VARIABLES QUE INFLUYEN EN EL RECONOCIMIENTO DE LAS PALABRAS

Cualquier modelo teórico que aspire a ser una explicación coherente de los mecanismos de acceso léxico, debe ser capaz de dar cuenta de la variables que influyen en el reconocimiento de palabras.

Punto de unicidad

Uno de los efectos más determinantes del conocimiento oral de palabras es el del punto de unicidad, esto es, el punto de la palabra en el que se convierte en única del idioma, ya que no hay ninguna otra que comience por esos mismos fonemas. Cuando el oyente percibe el primer fonema, se activan en su léxico todas las palabras que comienzan por ese fonema. Por el contrario, con las palabras que tienen el punto de unicidad al final, hay que esperar a oír todos los fonemas para poder reconocerlas. Se trata, por lo tanto, de una variable determinante de los tiempos de reconocimiento de las palabras habladas: cuanto más al comienzo se encuentra el punto de unicidad, antes se reconoce la palabra.

Frecuencia léxica

Juilland y Chang-Rodríguez (1964). Diccionario de frecuencias construido a partir de un corpus de medio millón de palabras, utilizando la tecnología del momento basada en las tarjetas perforadas.
Alameda y Cuetos (1995). Diccionario de frecuencias elaborado en la Universidad de Oviedo, y que abarca 2 millones de palabras.
Nuria Sebastián-Galles, et al. (2000). LEXESP (léxico informatizado del español), integrado por un corpus de cinco millones de palabras.
tabla6 01 VARIABLES QUE INFLUYEN EN EL RECONOCIMIENTO DE LAS PALABRAS

Es uno de los efectos más robustos de la psicolingüística; se replica en cualquier laboratorio del mundo con lenguas distintas y en condiciones muy diversas. Consiste en que las palabras usadas con más frecuencia en un idioma se identifican más fácilmente y con mayor rapidez que las empleadas con menos frecuencia. Debido al papel tan importante de la frecuencia léxica en el reconocimiento de palabras se han elaborado diccionarios de frecuencia en la mayoría de los idiomas para poder cuantificar de manera fiable esta variable. Estos diccionarios se construyen haciendo recuentos a partir de un corpus o un conjunto amplio de muestras naturales de lenguaje, generalmente escrito, extraídas de ámbitos muy variados (literatura, revistas, periódicos, ensayos, etc.). Los datos obtenidos en muchos idiomas arrojan un mismo patrón general: unas pocas palabras, sobre todo las de función, se usan muchísimo, mientras que otras se emplean en pocas ocasiones; entre ambos extremos se distribuye todo el conjunto. El corpus LEXESP incluye un conjunto de exactamente 5.020.930 unidades léxicas escritas, y en su construcción participaron autores de varias universidades españolas. Las palabras más frecuentes son muy cortas y casi todas son palabras de función, mientras que las otras son palabras de contenido y de mayor longitud. Las 6 palabras más frecuentes («de», «la», «que», «y», «el», «en») explican por sí solas el 20% de las palabras usadas en el lenguaje escrito.

Un problema que existe con estos diccionarios es que se han construido sobre muéstreos de textos escritos y, obviamente, el lenguaje oral y el escrito no son del todo equivalentes, por lo que podría ocurrir que estas medidas de frecuencia fuesen apropiadas para tareas de lectura pero no tanto para el lenguaje oral. La ausencia de diccionarios de frecuencia del lenguaje oral se debe a que es mucho más costoso obtener un corpus del habla que de los textos escritos. Sin embargo, en los últimos años se han construido diccionarios a partir de los subtítulos de las películas y series televisivas, ya que son fáciles de obtener de Internet y reflejan el lenguaje oral de las películas.

Foss (1969).Uno de los primeros trabajos que pusieron al descubierto los efectos cognitivos de la frecuencia léxica. Encontró que las latencias para detectar el fonema eran claramente más cortas después de una palabra frecuente, presumiblemente porque exigía menor carga de procesamiento que una palabra poco frecuente.
Gernsbacher (1984). En realación con la medida de familiaridad, los resultados demuestran, sin embargo, que estas puntuaciones subjetivas guardan una estrecha relación con los índices objetivos obtenidos en los recuentos estadísticos, y el coeficiente de correlación es alto: r > 0,80.
Balota y Chumbley (1984). Estos autores no hallaron efecto de la frecuencia en una tarea de categorización semántica, en la que los participantes debían decidir rápidamente si una entidad determinada pertenecía a una categoría semántica previamente fijada (p. ej., ante la categoría prefijada «ave» emitir una decisión rápida sobre estímulos como «gallina», «león», «pingüino» «mosca», «gorrión», etc.).
Balota y Chumbley (1984). Interpretaron que el efecto de la frecuencia encontrado en otros estudios, sobre todo en los basados en la tarea de decisión léxica, que es donde se observa de forma más notoria, era debido a las peculiaridades de la propia tarea, concretamente, al propio proceso de «toma de decisión». Estos autores consideran que la frecuencia de uso no influye realmente en el acceso al léxico mental, sino en el proceso posléxico de la toma de decisión.
Cuetos et al. (2011). A través de los subtítulos se han elaborado diccionarios de frecuencia oral en multitud de idiomas, incluidos inglés, francés, chino, etc., y también en español sobre un corpus de 45 millones de palabras.

En realidad, la verdadera variable psicológica es la familiaridad subjetiva que las personas tienen con cada palabra, la cual está determinada por la historia biográfica particular de cada uno, y no tanto por las veces que una palabra aparece contabilizada en un diccionario de frecuencias sobre un idioma. La medida de familiaridad se obtiene en estudios normativos, en los que las personas otorgan puntuaciones a un conjunto de palabras sobre una escala de familiaridad. Los resultados demuestran, sin embargo, que estas puntuaciones subjetivas guardan una estrecha relación con los índices objetivos obtenidos en los recuentos estadísticos, y el coeficiente de correlación es alto: r > 0,80 (Gernsbacher, 1984). Por esta razón y por motivos prácticos, en los experimentos suelen emplearse los índices objetivos de los diccionarios de frecuencias.

La cuestión del lugar de esta variable es todavía un debate abierto. Muchos autores defienden que la frecuencia léxica tiene una influencia real y automática en el reconocimiento de las palabras, y que surge en tareas que no requieren ningún tipo de decisión. Por otra parte, el efecto de la frecuencia léxica podría quedar subsumido u oscurecido en las tareas de categorización semántica, en las que los tiempos son mucho más largos e influyen poderosamente otras variables, en particular la tipicidad de cada ejemplar dentro de una categoría. Por ejemplo, un gorrión o una gallina son ejemplares más típicos de «ave» que un pingüino, y esta variable ejerce una fuerte influencia en los tiempos de reacción. Sin embargo, es difícil aislar el efecto de esta variable del de otras con las que normalmente guarda relación en el vocabulario de un idioma. La variable frecuencia léxica tiende a relacionarse con otras variables, como el grado de concreción, el número de significados, la longitud de la palabra, etc., que también afectan a los procesos léxicos.

Edad de adquisición

La edad de adquisición se refiere la edad a la que se aprende cada palabra a lo largo de la vida. Algunas palabras ya son conocidas por los niños durante los primeros años de su vida, otras las aprenden cuando empiezan la escolaridad y otras no las aprenden hasta edades bastante tardías. Numerosos experimentos han mostrado que la edad de adquisición es una variable muy determinante del reconocimiento de las palabras, con independencia de la metodología que se utilice, hasta el punto que algunos autores sostienen que es incluso más importante que la frecuencia de uso, puesto que muchos de los efectos que se habían atribuido a la frecuencia en realidad corresponden a la edad de adquisición.

Un problema de la variable edad de adquisición es que es más difícil de cuantificar que la frecuencia. Si para la frecuencia basta con tomar un buen número de textos y, con un programa informático, contar las veces que aparece cada palabra, con la edad de adquisición la tarea de saber en qué momento aprenden por lo general los niños cada palabra es realmente complicado. En algunos casos se hacen análisis de los registros del habla de los niños, pero el problema es que éstos no utilizan todas las palabras que conocen. Otras veces se pregunta a los padres o profesores sobre las palabras que creen que sus hijos o alumnos conocen. La medida objetiva más aceptada fue la utilizada por Morrison, Chappell y Ellis, consistente en presentar dibujos de objetos a niños de diferentes edades para que los nombraran. Este procedimiento es objetivo pero ciertamente muy arduo cuando se quiere obtener una amplia base de datos sobre la edad de adquisición. Por otra parte, con este procedimiento no se pueden recoger datos para las palabras abstractas que son imposibles de representar mediante fotografías o dibujos. Por esa razón, las medidas más utilizadas son las denominadas escalas subjetivas de edad de adquisición. Estas se obtienen presentando una lista de palabras a adultos para que puntúen sobre una escala (generalmente de 1 a 7) la edad a la que creen que aprendieron cada palabra. El 1 significa antes de los 2 años de edad, el 2 entre 3 y 4 años, etc. Aunque parezca una medida muy subjetiva, los valores que se obtienen con este procedimiento guardan una correlación muy alta con los obtenidos presentando dibujos a los niños, por lo que es la más utilizada por los investigadores.

Izura y Ellis (2002). Se plantean si el verdadero efecto de esta variable es la edad de adquisición per se o es, en realidad, el orden de adquisición que siguen unas palabras respecto a otras.

Lexicalidad

En la tarea de decisión léxica, el tiempo nefario para decidir que un estímulo es una palabra suele ser, en general, más corto que el que se requiere para decidir que no es una palabra. De alguna manera, el participante «agota» su diccionario o léxico mental sin encontrar una unidad léxica que se acople con el estímulo y responde con el botón «no». Esta operación consume más tiempo que la localización de una unidad léxica y que la respuesta «sí». Pero esto ocurre siempre que se cumpla una condición: que los estímulos no-palabras se ajusten a las normas ortográficas y fonológicas del idioma. Cuando esto no se cumple, los tiempos de rechazo son muy cortos porque el sujeto, probablemente, ni siquiera intenta acceder a su léxico mental. Así, la secuencia «xghytz» es inmediatamente rechazada como no-palabra, sin ningún intento de búsqueda léxica. Por otra parte, las seudopalabras tardan más en ser rechazadas cuanto más se parecen a alguna palabra existente (Coltheart et al., 1977) o incluyen una palabra en su interior (p. ej., «camaler» incluye la palabra «cama», Sánchez-Casas y García-Albea, 1984).

Vecindad fonológica

Se consideran vecinos fonológicos de una palabra todas aquellas que comparten todos los fonemas, excepto uno, y en las mismas posiciones. Hay palabras con muchos vecinos, podría decirse que habitan en vecindarios muy densos o populosos; por ejemplo, «casa» tiene como vecinos a «masa», «pasa», tasa», «gasa», «cosa», «capa», «cama», «cava», -cana», etc. En el otro extremo están las palabras ermitaños, que no tienen vecinos, como «tifus».

Luce y Pisoni, 1998; Ziegler, Muneaux, y Graiger (2003). La mayoría de los estudios encuentran que la vecindad fonológica tienen efectos inhibitorios en el reconocimiento de palabras habladas, ya que, cuantos más vecinos tiene una palabra, más se tarda en reconocerla.

Efecto del contexto (priming)

Sabemos que el reconocimiento de las palabras se realiza más rápidamente si van precedidas de un contexto con el que guardan relación. En los experimentos típicos de priming se presenta un punto de fijación (p. ej., un asterisco) durante 500 o 1.000 ms, después se presenta el prime durante un tiempo muy breve, en torno a los 250-500 ms y un momento después se escucha el target al que los sujetos tienen que responder. La separación entre el prime y el target suele ser un tiempo muy breve, unos pocos milisegundos, y se denomina stimulus onset asinchrony (SOA).

Meyer y Schvaneveldt (1971). Comprobaron que las personas reconocen más rápidamente la palabra «mermelada» cuando va precedida de «mantequilla» que cuando va precedida de otra palabra no relacionada, como puede ser «enfermera». Por el contrario, la palabra «doctor» es reconocida más rápidamente precedida de «enfermera» que de «mantequilla».

Los efectos del priming se calculan siempre comparando los tiempos de reconocimiento de la palabra target cuando va precedida del prime (mesa-silla) respecto a si va precedida de una palabra no relacionada (p. ej., coche-silla). Dichos efectos pueden ser facilitadores, si disminuyen los tiempos de reconocimiento, o inhibidores, si los aumentan. El hecho de que los efectos sean facilitadores o inhibidores depende del SOA y del tipo de relación entre prime y target. Hay que destacar que el fenómeno del priming afecta sólo a las palabras reales, no a los estímulos que son no-palabras. Así, en el priming de repetición existe una facilitación en el caso de «mesa-mesa», pero no en «nizo-nizo». Esto indica que se trata de un efecto lingüístico, y no puramente perceptivo.

Otras variables

Hay además otras variables que, aunque menos influyentes que las anteriores, también tienen efectos sobre los tiempos de reconocimiento, las más conocidas son las que vemos a continuación.

Imaginabilidad
Paivio (1971). Las palabras concretas y altamente imaginables se recuerdan mejor que las abstractas y difícilmente imaginables en las pruebas de memoria .
De Groot (1989). Las palabras concretas producen mejores tiempos en la tarea de decisión léxica, sobre todo en las palabras de baja frecuencia léxica.

Se refiere a la facilidad con que uno puede imaginar el significado de una palabra. Hay palabras fáciles de imaginar, como «nazi», «gato» o «libro», y otras en la que es muy difícil producir una imagen, como «verdad», «ética» o «libertad». En experimentos de priming, las palabras concretas facilitan mejor a las concretas, y las abstractas a las abstractas. Al igual que la edad de adquisición, la imaginabilidad se mide a través de cuestionarios subjetivos en los que los participantes tienen que puntuar sobre una escala, generalmente entre los valores 1 y 7, la facilidad para imaginarse el significado de una palabra.

La imaginabilidad está estrechamente relacionada con la variable concreción/abstracción, dado que los objetos concretos son fáciles de imaginar y los abstractos difíciles de imaginar. Un problema con la variable imaginabilidad es que, al ser cuantificada mediante escalas subjetivas, puede ser afectada por otras variables relacionadas y que los sujetos no pueden separar, por ejemplo, la familiaridad o la frecuencia.

Polisemia

Aunque se han obtenido resultados contradictorios, la mayoría de ellos indican que las palabras que tienen mayor número de significados se reconocen más rápido que las que tienen pocos significados, especialmente cuando se trata de palabras de baja frecuencia (Cuetos, Domínguez y de Vega, 1997; Jastzrembski, 1981). Los efectos de polisemia son más acusados cuanta mayor implicación semántica exija la tarea, es también importante que todos los significados de la palabra vayan en la misma dirección (polisemia), pues cuando los significados son distintos (homografía) los resultados no son tan claros.

Morfología

Esta cuestión ha generado muchos estudios, especialmente en castellano, al tratarse de una lengua de una gran riqueza morfológica, en comparación con la relativa pobreza del inglés. Esto ha proporcionado a los investigadores en lengua castellana posibilidades de estudio vedadas a los investigadores anglosajones. Por ejemplo, el procesamiento de los afijos de género de los nombres y adjetivos o el del modo subjuntivo de los verbos en castellano, ambos características inexistentes en inglés. Se han propuesto dos hipótesis alternativas sobre el reconocimiento de las palabras morfológicamente complejas:

  • La hipótesis del listado exhaustivo sostiene que cada palabra compuesta tiene su propia representación léxica independiente. Según esta hipótesis, la frecuencia de cada palabra es la que determina los tiempos de reconocimiento.
  • La hipótesis de la segmentación obligatoria, en cambio, mantiene que las palabras son segmentadas en sus morfemas componentes, por lo que se accede a la raíz y a los afijos de manera independiente.

Por lo tanto, lo que determina el reconocimiento es la frecuencia de la raíz y de los afijos correspondientes.

Contenido emocional

El contenido emocional de las palabras también influye en su procesamiento. Un caso particular relacionado con el contenido emocional de las palabras lo constituyen las denominadas palabras tabú. Parece que las palabras tabú «absorben recursos de procesamiento»; la discusión se centra en si este fenómeno es automático e inevitable o se halla bajo control voluntario.

Wurm, Vakoch y Seaman (2004). A igualdad de otras condiciones, los tiempos de reacción son más rápidos para las palabras con alta carga en determinadas dimensiones emocionales.
MacKay et al. (2004). Desde hace tiempo se sabe que las palabras tabú no se procesan igual que las otras palabras y que se recuerdan mejor en pruebas de memoria y, además, deterioran el recuerdo de la palabra precedente y posterior dentro de una lista.

Referencias

  • Cuetos Vega, González Álvarez, Vega, and Vega, Manuel De. Psicología Del Lenguaje. 2ª Edición. ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana, 2020.
  • PDF Profesor tutor Pedro R. Montoro

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