La ética y la axiología

La ética está entrañablemente unida a otra disciplina filosófica denominada axiología o teoría de los valores. Ahora bien, a la ética, como ya hemos visto, le interesa analizar los «valores morales» (justicia, honestidad, fidelidad, bondad, entre otros) y para ello encuentra sustento teórico en la axiología o ciencia filosófica de los valores que estudia dichos valores en su carácter general, tratando de llegar a su sentido o esencia. La ética no puede prescindir de la noción de «valor», toda vez que las normas que conforman el mundo moral implican valoraciones o apreciaciones que nos permiten formular el concepto de lo que es bueno o malo. La ética es, pues, una disciplina axiológica.

La importancia de los valores en la vida humana

Lo bueno, lo justo, lo bello, lo sublime, lo útil, lo verdadero, lo santo, etc., son ejemplos de valores perseguidos por el hombre a través de su historia. El hombre es un ser axiológico. No sólo se enfrenta al mundo para conocerlo o para transformarlo, sino que también lo hace objeto de una valoración. «El hombre siente la realidad como bella o fea, como buena o mala, como agradable o penosa, como noble o vil, como santa o no santa.» Bocheński, 1992, p. 69.
La importancia de los valores en la ética y, en general, en la vida humana, es decisiva. Los valores, en cuanto directrices para la conducta, son los que dan a la vida humana tanto individual como social, su sentido y finalidad. No puede concebirse una vida humana, realmente humana, sin ideales, sin una tabla de valores que la apoye. Explicar, justificar la vida implica siempre recurrir a una valoración. Se vive constantemente haciendo, formulando valoraciones.

La axiología y sus problemas principales

La axiología es relativamente reciente; ensaya sus primeros pasos en la segunda mitad del siglo XIX. Los filósofos anteriores no tenían conciencia clara de su importancia y, además, los confundían entre sí (por ejemplo, la belleza con la bondad y ésta a su vez con la utilidad, etc.), como sucede en el pensamiento de los filósofos antiguos. Antes de que se hubiera constituido la axiología, los valores eran comprendidos en forma aislada y asistemática. Uno de los primeros filósofos que habla de valores es el alemán Friedrich Nietzsche; la noción de valor proviene del campo de la economía. Después de Nietzsche, este concepto es empleado por los discípulos de Brentano, Wundt, Rickert, etc., hasta llegar a Max Scheler.

El problema de la existencia del valor

Este problema pregunta: ¿existen los valores?, ¿qué tipo de existencia tienen?, ¿cuál es su naturaleza?… Los valores no pertenecen a la realidad, sino a un mundo aparte y autónomo. Esta tesis es sostenida por el filósofo alemán R. H. Lotzse (1817-1881), quien encierra su comprensión del valor en la siguiente frase: «Los valores no son, sino que valen».

La separación de los valores frente a la realidad material, que se encuentra implícita en la frase de Lotzse, sirve de base para hacer una escisión tajante entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu (donde precisamente tienen cabida los diversos valores de la cultura). Según esta posición idealista, las ciencias de la naturaleza están exentas de valores, mientras que las ciencias del espíritu están guiadas por los valores de la cultura. Merced a esta distinción entre naturaleza (donde no radican valores) y cultura (donde residen valores), la axiología se convierte en una ciencia decisiva en el campo de las ciencias del espíritu (ciencias humanas). Dentro de este criterio, algunos autores afirman que la axiología es la base de la ética.
Volviendo al problema que pregunta sobre la existencia de los valores, puede decirse, en general, que los filósofos están de acuerdo en que los valores existen, pero difieren en cuanto al modo de existir; de ahí que pueda hablarse de las siguientes corrientes:

Corriente subjetivista de los valores

Afirma que los valores son el resultado de las reacciones, individuales y colectivas. El subjetivista se pregunta: ¿puede algo tener valor si nadie lo ha percibido ni puede percibirlo? (evidentemente que no; el valor no tiene sentido ni existencia propiamente sin que exista el sujeto). La valoración real o potencial parece ser un elemento indispensable del valor. En última instancia, el valor es para el hombre o los seres vivos. Resulta impensable algo que tuviera valor sin referencia a ninguna clase de sujeto.
Según el subjetivismo, los valores no existen en sí y por sí, sino que son meras creaciones de la mente, existen solamente para mí; lo que hace a una cosa valiosa es el deseo o el interés individual. El subjetivista piensa: El valor de un exquisito manjar, no está en él, sino en mi paladar, que lo saborea y le confiere un valor determinado.

Los subjetivistas defienden su posición apoyándose en argumentos de este tipo:

  • Discrepancia. Es obvio que no puede uno ponerse de acuerdo en problemas éticos, estéticos, religiosos, políticos, donde a menudo se producen conflictos o desacuerdos de valores. Las personas frecuentemente discrepan sobre la belleza de una pintura, una novela, una película; sobre la eficiencia de un equipo de fútbol; sobre un acto moral (por ejemplo, acerca de hacer trampas en AvEx: unos sostienen que no es justo, puesto que solo beneficia a los tramposos, y otros, opinan lo contrario, es justo y no perjudica a nadie).
  • Constitución biológica. Los valores están supeditados a la constitución peculiar y subjetiva. Así, surgen argumentos de este tipo: ¿qué valor estético tendría la pintura si los hombres no tuvieran ojos?, ¿y qué sentido tendría hablar del valor estético de la música si estuviéramos condenados a una sordera eterna?…
  • Interés. Otro argumento que mencionan frecuentemente los subjetivistas es que una cosa adquiere valor en la medida en que se le confiere un interés. Por ejemplo: ¿dónde radica el valor de un título de la UNED?, ¿hay algo en la calidad del papel o en la belleza de la caligrafía o en la impresión que explique el valor que se les da?… Es obvio que sin el esfuerzo, la disciplina y el conocimiento que se le supone, los títulos de la UNED no tendrían ningún valor. Otro ejemplo: si la gente perdiera interés en la pintura de Picasso, sus cuadros carecerían de valor.
  • Historicidad de los valores. La relatividad de los valores se debe a su carácter concreto e histórico; gracias a éste, los valores están condenados a quedar encerrados en la prisión del sujeto; ya en la antigüedad decía el sofista Protágoras: «El hombre es la medida de todas las cosas». La situación real y la conducta real del hombre demuestran que no es posible una valoración universal. En cada grupo humano y en cada individuo las maneras de valorar las cosas son infinitas.

Corriente objetivista de los valores

Esta corriente se opone terminantemente al subjetivismo; sostiene que los valores dependen del objeto y no del sujeto; lo único que hace el sujeto es captar el valor. El objetivismo reconoce que la valoración es subjetiva, pero ello no implica que el valor lo sea. Del mismo modo como la percepción es subjetiva, pero no el objeto percibido, que mantiene intactas sus cualidades primarias aun cuando nadie lo perciba, así ocurre con el valor. No puede confundirse el objeto con su captación, defiende el objetivismo.

Se ha visto que uno de los argumentos que citan los subjetivistas se cifra en lo que se denomina argumento de las discrepancias. Ahora bien, frente a este argumento, los objetivistas sostendrían, en primer lugar, que la discrepancia no se refiere a los valores, sino a los bienes. La discrepancia se refiere a la belleza de un cuadro o a la justicia de un acto, esto es, a bienes; no a la belleza o a la justicia, que son valores independientes de todo bien. A diferencia de los valores, los bienes son imperfectos; muchas veces no logran encarnar plenamente los valores, debido a una ceguera estimativa de los hombres concretos. Esto explicaría, por ejemplo, que los griegos hayan aceptado la esclavitud; una torpeza de conciencia moral les impidió aprehender el eterno y universal valor de la justicia. Así, el objetivismo descansa en dos tesis fundamentales:

  • Incurrir en la separación radical entre valor y realidad, o independencia de los valores respecto de los bienes en que éstos se plasman.
  • Afirmar que los valores son absolutos, que existen en sí y no para mí (independencia de los valores respecto de todo sujeto).

Los valores son supratemporales; valen aquí y allá; ayer, hoy y siempre; son extraterritoriales y extrahistóricos.

Posición intermedia entre objetivismo y subjetivismo

El filósofo argentino Risieri Frondizi piensa que tanto el objetivismo como el subjetivismo son unilaterales. Considera que el valor surge de la relación entre el sujeto y el objeto y que esa relación axiológica origina una cualidad estructural (Gestalqualitat) empírica; esta cualidad no se da en el vacío, sino en una situación humana, concreta, y la jerarquía axiológica es también situacional y compleja, no lineal. Según Frondizi, los valores sirven de fundamento a las normas éticas y éstas, lo mismo que las normas jurídicas, son situacionales. El filósofo argentino sostiene que su interpretación estructural del valor abre la posibilidad de superar el tradicional abismo entre el ser y el deber ser. En su libro ¿Qué son los valores? Frondizi afirma:

¿Tendrá que ser el valor necesariamente objetivo o subjetivo? ¿No estaremos ofuscados por el afán de reducir el todo a uno de sus elementos constitutivos? Es posible, por ejemplo que los estados psicológicos de agrado, deseo o interés, sean una condición necesaria pero no suficiente, y que tales estados no excluyan elementos objetivos, sino que los supongan. Esto es que el valor sea el resultado de una tensión entre sujeto y el objeto y ofrezca, por tal razón, una cara subjetiva y otra objetiva, engañando a quienes se atienen a una sola faz.

Frondizi

Problema del método

Otro problema que presenta la axiología es acerca del método que debe emplearse para dilucidar la naturaleza del valor. John Dewey es uno de los pensadores que otorgan al problema metodológico un papel central. En la situación actual del problema de los valores, piensa Dewey, la cuestión decisiva es de orden metodológico. ¿Cuál es el método más apropiado para investigar el valor?

La historia de la axiología registra dos métodos opuestos en el tratamiento de los valores: el método apriorístico, que se basa en una intuición emocional, el cual, según Scheler, nos traslada a los valores que son en sí por sí; y el método experimental, que considera que el único criterio para determinar la esencia del valor es la experiencia. Sólo acudiendo a la experiencia puede conocerse qué es el valor; sólo indagando la valoración empírica y real, puede conocerse la auténtica naturaleza de los valores. Por ejemplo, para definir el valor justicia, es necesario estudiar muchos actos justos y determinar sus notas comunes e irreductibles. Los defensores del método apriorístico, en cambio, sostendrían: ¿Cómo decir que una actitud es justa, si se carece de un conocimiento previo o apriorístico de la justicia? Los valores, entidades objetivas y a priori, son condiciones de posibilidad de los bienes (o cosas valiosas).

Problema de la jerarquía de los valores

Una característica peculiar de los valores es que éstos implican un orden jerárquico, pues es evidente que hay valores de rango superior y valores de rango inferior. Por ejemplo, si durante un incendio, en un cuarto, estuvieran un niño y 10 millones de € en metálico, cualquier persona normal salvaría al niño y dejaría que ardiese el dinero (por lo menos de cara al público). Ahora bien, si los valores suponen un orden jerárquico, puede preguntarse: ¿Existe acaso una jerarquía objetiva y definitiva que sirva de referencia para ordenar todas las valoraciones?… Éste es precisamente el planteamiento que formula el problema de la jerarquía de los valores.

Se trata de uno de los problemas más difíciles que la axiología tiene que resolver; y en realidad no lo ha resuelto satisfactoriamente. ¿Cuál es el valor supremo conforme al cual debe ordenarse la vida? He aquí una cuestión difícil y muy debatida. Si afirmo, por ejemplo, que la filosofía es lo más valioso porque me permite dar un sentido humano a mi vida, un alumno podría replicarme que la filosofía es la cosa más aburrida e improductiva del mundo, que para él es más valioso un partido de futbol, etc. un religioso dirá que el valor supremo es la santidad; un político, en cambio, que el valor fundamental es la cosa pública, y así sucesivamente. Así, las diversas concepciones de la vida (eticismo, esteticismo, cientificismo, etc.) resultan de sobreestimar un valor por encima de otros, ya el valor moral, ya el artístico, ya el científico, etcétera.

A pesar de la complejidad de este problema, los filósofos han intentado proponer una tabla de valores con validez objetiva. Así, puede citarse la tabla que propone Max Scheler; esta tabla va de lo inferior a lo superior; los valores superiores fundan a los inferiores. He aquí la tabla de Max Scheler:

  1. Valores de lo agradable y de lo desagradable. Los estados afectivos correspondientes son los de placer y de dolor.
  2. Valores vitales. De lo noble y de lo común, sano y malsano. Como valores consecutivos se dan los del bienestar y de la prosperidad. Emotivamente, a la intuición de dichos valores corresponden sentimientos de expansión vital y de su regresión, salud y enfermedad, juventud y vejez, etcétera.
  3. Valores espirituales. Estos valores comprenden los siguientes:
    • Estéticos.
    • Jurídicos.
    • Del saber puro, que se realizan en la filosofía. Los valores consecutivos correspondientes son los valores de cultura. La alegría y tristeza espirituales, los sentimientos de aprobación o de reprobación, etc.
  4. Valores religiosos. Comprenden lo divino y lo sagrado y constituyen el rango supremo. Los valores que les son consecutivos son los del culto y de los sacramentos. Los sentimientos que les corresponden son la beatitud y la desesperación, la fe y la incredulidad, la piedad y la impiedad.

Según Scheler, los valores de lo divino y de lo sagrado fundamentan en general todos los demás valores. Para él, además, la jerarquía axiológica tiene un carácter objetivo: es absoluta, inmutable y a priori; su captación se logra por la intuición emocional de las esencias.

Problema del conocimiento de los valores

Este problema contempla las siguientes cuestiones: Si los valores pueden ser conocidos, ¿qué tipo de conocimiento es el que permite captar los valores?, ¿es un conocimiento intelectual o, por el contrario, emocional e intuitivo?; ¿qué límites tiene este conocimiento? Si los valores fueran captados por una operación intelectual, entonces éstos serían conceptos u objetos ideales; si fueran objetos reales, serían captados por los sentidos. Ante esto se argumenta que un bien, o sea donde está depositado el valor, puede ser captado sensiblemente, pero el valor, no.

Max Scheler rechaza la vía intelectual como instrumento cognoscitivo de los valores; la inteligencia es ciega para los valores. Los valores, piensa Scheler, se dan gracias a la intuición emocional. Los valores se hacen transparentes por una intuición de orden emocional, se revelan de una vez por todas. Los valores se dan en un acto intuitivo privilegiado, que nos entrega la totalidad del objeto.

Max Scheler sustenta una filosofía material de los valores; aquí la palabra material no alude a una filosofía materialista; se trata de una doctrina que reacciona contra el formalismo kantiano. Scheler piensa que no sólo hay un a priori de carácter intelectual; es erróneo equiparar solamente lo formal con lo a priori. Existe, además, un a priori de carácter emocional, que es justamente el correlato de los valores. Según Scheler«Lo a priori del conocimiento teórico no es algo meramente pensado, o que haya de ser ante todo pensado. No hay ninguna doctrina que haya obstaculizado durante más tiempo la teoría del conocimiento, como la que tiene su punto de partida en la hipótesis de que los factores del conocimiento deben ser bien un contenido sensible, bien algo pensado”.

La razón jamás captará los valores, como piensa Kant, el cual reduce el valor de lo bueno a un principio formal. Los valores son aprehendidos mediante sentimientos emocionales; «el acceso al mundo de los valores, explica Scheler, no se logra por medio de la percepción interior, sino gracias a un conocimiento estimativo o intuición de lo valioso, fundado en el sentimiento y la preferencia».

Referencias

  • Escobar Valenzuela, G. (1992). Ética: Introducción a su problemática y su historia / Gustavo Escobar Valenzuela (4a. ed. 2000.). México: McGraw-Hill.
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