Trastornos del espectro autista

Versión 3

INTRODUCCIÓN 

El DSM-V (APA, 2013) pone punto y final a la concepción categorial de los trastornos generalizados del desarrollo y, en su lugar, propone una concepción dimensional fruto del trabajo epidemiológico que en 1979 llevaron a cabo Lorna Wing y Judith Gould. Esta nueva concepción dimensional da cuenta de un conjunto de alteraciones cualitativas que se pueden manifestar con mayor o menor gravedad en un continuo autista o espectro autista (TEA). Se engloban bajo el TEA aquellos trastornos cuyos síntomas incluyen alteraciones en el desarrollo de la comunicación y de la interacción social, junto con la presencia de patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, además de otras manifestaciones clínicas que pueden variar enormemente de un individuo a otro.

Argumentos para justificar esta nueva concepción:

  • El diagnóstico del TEA tiene una inequívoca validez cuando se compara con el desarrollo típico o con otros trastornos mentales que no son del espectro autista, lo que permite su identificación y reconocimiento como etiqueta diagnóstica. En cambio, no ocurre lo mismo cuando la comparación se realiza dentro de los subgrupos que integran los trastornos generalizados del desarrollo que seguían los criterios descritos en el DSM-IV-TR (2002).
  • La categoría única de TEA permite describir variables individuales a partir de la inclusión de especificaciones clínicas (ej. gravedad, habilidad verbal, etc.), así como de algunas características asociadas (alteraciones genéticas, epilepsia, discapacidad intelectual, etc.). También considera otros factores, como la etnia, el sexo o la cultura. Todo ello posibilita elaborar un perfil bastante personalizado de la forma en que se presenta el trastorno en cada afectado.


Críticas a la nueva propuesta del DSM-V:

  • Criterios muy restrictivos. Lo que puede determinar que algunas personas y familias tengan mayores dificultades para conseguir los apoyos necesarios en recursos sociales y económicos al no alcanzar los criterios exigidos para recibir el diagnóstico.
  • Arbitrariedad de los cambios que se producen en las distintas versiones de la clasificación de la APA.
  • El propio colectivo de personas con síndrome de Asperger (y las asociaciones y servicios que se han ido creando a lo largo de estos años) han levantado la voz en defensa de su propia idiosincrasia, como ocurre con el movimiento «neurodiversidad» y que defiende una concepción del autismo como una variación del genoma humano que da lugar a un perfil neuropsicológico diferente, pero no por ello necesariamente deficitario.

MARCO TEÓRICO DE LOS TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA

En las personas con TEA está documentada una dificultad para mentalizar. Con este término se hace referencia a la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de imaginarse lo que piensa y lo que siente y de comprender de manera intuitiva estados mentales como las creencias y los deseos. Las dificultades en esta habilidad pueden explicar muchas de las alteraciones sociales y de comunicación (Baron-Cohen et al., 1985; Wheelwright, 2005). Las dificultades en esta habilidad pueden explicar muchas de las alteraciones sociales y de comunicación que presentan las personas con TEA. La competencia de mentalización mostrará distintos niveles de gravedad, de ahí el concepto de espectro autista. En los casos de mayor afectación, en los que el autismo se asocia con grave discapacidad intelectual, es muy probable que los fallos en mentalización sean permanentes e incluso que ni siquiera emerjan muchos de los hitos evolutivos previos a esa capacidad. En el otro extremo, los casos de alto nivel de funcionamiento o con síndrome de Asperger, en los que esas carencias vinculadas al trastorno se pueden suplir con el aprendizaje y las experiencias guiadas, el mentalismo será lento, poco eficiente o eficaz y carente del dinamismo que exigen las interacciones cotidianas.

Baron-Cohen (2010) ha propuesto la teoría de la empatía-sistematización que incide tanto en los procesos deficitarios como en las habilidades excepcionales, proponiendo que junto a las dificultades en la empatía (mentalización) existe un proceso diferente que está intacto o que incluso es superior. A este proceso lo denomina sistematización. La sistematización es un proceso que nos permite analizar las variables de un sistema, construir uno de cualquier tipo y entender las reglas que gobiernan su funcionamiento. Desde esta posición sería posible aislar dos factores que son capaces de explicar los signos que se observan en los TEA:

  • Las dificultades sociales y de comunicación pueden vincularse a una empatía por debajo de la media.
  • La mejor capacidad de sistematización se relacionaría con los intereses restringidos y repetitivos.

Las caracteristicas de los TEA, se han explicado desde el enfoque que postula una coherencia central débil o un cambio cognitivo distinto (Uta Frith, 2013 y Francesca Happé, 1999). Por coherencia central se entiende la tendencia a procesar la información manera contextualizada, global y significativa dotada de sentido. En el caso de una coherencia central fuerte, esta tendencia funcionaría a expensas de la atención y la memoria para los detalles, y en el caso de una coherencia central débil, funcionaría a expensas del significado del entorno lingüístico y a favor de un procesamiento focal. De acuerdo con esta teoría, las personas con TEA presentarían una coherencia central débil y, por lo tanto, proclividad a procesar lo local, los detalles, más que lo global, lo cual puede dar cuenta de la discrepancia en el patrón de ejecución que muestran en pruebas de inteligencia. En la actualidad, una débil coherencia central se explica teniendo en cuenta los tres aspectos siguientes:

  • Se plantea que más que un déficit en el procesamiento global lo que existe es un procesamiento local superior.
  • Se considera la coherencia central débil como un estilo cognitivo.
  • Una débil coherencia central no trata de explicar todos los aspectos de los TEA, sino que más bien se postula como una parte de la cognición que se observa en ellos.

Otra posición teórica y una explicación cognitiva ampliamente aceptada considera al autismo y los TEA como una disfunción ejecutiva (Russel, 2000). Se establece una similitud entre las manifestaciones clínicas exhibidas por los TEA y por personas que han sufrido una lesión en el lóbulo frontal. En el caso del autismo se trataría de una alteración en el desarrollo y la maduración de estas regiones frontales. Desde esta posición se explican los síntomas prototípicos de los TEA, como el deseo de invarianza ambiental, la dificultad con el cambio atencional, la rigidez y la tendencia a la perseveración, la pobreza en la iniciación de nuevas acciones, las conductas repetitivas y estereotipadas y la ausencia en el control de impulsos. Todos estos “fallos” se asocian con un rendimiento pobre en muchas de las habilidades que forman parte del funcionamiento ejecutivo (planificación, memoria de trabajo, monitorización de la acción, etc.). En el momento actual existen algunos problemas que debe resolver esta teoría ya que los fallos de función ejecutiva también se dan en otros trastornos. Además, algunas personas con autismo de alto funcionamiento o síndrome de Asperger resuelven de manera similar a sus controles determinadas tareas en este ámbito.

«Cuando se diferencia entre los conceptos de autismo y de TEA se pretende diferenciar entre una concepción más categorial (autismo) y otra de ámbito dimensional (espectro autismo), como observa en el texto se nombran ambos conceptos para reseñar que la explicación cognitiva de la disfunción ejecutiva es ampliamente aceptada desde ambos puntos de vista del trastorno». Docente Beatriz Carrillo

Por último, se ha propuesto la hipótesis de déficit múltiple (Pellicano et al., 2006). Esta teoría es opuesta a la concepción teórica de continuo/espectro. Se fundamentaría sobre la existencia de subgrupos. El autismo sería un complejo de trastornos cognitivos con alteraciones en mentalización, coherencia central y función ejecutiva. Sin embargo, las personas con TEA pueden verse afectadas de manera diferente en estos tres dominios, que también se consideran posiblemente independientes. Este enfoque tendría implicaciones importantes en ámbitos como el diagnóstico (individualizado y apropiado a la heterogeneidad categorial), el tratamiento y la necesidad de establecer subgrupos y subclasificaciones de los TEA, lo que debilitaría el estatus del autismo como un espectro de trastornos.

RESUMEN

La actual propuesta de definición de los trastornos del espectro autista (TEA) engloba aquellos trastornos del neurodesarrollo que incluyen, además de alteraciones en la comunicación y la interacción social, la presencia de patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, así como otras manifestaciones clínicas que pueden variar enormemente de un individuo a otro.

Dentro de los TEA, es posible encontrar a personas en las que el cuadro de autismo se acompaña de discapacidad intelectual, marcado retraso o incluso ausencia de lenguaje, y otras que presentan un alto potencial cognitivo y lenguaje acorde con la edad.

Diferentes aproximaciones teóricas pretenden explicar las características de este trastorno, destacando las que proponen un déficit en mentalización, un desequilibrio entre las habilidades de empatía-sistematización, la presencia de una coherencia central débil o un déficit disejecutivo.

ESQUEMA

AUTOEVALUACIÓN

En exámenes anteriores preguntaron…

El autismo se acompañe de discapacidad intelectual, incluso con ausencia del lenguaje.
El autismo se acompañe de alto potencial cognitivo, con lenguaje acorde a la edad.
La explicación cognitiva que considera el autismo y los trastornos del espectro autista (TEA) como una disfunción ejecutiva establece una similitud entre las manifestaciones clínicas que presentan los TEA y las que presentan las personas que han sufrido una lesión en el lóbulo frontal.
La teoría de la empatía-sistematización de Baron-Cohen (2010) se propuso para explicar las dificultades sociales y de comunicación en los niños con trastornos del espectro autista.
La Teoría de la empatía-sistematización de Baron-Cohen (2010) postula que en el TEA se dan procesos deficitarios (empatía) y habilidades excepcionales (sistematización).
La hipótesis de déficit múltiple (Pellicano et al., 2006). Esta teoría es opuesta a la concepción teórica de continuo/espectro y se fundamenta sobre la existencia de subgrupos. El autismo sería un complejo de trastornos cognitivos con alteraciones en mentalización, coherencia central y función ejecutiva.
En el estudio de las personas con Trastorno del espectro autista (TEA), cuando se hace referencia a las dificultades para mentalizar Se indica la incapacidad para ponerse en el lugar del otro, de imaginarse lo que se piensa y lo que siente.

REFERENCIAS

  • Arnedo Montoro, M. (2018). Neuropsicología del desarrollo. Madrid: Médica Panamericana.
  • Apuntes CARMEN ORTEGO
  • Apuntes Jovana RN
  • YouTube

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