas, neurocientíficos y expertos en computación. Varios hechos destacables han contribuido a esta rehabilitación de la metáfora como objeto de estudio:

  • Las metáforas son muy frecuentes. Las empleamos continuamente en la vida diaria, por lo que deben tener una funcionalidad psicológica importante. Se ha calculado que usamos 5 o 6 metáforas por minuto de conversación. Las denominadas metáforas muertas, pasan inadvertidas ya que al estar muy arraigadas en nuestros hábitos lingüísticos que no producen ninguna “tensión metafórica”. P. ej., las metáforas de temperatura empleadas para describir las relaciones entre las personas son tan comunes que no producen ninguna sorpresa. Sólo cuando oímos o producimos metáforas vivas o nuevas, como las que suelen utilizar los grandes poetas, tenemos la impresión de disonancia semántica o tensión metafórica que contribuye seguramente a la impresión estética.
  • Las metáforas son herramientas de colonización cognitiva. Los lingüistas cognitivos Lakoff y Johnson (1980) proponen que las metáforas no son únicamente modos de hablar, sino más bien modos de pensar. Nuestro sistema conceptual se organiza de modo metafórico. Así las metáforas orientacionales forman un rico sistema conceptual organizado en torno a las dimensiones del espacio. Por ejemplo, se sitúan metaforicamente en el polo de “arriba” de la dimensión vertical, nociones abstractas como el bien, la virtud, la alegría, la conciencia, la salud, la riqueza, el alto estatus, el poder, etc. Sitúan metaforicamente en el polo de “abajo” de la dimensión vertical, las nociones opuestas, el mal, el vicio, la tristeza, la inconsciencia, la enfermedad, la pobreza, el bajo estatus etc. De este modo se produce una auténtica colonización cognitiva, al mapear un dominio de conocimiento abstracto e intangible en una dimensión física como es la dimensión vertical.
ArribaAbajo
Mi espíritu se eleva con el fútbol.Cayó en un pesado sopor.
La victoria del Barça me ha subido la moral.Con tu conducta estás cayendo muy bajo.
Los jugadores del Barça se han subido el salario. Los jugadores del Barça se han bajado el salario.
Ejemplos de matáforas orientacionales en la dimensión vertical.
  • Las metáforas pueden ser generativas. Es decir, pueden guiar nuestro comportamiento. Cuando decimos o pensamos que “el tiempo es oro”, no se trata de una figura retórica sin mayores consecuencias. Tendemos a emplear nuestro tiempo de forma análoga a como usamos un recurso material escaso y valioso. En ocasiones, el efecto generativo de las metáforas puede ser incluso dramático. Los sentimientos y las conductas hostiles hacia las minorías se alimentan a veces de metáforas como “los miembros de la comunidad X son auténticos parasitos”.
Nubiola

En los últimos años se han desarrollado diversas teorías cognitivas y computacionales sobre la comprensión de las metáforas. La idea que subyace a estos estudios es que las metáforas no son convenciones lingüísticas arbitrarias sino que, en algunos casos, su significado metafórico activa realmente procesos corpóreos.

fig8 09 PERSPECTIVA SEMÁNTICA Y PRAGMÁTICA
Tiempo de reacción en las respuestas del tipo de oración (literal, metáfora o abstracta), la dirección asociada al significado de la oración (arriba/abajo) y la dirección del movimento (arriba/abajo). Tomado de Santana y de Vega (2011).

No sólo la dimensión vertical es un organizador de metáforas conceptuales, también las dimensiones horizontales lo son. Así, tendemos a representar el futuro situado delante y el pasado situado detrás, al menos en castellano y en otras lenguas indoeuropeas. Los dos tipos de metáforas temporales son, probablemente, de origen muy distinto. Representarse el tiempo fluyendo de atrás adelante quizá tenga que ver con la dirección de la marcha: las metas no alcanzadas (futuras) suelen estar delante, y las metas superadas (pasadas) suelen quedar detrás. En cambio, situar el pasado a la izquierda y el futuro a la derecha parece más bien fruto de un artefacto cultural: leemos y escribimos de izquierda a derecha. De hecho, los árabes y los hebreos se representan el flujo del tiempo de derecha a izquierda, dadas las características de su sistema de escritura. Otra diferencia sustancial es que se han acuñado expresiones lingüísticas para la metáfora del tiempo como fluyendo de atrás adelante, mientras que no existen tales expresiones para el tiempo como fluyendo de izquierda a derecha. En ambos casos tenemos una conceptualización metafórica del tiempo como espacio, pero sólo en el primero la conceptualización penetra el sistema lingüístico produciendo oraciones metafóricas. Así, decimos «más adelante haré la tesis doctoral» o «atrás quedan los años de mi niñez», pero nadie dice «más a la derecha haré la tesis doctoral» ni «a la izquierda quedan los años de mi niñez».

Más allá de los hechos: oraciones negativas y contrafactuales

Los seres humanos somos una especie «mentalista», y por ello estamos motivados y capacitados para expresar diversos estados de irrealidad, la propia lengua dispone de recursos sintácticos y morfológicos para expresar estos estados, tal es el caso de las oraciones negativas y contrafactuales.

La oración afirmativa «la monarquia es una institución antidemocratica» es verdadera, mientra que su negación «la monarquia no es una institución antidemocratica» es falsa. A la inversa, la afirmación «Felipe VI no ha heredado la jefatura del estado español» es falsa, mientras que su negación «Felipe VI ha heredado la jefatura del estado español» es verdadera. Del mismo modo, la oración contrafactual «Si Más Madrid hubiese ganado las elecciones no habría que esperar 15 días para una consulta con tu médico de cabecera», describe una situación hipotética cuyos valores de verdad ofrecen matices sutiles, en relación a su versión afirmativa. Las oraciones contrafactuales describen eventos irreales (Más Madrid no ha ganado las elecciones y hay que esperar 15 días para una consulta con con médico de cabecera), pero, además, proponen una relación condicional que puede ser verdadera o falsa.

La negación
MacDonald y Just (1989). Investigación pionera sobre la comprensión en línea de las negaciones. Presentaron a los participantes oraciones como las siguientes:

Todos los fines de semana, Alicia no cocina pan sino galletas para los niños. [a]
Todos los fines de semana, Alicia cocina pan pero no galletas para los niños. [ b]
Todos los fines de semana, Alicia cocina pan y galletas para los niños. [c]


Como puede apreciarse, el concepto negado era el nombre 1 («pan» en [a]), el nombre 2 («galletas» en [b]) o no había negación alguna [c]. Tras leer cada oración, los participantes recibían una palabra de prueba, que en los ítems experimentales era el nombre 1 o el nombre 2. Como puede verse en la figura de la derecha, el nombre negado siempre se verificaba más lentamente que el no negado. El estudio de McDonald y Just demostró con mucha nitidez que la negación es un reductor de activación. En opinión de los autores, esto ocurre porque la negación cambia el foco del discurso, desviándolo del concepto negado.
Kaup y Zwaan (2003). Estudio en el que se presentaban a los participantes cuatro tipos de oraciones:
Marcos sintió alivio porque Laura se había puesto el vestido rosa. (Afirmación, objeto presente.) [a]
Marcos hubiera preferido que Laura no se pusiese el vestido rosa. (Negación, objeto presente.) [b]
Marcos hubiera preferido que Laura se pusiese el vestido rosa. (Afirmación, objeto ausente.) [c]
Marcos sintió alivio porque Laura no se puso el vestido rosa. (Negación objeto, ausente.) [d]

El experimento utilizó oraciones afirmativas [a y c] y negativas [b y d], pero, independientemente de la forma gramatical, estas oraciones podían describir un objeto (el vestido rosa) presente en la situación [a y b] o ausente en la situación [c y d]. La palabra de prueba era el nombre del color del objeto (rosa) y se presentaba tras un intervalo de 500 ms o de 1.500 ms después de haber leído la oración. Los resultados a los 500 ms mostraron que la negación ejercía un efecto indiscriminado de reducción de activación: «rosa» se verificaba más lentamente en las oraciones negativas [b y d], que en las afirmativas [a y c]. Sin embargo, al cabo de 1.500 ms la activación dependía de la presencia del objeto en la situación. Así, la respuesta era más rápida en [a] y en [b], en las que el vestido rosa está presente, que en las otras versiones. El experimento indica un doble proceso en la comprensión de negaciones: en una primera etapa predomina el mecanismo gramatical de reducción de activación propio de la negación, propuesto por MacDonald y Just, pero más tarde la activación dependerá del estatus, presente o ausente, del objeto en el modelo de situación.
Tettamanti et al. (2008). Estudio con RMf en el que se registraban los cambios hemodinámicos del cerebro durante la comprensión de oraciones. Los participantes oían oraciones relativas a acciones manuales en forma afirmativa o negativa («ahora pulso el botón» o «ahora no pulso el botón»), y oraciones abstractas también afirmativas o negativas («ahora aprecio la lealtad» o «ahora no aprecio la lealtad»). Los resultados mostraron actividad en la corteza motora y premotora (áreas frontoparietales) durante la comprensión de oraciones de acción afirmativas, en comparación con las oraciones abstractas afirmativas. Sin embargo, cuando se analizaron las oraciones de acción negativas, se constató una reducción de actividad en esas mismas áreas motoras, indicando que la nega-ción bloquea las representaciones motoras asociadas al lenguaje de acción. Esta función inhibidora de la negación tam­ bién se observa en algunos estudios con estimula­ción magnética transcraneal (TMS).
Papeo et al. (2016). Experimento donde los par­ticipantes leían oraciones afirmativas o negativas relativas a acciones manuales (p. ej., «ahora escri­bo» frente a «no escribo») o contenidos abstractos (p. ej., «ahora pienso» frente a «no pienso»). Durante la presentación de cada verbo se emitía un pulso de TMS sobre la corteza motora correspondiente a la mano derecha, y se registraba en un músculo de dicha mano el potencial motor evocado (MEP). En general, el MEP indica el grado de excitación motora existente en el instante en que se aplica el pulso de TMS. En las oraciones afirmativas, se observó que la excitación motora era mayor cuando se leían verbos de acción manual, confirmando que el lenguaje de acción recluta procesos motores. No obstante, cuando el verbo de acción iba precedido de una negación la excitación motora desaparecía, es decir, que la negación producía un claro efecto inhibidor sobre la actividad motora.
fig8 10 PERSPECTIVA SEMÁNTICA Y PRAGMÁTICA
Tiempos de reconocimiento de la palabra de prueba [nombre 1 o nombre 2) en función de la ne­ gación. Los tiempos más lentos de los nombres nega­ dos indican el efecto de la negación como reductor de activación. Tomado de MacDonald y Just [1989).

Una negación como «la monarquia no es una institución antidemocratica» » se basa en nuestros conocimientos prealmacenados en la memoria semántica; para verificarla no tenemos que realizar ninguna valoración directa en el mundo real, basta con comprobar que no existe ningún vínculo directo entre los conceptos de «monarquia» y «democracia», para concluir que la negación es verdadera. En cambio, la negación «el coche de Luis no tiene gasolina» sólo se puede verificar en un contexto episódico particular.

¿Por qué surge la necesidad de negar algo? Las negaciones episódicas requieren que el lector u oyente asuma un supuesto previo (p. ej., los coches generalmente tienen gasolina), en el que adquieren valor informativo. En ocasiones, los supuestos en que se basa la negación son, a su vez, muy contextúales y requieren un conocimiento episódico compartido entre los interlocutores. Por ejemplo, supongamos que Juana le dice a su pareja Pablo: «no estoy embarazada»; esta negación sólo será inteligible si Juana y Pablo sospechaban previamente un posible embarazo. En caso contrario, Pablo podría quedar desconcertado. La negación «¡no copies en el examen!; se trata de un imperativo cuyo objetivo en un contexto real sería inducir al alumno a inhibir una acción que iba a realizar. Probablemente, esta función pragmática de la negación es la más primitiva desde el punto de vista evolutivo, ya que los bebés comprenden muy tempranamente la negación imperativa.

¿Cómo se representa la información negada? La respuesta tradicional, es que la negación es un operador simbólico que se aplica sobre la representación proposicional de la oración, ejerciendo un efecto de reducción de activación. Por ejemplo, la oración «Alicia cocina pan pero no galletas» se representaría proposicionalmente: «cocina [Alicia, pan] y NO [cocina (Alicia, galletas)]». Por lo tanto, el concepto «galletas» resultará menos accesible que el concepto «pan», simplemente porque está incluido en una proposición afectada por el operador negativo. Sin embargo, otra posible explicación de este resultado podría ser que la negación afecta al modelo de situación. Es decir, el lector se representa la situación descrita con un objeto presente (el afirmado) y otro ausente (el negado) y, en consecuencia, este último resulta menos accesible en la tarea de verificación de la palabra de prueba porque simplemente «no está» en la situación.

Las oraciones contrafactuales
Santamaría, Espino y Byrne (2005). Presentaban a los participantes oraciones condicionales contrafactuales o factuales como las siguientes:
Si hubiera habido rosas entonces habría habido lilas (contrafactual). [a]
Si hay rosas, entonces hay lilas (factual). [b]
Después de cada oración seguía otra oración de consecuencia que podía ser afirmativa («había rosas y había lilas») o negativa («no había rosas y no había lilas»). Los participantes que habían recibido el condicional contrafactual [a] aceptaban como continuación válida tanto la versión afirmativa como la negativa, mientras que los que habían recibido el condicional factual [b] sólo aceptaban la continuación afirmativa. Los resultados sugieren el doble significado de las oraciones contrafactuales.
Ferguson y Sanford (2008). Presentaron a los participantes oraciones como las siguientes mientras registraban sus movimientos oculares durante su lectura.
Si los gatos están hambrientos, el amo podría alimentarlos con un plato de zanahorias. (Antecedente factual, consecuente en conflicto.) [a]
Si los gatos fueran vegetarianos, el amo podría alimentarlos con un plato de zanahorias. (Antecedente contrafactual, consecuente en conflicto.) [b]
Si los gatos están hambrientos, el amo podría alimentarlos con un plato de pescado (Antecedente factual, consecuente sin conflicto.) [c]

En [a] se plantea un antecedente factual y el consecuente entra en conflicto con el conocimiento del mundo. En [b] el consecuente también entra en conflicto con el conocimiento del mundo, pero es aceptable asumiendo la premisa contrafactual (si los gatos fueran vegetarianos). Los resultados mostraron que en un primer momento la lectura del segmento «con un plato de zanahorias» requería más tiempo en [a] y [b] que el segmento «con un plato de pescado» en [c], no habiendo diferencias entre las dos primeras condiciones. Es decir, el lector de un enunciado contrafactual no puede evitar inicialmente que su conocimiento del mundo (los gatos no son vegetarianos) interfiera. Sin embargo, cuando se registraron las regresiones visuales (cuando los ojos vuelven atrás para releer), sólo la condición [a] produjo regresiones, no habiendo diferencias entre [b] y [d]. Esto indica que, finalmente, el antecedente contrafactual ha sido asumido por el lector y la información en conflicto con la realidad se ha integrado en un nuevo modelo de situación, correspondiente al mundo hipotético.
De Vega y Urrutia (2011). Estudio reciente donde se trata de comprobar si las oraciones contrafactuales pueden provocar representaciones corpóreas al igual que las factuales. Emplearon un paradigma COA con oraciones de transferencia en formato factual («como mi hermano es generoso, la novela me la ha prestado sin vacilar») o contrafactual («si mi hermano hubiera sido generoso, la novela me la habría prestado sin vacilar»). Los lectores debían ejecutar un movimiento de la mano hacia delante o hacia atrás ante un indicio presentado 200 ms después de la presentación del verbo («prestado»). Los resultados mostraron interferencia cuando la transferencia y la acción motora eran coincidentes, hecho que ocurrió tanto en las oraciones factuales como en las contrafactuales. Por lo tanto, las oraciones contrafactuales, a pesar de su carácter hipotético, parecen inducir representaciones motoras cuando describen acciones.

Las personas utilizamos expresiones contrafactuales para hacer conjeturas acerca de eventos pasados que podrían haber sido de otro modo. Por ejemplo, «si Jaime hubiera copiado en el examen de psicobiología (AvEx), habría aprobado el examen». Expresar enunciados contrafactuales parece un ejercicio estéril, ya que los eventos pasados fueron como fueron y no se pueden cambiar. Sin embargo, utilizamos constantemente oraciones contrafactuales, a veces expresándolos abiertamente y a veces como pensamientos rumiados internamente («hum… tenía que haber pedido descafeinado, ahora ya es tarde»). Las expresiones contrafactuales son una manifestación de nuestras sofisticadas capacidades representacionales, que nos permiten valorar los eventos ya ocurridos, contrastándolos con sus alternativas hipotéticas. Según han revelado los psicólogos sociales, tenemos buenos motivos para hacerlo, ya que las expresiones contrafactuales desempeñan múltiples roles en la vida cotidiana, como ayudar a establecer vínculos causales, aprender a partir de los errores, favorecer la toma de decisiones, persuadir al interlocutor, etc. Además, las oraciones contrafactuales están relacionadas con algunas emociones humanas complejas, como el pesar o el alivio que resultan de contrastar lo que ocurrió con lo que podría haber ocurrido.

Las oraciones contrafactuales son utilizadas en ocasiones para inducir líneas de pensamiento hipotéticas que chocan con la realidad. Por ejemplo, «si Franco no hubiera ganado la guerra, entonces…». A partir de premisas contrafactuales como ésta se pueden escribir libros enteros. ¿En qué medida éste se adapta al mundo hipotético planteado por un contrafactual que viola nuestro conocimiento del mundo?

Conclusiones

Hemos abordado las complejidades del significado de la oración. Hemos comprobado que, además de procesar el código lingüístico, segmentando las oraciones y estableciendo vínculos de correferencia entre los nombres y las cláusulas, el lector u oyente tiene que usar recursos cognitivos, pragmáticos y neuronales variados para establecer el significado de la oración. En ocasiones activará mecanismos sensoriomotores o corpóreos que van más allá del propio código lingüístico; también utilizará un sistema conceptual que en parte tiene una organización metafórica y, finalmente, empleará conocimientos contextúales y pragmáticos para comprender enunciados irreales, como las oraciones negativas y las contrafactuales.

Referencias

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