PSICOLOGÍA DEL PENSAMIENTO: ESBOZO HISTÓRICO

Este capítulo no es materia de examen.

LA PSICOLOGÍA DE LA CONSCIENCIA

La psicología científica desde sus comienzos hasta nuestros días se ha ido cuestionando y replanteando su objeto de estudio y los métodos más adecuados que garantizaran su status científico. Al encontrarse la psicología del pensamiento inmersa en el propio desarrollo de la psicología como ciencia también se vio sometida a estos cambios, sufriendo no solo los cambios metodológicos, sino incluso llegando a perder su legitimidad como objeto de estudio por ser el pensamiento un proceso inobservable.

Cuando la psicología se instituyó como disciplina científica su fundador, Wundt, estableció que la consciencia era su objeto de estudio y la introspección el método para analizar la propia experiencia consciente de los sujetos. Wundt partía del supuesto de que la mente tenía actividad propia y control sobre los acontecimientos y que ésta era producto de la síntesis de los elementos más simples. Esta concepción holística de la mente se contraponía al método introspectivo que buscaba la identificación de los elementos de la experiencia consciente. Esta crítica luego fue esgrimida por la psicología de la Gestalt.

El estudio de la mente como actividad sintetizadora no entusiasmó a los discípulos de Wundt que se inclinaron por una psicología más atomista. Para los estructuralistas todos los datos psicológicos podían analizarse en elementos más simples. El pensamiento se identificaba con las ideas, las ideas eran imágenes y las imágenes se reducían a las sensaciones. Para describir el pensamiento lo único que hacía falta era analizar el contenido de consciencia en sus elementos constituyentes y descubrir cómo se configuraba lo más complejo en términos de las leyes de la asociación. El pensamiento en definitiva se reducía al análisis de las experiencias sensoriales más elementales por medio de la introspección analítica, un método sumamente complejo y arduo.

Nos encontramos, por tanto, que la psicología incluso desde sus inicios se debatía los planteamientos teóricos y metodológicos que la definían como ciencia. Si bien es cierto que la psicología totalizadora de Wundt y la estructuralista de Titchener compartían el supuesto de que el objeto de estudio de esta nueva ciencia era la mente entendida como experiencia consciente y el método la introspección, también es verdad que no estaban de acuerdo con respecto a cómo se debían definir ambos.

Otro discípulo de Wundt, Külpe establecía una vertiente distinta de la psicología conocida como escuela de Wurzburgo, ampliando tanto su objeto de estudio como el tipo de tareas que podían someterse al método de la introspección. A pesar de que la escuela de Wurzburgo no llegó a constituirse en una alternativa teórica y metodológica propiamente dicha, de hecho, fue absorbida por la psicología funcionalista, sus aportaciones sobre los procesos de pensamiento abrieron nuevas perspectivas. Especialmente importantes fueron sus hallazgos sobre el pensamiento sin imágenes, que ponía de manifiesto que el objeto de la psicología no tenía que reducirse al estudio de la experiencia consciente, y la identificación del carácter directivo del pensamiento, que descarta la explicación asociacionista ofrecida por los estructuralistas. Mientras que los seguidores de la psicología totalizadora y estructuralista se enfrentaban duramente a las innovaciones propuestas por la escuela de Wurzburgo, surgía en Norteamérica el funcionalismo como una alternativa que planteaba el objeto de la psicología y admitía una concepción ecléctica con respecto a su metodología.

LA PSICOLOGÍA DE LAS FUNCIONES MENTALES

La psicología funcionalista seguía siendo una psicología de los procesos mentales, aunque entendiendo que lo importante no era el análisis de los contenidos, sino el estudio de las propiedades funcionales de dichos procesos. Su concepción era pragmática y buscaba una psicología que fuera útil y que pudiera explicar el papel que desempeñan los procesos mentales en un organismo encaminado a la adaptación al medio. En un principio, los funcionalistas otorgaron al pensamiento un papel activo en la explicación del comportamiento adaptativo, pero a medida que avanzaba la investigación el interés por la utilidad del comportamiento se fue desplazando de lo mental a lo conductual. Ante un método introspectivo que cada vez se presentaba más polémico y poco fiable, la psicología optó por un objeto de estudio que fuera públicamente observable y por un método objetivo que pudiera cuantificarlo. Surge así el conductismo propuesto por Watson, en el que se descarta abiertamente el estudio de los procesos mentales por no ser observables y la introspección por no ser un método objetivo. De este modo, la psicología conductista redefine el objeto de la psicología como el estudio objetivo de la conducta observable y toma prestado el método de la observación objetiva de la investigación animal.

LA PSICOLOGÍA CONDUCTISTA: ABANDONO Y DESTIERRO DE LOS PROCESOS MENTALES

Una vez que se sentaron las bases de la nueva psicología conductista sobre un método objetivo, los intereses de la investigación se centraron sobre la descripción, predicción y control de la conducta. Pero también hubo otra generación de conductistas interesados por el desarrollo teórico y metodológico de esta perspectiva. Dentro de este grupo se encuentran Hull y Tolman, quienes con una concepción distinta conceden algún papel a los procesos mentales, enmarcados, claro está, dentro de los principios conductistas. Ambos introducen entre la estimulación ambiental y la respuesta del organismo procesos mediacionales que intervienen activamente en el desencadenamiento de la conducta observable. Sin embargo, mientras que para Hull estos procesos mediacionales eran variables intervinientes sometidas a las mismas restricciones que las variables observables, para Tolman estos procesos eran constructos hipotéticos que incluso tenían denominaciones mentalistas, como, por ejemplo, el concepto de «mapa mental».

Las polémicas que surgieron dentro del seno del conductismo formal no atrajeron demasiado seguidores, y, por el contrario, provocó una postura más radical y en consonancia con el conductismo de Watson. Skinner retoma nuevamente el objeto de estudio de la psicología propuesto por Watson y rechaza abiertamente cualquier alusión a lo inobservable. El objeto de la psicología es el estudio de la conducta como producto de las relaciones funcionales que se establecen entre las variables ambientales y sus efectos en la conducta. La psicología experimental de aquellos años se vio seriamente influida por esta postura radical del conductismo, pero no todos desterraron en la misma medida una intervención de lo mental, aunque entendida bajo los mismos principios conductistas y esta postura preparó el camino para el desarrollo de una futura psicología cognitiva que fuera mentalista y objetiva.

LA PSICOLOGÍA DE LA GESTALT: PROYECTO DESCRIPTIVO DEL PENSAMIENTO

Paralelamente a la psicología conductista de Watson surge en Alemania la psicología de la Gestalt como alternativa crítica a la psicología totalizadora y a la estructuralista. La psicología de la Gestalt sostiene que el objeto de la psicología no puede, ni debe ser el análisis de la experiencia consciente, sino la descripción de esta experiencia entendida como un todo. La Gestalt critica duramente el método introspectivo por perseguir el análisis de los componentes, dado que este análisis desvirtúa la propia experiencia consciente. Al igual que la psicología totalizadora y la estructura lista, la psicología de la Gestalt seguía entendiendo que el objeto de la psicología era la experiencia consciente. Sin embargo, al igual que Titchener y contrariamente a Wundt, la experiencia consciente no desempeñaba un papel activo en el desencadenamiento del comportamiento, sino que la descripción de estos fenómenos conscientes tenía que complementarse con la explicación de los procesos fisiológicos subyacentes. A pesar de que la Psicología de la Gestalt no encontró un ambiente propicio para su desarrollo, muchos de los problemas que planteó en sus trabajos fueron posteriormente retomados por la psicología norteamericana en el campo de la percepción y de la solución de problemas.

LA PSICOLOGÍA COGNITIVA: EL PENSAMIENTO COMO PROCESAMIENTO DE INFORMACIÓN

Las investigaciones psicológicas de los años 50-60 del siglo veinte se aproximaban cada vez más al estudio de los procesos mentales y los avances tecnológicos de esos años brindaron un punto de partida teórico y metodológico para plantear el estudio objetivo de la mente. La Máquina de Turing, la Teoría de la Información de Shannon y la Cibernética de Wiener ofrecieron a la psicología la posibilidad de materializar y cuantificar los procesos mentales haciendo uso de la analogía computacional. El objeto de la psicología volvía a ser el estudio de los procesos mentales, aunque entendidos como cómputo mental. El organismo humano se convierte en un procesador activo de la información y los procesos mentales vuelven a adquirir entidad y control sobre el comportamiento. Los estímulos ambientales son ahora información que entra en el sistema para que éste la procese y el producto de este procesamiento se manifiesta en el comportamiento. La psicología cognitiva hereda el método objetivo del conductismo puesto que mantiene el método experimental para controlar la manipulación objetiva de las variables independientes y la cuantificación de las variables dependientes.

La psicología cognitiva da un vuelco definitivo al marco teórico en el que se sitúan sus investigaciones. Cabe señalar que, si bien la psicología cognitiva regresa a sus orígenes al estudiar los procesos mentales, su objeto de estudio no es exclusivamente la experiencia consciente, sino, por el contrario, la mayoría de las veces son procesos a los que no se tiene acceso de forma consciente y el método introspectivo se descarta como tal, aunque se plantea en algunos casos la utilización de informes subjetivos bajo una perspectiva distinta y con el nombre de protocolos verbales. Incluso se opina que la psicología cognitiva no es más que la evolución natural de una psicología conductista centrada exclusivamente en la conducta hacia un conductismo mentalista, valga la contrariedad de ambos términos. Pensamos que, si bien es cierto que los iniciadores del movimiento cognitivo en psicología tenían sus raíces en el conductismo, esta influencia repercutió principalmente en el planteamiento metodológico de sus investigaciones que pretendían seguir garantizando el rigor del método científico. Ahora bien, el marco teórico del cual se parte es muy distinto puesto que los procesos mentales adquieren protagonismo y control sobre el comportamiento.

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