Psicología política

Versión 2

INTRODUCCIÓN

La definición de psicología política se ha concretado en el estudio científico de los factores psicológicos que determinan la conducta política y el efecto de los sistemas políticos en los procesos psicológicos (Knutson, 1973; Sears, Huddyy Jervis, 2003). El objeto de análisis es, en su primera acepción, es el comportamiento político, que según Martín Baró (1991, citado en Sabucedo, 1996, p. 21), tendrá que producirse dentro de un Estado, por lo que los actores de este comportamiento pueden ser personas individuales o grupos que se relacionan con las instancias estatales o las instituciones estatales que se desarrollan y entre las cuales se establecen relaciones.

PERSONALIDAD AUTORITARIA

Las primeras aproximaciones en investigación dirigidas a la predicción del voto situaron la ideología individual como factor determi­ nante en este comportamiento político. Sin embargo, tras la 2ª guerra mundial aparece la Teoría de la Personalidad Autoritaria de Adorno, Frenkel-Brunswick, Levinson y Sandford (1950). En un primer momento el objetivo principal era mostrar que ciertos individuos son fascistas potenciales aunque, antes de llegar a convertirse en ello, muestran una alta susceptibilidad a este tipo de propaganda, manifiestan fuertes sentimientos antidemocráticos y presentan un tipo de personalidad específica o personalidad autoritaria (Adorno, Frenkel-Brunswick, Levinson y Sandford, 2006). La teoría proponía que los niños que habían experimentado una educación severa y conforme con códigos morales convencionales mostraban unos sentimientos hostiles hacia sus padres, sentimientos que posteriormente se desplazan hacia las personas que consideran más débiles e inferiores.

Históricamente, el desarrollo del concepto personalidad autoritaria condujo a la construcción de 2 instrumentos para su medición: las escalas E y F (Adorno et al., 1950), ambas orientadas a medir las tendencias antidemocráticas individuales. Su núcleo de partida fue el antisemitismo, posteriormente el etnocentrismo.

Escala E. Compuesta por 3 subescalas (prejuicio hacia los afroamericanos, otras minorías y patriotismo).
Posteriormente, el grupo de Adorno se planteó la necesidad de desarrollar otro instrumento, pero sin hacer alusión a ninguna categoría social y, de esta manera, evaluar el prejuicio sin que las personas evaluadas fuesen capaces de detectar este fin. Así se elaboró la escala F.

Escala F. Con objeto de evaluar las tendencias antidemocráticas implícitas o de propensión hacia el fascismo, que se desarrollaban en las personas cuando sus padres son distantes y excesivamente disciplinarios, y en el proceso de socialización han sido incapaces de expresar y sentir cariño por sus hijos.

Dimensiones de la escala F:

  • Convencionalismo: adhesión rígida a los valores de clase media.
  • Sumisión autoritaria: aceptación y sumisión, sin crítica, a las autoridades del endogrupo.
  • Agresión autoritaria: rechazo condena y castigo a individuos que violen los valores convencionales.
  • Anti-intracepción: oposición a lo subjetivo, lo imaginativo y lo sentimental.
  • Superstición y Estereotipia: creencia en la determinación sobrenatural del destino humano y tendencia a pensar categorías rígidas.
  • Poder y dureza: preocupación por la dimensión dominio-sumisión, exageración de los atributos del convencionalismo del yo, y valoración excesiva de la fuerza y la dureza.
  • Destructividad y cinismo: hostilidad vilipendio general ante la humanidad.
  • Proyectividad: disposición a creer que en el mundo suceden cosas siniestras y peligrosas; proyección hacia el exterior de impulsos emocionales inconscientes.
  • Preocupación exagerada por las cuestiones sexuales: repulsa hacia todas aquellas manifestaciones que las representen.


La investigación de Adorno para demostrar la existencia de Síndrome Autoritario para sustentar la teoría de la personalidad autoritaria sufrió numerosas críticas metodológicas y conceptuales (v. la revisión de Altemeyer, 1981 y 1994), entre ellas cabe destacar, la equiparación que hicieron los autores de la personalidad autoritaria y el autoritarismo e ideología de extrema derecha, ya que la intolerancia no sólo se muestra en las personalidades fascistas, también hay autoritarismo de izquierdas.

Escala RWA

Escala creada por Altemeyer (1981), a partir de una concepción más concreta del autoritarismo, entendía éste como un fenómeno endogrupal. Modificó algunos de los planteamientos de Adorno. Rechazó la posición psicoanalítica original y no concibió que el autoritarismo fuera una consecuencia de las fuerzas inconscientes o las primeras expe­ riencias de la infancia.

La escala RWA evalúa tres tipos de actitudes:

  • Sumisión autoritaria: predisposición de los individuos o grupos a juzgar como legítimo el poder de la autoridad en una sociedad.
  • Agresión autoritaria: creencia en que aquellos individuos o grupos que se desvían del orden establecido deben ser sancionados por las autoridades.
  • Convencionalismo: predisposición a apoyar convenciones y normas sociales aprobadas por las autoridades.

Procesos duales e ideología política

La Teoría De La Personalidad Autoritaria ha considerado que existen 2 factores principales, subyacentes a los tipos de actitudes que evalúa la escala: sumisión (fenómeno endogrupal), y dominancia autoritaria (fenómeno intergrupal).

El interés por el factor de dominancia autoritaria ha llevado al empleo de la Escala de Orientación a la Dominancia Social (SDO). Esta escala fue desarrollada por Pratto et al. (1994) dentro del marco de la Teoría de la Dominancia Social, esta teoría propone que todas las sociedades humanas se estructuran en sistemas basados en jerarquías, en las que un grupo, que se erige como hegemónico, se caracteriza por tener un valor mucho más positivo que el resto, mayor poder político, ejercer más influencia y gozar de un estatus social más elevado y de un acceso más fácil a los recursos importantes.

La Orientación a La Dominancia Social es la predisposición individual hacia las relaciones intergrupales jerárquicas y no igualitarias, y se define como el deseo de una persona de mantener la jerarquía social basada en grupos y, por extensión, la subordinación de los grupos inferiores a los grupos superiores. Esta orientación a la dominancia tiene su origen en la aceptación de una serie de creencias míticas (valores, actitudes, estereotipos, atribuciones e ideología) que promueven la igualdad o la desigualdad social.

La investigación ha mostrado relación entre la orientación a la dominancia social y distintos mitos. El deseo de muchas personas de mantener la jerarquía existente se relaciona positivamente con el rechazo a las políticas de bienestar social, el apoyo a los programas militares y el apoyo a las políticas punitivas, como la pena de muerte. La SDO también se relaciona con las creencias conservadoras (prejuicio étnico, sexismo, conservadurismo político y económico, y preferencia por los partidos de derechas).

En España la Escala de Orientación a la Dominancia Social ha sido adaptada por Silván – Ferrero y Bustillos.

Uno de los elementos centrales de la Teoría de la dominancia social es la asimetría comportamental, que hace alusión a las diferencias en los comportamientos de las personas pertenecientes a distintos grupos del sistema jerárquico. En esta asimetría los grupos desfavorecidos contribuyen a su propia subordinación. Relacionado con estos 2 aspectos merecen ser resaltados:

  • El valor de la dominancia social es más evidente e intenso en las actitudes y preferencias de los miembros del grupo dominante.
  • Los de los grupos subordinados suelen asumir su estatus dentro del sistema jerárquico.

En diferentes estudios se puede observar como miembros de grupos desfavorecidos con altas puntuaciones en SDO justifican el statu quo (mantenimiento de asimetría comportamental). La orientación a la dominancia social, a pesar de ser una medida de DDII, parece también sensible a las variaciones situacionales. En una investigación de Henry, Sidanius, Levin y Pratto (1997) muestran la relación entre dominancia social y el apoyo a la violencia contra el otro grupo depende de la dinámica del conflicto y del estatus que tienen los perpetradores de la violencia.

Las Escalas RWA y SDO son medidas diferentes del prejuicio disposicional:

  • La escala RWA se constituye como una medida del autoritarismo endogrupal.
  • La escala SDO se relaciona con el autoritarismo intergrupal.
  • La base de la RWA son los sentimientos de miedo y amenaza que generan la búsqueda de autoprotección, lo cual crea en el individuo una motivación hacia el control social y la seguridad de cara a reducir ese malestar. Así, se considerará a los miembros de otros grupos potencialmente peligrosos, y cuando menos, amenazantes para la estabilidad, la seguridad, etc. Categorización del mundo social entre gente buena-decente (nosotros) y gente mala perjudicial y desviada (los otros).
  • La base de la SDO es una visión de un mundo competitivo, acompañada por la creencia en una competición amoral por el poder y por los recursos en el marco de un contexto social del cual se piensa que quienes se ajustan al orden alcanzan el éxito y solo fracasan los inadaptados. Esto genera motivos de autoensalzamiento, poder, superioridad y dominancia y rechazo de los exogrupos considerados inferiores y débiles. Categorización del mundo social en personas fuertes, competentes y dominantes (nosotros) e inferiores, débiles, incompetentes y personas sin valor (ellos)

Ambas medidas reflejan ideas políticas de derechas, como resultado de la socialización política, por una parte, y del contexto político en que se encuentran las personas, por otra. La investigación ha puesto de manifiesto que tanto la SDO como la RWA son potentes predictores de las actitudes y conductas intergrupales y sociopolíticas, entre las cuales cabe destacar el prejuicio y la orientación política.

SOCIALIZACIÓN POLÍTICA

En psicología política se han establecido planteamientos que destacan la influencia de los grupos primarios y secundarios sobre la ideología política de la persona. Desde la Teoría del voto hereditario (Greenstein, 1965; Abramson, 1975) se afirma que la socialización familiar contribuye radicalmente a que los niños aprendan a identificarse con determinada opción política de manera que adquieren los sesgos partidistas. Las actitudes políticas pueden aparecer en momentos tempranos del desarrollo, a veces, incluso a los 6 -7 años (Lañe y Sears, 1967). Esta preferencia esta determinada por las lealtades que poseen los padres y, según Jennings y Niemi (1974) continuará, aunque más diluida, a lo largo de toda la vida.

Desde la perspectiva psicoanalítica original (Adorno et al., 1950) señalan que muchas de las actitudes y necesidades subyacentes se originan en la situación familiar y agrupan variables estudiadas en 3 grupos:

  1. Actitudes hacia los padres e imagen de la familia.
  2. Concepto acerca del medio en que se desarrolló la niñez.
  3. Actitudes hacia los hermanos.

Las 2 primeras fueron utilizadas por estos autores para identificar a las personas con elevada puntuación en autoritarismo, entre ellas: idealización convencional del progenitor, la sumisión a la autoridad, la inclinación a tomar la familia como endogrupo, disciplina por violación de reglas, disciplina traumática y amenazante.

Altemeyer (1981, 1988) explica la génesis de la personalidad de acuerdo con otros procesos, definidos a nivel teórico posteriormente, concretamente basados en los principios del aprendizaje social. Sabucedo (1996) señala que quizá los padres pueden estar dirigiendo a sus hijos hacia un tipo de respuesta ante una situación determinada, pero a esto también hay que unirle otros factores situacionales.

Investigación de Peterson y Duncan (1999) muestra que cuando ambos progenitores presentan puntuaciones similares en autoritarismo (altas o bajas) la forma en que valoran distintos acontecimientos sociales guarda relación con las actitudes políticas de sus hijos. Asimismo, la valoración de los hijos sobre los mismos sucesos se relacionaba con las actitudes políticas de los padres. En estas familias tanto los progenitores como los hijos tenían una clara conciencia de que los primeros (padres) modelaban las actitudes de los segundos (hijos). En las familias que uno de los progenitores tenía una puntuación alta y el otro baja en autoritarismo no se producían estas relaciones. Los autores llegaron a la conclusión de que el autoritarismo se puede constituir en una importante variable “moderadora” en el proceso de socialización política.

DETERMINANTES DE LA CONDUCTA DE VOTO

Es conocido el error de predicción de muchos de los sondeos de opinión a la hora de pronosticar unos resultados electorales concretos. Los sondeos más fiables son los realizados a pie de urna. Esta cuestión ha sido una de las líneas de investigación más prolíficas en ciencias sociales y, en particular, en psicología
política desde la década de 1950.

Estabilidad del voto

Uno de los aspectos destacados es la estabilidad temporal del voto, es decir, qué hace que los votantes de un partido mantengan el voto hacia el mismo partido, independientemente de los comicios.
Investigación de Bustillos, Silvan Ferrero y Huici (2007). Emplearon escalas SDO y RWA, con una pregunta relativa a la ideología política que evaluaba en un formato de Likert de 9 puntos (1 muy de izquierdas, 9 muy de derechas), finalmente incluyendo una pregunta relativa al partido político que se había votado en las anteriores elecciones. Objetivo. Se pretendía encontrar si en aquellas personas que mantienen su voto en los distintos comicios electorales las relaciones RWA y DSO presentan una influencia distinta en su ideología política que en aquellos otros individuos que votan a distintos partidos en función del momento electoral. Resultados. El grupo con tendencia de voto estable, la ideología política se relacionaba con el autoritarismo y con la SDO. En el caso del voto inestable, no había relación entre SDO e ideología política y la relación del autoritarismo con esta última era inferior.

Se puede deducir que para el grupo de convencidos, las relaciones existentes entre su ideología política y las escalas de dominancia social (SDO) y autoritarismo (RWA), apuntan hacia la existencia de un proceso de socialización política. Para los que NO son fieles a una misma opción política, los indecisos, la RWA o sumisión autoritaria muestra menor relación con la ideología política, mientras que la SDO no guarda ninguna relación con ella.

Identificación partidista

Se define como una vinculación psicológica entre un individuo y un partido político, que implica un sentimiento de pertenencia al partido como grupo de referencia. Este sentimiento de pertenencia, que operará como heurístico, debido a su componente marcadamente afectivo, simplificará la realidad para que el individuo exhiba actitudes políticas concretas. Es el razonamiento heurístico lo que hace posible que un trabajador vote a un partido político con propuestas muy perjudicales para los intereses de la clase trabajadora.

En un estudio desarrollado por Lloret, Lledó, Nieto y Aldeguer (2009), pretendían comprobar si, desde la perspectiva del posicionamiento programático sobre diferentes cuestiones, existe relación entre la identificación partidista (componente psicológico de la vinculación emocional con un partido) y la ideología política (elemento cognitivo). Los resultados mostraron que el grado de coherencia entre ambos componentes de la actitud se situaba por debajo del 50%. En definitiva se puso de manifiesto la poca consistencia dentro de las actitudes políticas, con escasas variaciones dentro de los partidos políticos.

OTRAS FORMAS DE PARTICIPACIÓN POLÍTICA

Si un ciudadano arranca 10 parquímetros se considera un acto vandálico, y probablemente ese ciudadano sea sancionado por esa conducta, pero si 10.000 ciudadanos arrancan 100.000 parquímetros pasamos de un acto vandálico a una acción política.

Definición de participación política

Pese a que la participación política es uno de los conceptos centrales de la sociología y las ciencias políticas, no existe consenso en su definición.

1972, Verba y Nie se referían a participación política como los actos legales de ciudadanos privados dirigidos a influir en la elección de los gobernantes o en sus acciones. Limitaciones: excluye a las formas de participación ilegales o alegales (como las acciones de protesta), al igual que tampoco contempla formas de participación pasiva, como la desobediencia civil.

1978, Booth y Seligson definen la participación política abarcando todos aquellos comportamientos que afectan (o tratan de influir sobre) la distribución de los bienes públicos. Sin embargo, los bienes públicos son producidos en gran parte, pero no exclusivamente, por los gobiernos, por lo que estos autores no limitan la participación política a las acciones dirigidas hacia las autoridades del sistema político y eliminan el requisito de intencionalidad política de la participación. Se incluyen todas aquellas acciones (o inacciones) que tienen impacto sobre la organización social.

1979, Barnes y Kaase. La participación política incluiría todas las actividades voluntarias de los ciudadanos individuales dirigidas a influir directa o indirectamente en las decisiones políticas en los diferentes niveles del sistema político. Incluyen dentro de su definición las acciones de protesta como formas de participación política, a las cuales denominan formas de participación no convencional. Para Kaase, las huelgas no son forma de participación política, para Booth, si.

«Barnes y Kaase (1979), entienden que la conceptualización de la participación política debe contemplar la protesta y la violencia, y la definen como todas las acciones voluntarias realizadas por los ciudadanos con el objetivo de influenciar tanto de forma directa como indirecta las opciones políticas en distintos niveles del sistema político (Kaase and Marsh, 1979a, p. 42). Estos autores se centraron en el estudio de la protesta y violencia política en Austria, Gran bretaña, Holanda, Estados Unidos y Alemania Occidental. En sus encuestas, analizaron primero las actividades políticas convencionales como -leer sobre policía a diario, hablar de política con amigos, convencer a otros para que voten a alguien, trabajar para resolver problemas de la comunidad, asistir a reuniones políticas, contactar o relacionarse con políticos y realizar campaña para algún candidato. También describen las actitudes de los entrevistados hacia la desobediencia civil y la violencia política, sobre todo hacia lo que denominaron “potencial de protesta”, definida como la tendencia de los sujetos a participar en formas no convencionales de acción política como medio para reparar o corregir: peticiones, manifestaciones, boicots, huelgas legales o ilegales, ocupación de edificios, cortes de tránsito, daños a la propiedad y violencia personal. Barnas y Kaase concluyen que la participación política para ser representativa de la política que existía en EEUU y en Europa en el momento de realizar las encuestas, debe contemplarla protesta y la violencia.

Lo importante es que a pesar de que las clasificaciones se centran en diversos aspectos, como señala van Deth (2001), hay cuatro puntos en los que suelen coincidir: a) la participación política hace referencia a la gente en su rol de ciudadanos y no como funcionarios civiles o políticos; b) la participación política es entendida como actividad (acción), el solo mirar la televisión o el declarar querer saber sobre política no constituye participación; c) las actividades definidas como participación política deben ser voluntarias y no producto de una orden dada por la clase dominante o alguna ley o regla; d) la participación política se relaciona con el gobierno y la política en sentido amplio, y no se restringe a las acciones tomadas en el congreso o parlamento o al voto». Docente Mª del Prado

1988, Conge define la participación política como “cualquier acción (o inacción) de un individuo o una colectividad de individuos que intencional o no intencionalmente se oponen o apoyan, cambian o mantienen, alguna o algunas características de un gobierno o una comunidad”.

1996, Sabucedo la define como “acciones intencionales, legales o no, desarrolladas por individuos y grupos con el objetivo de apoyar o cuestionar a cualquiera de los elementos que configuran el ámbito de lo político: toma de decisiones, autoridades y estructuras.

El problema de definición de participación política no se plantea en aspectos exclusivamente terminológicos, puesto que el concepto tiene una dimensión histórica que varía de un contexto sociopolítico a otro. Así, las formas de participación política evolucionan de una etapa a otra y, en consecuencia, las distintas generaciones adoptarán diferentes canales de participación como forma de expresión política.
Norris (2003) señala que en las sociedades contemporáneas emergen múltiples formas de implicación cívica que suplantan a las de las sociedades tradicionales. Por tanto, parece que la participación política ha evolucionado y se ha diversificado.

Formas de participación política

En un intento de reunir todas esas acciones, se propuso la siguiente clasificación (Barnes y Kaase, 1979; Milbrath, 1981). (Barnes y kasse son los que dicen que una huelga no es una forma de participación política):

  • Participación política convencional. Relacionada con las acciones llevadas a cabo durante el proceso electoral. El voto, es la medida de participación política más común. Otro ejemplo: acudir a mítines.
  • Participación política no convencional. Acciones como firmar peticiones, asistir a manifestaciones legales, participar en boicots, secundar huelgas legales e ilegales, ocupar edificios o fábricas, dañar la propiedad, llevar a cabo sabotajes, la violencia personal y otras. Va más allá de los mecanismos institucionales de participación, y en algunas ocasiones, se opone a la legalidad constitucional establecida.

La división en acciones convencionales y no convencionales es una clasificación relativa. Con el fin de encontrar una nueva tipología Sabucedo y Arce (1996) llevaron a cabo un estudio y a partir de los resultados infirieron 4 formas de participación política:

  • Persuasión electoral: actividades vinculadas con campañas electorales, convencer a otros para votar o asistir a mítines.
  • Participación convencional: acciones dentro de la legalidad que tratan de incidir en el curso de los acontecimientos político-sociales: votar, enviar escritos a la prensa y asistir a manifestaciones y huelgas autorizadas.
  • Participación violenta: adopta formas para producir daños a la propiedad o violencia armada.
  • Participación directa pacífica: incluye acciones que desbordan el marco de la legalidad establecida, pero no son violentas, como ocupar edificios, boicotear presupuestos u opciones políticas, ocasionar cortes de tráfico y participar en manifestaciones y huelgas no autorizadas.

Evolución de la participación política

Parece que existe una crisis en la participación política en Europa, extendida principalmente entre los más jóvenes. Se manifiesta principalmente en el declive en los niveles de participación electoral y, en general, menor participación política convencional. No se puede concluir que esta reducción implique un descenso de la participación en otras formas menos convencionales, podría tratarse de un cambio en las estrategias de participación. Así las formas de participación no convencionales son cada vez MÁS frecuentes. A partir de la revisión de las tasas de participación de los jóvenes Europeos en las actividades no convencionales se llega a las siguientes conclusiones:

  • En lo que se refiere a la participación no convencional, los datos muestran una tendencia al crecimiento de este tipo de participación. Aunque el interés por política y la frecuencia con que se discuten cuestiones políticas ha descendido. Se esta produciendo un proceso de informalización en las pautas de participación política, pasando a formas más flexibles e individuales de implicación.
  • Las diferencias en la participación por grupos de edad se deben a un efecto del ciclo vital, en comparación con el efecto generacional. La participación se incrementa a lo largo de la juventud hasta la madurez y luego desciende durante la etapa anciana. La participación no convencional se centra en un periodo muy corto del ciclo vital (hacia el final de la juventud y comienza a reducirse durante la madurez). Personas que durante la juventud se han implicado en la participación política no convencional, seguirán participando según avancen en edad, si bien su participación disminuirá.
  • Al parecer, ser estudiante y vivir de forma independiente son factores que afectan positivamente a la participación. Sin embargo, el estado civil no tienen ningún efecto definido.
  • En lo que respecta a España, puede afirmarse que las pautas de evolución de la participación juvenil son similares a las que se han descrito de Europa. Las tasas de participación en España son notablemente inferiores a la media Europea, además en España no se observa un aumento hacia la participación no convencional y las diferencias intergeneracionales son pequeñas.

AUTOEVALUACIÓN

REFERENCIAS

  • Arias Orduña, A. (2016). Psicología social aplicada (1a ed., reimp. ed.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  • Apuntes Aitziber Laguardia
  • YouTube

Deja un comentario

Ir al contenido