Relaciones y diferencias entre ética y moral

El objeto de la ética es la moral; esta afirmación permite hacer algunas observaciones sobre las relaciones y, diferencias entre ética y moral. Las relaciones que existen entre ellas son obvias:

  • Es la relación que guarda una ciencia cualquiera con su objeto de estudio.
  • La ética necesita de la moral para sacar sus conclusiones, para explicarla, para elaborar sus hipótesis y teorías; pero ello no significa que la tarea de la ética consista en inventar o crear la moral.
  • La ética no puede prescindir de la historia de la moral concreta, pero esto no significa que se pueda confundir con ella.
  • La moral y la ética son diferentes de la misma manera que son diferentes, por ejemplo, la biología y los fenómenos vitales que estudia. Unos son objetos de investigación; la otra (la biología) es una ciencia cuya tarea es precisamente estudiar aquellos fenómenos. De la misma manera debe entenderse la ética: ésta es una ciencia, mientras que la moral es el objeto de esta ciencia. Esto significa que la moral no es ciencia, pero ello no impide que pueda convertirse en el objeto de una investigación científica.

Es muy importante reparar en estas diferencias, ya que a menudo se suele afirmar que la moral es ciencia, o bien, utilizar la palabra “ética” como sinónimo de moral. Así, por ejemplo, la expresión ética profesional es equívoca, porque generalmente se refiere a un código moral que debe observar un profesional, y no a una ciencia como es la ética.

Entonces, se debe tener presente lo siguiente: ética es la ciencia de la moral, mientras que la moral es el objeto de estudio de la ética.

Una prueba de que la moral no es una ciencia lo demuestra el hecho de que en la historia han aparecido una serie de morales que nada tienen que ver con la actitud científica; morales irracionales y autoritarias. Piénsese, por ejemplo, en las morales rudimentarias de los pueblos primitivos, las cuales se basaban en tabúes y prohibiciones extrañas y muchas veces absurdas. Las sectas religiosas y místicas pueden proporcionar abundantes ejemplos de morales irracionales. ¿En qué se fundaban estas reglas? Evidentemente, en meros tabúes.

La ética como teoría de la moral

La ética es la ciencia que estudia la moral del hombre en la sociedad. Hablando en forma estricta, todas las disciplinas filosóficas son teóricas en la medida en que reflexionan críticamente sobre sus objetos y no se proponen prescribir la conducta o crear reglas artísticas, morales o religiosas. Esta observación vale esencialmente para las llamadas disciplinas prácticas a las que ya nos hemos referido y cuya denominación puede llevarnos a algunas confusiones. Estas disciplinas son llamadas “prácticas” por encontrar su centro de estudio en la praxis humana, en la acción, finalidades, normas y valores que el hombre se propone realizar durante su vida, pero no porque tengan como tarea expresa elaborar una serie de reglas o recetas encaminadas a guiar todo el cúmulo de experiencias humanas. Así, por ejemplo, la estética no se propone formular una serie de reglas universalmente válidas para normar la creación artística; análogamente la ética no se propondrá crear códigos y pautas de conducta o recetarios morales para conducir el comportamiento concreto de los individuos en su vida social e íntima.

Sin embargo, la ética se ha caracterizado como una disciplina práctica. Esto es aceptable siempre y cuando se aclare que su supuesta normatividad procede de la naturaleza de su objeto: la moral. Y como se sabe, la moral está constituida por una serie de normas, costumbres y formas de vida que se presentan como obligatorias, valiosas y orientadoras de la actividad humana. Por el solo hecho de estudiar y reflexionar sobre estas normas o reglas de conducta que forman el mundo de la moral se dice que la ética es una ciencia normativa. La ética es una ciencia práctica porque tiene por objeto la conducta humana. Es la ciencia del orden moral de la vida individual y social del hombre.

Así, pues, debe distinguirse muy claramente entre el moralista que prescribe normas, invita a realizar un modo de vida que cree justo y bueno (Cristo, Buda, el legendario Zoroastro, entre otros), y el filósofo, el ético, que, tomando como base la moral históricamente determinada, se encarga de reflexionar y explicar dicha moral.

La ética no se propone expresamente dirigir la vida humana, sino explicar la moral; no intenta decir a cada cual lo que ha de hacer u omitir en cada caso concreto de la vida, no es una casuística. En su obra Los dos problemas fundamentales de la ética, Arthur Schopenhauer escribió como epígrafe la siguiente frase: “Predicar la moral es fácil, fundamentar la moral, difícil”. Y es precisamente esto último lo que constituye la ardua tarea de la ética.

La ética es normativa en un sentido indirecto, por la naturaleza de su objeto, pero no en un sentido directo, ya que no se propone dar una lista de deberes y de no deberes; esto significa que no incurre en una prescriptiva. Esta conclusión puede plantear la siguiente reflexión: ¿es acaso la ética puramente especulativa o contemplativa?, ¿le está definitivamente vedado a la ética orientar las acciones humanas hacia la creación de una sociedad más justa y perfecta? Se puede responder que, en última instancia, la separación entre teoría y praxis es artificial. No se niega que la explicación crítica que la ética realice sobre la moral pueda repercutir, en alguna forma, en la vida concreta del hombre. En su imprescindible libro de Ética, dice el filósofo Eduardo García Máynez: “La ética es, o puede ser normativa en cuanto que, al llevar a la conciencia del hombre las directrices que han de orientar su conducta, influye en las decisiones de su albedrío, convirtiéndose, de manera mediata, en factor determinante de la acción humana”.

De alguna manera los principios éticos establecidos por las teorías morales determinan el comportamiento de los individuos. Por ejemplo, la teoría esgrimida por Sócrates en el diálogo El Critón determinó que éste no se fugara de su prisión y aceptara resignadamente la sentencia de muerte prescrita por los jueces de su tiempo.


Referencias

Escobar Valenzuela, G. (1992). Ética: Introducción a su problemática y su historia / Gustavo Escobar Valenzuela (4a. ed. 2000.). México: McGraw-Hill.

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