Psicología social de la familia

Versión 2

INTRODUCCIÓN

El interés por la familia en psicología social, en tanto que grupo social primario, ha tenido una larga historia. Hasta los años setenta y ochenta gran parte de la psicología social se había desarrollado en los laboratorios, a partir de interacciones sociales creadas artificialmente. En este contexto, el estudio de la familia, grupo social natural, con relaciones sociales intensas y a largo plazo, escapaba a los métodos de investigación tradicionales. A partir de ese momento, el desarrollo de teorías específicas acerca del matrimonio y de las relaciones familiares logró superar la concepción reduccionista de la familia, como un
mero telón de fondo del desarrollo individual. Este desarrollo tuvo que ver con un acuerdo generalizado entre los psicólogos (clínicos, del desarrollo y sociales) acerca de la necesidad de asumir una concepción holística de la familia como una totalidad, así como de la importancia del estudio psicológico de los individuos como miembros de sistemas familiares. La conceptualización de la familia como un sistema, inmerso a su vez en sistemas sociales más amplios, tuvo un profundo impacto en el estudio de la familia y propició la creación de una división propia en la APA en 1985, Family Psychology, que se configuró como una de las corrientes principales en psicología, «o uno de los mayores nichos de negocio».

Entre los psicólogos sociales se incrementó el interés en distintos aspectos de la familia. Los de formación básica se orientaron a aplicar la cognición social al ámbito de la pareja, estudios sobre creencias realistas o irracionales en las relaciones, eficacia para resolver conflictos, y comunicación y procesos de atribución en la pareja. Los de orientación aplicada se centraron en aspectos del funcionamiento familiar, como apoyo social en la familia, relaciones maritales, relaciones entre roles familiares y laborales, divorcio, ciclo vital, conflicto y estrés familiar.

Los temas más importantes son los relacionados con los procesos de socialización familiar y el impacto de los estilos parentales en el ajuste psicosocial de los hijos. La familia es un grupo social primario, una de las áreas más importantes de la vida de las personas. Se erige como uno de los principales contextos sociales del desarrollo humano y como uno de los principales predictores del ajuste psicosocial de la persona, por lo que merece ser objeto de estudio de pleno derecho dentro de la orientación psicosocial.

PERSPECTIVAS TEÓRICAS EN EL ESTUDIO DE LA FAMILIA

En la actualidad, los marcos conceptuales sobre la familia configuran un panorama teórico plural. Este es
un síntoma saludable puesto que la ciencia puede considerarse un tipo especial de actividad cultural y tal diversidad es un ejemplo del pluralismo cultural en la vida social contemporánea. Gracia y Musitu (2000), proponen categorías organizativas en función de los asuntos familiares que tratan (estructura, función, sistema o interacción) y del criterio epistemológico (más o menos cercanas al positivismo y al reduccionismo o al pospositivismo y al holismo). Así, la categoría de la familia como interacción aúna las teorías teorías de tradición microsocial e interaccionista (Interaccionismo simbólico, teoría del conflicto y teoría del intercambio). En la familia como sistema se integra la tradición más holística de las ciencias sociales (teoría del desarrollo, teoría de sistemas y modelos ecológicos). Gracia y Musitu distinguen una tercera categoría, la familia como construcción social, en la cual se recoge las aportaciones de tradición más pospositivista (fenomenología, etnometodología, teoría crítica y enfoques feministas). Estos últimos acercamientos surgen como reacción a un positivismo basado en la operacionalización de variables y la objetividad del investigador, que se considera insuficiente para comprender la complejidad de la vida familiar y que necesita otras perspectivas, como la hermenéutico-interpretativa y la crítico-emancipadora.

Perspectiva hermenéutico-interpretativa. Esta representada fundamentalmente por el análisis etnometodológico, se pretende lograr una comprensión intersubjetiva del objeto de estudio y acuerdos mutuos sobre los significados de lo familiar.
Perspectiva crítico-emancipadora. Representada fundamentalmente por los enfoques feministas, se pretende utilizar el conocimiento para transformar estructuras de género opresivas y lograr así mayor justicia y libertad para las familias.

Estos acercamientos pospositivistas contienen ideas que mejoran la calidad de las preguntas y explicaciones para el estudio de la familia, así como la relevancia práctica de la ciencia social de la familia, aunque no han logrado desplazar los planteamientos teóricos más tradicionales.

Familia como interacción

En la categoría interacción se encuentra la tradición microsociológica e interaccional en el estudio de la familia, según la cual la esencia de la vida social es la interacción entre individuos, mientras que las estructuras supraindividuales, como la familia o el Estado, serían cristalizaciones de esta interacción, la sociedad está formada por personas y grupos que se encuentran en interacción con el objetivo de lograr sus metas, para lo cual elaboran ciertos patrones o formas culturales que facilitan esa tarea. Un ejemplo de creación de esos patrones de interacción sería la familia. La interacción es el concepto que articula la relación entre el individuo y la sociedad, entre lo psicológico y lo sociológico, y es el fundamento de importantes teorías en psicología social.

Interaccionismo simbólico

El interaccionismo simbólico es uno de los principales enfoques teóricos en el estudio de la familia. El artículo de Burgess (1926) «La familia como una unidad de personalidades en interacción», fue la primera
aplicación formal del interaccionismo al estudio de la familia. El núcleo fundamental de principios compartidos por los interaccionistas simbólicos queda resumido en palabras de Munné (1996): «lo más característico y singular del comportamiento humano es que interactúa mediante comunicaciones simbólicas. Esto requiere redefinir la situación en que se actúa, así como actuar asumiendo y teniendo en cuenta los comportamientos que son esperados por los demás en la situación. Los significados de las acciones pueden mantenerse, modificarse o crearse por los actores, los cuales son así artífices activos de la vida social. Todo ello configura en la persona un self (un yo) o mediador entre esta y la organización social».

Los interaccionistas simbólicos se interesaron por conceptos como la identidad y los roles familiares. La interacción cotidiana entre los miembros de la pareja y entre padres e hijos constituye la vida familiar. Los integrantes de la familia desarrollan, gracias a esta intensa interacción, una concepción de sí mismos y de identidad familiar, y un sentido de responsabilidad hacia los otros significativos que se expresa en los roles familiares. En este proceso, si la socialización es efectiva, la adopción y el desempeño de los roles se convierte en un componente importante del self. Los adultos se adscriben nuevas definiciones sociales como padre o madre y los hijos desarrollan definiciones de sí mismos como un reflejo de la medida en que están satisfaciendo las expectativas parentales. Las familias crean su vida familiar buscando y negociando un consenso satisfactorio acerca de sus situaciones; lo importante no es si la definición de su situación familiar es válida o moralmente apropiada en un contexto determinado, sino que esta sea compartida por los miembros del grupo.

Conceptos básicos del interaccionismo simbólico
Self
Roles
Socialización:

Teoría del conflicto

Los teóricos del conflicto consideran que este es una característica de la estructura de los grupos que, además, tiene un papel positivo cuando se logra mayor unidad en el grupo. Las tendencias hacia el orden y hacia el conflicto son inevitables en la existencia social. Frente a una imagen de la familia como una unidad social bien integrada, armoniosa y enriquecedora para sus integrantes, los teóricos de la familia comenzaron a aceptar que la familia, como grupo social e institución social, podía poseer características que explicaran que variables de la estructura del grupo familiar (número de personas que la integran, edad y género) y de la estructura de la situación (competición o cooperación en el logro de los intereses de sus integrantes) estuvieran relacionadas con el grado de conflicto familiar y explicaran que el conflicto fuese una parte fundamental y normal de su realidad (Farrington y Chertok, 1993).

Comenzaron a incluirse en el estudio de la familia cuestiones como los conflictos entre padres e hijos, entre los miembros de la pareja o entre hermanos, la agresión en las relaciones familiares, la distribución desigual de poder en función del género o la edad y el manejo del conflicto con la negociación con objeto de mantenerlo en unos niveles aceptables para sus integrantes. De todos los grupos sociales que se pueden estudiar, la familia es un laboratorio único en que existen conflictos intensos y pueden convivir el amor y el apoyo con el odio y la violencia (Klein y White, 1996).

Teoría del intercambio

Esta perspectiva se relaciona con la búsqueda del placer, la evitación del dolor y el cálculo racional de costes y beneficios en las relaciones sociales. Utiliza la metáfora económica, según la cual las relaciones sociales son como una extensión de los mercados, donde cada individuo actúa en función del propio interés con el objetivo de maximizar sus beneficios. Se asume que la familia debe proporcionar recompensas a sus integrantes, tanto en las relaciones de pareja como en las relaciones entre padres e hijos. Entonces, puesto que se vive en entornos sociales, como la familia, caracterizados por la interdependencia, se necesita la cooperación para intercambiar recursos con los demás. En las relaciones familiares (largo plazo) se está dispuesto a asumir algunas pérdidas en el presente porque se espera un cómputo positivo en el futuro.

Esta perspectiva ofreció en la década de 1970 nuevas herramientas conceptuales para analizar áreas tradicionales, como la satisfacción y la estabilidad familiar o las relaciones intergeneracionales. Así, por ejemplo, en el área de la satisfacción marital y el divorcio, Lewis y Spanier (1982) propusieron los siguientes elementos de análisis: recompensas internas a la relación diádica (atracción y fortaleza del vínculo), costes en la relación (tensiones y conflictos), costes externos (presiones sociales para permanecer casados o barreras legales a la disolución) y recompensas externas (existencia de una alternativa de recompensa). Dependiendo del equilibrio entre costes y recompensas/internos y externos, se podía predecir la satisfacción y probabilidad de disolución de la pareja. Sabatelli y Shehan (1993), aplicaron este esquema a relaciones percibidas como claramente desventajosas o peligrosas desde el exterior, como es la violencia marital, donde es posible que condicionantes externos, como las elevadas presiones sociales o barreras contra la disolución de la pareja y/o la ausencia de alternativas de recompensa, mantengan la relación.

Familia como sistema

La concepción de la familia como un sistema enmarcaba a los teóricos de la familia de la década de los 80, en una tradición holística en las ciencias sociales.

En palabras de Blanco (1995), el holismo sociológico tiene tres características principales:

  • Ratifica la existencia de entidades totales o fenómenos supraindividuales.
  • Dichas entidades poseen propiedades distintas de las que poseen los elementos que las forman y surgen como rasgos emergentes de la interacción entre estos elementos.
  • Las propiedades emergentes tienen la facultad de definir las relaciones entre los individuos dentro del grupo.

Estas tres características y la idea de que la familia es similar a un sistema vivo que trata de mantener el equilibrio ante las presiones del ambiente son los puntos fundamentales en común entre las siguientes teorías.

Teoría del desarrollo familiar

Esta teoría se centra en la interacción de los miembros de la familia en relación con su ambiente externo y, sobre todo, en relación con su ambiente interno, en los cambios sistemáticos que experimentan las familias a medida que van desplazándose a lo largo de los diversos estadios de su ciclo vital, que son precipitados por las necesidades biológicas, psicológicas y sociales de sus miembros (p. ej., el nacimiento de un hijo o la jubilación).

Cárter y McGoldrick (1989)señalan las siguientes etapas del desarrollo familiar: formación de la pareja, familias con hijos pequeños, familias con hijos en edad escolar, familias con hijos adolescentes, salida de los hijos del hogar o nido vacío y jubilación. El paso de un estadio a otro ocurre cuando se producen cambios en la composición y estructura familiar, lo que implica, a su vez, una serie de efectos en su funcionamiento y bienestar. Los cambios provocan crisis familiares que requieren la resolución de una serie de tareas u objetivos que deben alcanzarse para pasar con éxito al siguiente estadio y mantener así el equilibrio familiar. Actualmente deben hacerse las pertinentes adaptaciones del modelo para dar cabida a la variedad de formas familiares en las sociedades contemporáneas.

Teoría de los sistemas familiares

La teoría general de sistemas se basa en nuevas ideas que surgen después de la segunda guerra mundial.

  • Desde la cibernética, Wiener (1948) formula el Principio de feedback o retroalimentación de la información de un sistema.
  • Desde la biología, Bertalanffy (1975), señala la importancia de comprender las propiedades de las totalidades frente al aislamiento de sus elementos.

Bateson, Don Jackson o Watzlawick llevan la aplicación de la teoría general de sistemas al estudio de las familias. Es uno de los principales marcos conceptuales en el estudio de la familia hasta la actualidad.
Desde esta perspectiva, una familia puede considerarse como un sistema porque:

  • Los integrantes se consideran partes mutuamente interdependientes.
  • Para adaptarse a los cambios, externos e internos, incorpora información de su medio, toma decisiones, trata de responder, obtener feedback de su éxito y modificar su conducta si es necesario.
  • Tiene límites permeables que la distinguen de otros grupos sociales.
  • Debe cumplir ciertas funciones para sobrevivir, como el mantenimiento físico y económico y la reproducción, socialización y cuidado emocional de sus miembros.

En síntesis, la familia quedó definida como un sistema social abierto, dinámico, dirigido a metas y autorregulado.

Conceptos básicos de la teoría de sistemas familiares
SistemaEs la unidad básica de análisis, un conjunto de elementos en interrelación entre sí y con el
ambiente. En una familia, los elementos componentes serían las personas que la integran. En palabras de Minuchin y Fishman (2004) «la familia es un grupo natural que en el transcurso del
tiempo ha elaborado pautas de interacción (regularidades observables). Estas pautas o reglas de interacción constituyen la estructura familiar, que rige a su vez el funcionamiento de los miembros, define su gama de conductas y facilita su interacción recíproca. La familia necesita de una estructura viable para desempeñar sus tareas esenciales que son apoyar la individuación de sus miembros al tiempo que proporciona un sentimiento de pertenencia».
Jerarquía la familia es un sistema jerárquicamente organizado, comprende subsistemas más pequeños (el marital o hermanos) y está en sistemas más amplios (la comunidad).
Límites Definen el sistema en relación con el ambiente y la diferenciación dentro del sistema entre los diferentes subsistemas. En función de su grado de permeabilidad, regulan el flujo de información entre el ambiente y el sistema y entre los distintos subsistemas.
FeedbackSistema de control; un circuito cerrado de información que devuelve al sistema parte de su
output en forma de input. Puede ser de dos tipos: el feedback negativo corrige cualquier desviación y mantiene una homeostasis (p. ej., cuando se trata de corregir la desviación de algún miembro respecto a las reglas y valores familiares); el feedback positivo amplía las desviaciones, lo que conlleva la pérdida de estabilidad y el cambio o morfogénesis (p. ej., cuando las familias tienen que innovar soluciones frente a nuevos problemas). La supervivencia del sistema depende de un adecuado equilibrio entre estabilidad y
cambio.

Ecología del desarrollo humano:

urie bronfenbrenner Psicología social de la familia
Representación gráfica de la ecología del
desarrollo humano, según Urie Bronfenbrenner.

Surge en las ciencias sociales, y emplea los principios ecológicos para comprender y explicar la organización social humana. Urie Bronfenbrenner (1979), tiene una visión similar a la teoría de los sistemas familiares, pero con un marcado énfasis en la interacción con el entorno externo. Trató de unir el desarrollo ontogenético del individuo con la interacción con el ambiente para desarrollar una ecología del desarrollo humano y de la familia. Para este investigador, la familia no existe como unidad independiente de otras organizaciones sociales; la relación del sistema familiar con el entorno es de influencia recíproca, en un proceso continuo de adaptación mutua. Así, el desarrollo individual debe entenderse en el contexto de este ecosistema, donde la persona crece y se adapta mediante intercambios con su ecosistema inmediato (la familia) y ambientes más distantes, como la comunidad. En este ecosistema humano se pueden distinguir cuatro contextos distintos, pero interrelacionados entre sí.

Conceptos básicos de la ecología del desarrollo humano
Microsistema Conjunto de interacciones entre la persona en desarrollo y su entorno más inmediato. La familia es el principal microsistema del niño y comprende las interacciones entre este y sus padres y hermanos. Otro microsistema relevante sería la guardería o la escuela, que comprende las interacciones del niño con profesores e iguales.
Mesosistema Conjunto de interrelaciones entre los principales escenarios o microsistemas de la
persona en desarrollo, como las interrelaciones entre la familia y la escuela.
Exosistema Definen el sistema en relación con el ambiente y la diferenciación dentro del sistema entre los diferentes subsistemas. En función de su grado de permeabilidad, regulan el flujo de información entre el ambiente y el sistema y entre los distintos subsistemas.
MacrosistemaRepresenta los valores culturales, sistemas de creencias y sucesos históricos (guerras, desastres naturales, etc.) que pueden afectar a los otros sistemas ecológicos de la persona. Por ejemplo, la aprobación cultural del castigo o las creencias hacia la infancia pueden tener importantes efectos en las pautas de crianza de los padres hacia el niño en desarrollo.

ACERCAMIENTO CONCEPTUAL AL TÉRMINO FAMILIA

Un acercamiento conceptual al término familia requeriría la adopción de una perspectiva histórica y cultural amplia. Para ello es fundamental partir del construccionismo social, que entiende el mundo desde una posición de intercambio social en la elaboración y construcción de significados compartidos mediante símbolos y sostiene que el conocimiento del entorno no procede tanto de la definición objetiva de las cosas como de la explicación que las personas les conceden. Los elementos del lenguaje (hombre, amor, familia…) son elementos de significado variable, puesto que la definición dependerá del contexto social, la época histórica y la cultura (por ejemplo, no en todos los estados se reconoce el matrimonio homosexual, y mucho que puedan crear una familia «alquilando vientres», incluso en los estados donde esas conductas son legales no hay consenso), la elección libre del cónyuge es reciente en occidente y un sueño para miles de millones de seres humanos (véase la India, china, o marruecos). «Hay que decir que el mayor obstáculo para avanzar en ese sentido es la religión, las religiones mayoritarias establecen un modelo de familia perfectamente definido y donde el papel de las mujeres no va más allá del cuidado y la reproducción».

Durante siglos, dominaba el patriarcado (con la religión como principal soporte ideológico del mismo) y el objetivo fundamental del matrimonio era la continuidad de las líneas familiares con el nacimiento de hijos (y la trasmisión patrimonial), al margen de si había vínculos afectivos en la pareja. La gran revolución de los sentimientos aconteció a mediados del siglo XX cuando se unieron los conceptos de amor romántico, sexualidad, matrimonio y familia (¿De que revolución hablan? La revolución rusa fue a principios del XX. A
finales del siglo XX ocurrieron otras transformaciones en las sociedades industrializadas que han conllevado importantes cambios, como son la legalización del divorcio o la supresión de la penalización por adulterio y contracepción. A partir de este momento, las familias han comenzado a caracterizarse por su diversidad, pero también por la exigencia de compromiso mutuo, sinceridad y solidaridad entre sus miembros. Hoy en día, además del matrimonio, existen nuevas formas de convivencia integradas en el concepto actual de unión amorosa y de familia, y que pueden implicar (o no) la firma de documentos formales, como las parejas de hecho. La pluralidad actual de estructuras familiares dificulta la definición del término familia, y esto se agrava si se pretende conciliar en el mismo epígrafe las variaciones históricas y culturales.

Pregunta: «Me gustaría saber a que se refiere con “la gran revolución de los sentimientos”, y tampoco tengo el contexto geográfico. Tengo entendido que los cambios que se han producido en relación con la familia han venido de la mano de la política. Creo que el impacto en la familia de la revolución sovietica he tenido repercusión en todo el mundo. En España, a principios del XX el movimiento anarquista propicio muchos de los cambios asociados a las relaciones familiares, incluso estuvieron a punto de conseguir la legalización del aborto, sin embargo, esos avances fueron frenados en seco y reprimidos por el “fascismo”, y la iglesia.¿Realmente se puede entender la familia obviando la influencia de la religión? Pensaba que el concepto de familia estaba determinado por la religión»

Respuesta: «Lo que se quiere dar a entender, en la parte del texto a la que te refieres, es a la necesidad de que la familia se entienda dentro del contexto social en el que se desarrolla. Es más, se trata de una construcción social, que se enmarca, dentro de una cultura. Podemos considerar movimientos sociales de gran trascendencia para la cultura occidental (Romanticismo, Surrealismo, revoluciones liberales, revolución industrial) que pusieron en primer plano la consideración de los sentimientos, del subjetivismo y del progreso. Que, ya en el siglo XX se asoció, como se señala en el texto, con el amor romántico, la sexualidad y la familia. La consecuencia es la apertura a nuevas maneras de vivir las relaciones familiares que distan de los patrones clásicos.

La religión, como uno de los componentes culturales de la sociedad es importante, pero no podemos decir que sea ésta la que marque la manera de establecer y de estructurar las familias. Por el contrario, la diversidad familiar actual muestra que los valores y actitudes están en continuo cambio y apertura a nuevas formas de construir las familias». Docente Encarnación

Repregunta: «Entiendo que la religión también es una construcción social, y a veces esa construcción social ha sido la base del estado, en el caso de España hasta 1978. Creo que es evidente que lo que ha permitido desarrollar distintos modelos de familia a los que podemos optar hoy en día en España, es la perdida de influencia de la religión y la separación entre religión y estado. No es casualidad que en los estados donde la religión sigue siendo poderosa, sus códigos penales estén plagados de “pecados”, la homosexualidad, el aborto, la poligamia… No hace mucho en España ser homosexual, polígamo, o el aborto, eran delitos graves.

Los mormones de Utah eran polígamos hasta que dejaron de serlo para entrar en la Unión, simplemente cambiaron la doctrina de su religión y cambiaron el modelo de familia. Los musulmanes aceptan la poligamia sin problemas, y rechazan el matrimonio homosexual simplemente porque lo dice su credo, y en la España nacionalcatolica de Franco y cia. la cosa no era muy diferente.

Lo del amor romántico y las revoluciones liberales, creo que es cuestionable. El amor romántico esta documentado desde la Ilíada, ¿no es amor romántico la historia de Helena de Esparta y París de Troya?. Es muy probable que haya existido siempre. Las revoluciones liberales se hicieron buscando la libertad (la libertad para tener poder político además del económico), más que la igualdad (entendida como equidad), de hecho, después de esas revoluciones los modelos familiares apenas cambiaron, la mujer siguió siendo cosificada. Sin embargo, las revoluciones socialistas sí promovieron la igualdad, y modelos familiares donde el hombre y la mujer son iguales».

Respuesta: «Es un debate interesante, pero me temo que excede a los límites del tema que nos ocupa». Docente Encarnación

Las definiciones aportadas a mediados del siglo XX han quedado obsoletas. Lévi-Strauss (1949) atribuía a la familia tres características generales: “tiene origen en el matrimonio; está compuesta por el marido, la esposa y los hijos nacidos del matrimonio, y sus miembros están unidos por obligaciones de tipo económico, religioso u otros, por una red de derechos y prohibiciones sexuales y por vínculos psicológicos y emocionales, como el amor, el afecto, el respeto y el temor”. Actualmente puede haber familia sin matrimonio, con hijos adoptados y con parejas homosexuales, incluso puedes alquilar un vientre y comprar un bebé.

Giddens (1991) considera la familia como un grupo de personas ligadas por nexos de parentesco, cuyos miembros adultos asumen la responsabilidad del cuidado y educación de los hijos, y Fernández de Haro (1997) señala que se trata de una unión pactada entre personas adultas con una infraestructura económica y educativa que facilita el desarrollo social de los hijos y que, generalmente, conviven en el mismo hogar.
Aunque estas definiciones son más apropiadas, continúan sin reflejar la dinámica familiar de algunas uniones sin descendencia. La estructura familiar básica a la cual hacen referencia estas definiciones es la denominada familia nuclear, forma de organización que todavía predomina en el mundo occidental, pero que convive con múltiples fórmulas de unión conyugal.

Otras definiciones destacan las funciones de la familia, más que su estructura o composición: la familia es un sistema de relaciones fundamentalmente afectivas, en el cual el ser humano permanece largo tiempo, constituido por fases evolutivas cruciales, como la infancia y la adolescencia (Nardone, Giannotti y Rocchi, 2003). Beutler, Burr, Bahr y Herrín (1989) sugieren que la familia es un ámbito relacional con rasgos característicos que la diferencian de todas las demás esferas de relación interpersonal. Algunos de estos rasgos son: la familia, además de servir a la supervivencia, persigue objetivos adicionales, como la intimidad, la cercanía, el desarrollo, el cuidado mutuo y el sentido de pertenencia; son propias de la interacción familiar la naturaleza del afecto y la intensidad de la emoción, cualquiera que sea su valencia; el altruismo es una forma de relación dominante. Esto significa que, a grandes rasgos, la cualidad esencial de la vida familiar es un acuerdo o compromiso emocional: cariño, cuidado, implicación mutua, donación recíproca, responsabilidad interpersonal, etc.

Si se atiende a los miembros que componen la unión familiar, la distinción más conocida hace referencia la familia extensa, que sigue una línea de descendencia e incluye como miembros de la unidad familiar a personas de varias generaciones, y se estructura, principalmente, a partir de la herencia o legado, y la familia nuclear, compuesta por la pareja unida por lazos legales matrimoniales y los hijos no adultos (o que todavía no han formado sus propias uniones familiares). Aunque en cada etapa de la evolución social han coexistido formas mayoritarias y minoritarias de familia, la preeminencia de la familia nuclear ha sido una constante, tanto en las sociedades tradicionales como en las sociedades industriales. Actualmente todavía es el tipo de familia más habitual en Europa y América, aunque ha disminuido considerablemente en las últimas décadas para dar paso a una mayor diversidad de formas.

Diversidad de formas familiares
Familia nuclear Compuesta por los dos cónyuges unidos en matrimonio y sus hijos.
Familia en cohabitación Es la convivencia de una pareja unida por lazos afectivos, con o sin hijos, pero sin
el vínculo legal del matrimonio. Las parejas de hecho se consideran dentro de este grupo. En algunas ocasiones se plantea como una etapa de transición previa al matrimonio. Es bastante frecuente en algunos países europeos.
Familia reconstituida La unión familiar que, después de una separación, divorcio o muerte del cónyuge, se
rehace con el padre o la madre que tiene a su cargo los hijos y el nuevo cónyuge y sus hijos, si los hubiere. Familia monoparental: un padre o una madre que no está casada ni cohabita. Vive, al menos, con un hijo menor de dieciocho años y, en ocasiones, con los propios padres..
Familia monoparentalUn padre o una madre que no está casada ni cohabita. Vive, al menos, con un hijo
menor de dieciocho años y, en ocasiones, con los propios padres.


Es importante señalar que las diferencias demográficas, económicas y culturales entre países implican la existencia de grandes diferencias respecto al modo de entender y formar una familia. Hay culturas donde priman las familias extensas en comparación con las nucleares; en otras, predomina el matrimonio religioso; en otros contextos, la firma de documentos ha perdido significado y se apuesta por la cohabitación, etc. Además de los factores culturales, existen otros determinantes demográficos y económicos que influyen en las tipologías familiares. En las sociedades occidentales han acontecido en los últimos años múltiples cambios que se han vinculado con la nueva diversificación familiar y con características propias de las familias actuales. Algunas de estas transformaciones son el descenso de los índices de natalidad o el aumento de la esperanza de vida aunque, quizás, el cambio más destacable sea la disolución de las familias.

Así, a partir de los años setenta, las tasas de separaciones y divorcio aumentaron considerablemente en numerosos países, como consecuencia de cambios en las legislaciones. Esto ha incrementado el número de familias reconstituidas y monoparentales. Ante la gran diversidad de formas de familia, algunos consideran que sería más adecuado hablar de familias que de la familia (Berger y Berger), para superar la primacía moral o ideológica de un modelo concreto de familia. Se considera que todas ellas cumplen funciones fundamentales para el desarrollo psicosocial de las personas, lo que apunta a considerar si un
grupo es una familia según sus funciones y no según su forma.

FUNCIONES PRINCIPALES DE LA FAMILA

La diversidad de familias hace replantearse si la familia tiene unas funciones estándares o si dependerán de cada tipología familiar. Algunas funciones tradicionalmente atribuidas a la familia, como la reproductiva, la educación formal y religiosa o la función de cuidado de ancianos y enfermos, han perdido importancia. Algunos cónyuges deciden no tener descendencia; las actuales sociedades de servicios (panfleto neoliberal???… qué es eso de las sociedades de servicios? en Europa lo que se lleva es son los estados sociales, son sociedades de servicios pero a diferencia de USA donde el dinero determina el acceso a esos servicios, en un estado social la mayoría de esos servicios son derechos) están asumiendo la función de cuidado de ancianos y enfermos mediante instituciones especializadas; la función de la educación formal y religiosa se ha delegado a instituciones fuera de la familia.

Sin embargo, la familia continúa desempeñando algunas funciones básicas y comunes a todos los tipos de familias actuales, como las funciones económicas y de apoyo o afectiva. Musitu y Cava (2001) sugieren que en la sociedad actual se espera que la familia, al menos la nuclear, cumpla funciones de compañía, actividad sexual, apoyo mutuo y educación y cuidado de los hijos. La familia continúa siendo la única institución que cumple simultáneamente varias funciones clave para la vida de la persona y también para la vida en sociedad. La familia ordena y regula:

  • La conducta sexual, mediante una serie de normas, como la prohibición del incesto y la sanción del adulterio.
  • La reproducción de la especie con eficacia y funcionalidad.
  • Los comportamientos económicos básicos, desde la alimentación hasta la producción y el consumo.
  • La educación de los hijos, sobre todo, en las edades más tempranas y difíciles.
  • Los afectos y los sentimientos, con su expresión íntima y auténtica.

La familia actual continúa cumpliendo una función económica de gran importancia. Según Alberdi (1999), el hogar familiar es una unidad económica que se caracteriza, entre otras cosas, por poner sus recursos en común y, en el momento actual, es la institución que está permitiendo soportar el coste social del desempleo de jóvenes y adultos, además del cuidado de personas con algún tipo de discapacidad. La red de parentesco familiar es la mejor red de protección social y económica en las sociedades actuales.Otra característica fundamental es que suele ser la principal fuente de apoyo y afecto para sus integrantes. Aunque existan conflictos en todas las relaciones familiares, continúa siendo el contexto por excelencia en que la persona suele buscar consuelo y ayuda tanto de tipo material como emocional. Musitu, Román y Gutiérrez (1996) sostienen que mediante las relaciones de afecto y apoyo mutuo, cumple a su vez varias funciones psicológicas para las personas: grupo específico dentro del mundo social, sentido de pertenencia y sentimiento de seguridad, desarrollo de la identidad personal, fomentar la adecuada adaptación social, promover la autoestima y la autoconfianza, permitir la expresión libre de sentimientos y establecer mecanismos de socialización y control de los hijos con las prácticas educativas utilizadas por los padres.

La familia con hijos cumple una función principal de socialización, que puede definirse como el proceso mediante el cual las personas adquieren valores, creencias, normas y formas de conducta apropiadas en la sociedad a la cual pertenecen. La meta final de este proceso es que la persona asuma, como principios guía de su conducta personal los objetivos socialmente valorados, y que esto se convierta en un filtro para evaluar la aceptabilidad o incorrección de su comportamiento.

Principales funciones de la familia.
Económica Regula los comportamientos económicos básicos y más elementales, desde la alimentación de sus integrantes en la infancia hasta la provisión financiera a los hijos adultos necesitados.
Afectiva o apoyo Permite la expresión íntima de afectos y emociones. Además, es proveedora de recursos materiales y personales a sus integrantes. Es el lugar elegido por la mayoría de personas para solicitar consuelo y ayuda.
Socializadora Una de las funciones principales que desempeña la mayoría de familias es la del cuidado y atención de los hijos, pues procura su desarrollo integral, psicológico y social. Desde la familia se ejerce la principal labor de transmisión de valores a los hijos mediante la aplicación de prácticas educativas concretas.
AsistencialCuando algún miembro presenta un problema que requiere atención y ayuda especiales.

En definitiva, la familia desempeña funciones de gran relevancia a lo largo de todos los periodos evolutivos: infancia, niñez, adolescencia, edad adulta y tercera edad. Así, las primeras relaciones interpersonales se producen con los padres y estos se convierten en nuestros primeros proveedores de afecto y los más destacables referentes en el desarrollo del sentimiento de seguridad y de pertenencia. Numerosos estudios relacionan el vínculo emocional o apego seguro con los cuidadores principales con el posterior ajuste psicosocial de la persona. En estos primeros años, los estilos de crianza parental tienen un marcado efecto en el ajuste de los más pequeños. Conforme avanza el período de la niñez, los amigos, vecinos y profesores comienzan a formar parte importante de la red social de la persona, pero los padres continúan siendo los principales proveedores de afecto, atención y cuidados. Además, los padres, como modelos de comportamiento, van a influir marcadamente en las relaciones sociales que el niño establezca fuera del contexto familiar; Ej.: el niño utilizará las estrategias y las habilidades sociales que haya aprendido en la familia para comunicarse con sus iguales y sus profesores. Los padres también van a delimitar el tipo de relaciones que sus hijos tienen con sus iguales y adultos. En la adolescencia, las relaciones de amistad con los iguales y los encuentros con las primeras parejas provocan, en algunos casos, el mayor distanciamiento entre padres e hijos. El proceso de configuración y consolidación de la identidad y la demanda creciente de mayor autonomía, característicos de la adolescencia, son una fuente potencial de tensión y estrés en el sistema familiar, que puede aumentar la frecuencia o intensidad de ciertos conflictos. Estos conflictos pueden ser una oportunidad para la reestructuración de las normas familiares utilizadas hasta ese momento en la socialización y educación de los hijos. No solo el adolescente debe adaptarse a los cambios físicos, cognitivos y sociales propios de esta etapa del ciclo vital sino que también la familia debe adaptarse a la nueva situación y continuar siendo el referente principal de apoyo y afecto para el joven. Una vez que los hijos son mayores, puede ser necesario desarrollar una función asistencial con los padres ancianos, aunque el aumento de la esperanza de vida ha conllevado que se alcancen edades avanzadas sin mostrar deterioro grave de salud física o cognitiva. En la actualidad, existe una nueva función familiar relacionada con la mayor funcionalidad de nuestros mayores: el cuidado de los nietos.

CRIANZA Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

La función de socialización que ejerce la familia implica que muchos de nuestros pensamientos, comportamientos y hábitos tienen su origen directo en la familia. La familia es el contexto social en el cual se comienza a entender cómo es el mundo, el fundamento de las relaciones sociales, así como a configurar un sistema de valores personales y una identidad particular. Los hijos observan en sus padres qué conductas son más o menos apropiadas y aceptadas en su contexto, así como información sobre los roles ocupacionales y de género. Además, la transmisión de estos valores, actitudes y modos de comportamiento ocurre en un clima familiar emocional que está marcado por el tipo de estilo parental utilizado por los padres.

La mayoría de investigaciones acerca de los estilos parentales destacan dos dimensiones o factores básicos que explican gran parte de la variabilidad de la conducta disciplinaria y, aunque cada autor utiliza distintos términos, la similitud de las dimensiones propuestas es notable y pueden unificarse en apoyo parental (afecto, implicación y aceptación del hijo trente a hostilidad y rechazo) y control parental (permisividad e indulgencia frente a coerción e imposición).

Musitu y Cava (2001) sostienen que la dimensión de apoyo hace referencia a aquellas conductas de los padres cuyo objeto es que los hijos se sientan aceptados y comprendidos, y se refleja en la expresión de afecto, satisfacción y ayuda emocional y material (alabanzas, elogios y expresiones físicas de cariño y ternura..). La dimensión control se refiere a la actitud que asumen los padres hacia los hijos con la intención de dirigir su comportamiento y se expresa en orientaciones, (dar consejos o sugerencias), y en actitudes y conductas más coactivas, (amenazar con castigos, castigar u obligar a cumplir determinadas normas). En función de estos dos factores, se han descrito distintas tipologías de estilos parental para, a partir de ellas, analizar las consecuencias en el ajuste psicosocial en los hijos.

Estilos parentales

Erikson (1963) destacó dos dimensiones en el análisis de los tipos de estilo:

  • Proximidad/distancia, que se refiere a la cantidad de afecto y aprobación que los padres dispensan a sus hijos.
  • Permisividad/restricción, que hace referencia al grado en que los padres limitan las conductas y expresiones de sus hijos.

Erikson pensaba que ambas dimensiones eran relativamente independientes puesto que un padre puede ser muy cálido y, a la vez, restrictivo. Estas dos dimensiones se han ido ampliando con el paso del tiempo y han generado nuevas propuestas de tipologías. Otro de los trabajos clásicos sobre estilos parentales es el de Diana Baumrind en la década de 1970 y que continuó hasta la de 1990. Esta autora realizó estudios en hogares donde observaba la conducta de los hijos y realizaba entrevistas a los padres. Identificó tres estilos básicos de crianza y describió los patrones de conducta más característicos de los niños educados de acuerdo con cada estilo. Para Baumrind, el elemento clave del rol parental es el grado de control ejercido sobre los hijos, y basó su clasificación sobre la base de esta dimensión. Denominó a estos estilos parentales del siguiente modo:

  • Estilo autoritario: los padres valoran la obediencia y restringen la autonomía del hijo.
  • Estilo permisivo: los padres no ejercen prácticamente ningún tipo de control sobre sus hijos y les conceden un grado muy elevado de autonomía.
  • Estilo autorizativo, que se sitúa en un punto intermedio, en el cual los padres intentan controlar la conducta de sus hijos sobre la base de la razón más que con la imposición.

Maccoby y Martin (1983), presentaron una categorización en función de tres dimensiones a las cuales ellos denominaron con otra terminología. Específicamente:

  • Responsividad. Grado en que los padres responden a las demandas de sus hijos.
  • Exigencia. Grado en que los padres hacen demandas y exigencias a sus hijos.

La combinación de estas dos dimensiones origina los tres estilos parentales identificados por Baumrind, más un cuarto etiquetado como negligente o indiferente.

Estilos parentales y características definitorias
Estilo autorizativo o democrático (alta responsividad y alta exigencia) Por un lado, los padres muestran apoyo, respeto y estimulan la autonomía y la comunicación familiar y, por el otro, establecen normas y límites claros. Hacen uso de ciertas restricciones, pero también respetan las decisiones, intereses y opiniones de estos. Son cariñosos, receptivos, explican las razones de su postura, pero también exigen un comportamiento adecuado y mantienen las normas con firmeza.
Estilo permisivo (alta responsividad y baja exigencia) son razonablemente responsivos a las demandas de sus hijos, pero evitan regular la conducta de estos y permiten que los propios hijos supervisen sus conductas y elecciones en la medida de lo posible. Imponen pocas reglas, son poco exigentes y evitan la utilización del castigo; tienden a ser tolerantes hacia un amplio número de conductas y conceden gran libertad de acción; suelen ser, además, padres muy sensibles y cariñosos.
Estilo autoritario (baja responsividad y alta exigencia) utilización del poder y control unilateral y el
establecimiento de normas rígidas. Hacen hincapié en la obediencia a las reglas y el respeto a la autoridad, y no permiten a sus hijos hacer demandas ni participar en la toma de decisiones familiares. Proporcionan poco afecto y apoyo y es más probable que utilicen el castigo físico.
Estilo negligente o indiferente (baja responsividad y baja exigencia) tienden a limitar el tiempo que invierten en las tareas parentales y se centran, exclusivamente, en sus propios intereses y problemas;
proporcionan poco apoyo y afecto y establecen escasos límites de conducta a sus hijos.

Todas las familias comparten rasgos más afines o característicos de alguno de los estilos parentales descritos. También se pueden producir desplazamientos de un estilo a otro en una misma familia o, incluso, en una misma persona en función de las circunstancias. Aunque pueden presentarse variaciones, y que las familias prototipo no existen, los estudios han constatado ciertas regularidades, de manera que puede situarse a cada familia más próxima a un estilo particular que a otro. A pesar de las distintas denominaciones de los estilos parentales, las dimensiones y tipologías tienen mucho en común unas con otras, por lo que podrían tener considerable generalidad transcultural.

Influencia de los estilos parentales en el ajuste de los hijos

Numerosos estudios se han centrado en analizar qué estilos parentales contribuyen, en mayor medida, a que los hijos sean personas más adaptadas y competentes socialmente y, qué estilos son menos favorecedores de un desarrollo psicosocial adecuado. Baumrind (1971, 1978) concluye que hay ciertas características en los hijos que se relacionan de forma específica con los tres tipos de estilo parental que la autora propone:

  • Los hijos de progenitores autoritarios suelen ser más conflictivos, irritables, descontentos y desconfiados.
  • Los hijos de progenitores permisivos son más impulsivos, dependientes y con más problemas de regulación emocional.
  • Los hijos de progenitores autorizativos tienden a ser más enérgicos, amistosos, con gran confianza en sí mismos, alta autoestima y gran capacidad de autocontrol.

La conclusión de la autora es que tanto el autoritarismo extremo como la permisividad extrema producen efectos indeseables. La investigación ha mostrado que el estilo autorizativo se encuentra más relacionado que el resto de estilos con el ajuste psicológico y comportamental de los hijos, la competencia y madurez psicosocial, la elevada autoestima, el éxito académico, la capacidad empática, el altruismo y el bienestar emocional. Los hijos de padres autorizativos tienden a ser los más seguros, autocontrolados, asertivos, curiosos y felices. Los hijos que proceden de hogares autoritarios tienden a presentar problemas de
autoestima y de interiorización de las normas sociales. En general, se caracterizan por la baja competencia social, la utilización de estrategias poco adecuadas para hacer frente a los conflictos interpersonales, los malos resultados académicos y los problemas de integración escolar. Parece que son niños descontentos, distantes y desconfiados. La disciplina excesivamente rígida de los padres es uno de los factores de riesgo relacionado más estrechamente con el desarrollo de posteriores problemas de conducta; la utilización excesiva del castigo físico, en detrimento de prácticas más democráticas, aumenta la probabilidad de que el adolescente se implique en comportamientos de carácter delictivo. Los hijos de padres con un estilo negligente se muestran, por lo general, menos competentes socialmente y presentan más problemas de comportamiento y agresividad. Las experiencias infantiles de negligencia y maltrato (físico y/o emocional) se han asociado con un comportamiento antisocial y/o delincuente en la adolescencia. Otras consecuencias son los problemas de ansiedad y depresión, la baja autoestima y la falta de empatía. Los resultados sobre el efecto del estilo parental permisivo en el ajuste adolescente son los más controvertidos. Mientras que ciertos investigadores señalan que no han interiorizado adecuadamente las normas y reglas sociales, presentan más problemas de control de impulsos, baja tolerancia a la frustración, dificultades escolares y mayor consumo de sustancias, otros sostienen que muestran una elevada autoestima y autoconfianza, y un ajuste psicológico y social tan bueno como aquéllos procedentes de hogares autorizativos. En general, parece que la clave de la socialización parental se encuentra en la dimensión correspondiente al aspecto afectivo.

Respecto a la dimensión de control, su efecto en el ajuste de los hijos presenta notables diferencias culturales ya que determinadas conductas que en algunas culturas son interpretadas como una clara intromisión o exceso de coerción hacia el hijo, en otras culturas se perciben como un componente más de la preocupación y responsabilidad de los padres. En las personas de origen asiático, la obediencia y la severidad en las pautas educativas están directamente asociadas con el interés de los padres por sus hijos, en lugar de vincularse con la coerción y el dominio. La cultura china tradicional combina la posición autoritaria de los padres con la calidez y el apoyo. Sin embargo, en el contexto español, el control firme y la disciplina férrea propias del estilo autoritario, aunque se simultanee con el razonamiento y el afecto, tienen implicaciones más negativas en el autoconcepto o en el ajuste psicosocial de los hijos que cuando los padres se limitan a corregir las conductas negativas recurriendo al diálogo, a la explicación y al razonamiento propios de un estilo autorizativo (Musitu y García, 2004).

Además de las diferencias culturales, el grado de control e imposición paterna dependerá de otros factores, como la edad y madurez del hijo, que determinarán en buena medida la interpretación que este haga de las técnicas coercitivas, pero fundamentalmente, la comprensión y aceptación del mayor o menor grado de control parental dependerá de la presencia o ausencia de afecto en la relación paterno – filial. Si los padres muestran afecto y aceptación hacia sus hijos, la utilización de métodos restrictivos en un momento dado no implicará un impacto negativo en la calidad de la relación familiar. Por el contrario, el uso de técnicas coercitivas junto con la carencia de implicación y aceptación, puede tener serias consecuencias negativas en el bienestar de los hijos.

CONFLICTO Y ESTABILIDAD FAMILIAR

El grado de conflicto y estabilidad familiar que caracteriza las interacciones familiares es otro factor con un impacto fundamental en el ajuste de los hijos (Buehler y Gerard, 2002; Khaleque y Rohner, 2002).En la situación ideal, los padres practican y fomentan la comunicación abierta y empática entre ellos y con sus hijos, saben manejar los conflictos familiares que, además, no son ni frecuentes ni de intensidad, muestran calidez afectiva y apoyo a sus hijos, y comparten un proyecto común para la educación y crianza de estos, en el cual ambos participan activa y cooperativamente. La expresión abierta de opiniones y sentimientos en la familia se relaciona con el bienestar psicológico de los hijos y su ajuste en distintas facetas, como la emocional, la social y la académica (Jackson, Bijstra, Oostra y Bosma, 1998).

Los problemas de comunicación y la interacción ofensiva e hiriente entre padres e hijos se han vinculado con el desarrollo de síntomas depresivos y problemas de comportamiento. También la frecuencia de conflictos familiares puede estar en el origen de algunos problemas de ajuste en los hijos, (especialmente si los padres se agreden verbal o físicamente), como la dificultad para interiorizar estrategias no violentas de interacción o, incluso, el consumo de sustancias y el desarrollo de problemas de conducta (McGee, Williams, Poulton y Moffitt, 2000; Formoso, Gonzales y Aiken, 2000; Johnson, LaVoie y Mahoney, 2001). Quizá el conflicto no resulte destructivo en todos los casos si los padres discrepan y luego se reconcilian mediante la utilización del diálogo o la negociación, lo cual puede enseñar a los hijos cómo solucionar de manera positiva los desencuentros con sus iguales. La negociación y la complementariedad de tareas es una característica definitoria de la familia y sugiere una concepción dinámica de la vida familiar como proceso (Gracia y Musitu, 2000).

Los factores que caracterizan a las familias donde priman la armonía y la estabilidad pueden estar particularmente afectados por ciertas transiciones y cambios, tanto normativas (esperadas) como no normativas (inesperadas), como el paso de la infancia a la adolescencia o la separación física entre padres e hijos, en el caso de divorcios, y creación de un nuevo espacio de convivencia de los hijos con uno de los progenitores, o de alejamientos provocados por otros motivos, como la búsqueda de un empleo en otra localidad. En las familias en que se acumulan cambios esperados e inesperados los niños son más propensos a mostrar fracaso escolar, consumo de drogas y problemas de conducta delictiva (McLanahan, Donahue y Haskins (2005).

Factores que promueven la armonía y la estabilidad familiar
Comunicación abierta y empática entre cónyuges y entre estos y sus hijos.
Resolución efectiva de los conflictos familiares mediante el diálogo y la negociación.
Disciplina familiar coherente y estilo parental de socialización democrático.
Vínculo afectivo entre los miembros de la familia, muestras de cariño y apoyo mutuo.

AUTOEVALUACIÓN

REFERENCIAS

  • Arias Orduña, A. (2016). Psicología social aplicada (1a ed., reimp. ed.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  • Apuntes Aitziber Laguardia
  • YouTube

Deja un comentario

11 + uno =

Ir al contenido