TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN Y NATURALEZA DE LA ToM

El tema de la ToM es amplio y complejo en la medida en que se ha relacionado con múltiples competencias cognitivas y sociales. ¿En qué momento puede decirse que emerge la ToM dentro del desarrollo cognitivo temprano y hasta qué punto tiene un carácter innato? Puede decirse que las teorías se han situado básicamente entre dos polos contrapuestos:

  • Las que postulan un desarrollo muy temprano apelando a mecanismos innatos de dominio específico.
  • Las que consideran como base de la ToM un conjunto diverso de competencias de dominio general (comunicativas, representacionales, de procesamiento,…), que convergerían en el desarrollo más tardíamente para permitir la representación y el razonamiento sobre lo mental.
  • También puede hablarse de una tercera alternativa, que destaca los aspectos afectivo-emocionales frente a los cognitivos, y que relaciona la ToM con las especiales capacidades intersubjetivas e introspectivas de los humanos.

Teorías modularistas

Leslie (1987, 1992). Autor de la teoría modularista más influyente. Según este autor, la teoría de la mente depende de un particular mecanismo (Theory of Mind Mechanism o TOMM) de base modular que explica el desarrollo temprano de las capacidades mentalistas y de metarepresentación.
Baron-Cohen (1994,1995;) Leslie (1988, 1994); Premack (1990). Defienden la idea de que la ToM también se asienta en un módulo específico, cuyas estructuras y mecanismos estarían prefijados de forma innata en el cerebro humano como producto de la evolución filogenética de la especie.
Leslie (1994); Scholl y Leslie (1999). Plantean dos estadios en el desarrollo del modulo específico de base innata: una primera instancia (TOMM1) surgiría hacia los 9 meses, permitiendo interpretar las acciones humanas como intencionales o dirigidas a una meta (comprensión teleológica); y una segunda instancia (TOMM2) hacia los 18-24 meses que posibilitaría ya la comprensión e interpretaciones mentalistas de esas acciones en torno a los deseos y creencias del agente.
Leslie (2000); Scholl y Leslie (2001). Postulan la emergencia posterior de un nuevo componente (Selection Processor), que permitiría las inferencias y el razonamiento sobre los estados de creencia, siendo el principal responsable de las mejoras que se producen en tareas como la de la falsa-creencia a partir de los 3 años.
Leslie y Polizzi (1998); Leslie, German y Polizzi (2005). En relación con las críticas dirigidas a la tarea clásica por sus excesivas demandas de procesamiento, destacan que las dificultades del niño antes de los 4 años tendrían más que ver con el «control inhibitorio» que reclama la tarea en la selección de la respuesta, que con la falta de competencia meta-representacional.
Scott y Baillargeon (2009); Onishi, Baillargeon y Leslie (2007); Baillargeon et al. (2010). Estos autores proponen dos estadios de desarrollo de la ToM, pero con características diferentes relativas al tipo de «estado informacional» interno que el niño es capaz de atribuir a un agente: un primer estadio (Sub-sistema 1, que se supone ya operativo en los primeros meses) permitiría al niño, no sólo atribuciones motivacionales teleológicas (deseos en relación con ciertas preferencias o metas), sino también creencias verdaderas, esto es, estados de conocimiento realistas o congruentes con la situación percibida o memorizada; y un segundo estadio (Subsistema 2, algo más tardío), que permitiría ya mantener simultáneamente atribuciones de conocimiento tanto congruentes como incongruentes respecto a la situación real; o, dicho de otro modo, representaciones sobre creencias verdaderas y sobre falsas creencias, lo que supondría ya una ToM auténticamente representacional.

Aunque el desarrollo temprano de la ToM todavía se sigue defendiendo bajo una visión modular fuerte, otras propuestas recientes tienden a suavizar o reformular la posición modularista. Así, aun manteniendo la idea de un sistema computacional prefijado y específico para el razonamiento psicológico, se defiende que el bebé adquiere desde muy temprano la capacidad de atribuir estados internos para dar sentido a las acciones de los agentes que observa.

Teorías de «la teoría»

Woodward (2005, 2009). Ha propuesto que la capacidad para captar la intencionalidad tiene su origen en la experiencia personal del niño (toma de conciencia) acerca de sus propias acciones como dirigidas a una meta, puesto que ello le permitiría posteriormente atribuir la misma orientación motivacional a acciones semejantes observadas en los demás. Esta conexión entre la conducta propia y la de los otros estaría mediada por algún mecanismo neurobiológico, basado presumiblemente en las denominadas «neuronas espejo».
Meltzoff (2005,2011); Meltzoff y Gopnik (1993). Según estos autores, el niño contaría de forma innata con un sistema de representación «supramodal» que le permitiría asociar la percepción de sus propios movimientos (propiocepción), con los observados en los otros.
Gopnik y Meltzoff (1997); Wellman (2002); Gopnik (2011); Gopnik y Wellman (2012). Una ToM representacional madura no se desarrolla antes de los 4 años; se admite la existencia de alguna base innata en el desarrollo de la ToM, pero se considera que sólo atañe a ciertas predisposiciones o tendencias iniciales no mentalistas y que es a través de mecanismos de dominio general como esos estados evolucionarían hacia una creciente comprensión y explicación mentalistas de la conducta.

La «teoría de mente» también ha sido uno de los dominios de conocimiento en los que se ha centrado la perspectiva teórica que conocemos como teorías de «la teoría», donde se ha contemplado como uno de los principales sistemas conceptuales de dominio específico que el niño desarrolla a fin de categorizar e interpretar la realidad en que vive y responder de forma adaptada; en concreto, el dominio relativo a la realidad psicológica. En este sentido, este enfoque es semejante al modularista en cuanto mantiene igualmente que la ToM atañe a un particular tipo de entidades y principios causales (sobre los deseos, las creencias, los pensamientos, …), cuyo conocimiento se organiza conceptualmente para permitir interpretaciones e inferencias adecuadas sobre la mente y su influencia en la conducta. La diferencia fundamental está en el papel que se atribuye a la experiencia en el desarrollo evolutivo de este sistema conceptual; así, mientras que desde la perspectiva modularista las particulares experiencias del niño simplemente vienen a estimular (o «desencadenar») el despliegue madurativo de estructuras innatas, los teóricos de la teoría defienden que esa experiencia tiene un papel «formativo», proporcionando los datos con los que se va construyendo la ToM: las inconsistencias encontradas obligarían a la «revisión» de la teoría existente en un momento dado y, eventualmente, a su completa reorganización (una nueva «teoría»), que es lo que estaría detrás de los principales cambios evolutivos observados. Independientemente del particular mecanismo neurobiológico subyacente, lo importante es la asunción de que tal mecanismo proporciona la base para que el niño comience a reconocer a los demás como «semejantes».

Posibles bases neurológicas de la ToM

Numerosos estudios con técnicas de neuroimagen funcional, sugieren una serie de áreas y estructuras cerebrales como «candidatos» a configurar la «red neuronal» presumiblemente involucrada en los procesos de representación e inferencia que subyacen a la «teoría de la mente». En concreto, se ha destacado el posible papel de los lóbulos temporales y ciertas áreas corticales; en particular, el cortex parietal inferior y los lóbulos frontales (véanse revisiones en Abu-Akel, 2003; Brüne y Brüne-Cohrs, 2006).

Lóbulos temporales

La actividad de la porción media del lóbulo temporal, se ha asociado con la observación de movimientos dirigidos a una meta. En particular, el «surco temporal superior » (STS) podría estar relacionado con la representación de la conducta «intencional», un aspecto clave de la TOM. En diversos estudios se ha constatado que durante la realización de tareas que implican la ToM, aumenta el flujo sanguíneo en las áreas adyacentes al STS. Aunque con mayor densidad en el área de Broca, el lóbulo temporal también contiene «neuronas espejo». Estas neuronas se activan tanto con la ejecución de una conducta como con la mera observación de la misma realizada por otros; de ahí que también se consideren crucialmente implicadas en la comprensión de las acciones intencionales. Asimismo, estas neuronas podrían explicar cómo la habilidad para imitar las acciones de otros ha evolucionado en los humanos hacia la capacidad para representar también de forma «simulada» los estados mentales de los demás.

Cortex parietal inferior

El córtex parietal inferior se ha señalado como la posible estructura involucrada en la distinción entre la perspectiva propia y la de los demás (algo que también es necesario en la ToM, más allá de la capacidad de imitación y simulación). En diversos estudios se ha observado que esta estructura se activa en el hemisferio izquierdo cuando la referencia es de primerapersona (cuando el sujeto imita la acción de otros), mientras que lo hace en el hemisferio derecho cuando se cambia la perspectiva a una tercera-persona (el sujeto observa como su conducta es imitada por otros). La parte derecha, por tanto, podría mediar la representación de la mente de los demás, mientras que la parte izquierda sería la involucrada en la representación de los estados mentales propios.

Cortex parietal inferior
cortex cingulado TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN Y NATURALEZA DE LA ToM
Córtex cingulado anterior. Tomado de: Neuropsike – Infografía Neurociencias: Corteza cingulada

El córtex cingulado anterior (ACC) es una estructura neuronal compleja que parece intervenir en múltiples aspectos tales como el control motor, la activación emocional o la toma de decisiones. Una cierta área (que sólo está presente en el 30-50 % de los individuos), se activa consistentemente frente a tareas de ToM: El ACC contiene, además, un tipo particular de células («fusiformes») que se han relacionado con el control inhibitorio de respuestas en las interacciones sociales. En relación con la denominada «inteligencia social», se ha especulado sobre la posibilidad de que sean estas estructuras las que selectivamente se han desarrollado en los humanos para permitir la supresión voluntaria de ciertas respuestas inmediatas y la demora del refuerzo; lo que, obviamente, podría estar en la base de conductas «astutas» y de engaño táctico deliberado.

Teorías de la «simulación»

Rivière et al. (1994). Resumen las tres principales líneas de pensamiento en esta perspectiva: 1). El acceso privilegiado de la primera persona a la experiencia mental; 2).El papel del afecto y de los mecanismos de compartir intersubjetivamente la experiencia emocional. 3), El papel potencial de usar la vía privilegiada de la primera persona para imaginar o simular situaciones ajenas.
Harris (2000). Lo que básicamente se sostiene desde este enfoque, es que lo que se ha llamado ToM está relacionada esencialmente con nuestra capacidad para «ponernos en el lugar de los otros» mediante un simple ejercicio de «imaginación».

Tanto las «teorías de la teoría» como las modularistas tienen un marcado carácter cognitivo-computacional, dado que se basan en la idea de que las atribuciones mentalistas suponen complejos procesos e inferencias sobre cierto tipo de representaciones (deseos, creencias, intenciones, etc.). Pues bien, en clara oposición a este punto de vista se ha desarrollado un enfoque alternativo sobre qué conllevan y cómo se desarrollan las concepciones acerca de la realidad mental. Se trata de una perspectiva más sociocultural y contextualista que no sólo rechaza los procesos de cómputo mentalistas sino la propia denominación; es decir, cuestionan que el término «teoría» (de la mente) sea una descripción adecuada del tipo de conocimiento o habilidad involucrada. En su lugar, lo que se defiende es que tenemos un acceso más bien directo e intuitivo (privilegiado) a nuestros propios estados mentales y que, sobre esta base, accedemos a los de los demás a través de mecanismos mediados por el afecto, la empatía y la «simulación» y no a través de fríos cálculos mentalistas. Es decir, se interpreta el campo en términos de experiencias subjetivas e intersubjetivas relativamente directas.

Según Harris (1992, 1994), en un determinado momento del desarrollo, el niño comienza a ser consciente de sus propios estados mentales; y, sobre esta base, puede inferir los de otras personas a través de un proceso de «imitación» o «simulación» mental. Esta capacidad de simulación imaginativa es lo que se iría desarrollando para inferir los estados mentales de los otros y predecir sus conductas en situaciones cada vez más complejas; según Harris, esta habilidad sería lo verdaderamente importante en el desarrollo de un conocimiento sociocognitivo eficaz.

Referencias

  • García Madruga, Delval, & Delval, Juan. (2019). Psicologia del desarrollo I (2ª ed. rev. ed., Grado (UNED); 6201201). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

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