PROCESOS PSICOSOCIALES BÁSICOS EN EL ÁMBITO DEPORTIVO

La mayoría de las investigaciones que se mencionaran se han llevado a cabo con deportistas no profesionales. No obstante, estos procesos básicos también operan en el deporte profesional.

Motivación y emoción

La motivación es la fuerza impulsora de nuestra conducta y determina la dirección y la intensidad con que actuamos. El rendimiento que las personas alcanzan depende de la propia motivación. Muchas de las decisiones que cada persona toma, como realizar determinada actividad deportiva y no otra, dedicar
más o menos horas a su práctica o abandonarla temporal o definitivamente, están dictadas/impulsadas/
promovidas por la motivación propia.

Una de las clasificaciones más utilizadas distingue entre motivación intrínseca y motivación extrínseca (Deci y Ryan, 1985). La motivación intrínseca conduce a realizar una acción por el propio interés que genera la actividad (estudio psicología porque me gusta aprender, y me ayuda a comprender determinadas conductas). En cambio, la motivación extrínseca promueve la ejecución de una actividad con el fin de satisfacer otros motivos no relacionados con la actividad en sí misma (estudio psicología porque necesito el puto titulo para trabajar en la Diputación donde tengo «reservada» una plaza). La motivación intrínseca, en comparación con la motivación extrínseca, se ha relacionado con mayor adhesión a la práctica deportiva (Ryan, Frederick, Lepes, Rubio y Sheldon, 1997), con niveles más altos de esfuerzo (Ntoumanis, 2001), con mayor intención de práctica en el futuro (Pelletier et al., 1995) y con mayor afecto positivo hacia la actividad deportiva (McAuley y Tammen, 1989).

La orientación motivacional, intrínseca o extrínseca, del deportista es el resultado de la interacción entre factores contextúales e individuales. Entre los factores contextúales, el clima motivacional es fundamental para entender la primacía de un tipo de motivación u otra. El clima motivacional puede estar orientado hacia la tarea o hacia el ego. Un clima motivacional orientado hacia la tarea estimula el esfuerzo y la mejora personal en relación con el rendimiento previo del deportista. En cambio, en un clima motivacional orientado hacia el ego, la competencia no se mide en relación con el propio individuo, sino en relación con otros deportistas, de modo que el éxito significa ser mejor que otros.

El deportista orientado hacia la tarea emplea criterios autorreferentes para evaluar su competencia y mide el éxito en función de su grado de aprendizaje o del dominio de la tarea. Sin embargo, el deportista orientado hacia el ego utiliza criterios externos para estimar su competencia y se siente victorioso cuando supera a otros deportistas. La orientación motivacional del deportista influye notablemente en los estados emocionales y afectivos que experimenta antes, durante y después de la competición.

En un principio se pensó que los deportistas orientados hacia el ego mostrarían mayores niveles de ansiedad y estrés ante la competición que los deportistas orientados hacia la tarea dado que estos últimos se rigen por estándares internos de ejecución y persiguen resultados más controlables. Con todo, las investigaciones han obtenido resultados poco concluyentes.

Actitudes

Las actitudes son estructuras duraderas de creencias sociales adquiridas y organizadas por la propia experiencia que predisponen al individuo a reaccionar de manera característica frente a determinadas personas, objetos, sucesos o situaciones. Las actitudes siempre se refieren a algo determinado, el objeto de la actitud. Los objetos de actitud pueden ser concretos o abstractos, conductas u opiniones, y personas o grupos (López-Sáez, 2006).

Las actitudes constan de tres componentes (Briñol, Falces y Becerra, 2007) :

  • Cognitivo. Comprende los pensamientos y creencias de las persona acerca del objeto de la actitud.
  • Afectivo. Incluye los sentimientos y emociones relacionados con el objeto de la actitud.
  • Conductual. Aglutina las intenciones para realizar la acción y los comportamientos dirigidos hacia el objeto de la actitud.


Kenyon (1968), desarrolló la Escala de Actitudes hacia la Actividad Física (Attitudes Toioard Physical Activity, ATPA) con el fin de medir seis dimensiones que orientan/determinan la participación en actividades físicas. Esta escala asume que hay diferentes tipos de actitudes hacia el deporte que se corresponden con seis subdominios o subescalas, asociadas cada una con un criterio de preferencia diferenciado.

Escala de actitudes hacia la actividad física

SubescalasCriterio de preferencia
Experiencia socialActividad física con fines sociales
Salud y forma físicaActividad física para estar sano
Búsqueda de vértigoActividad física para lograr sensaciones y emociones
Experiencia estéticaActividad física como experiencia estética
CatarsisActividad física como pasatiempo y recreación
Experiencia ascéticaActividad física como un reto físico

Según la Encuesta de Hábitos Deportivos de los españoles (García Ferrando, 2005), los motivos más citados para explicar por qué se practica deporte son:

  1. Practicar ejercicio físico (60%).
  2. La diversión que produce y pasar el tiempo (47%).
  3. Afición al deporte (34%).
  4. Mantener y/o mejorar la salud (32%).
  5. Encuentro con amigos (23%).

Los hombres señalan, en mayor proporción que las mujeres, el aspecto lúdico y el hecho de pasar el tiempo, la afición por el deporte, el encontrarse con amigos y la inclinación a competir. Las mujeres hacen más hincapié que los varones en los motivos de practicar ejercicio físico, de mantener y/o mejorar la salud y de mantener la línea. Entre los jóvenes destaca, sobre todo, el elemento lúdico del deporte, el gusto por el deporte y la dimensión social de facilitar el encuentro con amigos. En cambio, entre los mayores adquiere más relevancia la ejercitación física y, sobre todo, la dimensión de la salud.

Estereotipos

Los estereotipos son creencias sociales compartidas acerca de las características de un grupo o de un tipo de individuos (sistema 1). En el terreno deportivo tienen especial importancia los estereotipos de género y de raza. Actualmente se acepta con bastante naturalidad la presencia de la mujer en el deporte, pero todavía persisten algunas diferencias entre géneros en el nivel de participación, interés y actuación deportiva.

En un estudio de Eccles y Harold (1991) se demostró que las diferencias de género en el deporte, al parecer, son más una consecuencia de la socialización que de diferencias aptitudinales entre hombres y mujeres.

Según la teoría de la amenaza del estereotipo (Steele y Aronson, 1995), las personas realizan peor una tarea cuando se les recuerda que el grupo al cual pertenecen suele obtener un rendimiento bajo en dicha tarea. Además, según esta teoría, los estereotipos también pueden afectar a las personas que no los han interiorizado. Numerosas investigaciones han comprobado que la actuación deportiva de las mujeres empeora cuando se informa de los estereotipos de género sobre su competencia en la tarea.

En cuanto a los estereotipos raciales, existe una creencia extendida y socialmente aceptada acerca de la supuesta superioridad innata de los atletas negros en comparación con los blancos en determinados deportes. Esta creencia es asumida también por muchos negros a pesar de que un gran porcentaje de ellos considera que la mayoría de los blancos los perciben como superiores en aptitud atlética, pero inferiores en inteligencia (Sigelman y Tuch, 1997), definida esta última como la habilidad para pensar estratégicamente en el terreno de juego.

Socialización

La socialización es el proceso mediante el cual las personas aprenden e interiorizan las normas y valores dominantes en un contexto social o cultural determinado. Este aprendizaje proporciona las capacidades necesarias para actuar de manera satisfactoria en la interacción social con otros miembros. Puede distinguirse entre una socialización dentro del deporte y una socialización a través del deporte.

  • Socialización dentro del deporte. Está relacionada con las influencias sociales que determinan la motivación hacia la práctica deportiva.
  • Socialización a través del deporte. Tiene que ver con la adquisición de valores, normas y conocimientos sociales como consecuencia de la práctica deportiva.

La orientación que se le dé al proceso de socialización deportiva depende, en gran medida, de las instituciones e individuos con capacidad para transmitir los valores culturales apropiados. En el deporte escolar, los agentes sociales más influyentes son la familia y los entrenadores que, junto con el deportista, forman el triángulo deportivo, pero a partir de la adolescencia los compañeros son el principal factor de influencia. Desde la teoría social cognitiva de Bandura (1982) la socialización deportiva puede interpretarse como un proceso de modelado, en el cual los compañeros, padres y entrenadores son modelos de influencia social en cuanto a la motivación y la participación deportiva. Además de entrenadores, padres y compañeros, existen otros factores de influencia de menor importancia que pueden condicionar el proceso de socialización deportiva, como los árbitros, los clubes y organizaciones deportivas y los medios de comunicación.

Habilidades y competencias sociales

La competencia social hace referencia a las aptitudes necesarias para afrontar eficazmente los retos de la vida diaria. Uno de los componentes básicos de la competencia social son las habilidades sociales aunque algunos autores utilizan los dos términos indistintamente. Como ejemplo de estas habilidades puede citarse la asertividad o la empatía. El entrenamiento en habilidades sociales ayuda al desarrollo de competencias, como la capacidad de comunicación y negociación o la superación de la inseguridad, la timidez y las conductas antisociales. Parece que el ámbito deportivo es un medio idóneo, en el cual puede practicarse este tipo de habilidades, sin embargo, la práctica deportiva no es solo una herramienta de desarrollo de la competencia social, sino que también está favoreciendo con su práctica la competencia social.

REFERENCIAS

  • Arias Orduña, A. (2016). Psicología social aplicada (1a ed., reimp. ed.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

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