Procesamiento semántico

RESUMEN V.1

INTRODUCCIÓN

Locke (1632-1704). Diferencia entre intensión de la palabra, que se refiere a su significado y especifica las propiedades que un objeto debe reunir para ser incluido como miembro de esa clase o concepto (p. ej., el concepto de «perrez» o propiedades que debe reunir un objeto para ser considerado un perro), y extensión o conjunto de objetos que tienen esas propiedades (todos los perros del mundo, reales o imaginarios).
Rosten (1968). En yiddish hay multitud de términos para describir la ineptitud, cada uno con un sentido distinto: ‘schlemiel’, ‘schlimazel’, ‘shlump, ‘shmegegge, ‘shmendrick’, ‘shmo’ y ‘schmuck’.
Ta-ylor y Taylor (1990). Para las ranas, los objetos pequeños, oscuros y que se mueven de un determinado modo deben agruparse dentro de la categoría de «moscas» comestibles (Ta-ylor y Taylor, 1990).
Crystal (1994). Los extranjeros se sorprenden de la cantidad de términos del castellano para identificar los distintos resultados que se pueden obtener cortando una materia con un cuchillo: «rodaja», «rebanada», «cortada», «loncha», «corte», «filete», «tajada», «lonja», etc.

Reconocer una palabra no significa comprenderla. Otras veces nos sucede justo lo contrario, es decir, queremos expresar un significado pero no encontramos la palabra adecuada (el molesto fenómeno de tenerlo en la «punta de la lengua»). En términos del procesamiento lingüístico esta disociación se explica porque reconocer una palabra y acceder a su significado son procesos distintos que, además, dependen de áreas cerebrales diferentes. Una cosa es reconocer la palabra, lo cual se realiza consultando el léxico mental y otra comprenderla o acceder a su significado, que supone un paso adicional y posterior a su reconocimiento. Esta es la razón por la que podemos reconocer una palabra aunque no recordemos su significado y, sin embargo, no podemos comprenderla sin haberla reconocido.

No existe un paralelismo exacto entre los significados, que constituyen la base de nuestro conocimiento, y las palabras. La semántica distingue entre la denotación de un término, es decir, su significado objetivo, lo que especifica un diccionario sobre él (definición de perro), y sus connotaciones, o conjunto de implicaciones emocionales y subjetivas que asociamos al término («bonito», «amenazante», «oloroso»). La gente comparte la denotación, pero las connotaciones difieren de una persona a otra. Como planteaba William James, podría esperarse que las miríadas de objetos y eventos que continuamente impresionan los órganos sensoriales se presentasen a los organismos como una desconcertante confusión, pero no es así. Sabemos lo que es un delfín, un dogma o una batalla, también sabemos que el Ebro es un río que pasa por Zaragoza, pero no podemos recordar cuándo y dónde hemos adquirido esa información.

Partiendo de la distinción clásica de Tulving (1972) entre memoria semántica y memoria episódica, si yo digo «esta mañana se me ha roto el jarrón que me regalaron», activo simultáneamente dos clases de información que tengo archivada en mi cerebro. Por una parte, la asociada a un evento y situación específica (memoria episódica): mi jarrón particular y la situación concreta de romperse al caer al suelo esta mañana cuando lo cambié de sitio en el salón de mi casa. Por otra, activo información almacenada sobre el concepto de jarrón: qué es ese objeto, qué propiedades tiene, para qué sirve, etc. Este último tipo de información (semántica), a la que pertenecen los significados, no está asociada a ningún episodio específico; es una información abstracta, desligada de cualquier tiempo y espacio concreto (yo no recuerdo el momento y lugar en que aprendí la palabra jarrón).

Metodologías de investigación

tabla7 01 Procesamiento semántico

Tareas más utilizadas en experimentos de laboratorio:

Categorización semántica. Es la más utilizada. Consiste en decidir si el concepto expresado por una palabra pertenece o no a una determinada categoría semántica (p. ej., se presenta la categoría «peces» y a continuación ejemplares concretos como «tiburón», «sardina» o «serpiente» para que en cada caso el participante indique, generalmente mediante dos teclas, si cada ejemplar pertenece o no a la categoría). Otra tarea consiste en decidir a cuál de dos categorías semánticas pertenece un determinado concepto (p. ej., se presenta la palabra «berenjena» y el participante tiene que decidir pulsando una de dos teclas si es una «fruta» o una «verdura»). Las latencias que se obtienen en la tarea de categorización semántica son más largas que las que se obtienen en la de decisión léxica, incluso aunque se trate de las mismas palabras, justamente porque dicha tarea exige la realización de esa operación adicional de acceso al significado.

Asociación de palabras. El experimentador dice una palabra y el participante tiene que responder inmediata-mente con la primera palabra que se le ocurra. Se trata de una tarea sencilla pero que proporciona valiosa información sobre la relación entre los conceptos, ya que las personas responden siempre con la palabra más relacionada semánticamente y la mayor parte de las respuestas coinciden, lo que indica una organización conceptual similar.

Verificación de frases. Consiste en presentar oraciones en las que se dice que el sujeto de la oración es miembro de la categoría expresada por el predicado (p. ej., «el perro es un mamífero», «la sardina es un reptil»), para que los participantes respondan rápidamente si son verdaderas o falsas.

Tareas más utilizadas con los pacientes con trastornos semánticos:

Fluidez verbal. Especialmente la categorial, consistente en nombrar durante un minuto ejemplares de una determinada categoría semántica, p. ej., animales, frutas, herramientas, etc.

Asociación semántica. Consistente en señalar cuál de dos estímulos (dibujos o palabras) está relacionado con un tercero (p. ej., cuál de los estímulos «escopeta» y «raqueta» están relacionados con el estímulo «pelota»).

Variables determinantes del procesamiento semántico

Paivio (1971). Se ha demostrado que las palabras concretas y altamente imaginables se recuerdan mejor que las abstractas y las difícilmente imaginables en las pruebas de memoria.
de Groot (1989). Las palabras de alta imaginabilidad se procesan más rápidamente que las de baja imaginabilidad.
Brysbaert, Van Wijnendaele y de Deyne (2000). Sostienen que la edad de adquisición podría ser una variable determinante en la organización del sistema semántico, en el sentido de que las primeras palabras que aprenden los niños tienen un papel mucho más importante en la configuración de las redes semánticas que las que aprenden a una edad tardía.
Cuetos (2003). La pérdida de las palabras que se produce en las enfermedades neurodegenerativas, como la demencia de Alzheimer, debido a la atrofia cerebral progresiva, comienza afectando primero a las palabras adquiridas a edad tardía. Las que se aprendieron tempranamente son más resistentes a la enfermedad.
tabla7 02 Procesamiento semántico

Variables como la del punto de unicidad o la frecuencia léxica son poco relevantes en las tareas de categorización semántica o en la de verificación de frases. La variable semántica más importante es, sin duda, la tipicidad. Izura, Hernández-Muñoz y Ellis (2005) recogieron datos de tipicidad con una muestra de 50 participantes para un total de 500 palabras castellanas pertenecientes a cinco categorías semánticas: animales, partes del cuerpo, muebles, ropa e inteligencia. Otra variable importante es la edad de adquisición, esta variable también influye en el procesamiento semántico, puesto que las primeras palabras que se aprenden desempeñan un papel central en la formación de las categorías.

Una tercera variable semántica es la imaginabilidad. Por imaginabilidad nos referimos a la facilidad con que uno puede imaginar el significado de una palabra. Hay palabras fáciles de imaginar, como «cuchillo», «gato» o «libro», y otras en la que es muy difícil producir una imagen, como «verdad», «ética» o «maldad». Al igual que la tipicidad, la imaginabilidad se mide a través de cuestionarios subjetivos en los que los participantes tienen que puntuar sobre una escala, generalmente entre los valores 1 y 7, la facilidad para imaginarse el significado de una palabra. Aunque se trata de conceptos diferentes, la imaginabilidad está estrechamente relacionada con la variable concreción/abstracción, dado que los objetos concretos son fáciles de imaginar y los abstractos difíciles de imaginar.

Un problema con todas estas variables es que, al ser cuantificadas mediante escalas subjetivas, pueden ser afectadas por otras variables relacionadas y que los sujetos no pueden separar, por ejemplo, la familiaridad o la frecuencia.

Recuadro 7-2. Papel de la edad de adquisición en la organización del sistema semántico
La edad de adquisición de las palabras es una variable sumamente influyente tanto en la comprensión como en la producción, en el sentido de que las palabras que se aprenden a una edad temprana a lo largo de la vida son más fáciles de comprender y están más accesibles durante el habla que las que se aprenden a una edad tardía.
Especialmente, la edad de adquisición desempeña un papel muy relevante, mayor incluso que la frecuencia de uso, en las tareas que requieren acceder al significado, como ocurre en la denominación de dibujos, la fluidez semántica o la asociación semántica. Su papel, en cambio, es más discreto en aquellas tareas en las que el componente semántico tiene menos participación, como la repetición de palabras, la decisión léxica o la lectura en voz alta.
¿Por qué las palabras aprendidas tempranamente son más importantes?
Según los modelos localistas, ello se debe a que los primeros conceptos que se aprenden ocupan una posición central en la red semántica y establecen conexiones con todos los que se van añadiendo. En cambio, los conceptos que se aprenden tardíamente tienen que unirse a la red ya formada, en posiciones más periféricas y con menor número de conexiones. De ahí que cuando se produce una lesión cerebral, y como consecuencia los pacientes tienen dificultades para recuperar las palabras (anomia), los efectos son más devastadores en las palabras de adquisición tardía ya que, al tener menos conexiones, son más vulnerables (Cuetos, Monsalve y Pérez, 2005).
La explicación que proponen los modelos conexionistas es diferente, ya que atribuyen los efectos de la edad de adquisición a los diferentes pesos en las conexiones entre los nodos. Las palabras que se aprenden tempranamente tienen más posibilidades de aumentar los pesos de las conexiones que las que se aprenden tardíamente porque llevan más tiempo formando parte de la red y, sobre todo, porque entran a formar parte de la red cuando ésta tiene mayor plasticidad. Con el paso del tiempo el sistema neuronal va perdiendo plasticidad y, por lo tanto, es más difícil conseguir pesos importantes en las conexiones. Los trastornos producidos tanto por lesiones puntuales (anomias) como por enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer) se explican en estos modelos porque afectan más a las conexiones con menores pesos, que son las que corresponden a las palabras aprendidas en edades tardías.
Sea cual fuere la explicación, lo cierto es que la edad y el orden en que cada persona aprende las palabras determinan la configuración de su sistema semántico y, consecuentemente, si esa persona tiene la desgracia de sufrir la enfermedad de Alzheimer, determinan el orden en el que van desapareciendo las palabras de su memoria (Cuetos, Rodríguez-Ferreiro, Sage y Ellis, 2012).
Tomado de Pedro R.Montoro

ORGANIZACIÓN DEL SISTEMA SEMÁNTICO

Battig y Montague (1969). En inglés, uno de los primeros trabajos sobre categorías naturales, estudiadas en un conjunto de 422 estudiantes de las universidades de Maryland e Illinois a los que se les pidió que escribieran ejemplares de un buen número de categorías.
Eleanor Rosch (1978). Afirmaba que el nivel básico es de gran relevancia para la organización de los conceptos en nuestra memoria, pues agrupa conceptos específicos con características comunes (todos los perros, con independencia de la raza, tienen un gran parecido, todas las mesas tienen mucho en común, etc.) y se diferencian claramente de los otros conceptos básicos (cualquier perro se diferencia de gatos, caballos o vacas, y cualquier mesa se diferencia de las sillas o los armarios).
Pilar Soto et al. (1994). Este estudio normativo se centra en 45 categorías naturales extraídas de Battig y Montague, como accidentes geográficos, animales, árboles, aves, edificios, enfermedades, fenómenos atmosféricos, flores, frutas, herramientas, insectos, instrumentos musicales, mamíferos, mariscos, material, metales, muebles, partes de una vivienda, partes del cuerpo humano, peces, piedras preciosas, prendas de vestir, razas de perros, reptiles, entre otras.
Fellbaum (1998). WordNet es uno de los ejemplos más notables de ello. Se trata de una base electrónica de palabras creada inicialmente por Fellbaum y bajo la dirección de George A. Miller en la Universidad de Princeton.
Marful, Diez y Fernández (2014). Recogieron datos de 284 participantes para las 56 categorías de Batting y Montague.
categorizacion Procesamiento semántico
Tomado de Pedro R.Montoro

Hay categorías muy generales, como las de seres vivos y objetos inanimados, y otras más específicas, como la de reptiles, frutas o herramientas. Por otra parte, existen jerarquías dentro de las categorías, ya que las más pequeñas forman parte de otras más generales. Así, el concepto «gato» se refiere a todos los gatos del mundo, con independencia de su tamaño, forma o color. Este agrupamiento supone un ahorro enorme en términos cognitivos, pues no tenemos que formar una representación para cada ejemplar concreto de la categoría, lo que implicaría cientos de representaciones de sillas, de mesas, de gatos, etc. Estas categorías, formadas por abstracción de muchos ejemplares diferentes pertenecen al denominado nivel básico, porque es el nivel en el que generalmente pensamos y al que nos referimos constantemente. De hecho, es el tipo de categoría más utilizado en nuestras conversaciones, y los conceptos básicos son los primeros que adquieren los niños durante el desarrollo del lenguaje. También disponemos de otras categorías superiores e inferiores al nivel básico que son de gran utilidad. Por el lado inferior está el nivel subordinado, que permite especificar los ejemplares concretos de la categoría (muy útiles para los especialistas de un campo determinado). Por arriba, exigiendo mayor abstracción, está el nivel supraordenado. Las categorías supraordenadas están formadas por ejemplares muy diversos que muchas veces poco tienen en común entre sí, por lo que exige un gran ejercicio de abstracción. No obstante, este nivel supone también un gran ahorro cognitivo, pues permite referirse a todos los animales o a todos los muebles con una sola palabra.

Algunas categorías son cerradas, como los días de la semana o los meses del año, mientras que otras son relativamente abiertas y están constituidas por muchos miembros, especialmente las categorías naturales (animales, flores, etc.), y muchas artificiales (muebles, herramientas, etc.). Aunque cada categoría está formada por un número determinado de ejemplares, no todos los ejemplares de una categoría son igualmente típicos o característicos de ella. Si a un grupo de personas les pedimos que digan o escriban todos los animales que se les ocurra, la gran mayoría empieza por la palabra «perro», seguida de otras como «gato», «vaca», «león», etc. Muy pocos empezarían por «lechuza», «cangrejo» o «erizo», aunque son tan animales como los primeros.

Dado el papel tan importante de la tipicidad/disponibilidad en el procesamiento semántico, es fundamental disponer de estudios normativos acerca de lo que las personas de un ámbito lingüístico y cultural consideran como miembros de una categoría semántica y cuáles son más representativos de ésta. Psicólogos cognitivos y psicolingüistas se han puesto de acuerdo para organizar los significados de las palabras en términos que puedan ser manejables con programas diseñados para procesar el lenguaje natural, dentro de las enormes limitaciones que todavía existen en este campo.

Tomado de Pedro R.Montoro

TEORÍAS COGNITIVAS

Desde la psicología cognitiva se han propuesto diversas explicaciones sobre cómo manejamos y representamos los significados en nuestra mente. Tres son los principales enfoques o teorías al respecto: de redes, de rasgos y de prototipos.

Teorías de redes

Collins y Quillian (1969). Su modelo jerárquico planteaba una representación del conocimiento análoga a la que podría existir en una computadora, respondiendo al principio de economía cognitiva. Los conceptos serían nodos de la red conectados entre sí en distintos niveles jerárquicos.
Collins y Loftus (1975). Plantearon un nuevo modelo, basado en la propagación de la activación, que asume que la información semántica también está organizada en nodos interconectados, pero no de forma jerárquica.

Una de las ideas más influyentes sobre la organización de los conceptos es que el significado de una palabra forma parte de una especie de red de significados interconectados. Desde la psicología cognitiva y el paradigma del procesamiento de información, las primeras formulaciones sobre el significado se basaron en la metáfora del ordenador.

fig7 01 Procesamiento semántico
Modelo de red jerárquica de Collins y Quillian (1969).

El modelo jerárquico de Collins y Quillian, los niveles más bajos de la red se encuentran los conceptos más específicos y, a medida que se asciende, los conceptos son cada vez más abstractos. De este modo, cada concepto se encuentra conectado a su categoría y, a través de ésta, a otra categoría superior. Por otra parte, cada nodo tiene asociadas las propiedades que le corresponden a su nivel dentro de la jerarquía.

fig7 02 Procesamiento semántico
Tiempos de reacción en milisegundos en una tarea de verificación de oraciones de Collins y Quillian (1969).

Para poner a prueba su modelo, Collins y Quillian realizaron una serie de experimentos basados en la tarea de verificación de oraciones. En unos ensayos, a los participantes se les presentaba frases sobre la pertenencia a una categoría y debían responder lo más rápidamente posible pulsando uno de dos botones, uno si la frase era verdadera, y otro si era falsa. Efectivamente, los datos parecen ajustarse a lo predicho por el modelo, pues cuantos más nodos hay que recorrer, más tiempo se tarda en dar la respuesta. Por otra parte, se comprueba que las oraciones referidas a las propiedades de los conceptos consumen más tiempo que las que tratan sobre la pertenencia a las categorías. Aunque el modelo explicaba perfectamente esos primeros resultados, pronto aparecieron algunos problemas para los que el modelo no tenía respuesta. En primer lugar, no todos los conceptos se pueden organizar en un esquema jerárquico tan claro como el que se ha descrito. Con las categorías naturales como los animales o los vegetales las cosas parecen funcionar, pero con otras categorías no siempre es tan fácil establecer esas jerarquías. Especialmente resulta difícil con los conceptos abstractos. ¿Cómo podemos organizar conceptos como «dogma», «verdad» o «fe»? El modelo no tiene explicación para estos conceptos.

Limitaciones del modelo

Algunos datos de experimentos posteriores no encajaban en las predicciones del modelo. Así, según éste, se tardaría más tiempo en responder a la oración «Una vaca es un animal» que a la oración «Una vaca es un mamífero» porque la primera requiere ascender dos nodos (de vaca a mamífero y de mamífero a animal) y la segunda sólo uno (de vaca a mamífero). Sin embargo, sucede justo lo contrario: la primera se verifica mucho más rápidamente que la segunda (Rips, Shoben y Smith, 1973), lo que indica que la memoria no refleja necesariamente la estructura lógica de las categorías naturales. Tampoco encajan las respuestas de pertenencia de los ejemplares de una misma categoría. Dado que se asume que los nodos de un mismo nivel jerárquico son más o menos equivalentes, los nodos «gorrión» y «pingüino», situados ambos un nivel por debajo del nodo «ave». Sin embargo, no ocurre así: los tiempos de respuesta para gorrión son más cortos que para pingüino (Rips, Shoben y Smith, 1973). Ni siquiera encajan los resultados de las oraciones falsas.

  • LIMITACIONES DEL MODELO: dificultad con los CONCEPTOS ABSTRACTOS.
  • Datos experimentales que no encajan en el modelo:
    • TR ↓ Una vaca es un animal vs Una vaca es un mamífero (diferente distancia)
    • TR ↓ Un gorrión es un ave vs Un pingüino es un ave (misma distancia)
    • TR ↓ Un pino es una iglesia vs Un pino es una flor (igual de falsa y distancia)

Según el modelo, las respuestas negativas ante las frases falsas deberían arrojar tiempos parecidos para un mismo concepto: en todos los casos, el participante ascendería a los nodos superiores y, al no encontrar ninguno con la información buscada, daría una respuesta negativa. Pero tampoco ocurre así, pues cuanto más relacionados estén dos objetos, más difícil es tomar la decisión de que la oración es falsa y los tiempos de respuesta son mayores. Todos los problemas señalados obligaron a introducir importantes modificaciones en el esquema de red jerárquica (Modelo de propagación de activación ).

Problemas con el modelo de Collins y Quillian. Fue objeto de críticas por haber utilizado un reducido número de participantes y por su falta de entrenamiento previo lo que produjo mucha variabilidad en los TRs.

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Red de propagación de activación

Los conceptos que están asociados entre sí (p. ej., fuego y rojo) se hallan más próximos dentro de la red y están unidos por un vínculo. Cuanto más fuerte es la asociación, más cercanos están y más corto es el enlace que los une. Cuando un concepto se activa, su activación se propaga a través de los otros nodos, de donde deriva el nombre del modelo. Si dos nodos están lejanos, la activación llega más débil que si están cercanos. Los nodos con una fuerte relación forman clusters o conglomerados que representarían campos semánticos (flores, colores, etc.) u otras informaciones estrechamente asociadas (cuna-bebé, etc.).

fig7 03 Procesamiento semántico
Modelo de propagación de activación de collins y Loftus (1975)
  • CONCEPTOS CLAVE: Propagación de la activación nodos interconectados pero NO jerárquicamente clusters o conglomerados (“frutas”).
  • LIMITACIONES DEL MODELO: Demasiado flexible, es difícil de someter a contraste, difícil de falsar.

Un modelo como éste tiene gran capacidad explicativa; puede dar cuenta de una extensa gama de hallazgos empíricos. Pero su propia generalidad es, al mismo tiempo, su principal limitación: es un modelo difícil de poner a prueba. Cuesta imaginar qué clase de experimentos podrían falsearlo (Harley, 2008) y así marcar sus límites, que es la forma en que se avanza en la ciencia. Al ser tan amplio, sus predicciones son también vagas. En cualquier caso, la noción de propagación de activación ha ejercido una fuerte influencia y es un mecanismo incorporado a la mayor parte de los planteamientos teóricos contemporáneos.

Según Collins y Loftus (1975), las críticas realizadas al modelo no lo invalidaban, pero aconsejaban la modificación del modelo original para introducir el concepto de distancia semántica y la posibilidad del almacenamiento de las mismas propiedades en varios nodos de la red en lugar de hacerlo en un único nodo. Basándose en estas observaciones, se propusieron otras redes semánticas que abandonaron el concepto de estructura jerárquica y tuvieron en cuenta el concepto de distancia semántica. En este nuevo modelo, un nodo conceptual se activa cuando una persona oye o lee un concepto. La activación de este nodo hace que se extienda a otros nodos que están situados próximos a él (cuanto mayor es la asociación entre los mismo, más corta es la línea que los une). Además de las estructuras de almacenamiento, se necesita la propagación de la información entre los conceptos representados en la estructura de la memoria semántica, que es el proceso que utiliza que utiliza el sistema cognitivo para actuar sobre la información contenida en dichas estructuras.

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Teorías de rasgos

Katz y Fodor (1963). Primera formulación teoría de rasgos, defienden que los conceptos están representados en nuestra memoria como listas o agregados de rasgos semánticos.
Rips, Shoben y Smith (1973) y Smith, Shoben y Rips (1974). Formulan el modelo de rasgos más conocido. Según este modelo, los conceptos se representan en la memoria por medio de conjuntos de rasgos semánticos.
McCloskey y Glucksberg (1978). Demostraron que, aunque las personas coinciden en muchos conceptos, existen muchos otros sobre los que no hay acuerdo y cuyos límites son borrosos (p. ej., sólo la mitad de los participantes estaba de acuerdo en considerar una calabaza como un tipo de fruta, mientras que la otra mitad, no).
Smith y Medin (1981). Una aproximación teórica más reciente es la del modelo de rasgos probabilísticos.

El concepto «cana» puede descomponerse en los conceptos «pelo» + «blanco». Las teorías composicionales consideran que todos los conceptos están compuestos por un conjunto de primitivos semánticos o rasgos simples que ya no se pueden subdividir en otros. Estos modelos defienden que los conceptos están representados en nuestra memoria como listas o agregados de rasgos semánticos.

El modelo de rasgos más conocido es, sin duda, el formulado por Rips, Shoben y Smith (1973) y Smith, Shoben y Rips (1974). En esta teoría se contemplan dos tipos de rasgos: a) rasgos definitorios, que son claves para formar parte de una categoría semántica, y b) rasgos característicos, que añaden propiedades a los conceptos representados. Según este modelo de Smith et al. (1974), la existencia de estos dos tipos de rasgos implica que la verificación de oraciones se realice en dos estadios. En el primer estadio se recuperan tanto los rasgos definitorios como los característicos del ejemplar y de la categoría y se hace una comparación global entre ambos. Si existen muchos rasgos en común, esto es, si existe un gran solapamiento, respondemos rápidamente que sí, que ese ejemplar pertenece a la categoría.

fig7 04 Procesamiento semántico
Modelo de comparación de rasgos de Smith, Shoben y Rips (1974). C0 significa el criterio o valor que distingue entre bajo y moderado solapamiento de rasgos. C1 es el criterio que distingue entre solapamiento moderado y alto de rasgos.
  • CONCEPTOS CLAVE:
    • Primitivos semánticos o rasgos simples irreductibles.
    • Los conceptos son listas de rasgos semánticos
    • Rasgos DEFINITORIOS vs CARACTERÍSTICOS:
      • AVE: ponen huevos y tienen plumas…
      • AVE: vuelan, viven en nidos, cantan…
    • CANARIO: tiene plumas, poner huevos, volar, ser bípedo, tener color amarillo, canta, etc.
Limitaciones del modelo

En primer lugar, no está claro que todos los conceptos puedan descomponerse en un listado de rasgos simples. El ejemplo más conocido es el de Wittgenstein (1953) respecto al «juego». ¿Qué tienen todos los juegos en común? No es posible encontrar una lista de rasgos que definan el concepto de juego. Por otra parte, la teoría de rasgos presupone que existen límites nítidos entre las categorías semánticas, pero en la práctica los seres humanos funcionamos con límites difusos. Para mucha gente no está claro si un tomate es una fruta o una verdura. No hay un límite claro entre una «taza» y un «bol»: diversos objetos físicos se sitúan a lo largo de un continuo entre ambos conceptos, y diferentes participantes pueden categorizarlos de formas distintas.

  • LIMITACIONES DEL MODELO:
    • No todos los conceptos pueden descomponerse: ¿rasgos simples de “JUEGO”?
    • Los límites entre categorías son DIFUSOS
    • ¿Tomate es fruta o verdura?¿Almorzar y comer?

Esta teoría trabaja con listas de rasgos independientes, no captura nuestro conocimiento sobre cómo se relacionan entre sí las propiedades de los objetos. Así, dentro de la categoría de ave, los rasgos «pequeño» y «canta» se correlacionan mucho entre sí y los seres humanos conocemos esta correlación, pero esto no aparece reflejado en el modelo (Reeves, Hirsh-Pasek y Golinkoff, 1999).

Teoría de prototipos

Eleanor Rosch (1973). Principal impulsora de la teoría de los prototipos como alternativa a la teoría de rasgos.

Como alternativa a la teoría de rasgos surgió la denominada teoría de los prototipos, de la mano principalmente de Eleanor Rosch (1973). La teoría de los prototipos se basa en un enfoque distinto al de los rasgos: los objetos se agrupan por su semejanza familiar entre ellos; es decir, las categorías estarían definidas por el parecido entre sus miembros, y no por una definición lógica y objetiva que incluye o excluye los miembros de forma discreta (un objeto está claramente dentro y otro está claramente fuera). En lugar de considerar rasgos definitorios, que deben cumplir absolutamente todos los miembros de una categoría, Rosch habla de rasgos característicos de la categoría, o atributos típicos y comunes a muchos miembros de dicha categoría, aunque no necesariamente a todos (p. ej., «tener plumas», «volar», para las aves). Un prototipo sería una representación abstracta o el miembro ideal de esa categoría, una especie de promedio de
todos sus miembros y, en cierto modo, constituiría «el mejor ejemplo» de la categoría. De esta concepción se desprenden dos propiedades fundamentales: la estructura graduada y los límites difusos de las categorías.

fig7 05 Procesamiento semántico
Teoría de propotipos. Cuanto más típico o representativo de la categoría «aves» es un miembro, éste ocupa una posición más central. Los miembros más atípicos o menos representativos ocupan zonas periféricas.
Estructura graduada

No todos los miembros son igualmente representativos de la categoría; éstos varían en su grado de tipicidad o prototipicidad: un gorrión o un jilguero son más representativos de la categoría «ave» que un pingüino o un avestruz, porque poseen más rasgos característicos (pueden volar, etc.) y estarían más próximos a lo que sería el prototipo ideal de un ave. El funcionamiento de la mente no corresponde exactamente a la lógica objetiva de las cosas. Incluso en una categoría rígidamente definida como los números impares las personas consideran «más impar», por ejemplo, al número 13 que al 57. O «madre» se considera mejor ejemplo de «mujer» que «camarera» (cuando tan mujer es una madre como una camarera).

Límites difusos
Kail y Nippold (1984). Las palabras que representan objetos más típicos se recuerdan mejor en las pruebas de memoria.
Lakoff (1987). Parece que los seres humanos no manejamos significados o conceptos con límites nítidos, que respondan a una definición cuasimatemática («mueble es todo objeto que tiene las propiedades siguientes:…»), sino que, más bien, nos basamos en conceptos con fronteras difusas o borrosas entre ellos.

La teoría de los prototipos ha reunido importante evidencia empírica a su favor. En general, los miembros más prototípicos presentan ventajas en su procesamiento. Los experimentos con verificación de frases arrojan tiempos que reflejan la estructura graduada de las categorías: cuánto más central o típico es un ejemplar, menos tiempo tardan los participantes en dar una respuesta. Los sujetos harían comparaciones entre el ejemplar y el prototipo abstracto, y en la medida en que ambos estuvieran próximos, la decisión sería más rápida. Además, las palabras que representan objetos más típicos se recuerdan mejor en las pruebas de memoria (Kail y Nippold, 1984).

Limitaciones del modelo
Barsalou (1985). La estructura graduada de una categoría no revela propiedades invariantes asociadas a ella, sino que refleja la habilidad dinámica de la gente para construir conceptos en situaciones diversas.

No todos los conceptos parecen ajustarse bien a este esquema de prototipos; por ejemplo, ¿cuál es el prototipo para «verdad»? Por otra parte, los juicios de tipicidad no son fijos sino que varían sistemáticamente según el contexto. Un miembro considerado altamente prototípico en un contexto, puede no serlo en un contexto distinto. De hecho, las personas construyen categorías ad hoc orientadas a una meta, como, por ejemplo, la categoría de «cosas usadas para vender» o la de «objetos que te llevarías a un camping» o la de «comidas bajas en calorías»; aunque no corresponden a representaciones bien establecidas en la memoria, cuentan también con una estructura interna graduada y en ellas unos miembros son más típicos que otros. Finalmente, algunos autores señalan que se puede incurrir en circularidad: los ejemplares son miembros de una categoría porque son similares, y son similares porque son miembros de una categoría.

La teoría de los prototipos parte del principio de que el prototipo es una abstracción o miembro ideal de la categoría. Recientemente se ha cuestionado si esta abstracción es un componente esencial en la representación de los conceptos. Una variante posterior, conocida como teoría basada en ejemplares (Komatsu, 1992), no defiende la existencia de un prototipo abstracto, sino que éste estaría encarnado por ejemplares concretos que ocupan posiciones centrales en el espacio prototípico. De esta manera, los juicios de verificación no se basaron en comparaciones con prototipos abstractos, sino con ejemplares centrales.

TEORÍAS NEUROCOGNITIVAS

Elizabeth Warrington y cols. (1983, 1984). Publicaron varios casos de pacientes que, como consecuencia de haber sufrido una lesión cerebral, mostraban dificultades específicas con determinadas categorías semánticas. Algunos pacientes tenían graves dificultades para procesar conceptos pertenecientes a la categoría de seres vivos, y otros para procesar objetos inanimados.
Stewart et al. (1992). Presentaron el caso de un paciente que tenía más dificultades con la categoría «seres vivos» que con la de «objetos inanimados». Sin embargo, cuando se igualaron los ítems de las dos categorías en frecuencia, familiaridad y complejidad visual, las diferencias entre las categorías desaparecieron.

Las teorías cognitivas no se preocupaban por el componente neurológico que subyace a toda actividad cognitiva. Los datos aportados por los estudios de neuroimagen y, fundamentalmente, de pacientes con lesiones cerebrales, permiten elaborar teorías que den explicaciones tanto a nivel cognitivo como neurológico del sistema conceptual.

En los primeros estudios realizados sobre disociaciones entre categorías no se tuvieron muy en cuenta las características psicolingüísticas de los estímulos, y las dificultades que presentaban los pacientes con una determinada categoría podían haber sido debidas a la frecuencia o familiaridad de los estímulos más que a la propia categoría. Los datos de los pacientes con trastornos en determinadas categorías semánticas han servido para entender mejor cómo están organizados los conceptos en nuestro sistema semántico, (parece claro que se agrupan por categorías) e incluso para conocer las áreas del cerebro responsables del procesamiento semántico. El hecho de que se hayan encontrado disociaciones entre determinadas categorías semánticas, especialmente entre las categorías generales de seres vivos y objetos inanimados, pero también entre categorías más específicas como animales, frutas y verduras, instrumentos musicales, partes del cuerpo, etc., lleva a suponer que las distintas categorías semánticas se hallan representadas por redes neuronales en diferentes áreas cerebrales.

Uno de los datos difíciles de explicar es el hecho de que la categoría específica de instrumentos musicales suele ir asociada con la categoría general de seres vivos en lugar de ir con objetos inanimados. Es decir, muchos pacientes con dificultades para procesar los instrumentos musicales también tienen dificultades con los seres vivos y no las tienen con los objetos inanimados como debería corresponder. Por el contrario, la categoría específica de partes del cuerpo suele ir asociada con la categoría general de objetos inanimados en lugar de con los seres vivos. Veamos cómo explican estos resultados las principales teorías neurocognitivas.

Teoría sensoriofuncional

Warrington y Cols. (1984, 1987). Teoría sensoriofuncional. Según esta teoría, no existe una separación de categorías semánticas en el cerebro, sino que los conceptos están representados en él en función de sus rasgos característicos.
Laiacona, Bárbarotto y Capitani (1993). Han encontrado pacientes con déficits específicos para la categoría seres vivos que tenían igualmente dañados (o conservados) los rasgos perceptivos y los funcionales.
Coltheart et al. (1998). Han descrito pacientes con graves dificultades para procesar los rasgos visuales que no tenían especiales dificultades con los seres vivos.

Según esta teoría, los seres vivos se distinguen fundamentalmente por sus rasgos perceptivos (las cebras por las rayas, los canarios por el color amarillo, etc.), mientras que los objetos inanimados se distinguen por sus propiedades funcionales (el serrucho por sus picos para cortar, el martillo por su forma para ser agarrado con la mano para golpear, etc.). En consecuencia, las redes neuronales responsables de los seres vivos se extenderán más hacia las zonas perceptivas (zona temporooccipital), mientras que las responsables de los objetos inanimados se extenderán por la zona motora (frontoparietal).

Sin embargo, algunos datos contradicen a esta teoría. El más importante es que se han encontrado pacientes con déficits específicos para la categoría seres vivos que tenían igualmente dañados (o conservados) los rasgos perceptivos y los funcionales. Incluso se han descrito pacientes con graves dificultades para procesar los rasgos visuales que no tenían especiales dificultades con los seres vivos. Otro dato contrario a esta teoría es que los pacientes con trastornos en la categoría seres vivos no siempre tienen dificultades con los instrumentos musicales, ni los que tienen alteración con los objetos inanimados tienen siempre dificultades con las partes del cuerpo.

Teoría del conocimiento específico de dominio

Caramazza y Shelton (1998). Teoría del conocimiento específico de dominio. Según dicha teoría, no son las propiedades perceptivas o las funcionales las que determinan la separación de las categorías semánticas, sino que ha sido la propia evolución del cerebro humano la que ha determinado la organización del sistema conceptual.
Caramazza (1998). Descubre disociaciones entre estos dominios que presentan los pacientes con lesiones cerebrales, pues se han encontrado disociaciones dobles entre los dominios de animales, vegetales y objetos inanimados, es decir, pacientes que tienen dañada una de esas categorías mientras conservan las otras.

Contrariamente a la teoría sensoriofuncional, la teoría del conocimiento específico de dominio sostiene que el sistema conceptual está organizado en amplios dominios como resultado del desarrollo de mecanismos neuronales destinados al procesamiento de tipos específicos de estímulos. En principio, esta teoría distingue entre los dominios de animales, vegetales y artefactos, pero no descarta la existencia de más dominios, por ejemplo, el de los congéneres. El argumento es que las adaptaciones evolutivas para distinguir los diferentes tipos de estímulos pudieron haber servido de marco en torno al cual se organizó todo el sistema conceptual. Para nuestros antepasados era crucial diferenciar rápidamente si aquello que encontraban era un animal -y, por lo tanto, algo peligroso o algo que podía servir de alimento- o era un objeto que podía utilizarse para defenderse del peligro.

Un dato importante a favor de esta teoría es el hecho de que la distinción entre estos grandes dominios se produce ya en los primeros meses de vida del bebé y también en los primates superiores, lo que apunta a su carácter innato. Otro dato a favor reside en las disociaciones entre estos dominios que presentan los pacientes con lesiones cerebrales, pues se han encontrado disociaciones dobles entre los dominios de animales, vegetales y objetos inanimados, es decir, pacientes que tienen dañada una de esas categorías mientras conservan las otras.

También hay datos contrarios a esta teoría. El más importante es que no siempre se encuentra correlación entre la categoría afectada y el área cerebral dañada en los pacientes.

Teoría conexionista

Tyler y Moss (2001). Teoría conexionista; todos los conceptos se encuentran distribuidos en una misma red semántica, pero aquellos que comparten rasgos están más próximos y, por lo tanto, son más susceptibles de resultar afectados conjuntamente cuando se lesiona esa parte de la red.

Según la teoría conexionista, existe un único sistema semántico sin separación en categorías ni funcionales ni neuroanatómicas. Cada concepto tiene algunos rasgos que son comunes con los restantes conceptos de la misma categoría y otros que son distintivos del concepto. Los rasgos comunes son los que propician que esos conceptos estén próximos en la red conceptual y que, cuando se dañan, afecten a todos los conceptos que los comparten. En el caso de los seres vivos, los rasgos distintivos son más vulnerables porque tienen menos relación con las restantes propiedades, de ahí que una lesión leve puede conllevar que los pacientes reconozcan estos animales como mamíferos, salvajes, etc., pero no consigan diferenciar si se trata de una pantera o un tigre. En el caso de los objetos inanimados, los rasgos distintivos no resultan afectados tan fácilmente porque son los que caracterizan el objeto: por una parte, hay menos rasgos comunes con otros objetos y, por otra, hay una estrecha relación entre la forma del objeto y su función (la forma afilada del cuchillo para cortar, la forma gruesa del martillo para golpear, etc.).

Un dato contrario a esta teoría es el hecho de que nunca se producen trastornos en categorías específicas. Si los déficits que se observan en los pacientes para las diferentes categorías se deben a que afectan los rasgos comunes de los ejemplares de esas categorías, ¿por qué nunca se ha encontrado un déficit para la categoría aves o para la categoría peces si todos los ejemplares tienen varios rasgos comunes y, por lo tanto, ocupan un espacio concreto de la red semántica?

BASES NEUROLÓGICAS DEL SISTEMA SEMÁNTICO

Los datos obtenidos con las técnicas de neuroimagen y con los estudios de pacientes con lesión cerebral parecen indicar que las redes con información semántica se extienden por amplias zonas del cerebro, incluyendo los lóbulos temporales, parietales y frontales. Cada vez hay mayor consenso en que tres zonas corticales son responsables del procesamiento conceptual: la zona inferior del lóbulo frontal izquierdo, la zona temporoparietal izquierda y las zonas temporales inferior y media de ambos hemisferios. Y, por supuesto, las vías subcorticales que unen esas áreas, principalmente el fascículo arqueado.

Teoría de la percepción-acción

Pulvermüller (1999). Según la teoría de la percepción-acción, los conceptos se forman cuando la persona percibe un estímulo y realiza la acción correspondiente a ese estímulo, pues lo que hace es conectar neuronas perceptivas con neuronas motoras formando una nueva red, circuito o asamblea de neuronas.

Los conceptos se forman cuando la persona percibe un estímulo y realiza la acción correspondiente a ese estímulo, pues lo que hace es conectar neuronas perceptivas con neuronas motoras formando una nueva red, circuito o asamblea de neuronas. Cada concepto sería el resultado de la red que se forma con las neuronas responsables del procesamiento de los rasgos perceptivos, de las propiedades motoras y de las conexiones entre ellas.

Teorías corporeas (embodied)

González et al. (2006). Comprobaron que la lectura de palabras semánticamente relacionadas con los olores (p. ej., «canela») activaban las regiones cerebrales del olfato. Asimismo, palabras como «sal», con fuertes connotaciones gustativas, activan las áreas cerebrales que procesan los sabores reales.
Whitney et al. (2011). Hay dos componentes estrechamente unidos pero independientes en el procesamiento semántico: el conocimiento conceptual y los mecanismos ejecutivos responsables del acceso a ese conocimiento.
Pulvermüller (2012). Las teorías corpóreas (modelos distribuidos) postulan diferentes distribuciones de los conceptos por el cerebro en función de las características perceptivas y motoras de los conceptos.
Pulvermüller (2012). Algunos estudios de neuroimagen han comprobado que se produce activación en las estructuras límbicas cuando se procesan palabras de contenido emocional.

Las teorías corpóreas (embodied) postulan diferentes distribuciones de los conceptos por el cerebro en función de las características perceptivas y motoras de los conceptos. Las redes neuronales responsables de los conceptos con un alto contenido motor se extienden por la zona motora en los lóbulos frontales, las de los conceptos con alto contenido visual por los lóbulos occipitales, las de los conceptos con alto contenido táctil por los lóbulos parietales, etc. Todas esas redes se extienden también por la zona perisilviana, ya que todos los conceptos tienen nombres que se activan junto con sus significados.

Los estudios de neuroimagen muestran gran activación en las áreas occipitales y temporal inferior mientras los sujetos procesan estímulos cuyos rasgos son principalmente visuales (p. ej., frutas, colores, etc.), en cambio cuando procesan estímulos relacionados con acciones (p. ej., verbos, herramientas, etc.) se produce gran activación en la corteza frontal inferior, principalmente en el área premotora. Algunos conceptos destacan por sus rasgos táctiles (p. ej., «rugoso») y activan la zona sensoriomotora, otros por los rasgos sonoros (p. ej., «claxon») y activan la auditiva, otros, en fin por los rasgos olfativos y activan la zona olfativa. Incluso se ha comprobado que, según el tipo de acción que expresen los conceptos, las áreas motora y premotora que se activan son diferentes.

fig7 06 Procesamiento semántico

Zonas de la corteza motora que se activan durante el procesamiento de palabras relacionadas con distintas partes del cuerpo: piernas, brazos y cara. Los puntos blancos corresponden a las áreas del lenguaje, mientras que los puntos azules corresponden a las áreas motoras y premotoras relacionadas con pierna/pie («patear»), brazo/mano («agarrar») o cara/boca («soplar»). Adaptado de Hauk, Johnsrude y Pulvermüller (2004).

Los circuitos cerebrales responsables de los conceptos no sólo se extienden por la corteza, sino que alcanzan también a las estructuras subcorticales. Algunas lesiones subcorticales producen trastornos lingüísticos, por ejemplo los trastornos de lenguaje en enfermos de Parkinson. Las palabras con contenido emocional parecen depender de circuitos que se extienden por esas áreas subcorticales, principalmente por el sistema límbico responsable de las emociones. Todas las áreas corticales tienen proyecciones a los ganglios básales, que a su vez conectan al tálamo y vuelven a la corteza, formando circuitos corticosubcorticales que, entre otras muchas funciones, también intervienen en el lenguaje.

En cuanto a los conceptos abstractos que parecen no depender de rasgos perceptivos ni motores concretos, las teorías corpóreas postulan que se producen a partir de rasgos comunes a los conceptos concretos, a partir de los cuales se forman. Así, el concepto «animal» se forma a partir de varios conceptos concretos: gato, perro, liebre, gusano, etc. El concepto «gato» activará un circuito formado por neuronas responsables del procesamiento de determinados rasgos, principalmente visuales. El concepto «ratón» también activará ciertas neuronas, algunas comunes con las del concepto gato y otras diferentes. Lo mismo sucederá con los conceptos «perro», «vaca», etc., y para el concepto abstracto «animal» se producirá la activación de neuronas que son comunes a perro, gato, vaca, etc. De esta manera, también se explica que unos conceptos sean más típicos de la categoría que otros. El hecho de que «perro» sea un ejemplar más típico de la categoría «animal» que «pulpo» o «caracol» se debe a que su circuito es más similar, comparte más neuronas, que el del pulpo o el caracol con el concepto animal.

Una cuestión importante y muy discutida hoy en día es si realmente las redes semánticas se extienden por todas esas zonas del cerebro o si algunas de esas zonas cumplen un papel en el acceso al significado o en operaciones posteriores al procesamiento semántico más que en el propio procesamiento semántico. Mahon y Caramazza (2008) hablan de epifenómenos. En definitiva, el hecho de que algunas áreas participen en el procesamiento de un concepto no significa que esas áreas sean responsables del conocimiento conceptual: podrían intervenir en el acceso, o sólo en momentos posteriores al propio acceso.

Algunos autores hablan de dos componentes, estrechamente unidos pero independientes en el procesamiento semántico: el conocimiento conceptual y los mecanismos ejecutivos responsables del acceso a ese conocimiento. Dependiendo de la tarea y del propio concepto, el papel de los mecanismos ejecutivos es fundamental. Así, por ejemplo, de los perros sabemos que son animales de compañía, que hay muchas razas diferentes, que son fieles, que son mamíferos, etc., pero también sabemos que pueden transmitir la rabia, que ensucian las aceras, que nos despiertan por la noche con sus ladridos, etc. Toda esa información no se activa cuando oímos la palabra perro, sino sólo la relevante a cada situación; así, cuando escuchamos la oración «el niño fue atendido en el hospital por la mordedura de un perro» activamos información muy distinta de cuando oímos «el perro de María ganó un concurso de belleza». La selección de la información relevante para cada situación es tarea de los mecanismos ejecutivos.

Teoría hub (o centro de actividad)

Damasio (1989). Habla de zonas de convergencia, es decir, lugares donde convergen informaciones sensoriales diferentes. Así, hay una zona en la que convergen la información visual de la forma y la información de la acción, otra en la que convergen la representación de la forma y el nombre del objeto, etc.
Jeíferies y Lambón Ralph (2006). Nuestra capacidad para usar de manera eficiente el sistema semántico depende de dos elementos interactivos: un conjunto de representaciones amodales y un control semántico responsable del acceso a esas representaciones.
Patterson, Néstor y Rogers (2007). Teoría hub (o centro de actividad), sostiene que las redes neuronales correspondientes a los distintos conceptos, además de distribuirse por las áreas perceptivas y motoras, también se extienden, y de manera fundamental, por una zona del cerebro responsable del conocimiento conceptual puro independiente de la modalidad sensorial.
Pobric et al. (2007). A mayor atrofia en la parte anterior de los lóbulos temporales, mayor alteración semántica. Incluso en las personas sanas a las que se les genera una «lesión virtual», inhibiendo la actividad del lóbulo temporal anterior mediante estimulación magnética transcraneal repetitiva, se producen momentáneamente pérdidas de información conceptual o semántica.

La teoría hub (o centro de actividad) sostiene que las redes neuronales correspondientes a los distintos conceptos, además de distribuirse por las áreas perceptivas y motoras, también se extienden, y de manera fundamental, por una zona del cerebro responsable del conocimiento conceptual puro independiente de la modalidad sensorial. Cuando a causa de una lesión cerebral se dañan algunos conceptos, los pacientes no pueden recuperarlos por ninguna de las modalidades sensoriales: ni a través de las palabras, ni de los dibujos, ni del tacto. De hecho, muchos conceptos son totalmente abstractos y no dependen de ninguna modalidad sensorial ni motora, pues son el resultado de la integración de otros conceptos concretos con características comunes pero que pueden tener diferentes rasgos perceptivos. Es el caso de conceptos totalmente abstractos, como justicia o libertad, que no están relacionados con ninguna modalidad sensorial. Si las redes conceptuales se distribuyesen sólo por áreas perceptivas y motoras sería muy difícil formar los conceptos abstractos. Damasio (1989) habla de zonas de convergencia, es decir, lugares donde convergen informaciones sensoriales diferentes. Además de esas zonas en las que convergen distintas informaciones sensoriales y motoras, la teoría hub postula una zona amodal, un centro distribuidor de actividad donde están representados todos los conceptos, sea cual fuere la categoría semántica a la que pertenezcan y sean cuales fueren los rasgos perceptivos más destacados. Una lesión en esta zona produciría una alteración semántica con independencia de la modalidad perceptiva en que se presente (visual, auditiva, táctil) y de la modalidad de respuesta que se le pida (denominación oral, escrita, dibujo, mímica, etc.).

Los datos provenientes tanto de la clínica como de los estudios de neuroimagen apuntan a que esa zona amodal podría situarse en la parte anterior de los lóbulos temporales, puesto que esta región es crítica en el procesamiento semántico. Los pacientes con daño semántico puro debido a encefalitis por herpes simple tienen siempre dañada esa zona temporal anterior. También en la enfermedad neurodegenerativa denominada demencia semántica, cuyos primeros síntomas son puramente semánticos, la atrofia cerebral comienza en esa zona.

Hay tres zonas corticales (la parte anterior de los dos lóbulos temporales, izquierdo y derecho, el área temporoparietal izquierda y el área prefrontal inferior izquierda) que siempre se activan cuando se realizan tareas semánticas, como la denominación de dibujos, la asociación semántica o la fluidez verbal y que, cuando sufren una lesión, producen trastornos semánticos. Sin embargo, los defensores de la teoría hub sostienen que sólo las zonas temporales anteriores corresponden al sistema semántico, y que las otras dos son más bien áreas ejecutivas que participan en el acceso al sistema semántico. Parece bastante verosímil que la zona anterior de los dos lóbulos temporales sea la responsable de las representaciones semánticas amodales, dado que tiene ricas conexiones con las áreas corticales responsables de la información específica de la modalidad. De esta manera puede recoger la información sensorial, funcional y verbal de los estímulos para extraer las propiedades de alto orden y quedarse con una representación abstracta y amodal.

Es bien conocido que la zona prefrontal inferior desempeña un importante papel en las funciones ejecutivas en general y en la búsqueda activa de la información en particular, y que la zona temporoparietal está estrechamente conectada a la prefrontal a través del fascículo arqueado, por lo que esas dos regiones forman parte de un mismo sistema neuronal destinado al control semántico.
En definitiva, nuestra capacidad para usar de manera eficiente el sistema semántico depende de dos elementos interactivos: un conjunto de representaciones amodales y un control semántico responsable del acceso a esas representaciones. Hay ciertos aspectos de los conceptos a los que es posible acceder de manera automática, pero hay muchos otros que requieren un acceso controlado para extraer en cada momento, y en función de la tarea, la información más apropiada.

fig7 07 Procesamiento semántico

Distribución de la red semántica en la corteza cerebral según el modelo distribuido (A) y el modelo del centro de actividad (B). Tomado de Patterson et al. (2007)

AUTOEVALUACIÓN

REFERENCIAS

  • Cuetos Vega, González Álvarez, Vega, and Vega, Manuel De. Psicología Del Lenguaje. 2ª Edición. ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana, 2020.
  • PDF Profesor tutor Pedro R. Montoro
  • YouTube Profesor tutor Pedro R. Montoro

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